Hermanos, el día de hoy hablaremos sobre el llamado de Dios a nuestras vidas. Claro, hay un aspecto general de dicho llamado, uno donde todos hemos sido llamados por Dios en Cristo Jesús a ser sus hijos por la fe, hemos sido llamados a ser santos, hemos sido llamados a ser luz en medio de las tinieblas y hemos sido llamados a servirle con gozo y gratitud. Todos los creyentes compartimos este privilegio y este sentido general del llamado. Me refiero más específicamente al camino particular que Dios traza para cada uno de sus hijos, a las capacidades con las que nos ha dotado de manera individual a cada uno de nosotros y que debemos de ejercer para la gloria de su Nombre. Algunos habrán sido llamados a ser pastores, otros misioneros, otros maestros de la Biblia, evangelistas, discipuladores, empresarios, escritores, etc. Pero sabemos que cada uno de nosotros tenemos un llamado particular, un propósito, un destino en Dios que podemos y debemos alcanzar. Justo de ello es que quiero hablar en esta noche: el llamado de Dios a nuestras vidas y como muchas veces decisiones equivocadas, pecados, inclinaciones y pensamientos nos alejan del camino de la voluntad de Dios para nosotros y del ejercicio de ese llamado, estancándonos y reteniéndonos de avanzar y crecer espiritualmente.

¿Han oído hablar de los “niños ancla”? Bueno, este término fue usado por primera vez luego de la guerra de Vietnam para referirse a los niños refugiados que al nacer en el país extranjero adquirían un estatus migratorio legal y patrocinaban la legalización de sus padres que eran inmigrantes ilegales. Dado que nacían en el país que los acogía, sus padres quedaban anclados al país y ya no podían ser deportados a pesar de ser indocumentados. En este sentido pues, estos niños eran un salvavidas para sus padres; pero en esta noche quiero hablarles de situaciones que nos anclan y no nos dejan avanzar, más bien nos desvían del llamado de Dios a nuestras vidas. Para ello, tomaremos la vida del patriarca Abraham, el capítulo 13 de Génesis más específicamente y examinaremos 4 anclas con las que tuvo que batallar Abraham, 4 anclas que tuvo que soltar y de las que tuvo que liberarse para poder avanzar en el camino del destino que Dios había preparado para este hombre de Dios, con el propósito de poder identificarlas en nuestras vidas y poder deshacernos del pecado que nos asedia y de estas anclas del corazón para que nosotros también podamos alcanzar todo lo que Dios nos ha llamado.

Abraham invocando el nombre de Dios

Primera ancla: Desobediencia y falta de oración

El llamado de Dios requiere obediencia a la voluntad de Dios y una vida de oración. Leamos por favor los versos 1 al 4 del capítulo 13 de Génesis

“Subió, pues, Abram de Egipto hacia el Neguev, él y su mujer, con todo lo que tenía, y con él Lot. Y Abram era riquísimo en ganado, en plata y en oro. Y volvió por sus jornadas desde el Neguev hacia Bet-el, hasta el lugar donde había estado antes su tienda entre Bet-el y Hai, al lugar del altar que había hecho allí antes; e invocó allí Abram el nombre de Jehová.”

Abraham era un hombre llamado por Dios para un destino particular, tenía un promesa particular y el salió en obediencia a esa promesa. Salió de su tierra y de su parentela sin saber a dónde iba (Hebreos 11: 8), a la tierra que Dios le había prometido. Sin embargo, en el capítulo anterior vemos que debido a una sequía, Abraham desciende a Egipto a morar allí, donde experimento problemas debido a sus mentiras, al mentir acerca de su mujer a Faraón. Aun así, Dios los guardo y bendijo en ese tiempo y en este capítulo vemos a Abraham regresando de Egipto a la tierra donde Dios le había llamado. En su desobediencia lo habían acompañado su esposa y su sobrino Lot, y gracias a Dios también lo acompañaron en su decisión de regresar a lo que Dios les había llamado. Es que mis hermanos la desobediencia no solamente nos afecta a nosotros, sino a los que nos rodean. Dios llamo a Abraham a permanecer en la tierra que Él le estaba mostrando pero Abraham se movió en base a lo que veían sus ojos: vio sequía, vio conflictos e hizo lo que todo ser humano normal haría: buscar su beneficio y librarse de la escasez que venía. Pero al hacer esto, movido por las circunstancias y no por lo que Dios le había ordenado, estaba saliéndose de la voluntad de Dios. Y al desobedecer y caer en pecado, abandono tres cosas:

  • El lugar de su morada
  • El altar que había construido
  • Su vida de oración al Señor

Hermanos, este es un precio muy alto que pagar por el beneficio temporal del pecado. Si, Abraham se libró de la sequía, pero abandono lo único que le podía dar verdadera paz, gozo, libertad y fortaleza para cumplir la voluntad de Dios. Sacio su sed física, pero a cambio se metió de lleno en un desierto espiritual del que gracias a Dios luego pudo salir. Esto es muy peligroso y me hace pensar que muchas veces hacemos este intercambio terrible: intercambiamos la aparente alegría de tener una relación en yugo desigual pero a cambio perdemos la comunión con el Señor y su iglesia, intercambiamos el gozo temporal del pecado por la culpa, la vergüenza, el dolor y la frustración que producen una vida de pecado y desobediencia al Señor. Hermano, ¿te has visto en esta situación, has dejado de lado la obediencia a Cristo por hacer algo que sabes que está mal? Entonces conoces lo que conoció Abraham: tenía comida y agua en Egipto, pero estaba muriendo de hambre espiritualmente, estaba rodeado de gente, pero no podía tener comunión con ellos, fue honrado con presentes y regalos, pero había perdido la alabanza de Dios. Salvo su vida a cambio de mentir y entregar a su esposa a los paganos. Aun al final fue reprendido por un incrédulo, por Faraón, por causa de esa mentira. Qué triste que un creyente tenga que ser reprendido por un incrédulo por causa de su mal testimonio.

¿Cómo salió Abraham de esta situación? ¿Cómo salimos de la desobediencia y regresamos a los caminos del Señor y al cumplimiento de nuestro llamado? El primer paso es el arrepentimiento. Abraham regreso de Egipto al lugar donde Dios lo había llamado. Aun a pesar de su desobediencia Dios los guardo de todo mal y los bendijo. Dios no abandona a sus hijos aun a pesar del pecado y la desobediencia. Disciplina a sus hijos, pero nunca los abandona. Abraham volvió al lugar de su morada, al altar que había construido antes e invoco el nombre del Señor.

El segundo paso es retomar nuestro altar a Dios, porque cuando pecamos lo primero que abandonamos es eso: dejamos de orar porque nuestra comunión con Dios se corta y porque no queremos ponernos a cuentas con el Señor. La Palabra de Dios promete que si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad, pero esa confesión se hace a través de la oración. Si no oramos, nuestro arrepentimiento será temporal, emocional y falto de compromiso verdadero. Si oramos sin arrepentimiento eso es hipocresía, religiosidad y tampoco es un compromiso verdadero. Hablamos de arrepentimiento y volver a Dios en oración, retomar nuestros tiempos con Dios, humillar nuestro corazón delante del Señor, exponer nuestras cargas, pecados y dolores delante del que todo lo sabe y todo lo ve, para ser sanados, restaurados, conmovidos y levantados nuevamente a la comunión con el Señor. Si Abraham no hubiera restaurado su altar de oración a Dios, nada de lo que sigue tendría sentido. Si no oramos, si no tenemos una vida de oración, podremos tener grandes sueños, pero nada tendrá sentido porque es de rodillas ante Dios que nuestros caminos son dirigidos y afirmados.

Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios; tu buen espíritu me guíe a tierra de rectitud” (Salmos 143: 10)

El llamado de Dios siempre involucra el desarrollo de tu caracter

Segunda ancla: Conflictos de carácter

El llamado de Dios no está libre de conflictos, sino que donde haya intereses y fallas de carácter, siempre habrá conflictos.

Leamos por favor los versos 5 al 9 del capítulo 13 de Génesis

“También Lot, que andaba con Abram, tenía ovejas, vacas y tiendas. Y la tierra no era suficiente para que habitasen juntos, pues sus posesiones eran muchas, y no podían morar en un mismo lugar. Y hubo contienda entre los pastores del ganado de Abram y los pastores del ganado de Lot; y el cananeo y el ferezeo habitaban entonces en la tierra. Entonces Abram dijo a Lot: No haya ahora altercado entre nosotros dos, entre mis pastores y los tuyos, porque somos hermanos. ¿No está toda la tierra delante de ti? Yo te ruego que te apartes de mí. Si fueres a la mano izquierda, yo iré a la derecha; y si tú a la derecha, yo iré a la izquierda”

