Estas fotos son conocidas como “selfies” y básicamente se trata de tomarse fotos a uno mismo para luego postearlas en las redes sociales. Y no habría mayor problema con este tipo de fotos, pero ahora si llaman la atención porque la gente se está volviendo adicta a los selfies. Vemos perfiles de personas llenas de selfies: fotos de uno mismo en el carro, en el baño, en la cama, ¡en todo lugar imaginable! Estrellas de cine, científicos, presidentes, estudiantes, amas de casa, todos son protagonistas de esta “nueva moda” en la cual queremos constantemente mostrarnos a nosotros mismos a los demás en diferentes facetas de nuestra vida.

¿Qué, entonces es un “selfie”? Bueno pues, en esencia es una  de las manifestaciones de una sociedad post moderna, consumista, materialista en la cual los valores enseñados por la palabra de Dios son cada vez más dejados de lado y son enfatizados más bien el egoísmo, la individualidad y el disfrute personal. Hermanos, ya nadie muere por sus convicciones, ya nadie da la vida por una causa mayor. Cada vez son más quienes viven por solo una meta: ellos mismos. ¿Que nos gritan los selfies? Ellos nos dicen “Déjame vivir mi vida, lo más importante soy yo”. Nada más importa que mi propia comodidad, mi dinero, mi seguridad, mi felicidad, mi disfrute. Vivimos en medio de esa realidad, no la podemos ignorar. Es más, esa línea de pensamiento ha penetrado a nuestras iglesias y cada vez más difícil encontrar creyentes plenamente comprometidos con una causa mayor. Hermanos, ¿Qué pensamos cuando nos hablan de misiones? Bueno, eso no es para mí. Yo con las justas tengo para mí, ¿Cómo podría dar a las misiones? No, yo estoy estudiando, no puedo ahora, tal vez después. No, dejar mi comodidad e ir a un lugar que no me gusta a servir a gente que no conozco y no me importa, no, eso no es para mí. No puedo diezmar, no me alcanza el dinero. No puedo comprometerme a servir, no tengo tiempo. No puedo, no tengo, no me alcanza. Estas frases son cada vez más comunes y lamentablemente demuestran hacia dónde vamos como sociedad y como iglesia.

Pero, ¿es eso lo que nos enseña la Palabra de Dios? De ninguna manera. El egoísmo y el individualismo son pecados delante del Señor. La misma naturaleza de Dios: tres personas en uno (Padre, Hijo y Espíritu Santo) nos dice que Dios es un ser comunitario, no individual. Su iglesia que es un cuerpo no es un grupo de creyentes separados, sino un organismo, conformado de cada creyente en el Señor Jesucristo, unidos entre sí por el Espíritu Santo y cimentados en la Palabra de Dios. ¿Es posible ser generoso en medio de una sociedad consumista? ¡Por supuesto que sí! Y quiero compartir con ustedes principios bíblicos básicos acerca de la generosidad, los cuales encontraremos por los escritos del apóstol Pablo en 2 corintios 8: 1-9. Leamos hermanos:

“Asimismo, hermanos, os hacemos saber la gracia de Dios que se ha dado a las iglesias de Macedonia; que en grande prueba de tribulación, la abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su generosidad.                                                                         Pues doy testimonio de que con agrado han dado conforme a sus fuerzas, y aún más allá de sus fuerzas, pidiéndonos con muchos ruegos que les concediésemos el privilegio de participar en este servicio para los santos.                                                                                           Y no como lo esperábamos, sino que a sí mismos se dieron primeramente al Señor, y luego a nosotros por la voluntad de Dios; de manera que exhortamos a Tito para que tal como comenzó antes, asimismo acabe también entre vosotros esta obra de gracia.              Por tanto, como en todo abundáis, en fe, en palabra, en ciencia, en toda solicitud, y en vuestro amor para con nosotros, abundad también en esta gracia. No hablo como quien manda, sino para poner a prueba, por medio de la diligencia de otros, también la sinceridad del amor vuestro. Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos” (2 Corintios 8: 1-9)

 

