El día de hoy quiero hablar acerca de la parálisis del alma: sea por pruebas muy difíciles, por asuntos de dinero, por enfermedad, por una decepción amorosa, por el pecado, por problemas familiares, porque perdimos la pasión por Dios, sea por lo que sea que suceda en nuestras vidas, cuando pasamos por crisis muy difíciles es fácil quedarnos en esa estación de la vida y no querer avanzar mas.

Justo hoy recordaba el caso de una persona que, estando enamorada y no siendo correspondida, persiste en mantener sus sentimientos de amor, pero mezclados con pena, tristeza, decepción y frustración por no poder ser correspondida. Y el tema de los sentimientos es muy amplio y complejo, pero hay cosas que son principios fundamentales y no podemos obviarlas sin salir perjudicados: el verdadero amor es de a dos y si la otra persona no quiere, no quiere. Punto. Es fácil decirlo desde una posición externa, pero tener la actitud equivocada cuesta tiempo, agota, quita fuerzas y distorsiona la perspectiva de las cosas. Lo mismo podría decir de una persona que ha sufrido abusos durante su vida, o que ha sido traicionada por quien menos esperaba. Hay hermanos que toda su vida han servido al Señor y de pronto se sientes defraudados por alguna situación, preguntándose si sirvió de algo todos los años invertidos en la obra de Dios.

El pecado tiene consecuencias, tanto para quienes lo cometen como para quienes nos rodean; y nos afecta de maneras que no podemos comprender totalmente. Afecta nuestra relación con Dios, pervierte nuestra perspectiva del mundo y de como deben ser las cosas, rompe la comunión con nuestros semejantes, dañan nuestras emociones y afectos. Y nos paraliza: nos detiene en la auto compasión, en la frustración, en los innumerables pensamientos que cruzan nuestras mentes todo el tiempo, sobretodo en las noches, cuando al recostar la cama en la almohada, comenzamos a repasar una y otra vez, cada momento, cada palabra, cada situación, sufriendo por no hallar respuesta a nuestro eterno “¿por que?”.

Pero esto no es lo que Dios quiere para nosotros: el Dios soberano permitió que dichas circunstancias difíciles pasaran (sea por consecuencia directa de nuestros pecados o por ser afectados por los pecados de otros) con un propósito y no para que nos quedásemos postrados, sin avanzar, paralíticos del alma y con el corazón frio, endurecido y apagado. Su Palabra nos manda a enfocarnos en “todo lo verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre, en esto pensad” (Filipenses 4: 8). Esto implica tomar control de nuestros pensamientos, no dejando que cabalguen desbocadamente por el árido desierto de querer entender porque paso lo que paso. Es su voluntad que “si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo, el Justo” (1 Juan 2:1). Esto implica confesar nuestros pecados para restaurar nuestra relación con nuestro Padre Celestial. Mientras no confesamos nuestros pecados, nuestra comunión con Dios sufre y aun nuestro cuerpo sufre las consecuencias (Salmos 32: 3-5). Esto relaciona directamente con otro mandato de la Escritura, el cual nos dice que si tenemos algo contra nuestro hermano debemos ponernos a cuentas con el antes de ir a dejar nuestra ofrenda al altar (Mateo 5: 23-24). Tenemos el mandato bíblico de perdonar a nuestros hermanos como Dios nos perdono a nosotros en Cristo Jesús (Efesios 4: 32, Colosenses 3: 13). Liberar a quien peco contra nosotros no solo abre las puertas de la restauración de quien nos ofendió sino que nos libera a nosotros también. No necesitamos entender las causas o razones de porque nos ofendieron, solo necesitamos obedecer al mandato de Dios de perdonar y liberar. Poder mirar a los ojos a las demás personas sin tener la sensación de que nos deben algo es completamente necesario para poder continuar adelante con la vida. Seguramente recordaremos lo que paso, pero habremos dejado de lado la amargura y el rencor. Si es necesario, debemos hacer la restitución por el pecado cometido contra otros.

Estas cosas son buenas, necesarias y forman parte de la voluntad de Dios para nosotros. Pero aun hay mas: es necesario que nos levantemos. Si!, tenemos que levantarnos del lugar emocional y espiritual donde estamos y continuar el camino de la vida espiritual, de nuestro llamado y nuestro servicio a Dios. La Escritura nos da un ejemplo en la vida del escriba Esdras, un hombre de Dios intachable (Esdras 7:10); pero que al enfrentarse a la terrible situación de que su pueblo había pecado contra Dios impunemente, quedo avergonzado, confundido, herido, desconsolado y paralizado. Veámoslo en la Biblia:

Mientras oraba Esdras y hacía confesión, llorando y postrándose delante de la casa de Dios, se juntó a él una muy grande multitud de Israel, hombres, mujeres y niños; y lloraba el pueblo amargamente.
Entonces respondió Secanías hijo de Jehiel, de los hijos de Elam, y dijo a Esdras: Nosotros hemos pecado contra nuestro Dios, pues tomamos mujeres extranjeras de los pueblos de la tierra; mas a pesar de esto, aún hay esperanza para Israel.
Ahora, pues, hagamos pacto con nuestro Dios, que despediremos a todas las mujeres y los nacidos de ellas, según el consejo de mi señor y de los que temen el mandamiento de nuestro Dios; y hágase conforme a la ley.
Levántate, porque esta es tu obligación, y nosotros estaremos contigo; esfuérzate, y pon mano a la obra.
Entonces se levantó Esdras y juramentó a los príncipes de los sacerdotes y de los levitas, y a todo Israel, que harían conforme a esto; y ellos juraron
”  (Esdras 10: 1-5)

