El día de hoy quiero compartir con ustedes un tema que espero sea de bendición y aliento para nuestras vidas. Es acerca de los dones espirituales y ciertamente no vamos a dar una definición exhaustiva o doctrinal de ellos; para eso tenemos los cursos de discipulado que llevamos en la iglesia: si deseas conocer más de los dones espirituales y no has llevado aun el discipulado, pues esta es una buena razón para estudiarlo. Más bien, lo que nos va a ocupar el día de hoy es la pregunta: ¿Cómo identifico mis dones espirituales? Esta es una pregunta que todo creyente honesto debe haberse hecho por lo menos una vez en su vida. Estoy seguro, espero, que tú también te lo hayas hecho, o tal vez aun hasta el día de hoy te estas preguntando ¿Cuál es mi don espiritual? ¿Cómo quiere el Señor que le sirva? ¿Qué es lo que puedo hacer yo para la obra de Dios?

La Biblia nos enseña acerca de los dones espirituales en pasajes como 1 Corintios 12, Romanos 12 y Efesios 4:11. Como les dije al inicio, no vamos a hacer un estudio exhaustivo acerca d esto, sino vamos a atacar la pregunta ¿Cómo identifico mis dones espirituales? ¿Es posible saberlo? ¿Dios me da algún lineamiento para saber cómo puedo ser productivo, o más productivo en la obra de Dios? Pues, les diré mis hermanos que la Biblia NO enseña cómo identificar nuestros dones espirituales. ¿Sorprendido? Yo también lo estuve luego que estudie sobre este tema, pero la verdad es que el Señor nos enseña que son los dones, como se han obtenido, en qué consisten, como usarlos, pero no nos dice cómo identificarlos. ¿Por qué? Bueno, para poder responder a esa pregunta tenemos que ir a la Palabra de Dios, a los pasajes donde Pablo nos enseña acerca de los dones espirituales y ver el contexto para poder entender porque es que esto es así. Leamos por favor Romanos 12: 1-8

“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno. Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros. De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría”  (Romanos 12: 1-8)

Muy bien, en este texto el apóstol Pablo no solo nos enseña sobre los dones espirituales, sino que nos muestra el proceso para poder usarlos correctamente. Ojo que no nos dice cómo identificarlos, sino que nos muestra cual es la prioridad correcta en el uso de los dones espirituales. Todos los creyentes tenemos dones dados por Dios; pero los podemos usar incorrectamente, o incluso los podemos dejar de lado y ponerlos a disposición de quien nos lo dio. Por otro lado, hay quienes piensan que el ejercicio de sus dones determinan su valor y miran por encima del hombro a quienes no los ejercen o quienes no han madurado espiritualmente. Esto tampoco es correcto pues trae orgullo, confusión y desorden en la obra de Dios. ¿Qué es lo que vemos en este pasaje bíblico? Como les comente anteriormente, la Escritura no nos dice cómo identificar nuestros dones espirituales, declara que cada persona que ha nacido de nuevo por la fe en el Señor Jesucristo tiene dones espirituales y que los debe usar; pero si dice cuál es el proceso correcto para poder usarlos efectivamente para la gloria de Dios. En los versos 1 y 2 nos manda presentarnos a Dios en adoración; en los versos 3 al 5, nos dice que esa adoración se hace evidente cuando nos presentamos a nuestros hermanos en comunión; y por último, los versos 6 al 8 nos dice que presentemos nuestros dones para la gloria de Dios, usándolos correctamente.

No os conformeis a este siglo

Veamos pues los primeros versos:

Paso 1: Preséntate a Dios en adoración

Leamos por favor los primeros dos versículos de Romanos, capitulo 12:

Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.