Para poder entender mejor este pasaje recordemos que la iglesia cristiana nació en Pentecostés (Hechos 2) y que desde Jerusalén salieron los misioneros para los diversos lugares donde fueron plantadas las demás iglesias. Pablo se dirigió al mundo gentil, donde planto diversas iglesias que fueron creciendo con el tiempo. Los demás apóstoles se quedaron en Jerusalén, enfocados en el mundo judío y allí trabajaron hasta que uno por uno fueron muriendo o salieron a otros lugares del mundo de ese entonces. Para el momento en que Pablo escribe esta carta, la iglesia en Jerusalén estaba pasando graves apuros financieros, los santos necesitaban mucha ayuda y Pablo estaba coordinando una ofrenda para los santos judíos. Esto lo podemos ver en Romanos 15: 25-28

Mas ahora voy a Jerusalén para ministrar a los santos. Porque Macedonia y Acaya tuvieron a bien hacer una ofrenda para los pobres que hay entre los santos que están en Jerusalén. Pues les pareció bueno, y son deudores a ellos; porque si los gentiles han sido hechos participantes de sus bienes espirituales, deben también ellos ministrarles de los materiales. Así que, cuando haya concluido esto, y les haya entregado este fruto, pasaré entre vosotros rumbo a España.

Veremos en el pasaje que nos ocupa hoy en día que si bien es cierto Pablo coordino la entrega de la ofrenda y la superviso personalmente en las iglesias de Macedonia, fue Tito el encargado de coordinarla en las iglesias de Corinto. Veremos como Dios uso a las iglesias de Macedonia a dar con generosidad aun a pesar de su extrema pobreza y veremos cómo Pablo, al recordar este asunto en su segunda carta a los corintios, expone principios acerca de porque debemos ser generosos. En resumen, los versos del 1 al 5 nos hablan del fundamento de la generosidad, que es la madurez espiritual. Un creyente que es maduro espiritualmente será generoso. Los versos 6 al 8 nos hablan de la evidencia de la generosidad. La fe y el conocimiento bíblico deben encontrar su evidencia en obras de amor hacia los demás. No puedo decir que soy bíblico sin ser generoso. Por último, el verso 9 nos habla del ejemplo supremo de la generosidad: nuestro Señor Jesucristo, quien por obediencia al Padre y por amor a la humanidad, lo entrego todo sin reservas. Ese es nuestro modelo para ser generosos.

Generosidad: una marca de madurez espiritual

1. El fundamento de la generosidad (v. 1-5)

Asimismo, hermanos, os hacemos saber la gracia de Dios que se ha dado a las iglesias de Macedonia; que en grande prueba de tribulación, la abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su generosidad. Pues doy testimonio de que con agrado han dado conforme a sus fuerzas, y aún más allá de sus fuerzas, pidiéndonos con muchos ruegos que les concediésemos el privilegio de participar en este servicio para los santos. Y no como lo esperábamos, sino que a sí mismos se dieron primeramente al Señor, y luego a nosotros por la voluntad de Dios;

 

Esta porción es maravillosa porque aquí vemos a Pablo testificar lo que había sucedido cuando se estuvo recolectando la ofrenda para los santos de Jerusalén. Las iglesias de los gentiles empezaron a dar para sus hermanos, sucediendo algo que no es común: que las iglesias en las misiones aporten para la iglesia madre, cuando lo que normalmente sucede es lo contrario. No solo esto, sino que aún se dio el escenario de ver iglesias pobres en extremo dando más allá de sus propias fuerzas para servir a sus hermanos en necesidad, hermanos a quienes ellos no conocían personalmente, hermanos que estaban muy lejos, pero sin embargo, hermanos con quienes estaban unidos en espíritu y en verdad. ¿Cómo sucede esto? ¿Cómo es que hermanos que no tienen recursos, con pocas posibilidades se comprometen a dar aún más allá de sus fuerzas, voluntariamente, uniéndose al esfuerzo de los demás creyentes para ministrar a sus hermanos en necesidad?