Por causa de Abraham, su sobrino Lot había sido también bendecido por el Señor. Y tanta era la bendición que ambos tenían que surgieron los conflictos: no podían morar en un mismo lugar y no había tanta comida para todo el ganado junto. Los pastores de ambos tuvieron contiendas y enemigos paganos los rodeaban. Había temor, intereses de por medio y surgieron los conflictos. Pero no vemos a Abraham huyendo nuevamente por temor a los enemigos o a los conflictos: vemos a este hombre creciendo un poco más, y evidenciando su crecimiento espiritual por sus decisiones. Ya no huyo, sino que permaneció e hizo lo que normalmente una persona no haría: le dio la prioridad a su sobrino. Según la cultura de esa época, Lot podría haber sido su heredero si así Abraham lo decidía, es decir Abraham lo podía hacer su hijo y hacerlo parte de su familia y sus posesiones tomarlas como suyas. Aun si decidía no hacerlo, igual era su sobrino y podía subordinarlo también. Por último, Abraham era mayor en edad, era su tío y era quien había recibido las promesas de Dios, no Lot. Sin embargo, vemos a Abraham dándole la preferencia a Lot, llamándole “su hermano”. Le da la honra al considerarlo su igual y le da la honra al darle la preferencia en tomar la decisión de dónde ir. Consideración, respeto, criterio al hablar, confianza, seguridad, decisión, iniciativa (porque fue Abraham quien hablo para solucionar el conflicto) son marcas de un carácter que está siendo formado y tratado por Dios. Hay hermanos que piensan que porque son más maduros deben ser más déspotas y autoritarios, o que su “amplia experiencia” y sabiduría les da derecho a maltratar, despreciar y mirar con desprecio a los hermanos más débiles, pero eso no es así. Un carácter que está siendo formado a la semejanza del Hijo de Dios es un carácter lleno del fruto del Espíritu Santo y hermanos míos, el llamado de Dios involucra no solamente una tarea por realizar, sino un carácter por desarrollar. Quiero decir, si nuestro carácter no se desarrolla, será muy difícil que podamos alcanzar el llamado de Dios a nuestras vidas. Nuestras fallas de carácter, nuestro temor, malos hábitos, pecados ocultos, debilidades, falta de criterio, envidia, apresuramiento, impetuosidad, pasividad, orgullo y demás cosas son nuestros peores enemigos y están en nuestro propio corazón, no están fuera. Son estas cosas, las que nos distraen y alejan del llamado de Dios a nuestras vidas. Hermanos, ¿Cuántos ministerios y ministros caen por causa de estas cosas? Ayer mismo me entere de un pastor de jóvenes, joven, talentoso, líder de cientos de jóvenes que cayó en pecado y hace un año abandono a su esposa e hija recién nacida y ahora vive en el mundo. ¿Qué paso? ¿Cómo uno que se hacía llamar siervo de Dios pudo caer tan bajo? Bueno, es probable que nunca haya sido creyente, pero también es muy probable que nunca desarrollo su carácter y en el momento de la prueba, la crisis, la presión no soporto y desobedeció al Señor. ¿Quieres tener el mismo destino? Entonces debes enfocarte en desarrollar tu carácter con la obediencia a la Palabra de Dios, la vida de oración y el auxilio del Espíritu Santo.

Gracias a Dios que Abraham había crecido y tomo decisiones sabias; pero ¿qué hubiese pasado si el no aprendía la lección? Hubiera escapado de los enemigos alrededor o hubiera peleado con su sobrino por la tierra. Si se hubiera movido por las circunstancias, hubiera el elegido primero la mejor tierra, la que se veía mejor, pero no lo hizo así. La obediencia produce crecimiento y el crecimiento se muestra por las decisiones. Decisiones construyen nuestra vida y lo que hizo Abraham es avanzar un paso más en pos de su llamado. Evito la distracción, evito el conflicto, tomo el camino de la humildad y la sabiduría, dejando en manos de Dios su destino y el de su esposa. No se paralizo por el temor ni dudo por desconfianza. Al dejar la elección en manos de Lot, Abraham se puso en las manos más seguras del mundo: las manos de Dios. Esta ve eligió bien, hizo el intercambio correcto, dejando de tener el control él y abandonándose en las manos de Dios. Un santo de la antigüedad decía lo siguiente: “He tenido muchas cosas, bienes y bendiciones en mis manos y todas las he perdido, excepto aquellos que puse en las manos de Dios. Esas hasta el día de hoy las tengo”. El lugar más seguro del mundo mis hermanos no es la bóveda de un banco o un bunker en medio del desierto, el lugar más seguro del mundo es bajo las alas del Señor, cuando moramos bajo su presencia en obediencia y confianza.