Lo primero que tenemos que tener en cuenta es la invocación, el ruego, la exhortación que hace el apóstol Pablo a los creyentes: por las misericordias de Dios, dado que Él nos ha salvado cuando estábamos condenados, cuando estábamos perdidos en nuestros delitos y pecados, haciendo lo que era agradable a nuestra naturaleza corrompida. Entrego a su Hijo a la muerte para que podamos ser salvos por El, y a aquellos que confiesan su nombre como Señor y Salvador, Él los ha justificado, tienen paz con Dios quienes vienen a los brazos del Salvador y ya no hay más condenación para ellos. Dios les ha dado su Espíritu Santo, les ha declarado sus hijos y tienen el perdón de pecados y la vida eterna. Dios los sostiene todo el tiempo por medio de su Espíritu. Aun a su pueblo rebelde, Israel, el Señor salvara a su debido tiempo. ¿No crees que eso sea misericordia? ¿Salvar a hombres perdidos que no tienen el menor interés ni amor por Dios? Nada hicimos mi hermano para ganar la salvación, nada podemos hacer para mantenerla. Aunque pecamos, Él es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad cuando nos acercamos a Él en confesión y oración. Eso es misericordia: amor demostrado y dado a quienes no lo merecen ni lo buscan. Y dado que Dios es misericordioso, que se acuerda de nuestro dolor, limitaciones y pecados, es que en respuesta a ello los creyentes debemos presentarnos a Dios.

Como un sacrificio vivo

Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.

La palabra de Dios nos dice que el Padre busca adoradores que le adoren en espíritu y en verdad (Juan 4:23). La adoración del creyente es correcta cuando el hijo de Dios, tu y yo, nos presentamos a Dios como un sacrificio vivo. Ya no estamos hablando de los sacrificios de animales que tenían que morir y derramar su sangre como señal y símbolo de la sangre derramada del Cordero de Dios que algún día seria derramada para el perdón de los pecados. Dichos sacrificios no perdonaban los pecados, pero los cubrían y señalaban la necesidad del derramamiento de sangre para perdón de pecados. Pero ahora, nos dice Pablo, presentémonos nosotros mismos a Dios. Eso iba en contra de la corriente de pensamiento griego de esa era; para ellos lo que importaba era el espíritu y el cuerpo no era nada más que un envase, una prisión despreciable y vergonzosa. Sin embargo, el apóstol Pablo nos enseña que podemos y debemos adorar a Dios con la totalidad de nuestro ser. El mismo Hijo de Dios se hizo hombre, tomando un cuerpo humano para vivir y servir a Dios por medio de él. Así como Cristo se entregó a la voluntad de Dios en su cuerpo y alma, así nosotros también debemos presentarnos a Dios y entregarnos a su voluntad con todo nuestro ser. No podemos decir o pensar una cosa y con nuestras acciones hacer otra. Hablamos de una adoración integral, completa, apartada a Dios. Esta es la verdadera santidad, la que es agradable al Señor: no la cucufateria ni la religiosidad de aquel que se aísla de todo para ser más santo, sino que es una adoración inteligente, racional, lógica que ofrece culto a Dios no solo en la iglesia sino en todas las actividades de la vida diaria. ¿Acaso no necesitas comer? ¿Dormir? ¿Recrearte? ¿Salir con amigos? ¿Conversar? ¿Comer? ¿Ir a la iglesia? ¿Estudiar? ¿Enamorarte? ¿Tener un tiempo a solas? ¿Viajar? Pues claro! Pero déjame decirte que debes hacer todo eso como para el Señor, eso es la verdadera santidad, el culto a Dios que le es agradable.

Renovando tu mente

No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.

No es posible para ti ni para mí vivir esa santidad que nos pide el Señor. Por lo menos no con la mente natural. Es necesario que tu yo seamos transformados, metamorfoseados de tal manera que nuestra mente, nuestro entendimiento, aquella facultad que Dios nos ha dado para entender y procesar el mundo que nos rodea sea renovada, hecha de nuevo, restaurada a su condición y diseño original.