Pablo lo identifica como producto de la gracia de Dios. En esta sección, es la gracia de Dios la que permea todo: por la gracia de Dios las iglesias de Macedonia son generosas y el llamado a colaborar con los hermanos en necesidad es llamado también una obra de gracia. Por gracia recibimos y por gracia damos. Por la gracia de Dios hemos sido salvados, trasladados del reino de las tinieblas al reino de su amado Hijo, hemos pasado de muerte a vida espiritual, y somos bendecidos con toda bendición espiritual en los lugares celestiales. Todo esto es producto del favor inmerecido de Dios, quien miro nuestra miseria, nuestra decadencia, nuestra corrupción y por su propia gloria y por su misericordia, nos miró y salvo, así como salva a todo aquel que se acerca al bendito Hijo de Dios en esta hora y hasta que llegue la hora final.

Esta gracia de Dios ha sido dada a los hermanos de las iglesias de Macedonia. Esta gracia de Dios se expresaba no en el dar, no en la generosidad, aunque la generosidad es uno de los frutos. La gracia de Dios en los creyentes se manifestaba en su madurez espiritual. Imagínalo por un momento: creyentes del primer siglo, sin seminarios bíblicos, sin libros cristianos, sin música cristiana, sin conciertos, institutos, páginas web, devocionales, con la influencia de un líder como Pablo solo por un tiempo pero luego no, en medio de falsos maestros, en medio de una sociedad pagana y con la persecución a cuestas. Sin embargo, ¡estos creyentes demostraban mayor entusiasmo, mayor diligencia y mayor disposición para las cosas de Dios que los creyentes de este siglo, que tienen tantas bendiciones y tantas comodidades! ¡Que increíble! ¡Que bendición! Y no solo eso, sino que es una razón para avergonzarnos, porque ahora con tantas ventajas, demostramos cualquier cosa menos madurez espiritual. El punto aquí no es un mandamiento a dar, sino que el dar es uno de los frutos de la madurez espiritual. Y ¿Cómo identificamos la madurez espiritual? Bueno, aquí el apóstol Pablo nos da algunas marcas de la madurez. No se trata de mayor conocimiento necesariamente, aunque el conocimiento es bueno; ni tampoco se trata de años de vida cristiana, aunque los años nos pueden dar experiencia. Tampoco se trata de actividad ministerial, aunque es bueno servir al Señor todo el tiempo que podamos. La madurez espiritual va más allá de eso, sale de las cosas externas y va hacia lo profundo del corazón, hacia rasgos de carácter que fluyen de un corazón que ama y tiene una relación sana con el Señor. Estas marcas son:

· Gozo en medio de la tribulación

que en grande prueba de tribulación, la abundancia de su gozo”

Los macedonios, en medio de grandes pruebas de tribulación experimentaban abundante gozo. Y esto es lo maravilloso de la vida cristiana, que podemos encontrar paz en medio de la tormenta, gozo en medio de las circunstancias más difíciles. Podrían experimentar escasez, dificultades, persecuciones, enfermedades, dolencias, tribulaciones, ausencia de los elementos básicos de la vida, pero los creyentes macedonios experimentaban la paz del Cristo resucitado en sus corazones. “Mi paz os dejo, mi paz os doy” les había dicho Jesucristo a sus discípulos, y aunque los creyentes macedonios no habían visto nunca al Cristo de gloria con sus ojos físicos, por supuesto que lo habían visto con los ojos de la fe y habían sido llenos de la misma paz que ellos. Paz que sobrepasa todo entendimiento, gozo que proviene de lo profundo del corazón, que brota de la fuente de agua viva que es nuestro Señor. Existe gozo cuando Cristo es lo que nos llena, lo que nos satisface, cuando encontramos satisfacción en El. Los macedonios podían experimentar pobreza o riqueza material, eso no les afectaba porque en Cristo todo lo podían.

¡Qué gran lección hermanos para nosotros! Y que gran desafío poder encontrar paz y gozo en medio de nuestra ajetreada vida. Pero es necesario para ello poder hallar satisfacción en Dios. El gozo no es la ausencia de problemas, sino el sentimiento de profundo deleite en la persona de Dios, en su carácter, en sus promesas y en una relación íntima con El. Salmos 119:14 dice:

“Me he gozado en el camino de sus testimonios más que de toda riqueza”.