En este caso, Esdras era inocente, pero la situación, el pecado de los otros lo afectó sobremanera. Postrado y sin saber que hacer, Esdras había caído en la carga y el dolor por el pecado del pueblo de Dios. En este cuadro tan trágico, la Palabra de Dios nos muestra 4 puntos importantes que nos ayudaran a poder salir de esta situación tan difícil:

1. Asumir la responsabilidad

Esdras lloraba, oraba y hacia confesión, postrándose delante de la casa de Dios. El era consciente de que si asumir la responsabilidad no hay posibilidad de cambio. Este es el punto crucial de la restauración bíblica: a pesar de que hayan pecado contra nosotros, no podemos esquivar nuestra responsabilidad personal. No podemos evitar lo que otros hacen contra nosotros, pero si somos responsables de como respondemos nosotros ante Dios y ante los demás. Asimismo, somos responsables por acudir delante de Dios a exponer nuestro caso y buscar en El la solución. Lo peor que podemos hacer es apartarnos del Señor y hundirnos en la melancolía, dejando de orar y alejándonos de su Palabra, lo único que lograríamos seria llenar nuestra mente y corazón de amargura y rencor.

Las excusas nos apartan de asumir la responsabilidad

2. Tener esperanza

En el relato bíblico, Secanias dijo una gran verdad: es verdad que hemos pecado, pero aun hay esperanza para Israel. La esperanza de Israel, y la de todo creyente, no radica en su propia habilidad para salir del pecado, sino en la misericordia de Dios quien perdona a quien se acerca a El en humildad, y en su poder para limpiarnos del pecado y de la maldad. El creyente puede tener verdadera esperanza en Dios, quien ha prometido acudir en nuestra ayuda, cuando clamamos a El. “El que a mi viene no lo echo fuera” dijo nuestro Señor y ciertamente podemos acercarnos al trono de la gracia para obtener misericordia y gracia (Hebreos 4:16)

El creyente tiene verdadera esperanza en Dios

3. Manos a la obra!

Levántate porque esa es tu obligación! es lo que le dijeron a Esdras. El era llamado por Dios para una labor fundamental: poner las bases de la Palabra de Dios al pueblo de Israel que regresaba y el llamado y propósito de Dios están por encima de las circunstancias que sucedan. Esdras era un ser humano, falible y débil, pero eso no era excusa para detenerse. Debía levantarse, dejar de mirar las situaciones externas y poner su mirada en el Señor, volver a poner las cosas en perspectiva y apasionar su corazón nuevamente por Dios, entendiendo que aun en medio de ese problema, el gran Dios de Israel tenia el control sobre todo. Jehová el Señor no esta limitado por las circunstancias ni su entendimiento es sobrepasado por los problemas. Sus propósitos se cumplen aun a pesar del pecado del hombre. Parte fundamental de levantarnos de la depresión es recordar que nuestro Dios es grande, poderoso, sabio y soberano.

4. Ayuda a otros a levantarse

Las decisiones siempre tienen consecuencias. La decisión de Esdras de levantarse inspiro y afecto a los demás: ellos también se comprometieron a volverse al Señor y abandonar su pecado. Ese es el poder de UNO: de uno que se compromete con Dios y su obra para hacer las cosas en serio, aunque los demás no lo hagan. Uno que deja de lado la critica, la murmuración y humildemente hace la diferencia. Uno que no paga el mal que le han hecho con mal, sino que con buena actitud y con perdón en su corazón, hace el bien a todos porque sigue los pasos del Salvador que pago con amor la maldad del hombre. Ayudar a otros por medio del ejemplo y la acción: eso es lo que necesita este mundo, personas que vivan en serio, que tomen las cosas en las manos y hagan que las cosas sucedan. Hombres y mujeres que inspiren, que sean verdaderos modelos de siervos y siervas de Dios sufridos, benignos, pacientes, perseverantes y humildes.

Manos a la obra! Levantate porque es tu obligacion


Mi hermano(a), no se exactamente que situaciones habrás pasado, pero he caminado también por muchas de ellas y se que Dios es bueno y que si es posible levantarse de la tristeza, la depresión, la auto compasión. El Señor no nos prometió explicarnos el porque de todas las situaciones que pasamos, pero si nos prometió estar con nosotros todos los días hasta el fin del mundo, por medio de la presencia poderosa del Consolador, el Espíritu Santo. Su Palabra puede llenar nuestra mente y corazón de verdadera esperanza, su perdón nos libera y nos da poder para perdonar, para liberar, para vivir la vida de acuerdo a la voluntad de Dios. Levántate hermano, porque es tu obligación, porque es la voluntad de Dios, porque el mundo perdido necesita que estés firme, apasionado por Dios y decidido a seguir adelante sin mirar atrás, rumbo al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.

Amen!