La palabra que Pablo usa para “conforméis” es sysjématízesthai, de la raíz sjéma –de donde viene la palabra española y casi internacional esquema-, que quiere decir forma exterior que cambia con el tiempo y las circunstancias. El sjéma de una persona no es el mismo cuando tiene 17 años que cuando tiene 70; ni cuando sale del trabajo que cuando está de fiesta. Está cambiando constantemente. Por eso dice Pablo: "No trates de estar siempre a tono con todas las modas y filosofía de esta era, de este mundo; no seas como un camaleón, tomando siempre el color del ambiente”. Más bien debemos transformarnos, que significa cambiar la naturaleza esencial de algo o alguien. Así como una persona no tiene el mismo sjema a los 17 años que a los 70 años; sin embargo si tiene la misma morfe; que es la raíz de la palabra metamorfoo de donde ha sido traducida la palabra “transformaos”. Morfe nos habla de la esencia del ser de la persona que no cambia a pesar de que pasen los años: puede tener 15 o 90 sigue siendo la misma persona. Entonces, ¿Qué quiere decirnos Pablo? Que para dar culto, adoración y servir a Dios correctamente necesitamos experimentar un cambio, no de aspecto, sino de nuestro interior. Ese cambio consiste en la renovación de nuestra mente, para que ya no vivamos bajo el dominio de nuestra naturaleza pecadora, sino bajo el dominio del Espíritu Santo, ya no una vida egocéntrica, donde solo lo más importante es lo que yo quiero y lo que deseo alcanzar, mis ideas y planes, sino una vida Cristocéntrica, donde lo importante es lo que Dios quiere hacer en mi vida.

Cuando nuestra mente es renovada, restaurada a la obediencia a Cristo somos capaces de comprobar y experimentar por nosotros mismos, y no porque lo leamos en un libro o porque otros nos lo digan, que la voluntad de Dios es buena, agradable y perfecta, madura, completa.

Entonces, ¿quieres experimentar en tu propia vida la buena voluntad de Dios, que es agradable e integral? ¿Quieres servir a Dios correctamente, adorándole como Él lo ha mandado? Si es así, necesitas experimentar una transformación, un cambio. Dicho cambio no va a suceder cuando te cambias de ropa, o empiezas a hablar como cristiano, o cuando escuchas más música cristiana, ni siquiera cuando empiezas a servir o te metes al discipulado. Ese cambio solo es posible cuando tu mente es restaurada a la mente de Cristo por medio del obrar del Espíritu Santo cuando tú empiezas a alimentarte y obedecer la Palabra de Dios. Allí, cuando la Palabra de Cristo mora en abundancia en tu corazón es que tu mente es transformada y empiezas a ver las cosas como Dios las ve. Ya no te será pesado obedecer al Señor en cada área de tu vida. No te digo que serás perfecto o que vas a ser un súper hombre de la noche a la mañana; pero si vas a encontrar una nueva motivación para obedecer al Señor en cada área y situación de tu vida y un nuevo agradecimiento a Dios por su misericordia y amor contigo. Una persona llena de la Palabra de Dios no tiene excusas en sus labios, tampoco mentiras o murmuraciones, una persona que está renovando su mente está preocupada en servir a Dios y en agradarle.

Ahora, tú me preguntaras ¿esto está bien pero que tiene que ver con los dones espirituales? Bueno, estamos viendo la base y enseguida vamos a ver cómo se va relacionando con los demás aspectos que Pablo nos menciona aquí.

Paso 2: Preséntate a tus hermanos en comunión

Leamos ahora por favor los versos 3 al 5 de Romanos 12:

Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno. Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros.

La verdadera adoración a Dios se evidencia, se puede ver, no en cambio de apariencia física, en un cambio de lenguaje o de modas; sino en algo tan sencillo como la comunión con los demás hermanos. Si examináramos como nos relacionamos con los hermanos nos sorprenderíamos de lo inmaduros que somos y lo poco que dejamos que el Señor gobierne nuestras vidas.

Se nos manda a pensar de nosotros mismos con cordura y humildad

Pensando de ti con cordura

Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno.