Salmos 43:4 nos dice:

“Entrare al altar de Dios, al Dios de mi alegría y de mi gozo; y te alabare con arpa, oh Dios, Dios mío”

¿Te gozas en Dios hermano en todo tiempo o solamente cuando las cosas van bien? ¿Has hallado deleite en Dios, te gozas en tener comunión todos los días con El, o es una rutina pesada y onerosa el orar y leer su Palabra?. David rogo “vuélveme el gozo de tu salvación” cuando había pecado y es el pecado el que nos roba el gozo de servir y amar a Dios. Gracias a Dios, los creyentes macedonios, a pesar de sus pruebas habían encontrado la fuente inagotable del gozo, del deleite, de la paz y la felicidad verdadera.

· Generosidad en medio de la necesidad

“y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su generosidad.” 

 

Los macedonios no solo habían encontrado gozo, sino que ellos eran generosos y compartían sus bienes a pesar de ser extremadamente pobres. La palabra traducida por pobres es ptojos, la misma usada en Mateo 5:3 cuando Jesús llama bienaventurados a los pobres de espíritu. Esta palabra es la más fuerte usada para mostrar la pobreza, y es usada en el sentido de la pobreza total, la mendicidad. Por ello, sabemos que los macedonios eran muy pobres, tenían escasísimos recursos pero en medio de su pobreza ellos hacen lo impensable: abundaban (literalmente superabundaban) en riquezas de su generosidad.

Compartamos de nuestras bendiciones con otros

El verso 2 es un verso de contraste: en medio de la tristeza por la prueba ellos encuentran gozo. Siendo extremadamente pobres, ellos compartían generosamente. Al igual que la viuda que daba todo lo que tenía para vivir en ofrenda a Dios; estos creyentes daban no de lo que les sobraba, sino de todo lo que tenían. Hermanos, no puedes dar lo que no tienes, pero de lo que tienes puedes dar lo mejor. El testimonio de los creyentes macedonios era uno de entrega, de disposición, de sacrificio y de generosidad. Ellos realmente entendían que del Señor es la tierra y su plenitud y que ellos solo eran administradores de los bienes del Señor en esta tierra y que algún día daremos cuenta de cómo hemos usados dichas bendiciones que Él nos ha dado.

¡Qué duro golpe al individualismo y al egoísmo moderno! En un mundo acostumbrado a guardar para mis necesidades, a ahorrar frenéticamente y consumir compulsivamente para satisfacer mis deseos, la conducta de los creyentes macedonios nos es extraña y aun rara. Muchos aconsejaríamos: “Hermano, tienes que proveer para ti primero”, “tienes que velar por tus necesidades, Dios entiende que tienes muchos gastos”; pero lo que vemos aquí es que una de las marcas de la madurez espiritual es el desprendimiento de los bienes físicos. No hay “mío” sino “del Señor”. Cuando entendemos que nada de lo que tenemos es nuestro, entonces es más fácil para nosotros darle al Señor lo que realmente es suyo. Oh hermanos, cuanto bien haríamos a la obra de Dios si dejaremos de guardar frenéticamente o gastar compulsivamente el dinero que hemos ganado gracias a la provisión de Dios, a las fuerzas de Dios, a la capacidades que Él nos ha dado.

· Dar voluntariamente más allá de lo normal

“Pues doy testimonio de que con agrado han dado conforme a sus fuerzas, y aún más allá de sus fuerzas”

Otra de las características de la madurez espiritual es una firme voluntad de dar más de lo que se espera. Un creyente que es maduro espiritualmente hablando da la segunda milla, da más de lo que se espera, porque lo hace como para el Señor, no para los hombres. Y lo hace de buena gana, de forma voluntaria, espontanea, sin obligación, producto de la decisión y la voluntad humana, que han sido y que están siendo santificadas por el Espíritu Santo. Cuando nos rendimos a Él, Dios santifica nuestra voluntad, nuestros pensamientos, nuestro entendimiento, de tal manera que podemos ofrecer un culto racional como nos dice Romanos 12:1-2; es decir, podemos ofrecer una adoración inteligente. Esto no quiere decir una liturgia fría y religiosa, sino un acto de adoración razonado, pensado e inteligente, en el cual ponemos nuestra voluntad a disposición de Dios junto con todo lo que somos.