Desde el cabo de la tierra clamaré a ti, cuando mi corazón desmayare. Llévame a la roca que es más alta que yo, porque tú has sido mi refugio, y torre fuerte delante del enemigo. Yo habitaré en tu tabernáculo para siempre; estaré seguro bajo la cubierta de tus alas” (Salmos 61: 2-4)

¿Vivimos por principios biblicos o somos oportunistas?

Tercer ancla: Oportunismo

El llamado de Dios se construye por decisiones tomadas en base a convicciones firmes y es un camino de esfuerzo y trabajo duro.

Leamos por favor los versos 10 al 13 del capítulo 13 de Génesis

“Y alzó Lot sus ojos, y vio toda la llanura del Jordán, que toda ella era de riego, como el huerto de Jehová, como la tierra de Egipto en la dirección de Zoar, antes que destruyese Jehová a Sodoma y a Gomorra. Entonces Lot escogió para sí toda la llanura del Jordán; y se fue Lot hacia el oriente, y se apartaron el uno del otro. Abram acampó en la tierra de Canaán, en tanto que Lot habitó en las ciudades de la llanura, y fue poniendo sus tiendas hasta Sodoma. Más los hombres de Sodoma eran malos y pecadores contra Jehová en gran manera”

Mientras que Abraham había aprendido la lección, vemos que Lot no había aprendido nada. Debiendo ceder el honor a su tío en muestra de respeto a su autoridad y a que el era el depositario de las promesas de Dios, Lot alegremente decide elegir lo que ven sus ojos: el error que su tío cometió tiempo atrás ahora lo comete el: decidir por las circunstancias, por la oportunidades y no por convicciones firmes. Miro la llanura del Jordán y la vio fructífera, ideal para la agricultura y tomo la decisión que más le convenía a él, sin importarle el bienestar de su tío y sin considerar que esas hermosas tierras estaban muy cerca de la ciudad de Sodoma, ciudad terriblemente pecadora delante de Dios. Al final, Lot termino viviendo en Sodoma para desgracia suya y de su familia. Abraham permaneció en la tierra que Dios le había prometido aunque eso pareciera menos ventajoso y Lot se separó de aquel que lo influenciaba para bien, de aquel por quien él había sido bendecido. Y aquí vemos la siguiente ancla que nos hace tropezar en el llamado de Dios: el oportunismo, buscar el camino fácil. Hermanos, tomar el camino fácil no es la regla bíblica para vivir. Constantemente vemos en las Escrituras que se nos promete aflicción, luchas, pruebas, tribulaciones, se nos anima a esforzarnos y ser valientes, a ser diligentes, fervorosos, apasionados. Nunca vemos en la Biblia indicaciones de que todo va a ser fácil, de que todo se puede conseguir sin esfuerzo. La salvación del Señor es gratuita para nosotros mis hermanos, por la fe en el Señor Jesucristo, pero por supuesto que tuvo un precio altísimo: la sangre de Cristo Jesús. Aun la vida cristiana tiene un precio: la obediencia, la búsqueda de la santidad y ¿pensamos que el llamado de Dios no tiene un precio? ¿Acaso pensamos que simplemente podemos vivir como se nos da la gana y algún día por arte de magia, el Señor va a descender y nos va a transformar de creyentes perezosos, ociosos, pasivos en grandes hombres de Dios, fructíferos y bendecidos?