El apóstol Pablo conecta inmediatamente la vida de adoración a Dios con la manera como nos relacionamos con quienes nos rodean. Observemos que el mismo apóstol no hace uso de su posición o autoridad para explicar este punto sino que el mismo reconoce que lo que tiene lo tiene por gracia de Dios. Él se sabía el primero de los pecadores (1 Timoteo 1:15), indigno del llamado y ministerio que tenía (1 Corintios 15: 8-10); aun así cumplía su labor con fidelidad y con una perspectiva clara de quien era Dios, quien era él y quien eran sus hermanos, compañeros en la batalla de la fe.

Este mandato de Pablo no solo está dirigido a los líderes, a los hermanos comprometidos, a los pastores. No, “a cada cual que esta entre ustedes” dice Pablo, este mandato está dirigido a cada creyente y debemos prestar atención: No tengamos más alto concepto de nosotros mismos que el que debemos tener, lo que es muestra de arrogancia y altivez, estimándonos a nosotros demasiado con respecto a los demás. Tampoco tener un bajo concepto de nosotros mismos, lo que es una falsa humildad, un menosprecio de lo que Dios nos ha dado y hecho en nosotros. No, debemos pensar de nosotros mismos con cordura, con prudencia, con una mente cabal, sana, ordenada. ¿Cuál es la norma o cual es la regla que nos determina hasta qué punto es sano nuestro pensamiento sobre nosotros mismos? Pues no es el hermano de allí o aquel líder de allá con quien nos debemos comparar para saber si pensamos sanamente sobre nosotros mismos. Es la medida de la fe, la que hemos recibido de Dios, es nuestra vida espiritual, alimentada por la Palabra de Dios, la que debe ser el fundamento de nuestra manera de pensar y sentir.

Pero, ¿que vemos ahora? Vemos a uno que se jacta de su madurez, de sus dones, de sus talentos, de su carácter. Pero lo que tienes lo has recibido por gracia, entonces ¿porque te jactas como si no lo hubieras recibido? Pablo habla de esto en 2 Corintios 10: 12 y mi hermano si eres maduro en la fe, gloria a Dios por eso. Si tienes celo evangelizador, que bueno en verdad, eres un ejemplo e inspiración. Si resistes a la tentación y al pecado y no cometes los errores de tus primeros años ni sigues la necedad de otros que son más torpes, en realidad eres bienaventurado. Pero selo para ti, no menosprecies ni desprecies ni murmures contra quienes son más torpes, más lentos, mas desobedientes que tú. Enseña, exhorta con amor, inspira, aconseja a los demás; pero jamás lo hagas desde un pedestal ni con el dedo acusador hacia tus hermanos, olvidando que tú también pasaste (y pasaras) por momentos de debilidad, de confusión, de desobediencia. Hermano mío, en la mesa del Señor y a su fiesta han sido invitados los cojos, los ciegos, los mancos, los despreciados. Aun el más torpe tiene cabida en la gracia de Dios. ¿Por qué te levantas como juez entre tus hermanos? ¿No deberías orar, rogar, llorar, interceder, aconsejar, exhortar, animar a quienes tienen necesidad? Al no hacerlo, solo muestras el frio desprecio de los religiosos que consideraban maldita a las personas que no tenían la ley.

Aquel contra quien levantas tu mano también tiene una medida de fe como tú, también tiene al Espíritu Santo como tú y también ha sido redimido por la misma sangre que te salvo a ti. Mi responsabilidad y tu responsabilidad es alentarnos unos a otros y estimularnos al amor y a las buenas obras; no a destruirnos entre nosotros. El enemigo está afuera hermanos, no está aquí dentro de casa.

Viendo a los hermanos como miembros del cuerpo de Cristo

Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros.

¿Por qué debemos mirarnos con cordura? Para apartar la mirada de nosotros mismos y darnos cuenta de que en el cuerpo de Cristo, todos somos miembros, con diferentes funciones y actividades, pero que todos estamos unidos y vinculados, los débiles y los fuertes, los obedientes y los que caen, los pastores y los recién convertidos, a todos se nos ha dado a beber del mismo Espíritu (1 Corintios 12: 13) y somos parte del mismo cuerpo de Cristo.