La palabra griega traducida como agrado es authairetos que nos habla de un acto hecho por voluntad propia, sin presión ni obligación externa. Claro, era un agrado ofrendar para los macedonios, pero iba aún más allá que eso. Ellos habían decidido por voluntad propia, no por presión del apóstol, no por presión de los demás o por sentimientos de culpa, remordimiento o manipulación emocional. Ellos habían determinado por si mismos dar no solo conforme a su poder (griego dunamis) sino aún más allá de lo que estaba en sus manos. ¿Sabes qué es eso hermano? ¡Eso es un milagro! Dar más allá de lo que uno está en capacidad de dar es un milagro. Esto es lo que pasa cuando hay la disposición de hacer las cosas y esta la mano de Dios en medio de todo: suceden milagros, se alcanzan retos, se cumplen metas, se logra alcanzar lo que parece imposible de alcanzar.

Hermanos, una vez más: ¡cuánto necesitamos aprender de los creyentes macedonios! Ellos no necesitaban que nadie les dijera, que nadie les reprendiera, que nadie les amenazara. Ellos dieron porque estaban comprometidos con Dios y su obra. Dios multiplico lo que tenían en sus manos, de modo que sus esfuerzos se multiplicaron y dieron más de lo que nadie esperaría de un grupo de creyentes en extrema pobreza. Hoy en día, tenemos que hacer muchas cosas para convencer a los hermanos de dar un poco de dinero para alguna obra en particular; sin embargo, la obra de Dios avanza y tiene necesidad. Otros, manipulan a los creyentes amenazando, maldiciendo, manipulando emociones con el fin de obtener las billeteras de los incautos. Rechazamos las maratónicas que lo único que buscan es nuestro dinero y hacer pensar a los creyentes que Dios es una especie de alcancía espacial o un mercader mágico con el cual podemos tranzar un pacto: te doy 100 soles pero me tienes que devolver 200. Te doy un pacto de fe, pero me tienes que bendecir. No! Creemos y predicamos en un Dios soberano, dueño de todo el oro y la plata del universo, Señor y Amo de todo lo que existe, que no tiene necesidad de nada que nosotros podamos dar; pero que ha escogido obrar por medio de su pueblo, cuando este madura espiritualmente y puede ser generoso al dar de su tiempo, talentos y tesoros para la expansión del reino de Dios.

· Deseo de participar en el servicio

“pidiéndonos con muchos ruegos que les concediésemos el privilegio de participar en este servicio para los santos”

Aquí viene una parte reveladora: todo indica que los creyentes macedonios no estaban incluidos en los que debían colaborar para la ofrenda para los creyentes en Jerusalén, muy probablemente debido a su extrema pobreza. Sin embargo, el apóstol Pablo nos dice que ellos mismos rogaban que se les permitiera el privilegio de participar en el servicio a los santos. Aquí hay algunos puntos muy importantes:

  • Ellos, como creyentes maduros estaban más que deseosos de poder servir y poder dar. No estaban mirando sus necesidades, sino las de otros como las más importantes.
  • Ellos respetaban la autoridad del apóstol y su equipo y rogaban que les permitieran participar de este servicio.
  • Ellos consideraban un privilegio el poder servir a Dios por medio de compartir lo que tenían con sus hermanos en necesidad.
  • La palabra griega para participar es koinonia y para servicio es diakonia. Entonces, ellos querían tener koinonia (comunión en un mismo propósito) en el ministerio y servicio destinado a los santos en Jerusalén. Esto habla de un trabajo en equipo, de un servicio unido, en comunión, en amor, en gratitud y en unidad.
  • Ellos querían servir a Dios por medio de servir al pueblo de Dios. No podemos separar el servicio del compartir y del bendecir a las personas. No podemos decir que amamos a Dios si miramos a nuestro prójimo tener necesidad y cerramos contra el nuestro corazón.

Que maravillosa gracia de Dios que transforma seres pecadores, egoístas y depravados en hombres y mujeres santos, transformados, redimidos, con un corazón generoso, humilde, amoroso.