No hermanos. Cada día construimos el camino que estamos caminando con nuestras decisiones o la falta de ellas. Debemos crear y aprovechar las oportunidades pero no ser oportunistas. Oportunidades correctas son aquellas que al tomarlas no nos alejan de lo claramente enseñado por la Palabra de Dios. Una vez un joven se me acerco y me pregunto que el ya no quería a su novia y estaba orando por una “puerta abierta” para dejarla y casarse con otra dama que había conocido y que era mucho más bonita y joven. ¿Gran oportunidad cierto? Pues no! El joven tonto al final dejo a su novia, se casó con la más bonita, quien lo engaño a los tres años de casados con otro más joven que él! No puedes tomar malas decisiones sin experimentar las consecuencias. No puedes tomar el camino fácil sin pagar el precio de tu oportunismo. ¿Quieres evitar el esfuerzo? Entonces vivirás una vida cómoda pero nunca llegaras al llamado de Dios para tu vida. Vivirás cómodamente, morirás cómodamente pero jamás podrás saborear lo que se siente haberse gastado por completo en el servicio al Señor. Una vez hubo un hombre que nunca se arriesgó, nunca decidió, nunca se esforzó, al final murió y cuando lo enterraron en su lapida pusieron: “Este hombre no existió porque nunca murió y nunca murió porque realmente nunca vivió”. Pablo pudo decir al final de sus días que se gastó para el Señor, se derramo como ofrenda, peleo la buena batalla. Él fue un hombre que creaba oportunidades de servicio, era proactivo, pero jamás oportunista. Nunca construyo su ministerio sobre las ruinas de otro, nunca edifico su felicidad sobre la desgracia de otro. No puedes, repito, no puedes llegar a tu llamado pisoteando el llamado de otro, desprestigiando a otro, descalificando a otro, calumniando a otro, criticando a otro. No puedes ejercitar tu llamado si solo te quedas cruzado de brazos esperando que Dios lo haga todo por ti. Ya tienes los dones, ya tienes el llamado, ya tienes la comisión, debes empezar a caminar y el Señor ira abriendo puertas por donde debas ir, pero sentado jamás podrás avanzar. Sin esfuerzo no se logran las grandes empresas. Otro siervo de Dios decía: “Espera cosas grandes de parte de Dios mientras emprendes cosas grandes para Dios”.

Paciencia y fe para alcanzar las promesas de Dios

Cuarta ancla: Impaciencia

Por último, si bien es cierto tenemos que esforzarnos y ser proactivos, el llamado de Dios toma tiempo en desarrollarse y debemos ser pacientes y no frustrarnos.

Leamos por favor los versos 14 al 18 del capítulo 13 de Génesis

“Y Jehová dijo a Abram, después que Lot se apartó de él: Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y el sur, y al oriente y al occidente. Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre. Y haré tu descendencia como el polvo de la tierra; que si alguno puede contar el polvo de la tierra, también tu descendencia será contada. Levántate, vé por la tierra a lo largo de ella y a su ancho; porque a ti la daré. Abram, pues, removiendo su tienda, vino y moró en el encinar de Mamre, que está en Hebrón, y edificó allí altar a Jehová”

El llamado de Dios es personal y la responsabilidad por el ante Dios también. Abraham había persistido en llevar consigo a su sobrino Lot a pesar de que la orden de Dios fue que él se fuera de su casa y de su parentela. Una vez que Lot se separa de él, Dios vuelve a hablar con Abraham y retoma el pacto y la promesa que le había hecho en Génesis capítulo 12. Le da la orden de mirar y recorrer toda la tierra donde se encontraba, porque Él se la había entregado en posesión a Abraham y a su descendencia para siempre. Abraham empezó a recorrer la tierra, llegando a Hebrón y edifico nuevamente un altar a Jehová. Esto es algo que siempre vemos en Abraham, siempre está edificando altares a Dios, lo que muestra su vida de oración constante al Señor. El llamado de Dios no es un evento, sino un proceso en el cual Dios nos quiere usar pero por medio del trato que El mismo tiene con nosotros. No solo involucra un área de servicio, sino la transformación de nuestra persona para que sea la persona que Dios quiere que sea.

Es interesante notar que cananeos y ferezeos habitaban aun la tierra que Dios le había dado a Abraham. Era suya por mandato divino, pero Hebreos 11: 9 nos dice lo siguiente:

“Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa”

Era su tierra, pero vivió como un extranjero junto a sus descendientes. Tenían la promesa de Dios pero no la vieron en sus propias vidas, porque el plan de Dios hermanos míos no se trata de ti ni de mí, sino de Dios quien está obrando en este mundo y nos da el privilegio de participar en dicho plan. Su llamado toma tiempo en desarrollarse, requiere paciencia y puede generar frustración. La frustración nos detiene, nos paraliza pues nos decepcionamos que las cosas no salgan como esperamos. ¿Qué le pidió Dios a Abraham? Muévete!, recorre la tierra, mira todo lo que te daré, no lo tendrás tú, ni tu hijo, ni tu nieto, pero soy fiel y te la daré como te lo prometí. Aun así, muévete, recórrela, mírala, salúdala,