Tenemos que tener claro que cada miembro tiene una función (gr. praxis), una actividad propia, realizada en base a los dones que el Espíritu ha repartido a cada uno como Él ha querido (1 Corintios 12: 11). No solo estamos unidos a Cristo, sino estamos unidos los unos a los otros, con funciones específicas cada uno, pero con una meta en particular (Efesios 4:16): crecer a la semejanza de Cristo, obedeciendo y sirviendo al Señor en la extensión de su reino. ¿Destruiremos entonces a los que son compañeros de trinchera? ¿Desalentaremos entonces a quienes batallan junto con nosotros la batalla de la fe? ¿Criticaremos entonces al hermano porque no sirve de la manera que yo quiero que lo haga? ¿Son todos evangelistas? ¿Son todos pastores? ¿Son todos maestros? No! Cada uno tiene un papel y un lugar en la obra de Dios y es importante que este allí. Hay solo una labor que todos debemos realizar en el ministerio: ir y hacer discípulos conforme Cristo nos ha mandado; además de esto, cada uno sirva a Dios conforme a sus dones y talentos, perfeccionándolos y usándolos para la gloria de Dios.

Pero, ¿qué pasa si no quieres involucrarte? ¿Qué pasa si prefieres ocultar tus dones y enfocarte en tu profesión, tu trabajo, tu diversión? No solo desobedeces a Dios, sino que privas al cuerpo de Cristo de tus dones, que te fueron dados no para que tú te enaltezcas o para que te enriquezcas, sino que te fueron dados para la edificación del cuerpo de Cristo. Por eso, estamos en contra de aquellos que usan y abusan de lo que han recibido, explotando a otros, abusando de otros. No somos gerentes hermanos, ni estrellas de cine, somos siervos de Dios, llamados a servirle y a bendecir a los demás.

¿Qué es entonces hasta ahora lo que hemos visto hasta ahora? Bueno, hemos visto que debemos presentarnos a Dios como un sacrificio vivo, adorándole a través de la renovación de nuestro entendimiento, viviendo en todo lugar y aspecto como para Dios, sobretodo en la comunión con nuestros hermanos en la fe. Ahora, veamos cual es el siguiente paso para ser siervos que usan sus dones espirituales efectivamente.

Cada creyente es parte del cuerpo de Cristo y miembro el uno del otro

Paso 3: Presenta tus dones para la gloria de Dios

Por último, leamos por favor Romanos 12: 6-8:

De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría.

Este es el último paso para poder usar efectivamente nuestros dones espirituales: usarlos! Un momento, me dirás. Hasta ahora no sé cómo podría identificarlos. ¿Qué dones tengo? ¿Cómo puedo servirle al Señor?

La respuesta es simple y profunda a la vez: Si estas adorando a Dios con cada área y aspecto de tu vida, si estas renovando tu mente con la Palabra de Dios y no estas amoldándote a este mundo, sino que vives para la gloria de Dios y estas esforzándote en ello; si la Palabra del Señor está cambiando tu manera de ver a Dios y a ti mismo y reconoces que eres un siervo de Dios y estas deseoso de servirle y amarle, entonces empezaras a ver y amar lo que el Señor ama también: su iglesia. Estarás empezando a ver a los demás como parte tuya, y estarás deseoso de bendecirles. No te digo que serás como Roberto Carlos y tendrás un millón de amigos, pero si te digo que el deseo y la motivación de tu corazón será bendecir a los que puedas; entonces lo harás! No necesitas saber que tienes el don de misericordia, pues si estas en el camino de la obediencia al Señor y está en tu corazón llevar alegría, bendición y compartir con el que tiene necesidad, estas ejerciendo el don sin necesidad de saber si lo tienes o no. Cuando menos te des cuenta ya estarás ejercitando tus dones espirituales para provecho de los demás y para la gloria de Dios. Aun así, hay algunas cosas que debemos decir con respecto a los dones espirituales que vemos en este pasaje.

Te han sido dados por gracia

De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada

El apóstol Pablo culmina esta sección no sin antes enseñarnos que los dones espirituales son regalos de gracia dados a nosotros por gracia de Dios. Hemos recibido de gracia para dar de gracia. No los merecemos, no los ganamos ni los podemos traspasar o vender (1 Corintios 4:6-7). Todos los dones vienen de Dios, Él nos los ha dado por su buena voluntad y conforme a su propósito y forman parte del diseño que Dios tiene para cada uno de sus hijos, para usarlos conforme el desea, para la gloria de su nombre. Como el experto herrero, tiene sus herramientas afiladas, cada una con un propósito particular y destinado para una tarea precisa. Él sabe lo que hace hermanos, nosotros solo debemos ser instrumentos útiles en sus manos.

Si sabes que lo tienes es de gracia, no tienes por qué jactarte; pero si debes esforzarte en ser un instrumento útil, santificado al Señor (2 Timoteo 2: 21). Un médico que deja de actualizarse pronto pierde vigencia, no está al día de los adelantos de su rama y pronto dejará de ser efectivo y no podrá ser tomado en cuenta para labores de su oficio. Un astronauta sigue miles de horas de aprendizaje, ensayo y práctica para unos días en órbita. Un atleta entrena meses, absteniéndose de muchas cosas, exigiéndose, preparándose, entrenándose para una competición que dura a veces unos pocos segundos, y ¿tú no te has de preparar para la obra del Rey de Reyes y Señor de Señores? Te conformaras con ser mediocre en tu servicio al Señor, ¿dándole las sobras de tu tiempo, tu mente, tus fuerzas? ¿Irías al quirófano sabiendo que el cirujano que te va a operar aprobó sus materias con la mínima nota aprobatoria? Sin embargo, cuantos hay que se paran detrás de un pulpito, dirigen un departamento, guían personas, y tienen en sus hombros la obra del Señor sin saber ni lo que dicen ni lo que hacen. El hecho de que los dones que hayamos recibido nos hayan sido dados por gracia no significa que lo que demos sea barato o que no nos cueste esfuerzo, sacrificio y disciplina.

Debes usarlos correctamente

si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría.

En ese sentido, debemos conocer que nos dice la Palabra de Dios con respecto a los dones espirituales. Hay más dones especificados en 1 Corintios 12 y Efesios 4:11; pero por ahora vamos a centrarnos en estos para poder comprender su significado y sobretodo como usarlos correctamente. Veamos entonces uno por uno:

· Profecía: Rara vez se menciona en el Nuevo Testamento con el sentido de predecir el futuro; más corrientemente quiere decir proclamar la Palabra de Dios. En 1 Corintios 14:3 se nos dice que el que profetiza habla para edificar, exhortar y consolar. Si vas a profetizar la Palabra de Dios, prepárate y hazlo para la edificación de la iglesia. No busques entretener ni tampoco aburras a tus oyentes.

· Servicio: Del griego diakonia, de donde viene nuestra palabra diacono; se refiere a un ministerio de ayuda, servicio, socorro. Podemos ver la necesidad y la elección de servidores (diaconos) en Hechos 6:2 para colaborar en las necesidades de los santos de la iglesia. Tal vez no todos puedan predicar, pero todos podemos servir a nuestros hermanos en alguna necesidad.

· Enseñanza: La predicación sin enseñanza no es muy útil; porque necesitamos poner las bases de la Palabra de Dios en las vidas de las personas. Colosenses 1:28 nos da la meta de la enseñanza bíblica. ¿Cómo puedo ser un buen maestro? Podemos ver el ejemplo de Esdras en el capítulo 7:10 del libro de Esdras. ¿Qué es lo que debemos enseñar? 2 Timoteo 3:16-17 nos dice que es la Palabra de Dios el foco y la fuente de nuestra enseñanza.