¿Cuál es el antídoto para la impaciencia y la frustración? La fe. Fe en Dios, fe en su Palabra, fe en sus promesas. Hermano, ¿tienes fe que Dios cumplirá lo que prometió? ¿Crees que Dios realmente hará contigo conforme a lo que está en tu corazón? Pues debes saber que Dios es fiel. Él no es hombre para que mienta ni hijo de hombre para que se arrepienta. Abraham vivió su vida en fe, creyendo en Dios y entendiendo que el llamado de Dios a su vida trascendía su vida e iba más allá de Él, porque Dios es trascendente y es más grande que el mayor de nuestros problemas. ¿Has esperado mucho tiempo y aun no ves el llamado de Dios? Hermano, Dios sabe. El, que es el creador del tiempo y dueño de él, sabe lo que hace, su tiempo es perfecto. Él es el Alfarero, tú eres barro en sus manos. El conoce sus vasijas y el tiempo de cocción de cada una de ellas. Espera en su sabiduría, confía en El.

“Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra.” (Hebreos 11: 13)

Hermano, eres extranjero (no perteneces a este mundo) y peregrino (estas de paso en este mundo). Eso debe sacudir tu mente y corazón. No estás aquí para edificar tu reino personal, para vivir cómodo y seguir el camino de los demás mortales. Estas aquí para servir a Dios, para agradarle, para gastarte en su servicio, para tener comunión con El, para conocerle, para hacerle conocido. Estas aquí para identificar tu llamado y vivirlo, porque al vivirlo le das gloria a Dios quien te llamo.

Conclusión

Abraham enfrento estas anclas y se liberó de ellas para poder caminar en el llamado de Dios para su vida. Él fue creciendo espiritualmente, engrandeciéndose y siendo bendecido por el Señor. Lot sin embargo, fue poniendo sus tiendas cada vez más cerca de Sodoma, hasta que llego a vivir allí. Al final su esposa murió, sus hijas tuvieron hijos de su propio padre y nacieron las naciones de los amonitas y los moabitas que fueron de gran daño para Israel. Hermano, tus decisiones tienen consecuencias que van más allá de lo que te puedes imaginar. Por ello, debemos tomar en serio nuestra identidad en Cristo, nuestro llamado y nuestro testimonio, que debe ser el reflejo de nuestro carácter. Si quieres caminar en el llamado de Dios, entonces debes empezar a obedecer a Dios de manera radical, sin licencias ni condiciones. Debes tener una vida de oración a Dios constante, debes esforzarte en ello. Debes ser humilde y confiar en que Dios proveerá lo mejor para ti, no tomando decisiones por lo que a ti te parece bien, sino por lo que enseña la Palabra de Dios, aunque eso no parezca conveniente. Debes esforzarte en desarrollar tu carácter como el de Cristo, orar por eso, y debes ser paciente. Si estás haciendo las cosas bien, el momento en que empieces a desarrollar tu llamado llegara. Es más, si estás haciendo las cosas bien, ya lo estás haciendo, recuerda que el llamado de Dios no es un evento o un estado en tu vida, sino un proceso que involucra toda tu vida. Por último, si estás haciendo las cosas bien eso se evidenciara en las decisiones que tomes, en tu testimonio. Hermano mío, la mujer de Cesar no solo tiene que serlo, sino parecerlo. ¿Quieres que te tomen en serio como hombre o mujer de Dios? ¡Piensa, habla y vive como uno! Tú mismo puedes ser el peor enemigo de tu llamado, al ponerte cabe a ti mismo, desprestigiándote a ti mismo con tu comportamiento, con tus decisiones, con el mensaje que proyectas a los demás. Recuerda que si has sido llamado, entonces vas a influenciar personas y tus decisiones ya no solo te afectan a ti sino a los demás también.

Sé un ejemplo para otros, una inspiración, no una vergüenza al evangelio. Que nadie hable de ti sino para reconocer lo que Dios hace, para darle la gloria a Él. Enfócate en tu llamado, sirve al Señor de corazón, dale la gloria a Él y de lo demás el Señor se encargara. Abraham, a pesar de sus fallas fue un tremendo hombre de Dios porque nunca dejó de crecer y aprender y tener fe. Haz lo mismo y tu vida será de bendición para muchos y de gloria para Dios.

 

Amen!