· Exhorta: Del griego parakaleo, significa consolar, animar, alentar, confortar con amor y con verdad. Los que somos espirituales deben restaurar con espíritu de mansedumbre, considerándonos a nosotros mismos antes que a quienes vamos a exhortar (Gálatas 6:1)

· Reparte: significa entregar, compartir, dar, direccionando los recursos hacia Dios, su obra y los hermanos. Debe hacerse con generosidad, sencillez, sinceridad, fidelidad y alegría (2 Corintios 9: 7b, 9)

· Presidir: Nos habla de estar delante, gobernar, ocuparse. Debe hacerlo con solicitud; es decir con prisa, diligencia, ahínco, esmero. El mandato neo testamentario lo vemos en 1 Pedro 5: 1-3, dirigido a los que presiden, quienes deben presidir con el ejemplo y de buena gana. Este es un don muy importante y uno tal vez de los más abusados en esta época. Si somos llamados a presidir, debemos hacerlo con celo por las cosas de Dios. La iglesia de estos tiempos no necesita líderes celos de otros, ni líderes monótonos, apáticos y perezosos, sino de líderes con celo por Dios y su obra, activos, responsables, esmerados en servir a Dios con excelencia. “Maldito el que hiciere negligentemente en la obra del Señor” dice en Jeremías 48:10 y esto nos da grandes luces de cómo debe ser el servicio en la iglesia de Dios. Si eres responsable de un ministerio no lo hagas mediocremente, cuida el rebaño que Dios ha puesto en tus manos, procura su alimentación, no lo dejes en mano de cualquiera. Si sirves al Señor hazlo con excelencia, como para Cristo y no como para los hombres.

· Misericordia: Ser compasivo, llevar consolación a otros en desgracia o pecado. Debe hacerse con alegría, con gozo, sin obligación o hipocresía.

Hemos visto 7 dones espirituales, una breve explicación sobre cada uno de ellos y cómo usarlos correctamente para la edificación del cuerpo de Cristo. Como hemos podido ver lo más importante no es conocer exhaustivamente acerca de los dones, sino lo más importante es tener el corazón y la mente transformados, porque cuando eso sucede, el servicio al Señor se realiza sin excusas y con gozo y alegría.

Conclusión

¿Ya estas sirviendo al Señor? Qué bueno en verdad, gloria a Dios por tu vida. Ahora, prepárate más y alinéate a lo que la Palabra de Dios nos enseña sobre los dones espirituales y cómo usarlos correctamente. ¿Aún no estas sirviendo al Señor? Ten cuidado hermano, tal vez tu mente y corazón siguen extrañando a Egipto y no quieren entrar en la Tierra Prometida. Desprecias el mana de la provisión divina y prefieres privar al cuerpo de Cristo de tus dones, pensando que es una pérdida de tiempo o que tu tiempo y necesidades son más importantes y valiosas que la voluntad de Dios.

Sea cual sea tu situación mi hermano, necesitas hoy mismo dejar de lado la pereza, el pecado, la murmuración, el juicio, la mediocridad y entregarte en las manos del Señor, para adorarle como El pide, renovar tu mente y servirle al Señor con los dones y talentos que El mismo te ha dado. Hoy es día de tomar decisiones, de renovar compromisos, de restaurar lo que se dañó, lo que se perdió, de retomar el sendero del servicio al Señor. Recuerda que si entregaste tu vida en las manos del Señor eres su esclavo, su siervo, su amigo, su hijo y su especial tesoro. No dejes de dar testimonio de la grandeza del Señor con tus manos, tus pies y tu vida. Que tu vida entera se gaste sirviendo a Dios, que al final puedas decir como Pablo “Y aunque sea derramado en libación sobre el sacrificio y servicio de vuestra fe, me gozo y regocijo con todos vosotros”. Él se gastó, uso su cuerpo, mente y todo lo que tenía para servir a Dios. ¿Te estas guardando algo para ti que no quieres entregar a Dios? Hoy es el tiempo de consagrar tu vida en servicio al Señor.

 

Que tu vida y la mía estén consagradas al Señor.

 

Oremos por favor.