Estas características que hemos enumerado no son todas las marcas de la madurez espiritual, pero si son buenos indicadores de cómo estamos creciendo espiritualmente. Son banderas, señales que nos permiten identificar como vamos en nuestro caminar espiritual. La generosidad es parte fundamental de la madurez espiritual y la mayordomía cristiana. Esta no nace espontáneamente, es el fruto de habernos entregado a Dios y a nuestro prójimo en obediencia a Dios, tal y como nos dice el verso 5:

“Y no como lo esperábamos, sino que a sí mismos se dieron primeramente al Señor, y luego a nosotros por la voluntad de Dios”

 

Los creyentes macedonios se habían entregado en primer lugar al Señor. No habían entregado su intelecto solamente, o sus emociones: se habían dado a sí mismos al Señor completamente y sin reservas. Esa entrega, esa rendición provoco que también se entregaran a los demás porque eso es la voluntad de Dios. El Señor nuestro Dios ha ordenado así el ministerio y el servicio a su santo nombre: quien quiera servirle tiene que servir a las personas que han sido creadas a imagen y semejanza de Dios. Hermanos, ¿Por qué nos es tan difícil dar? Porque no nos hemos entregado de corazón a Dios; porque aun guardamos nuestras reservas y porque aún tenemos áreas de nuestra vida que resistimos rendirlas ante Dios. ¿Por qué nos cuesta bendecir a los demás y preferimos acumular para nosotros? Porque para nosotros nuestra comodidad es lo primero, nuestras prioridades están invertidas y hemos rechazado entregarnos a los demás por la voluntad de Dios. Hemos dado la espalda a la voluntad de Dios, quienes nos han dado los dones espirituales para el servicio de los santos, quien nos ha dado recursos, talentos, dinero, tiempo y demás cosas para poder ministrar a los demás, para poder llevar su Palabra a los perdidos, y preferimos dormir como dormía Jonás mientras el barco en el que navegaba se hundía en medio de la tormenta. ¡Despierta dormilón! ¿No te das cuenta que el barco se hunde? ¿No te importa que la gente muera sin Cristo, tu que tienes los dones para bendecirlos, tu que tienes los recursos para ayudarles, tu que tienes las palabras que pueden consolarles?

Hoy es tiempo de que nos rindamos al Señor, hoy es el día en que podemos poner toda nuestra vida a sus pies y decirle “Señor envíame a mí a este mundo perdido. Heme aquí, aquí están mis manos, aquí están mis pies, aquí mis brazos, aquí mi billetera, aquí mi tiempo, aquí mis estudios, aquí todo lo que soy para que tu nombre sea glorificado”. Quiera Dios usar nuestras vidas para llevarlas a las personas que tienen necesidad: al mendigo, al niño abandonado, a la madre soltera, al adolescente confundido, al padre desempleado, al taxista, al chofer, al gerente lleno de vicios, a todos y cada uno de quienes tienen necesidad de un abrazo, un pan, un abrigo. También al evangelista, al misionero, al pastor que tiene necesidad de biblias, de obreros, de tratados, de dinero para sostenerse. ¡Hay cuanta necesidad hermanos!

Compartiendo con nuestros hermanos en la fe

 2. La evidencia de la generosidad (v. 6-8)

“De manera que exhortamos a Tito para que tal como comenzó antes, asimismo acabe también entre vosotros esta obra de gracia. Por tanto, como en todo abundáis, en fe, en palabra, en ciencia, en toda solicitud, y en vuestro amor para con nosotros, abundad también en esta gracia. No hablo como quien manda, sino para poner a prueba, por medio de la diligencia de otros, también la sinceridad del amor vuestro”

 

Ahora, viendo del verso 6 al verso 8 observamos la evidencia de la generosidad. Como todas las demás características de la madurez espiritual, la generosidad también debe pasar al campo de la acción si ha de ser genuina. Los macedonios habían mostrado de sobra su madurez espiritual, su compromiso, su diligencia y su pasión por servir a Dios por medio de su entrega a servir a sus hermanos, aun a costa de sí mismos, y los corintios también debían de mostrar dicha cualidad en su servicio a los hermanos de la iglesia de Jerusalén. Aquí Pablo hace uso de mucho tino, amor y cuidado al hablarles, no como una obligación, aunque podía haberlo hecho como apóstol de Jesucristo, sino más bien como un padre preocupado por su crecimiento y desarrollo.

 

La fe y el conocimiento deben evidenciarse

Pablo llama a esta colaboración una “obra de gracia” y exhorta a Tito, quien era el encargado de coordinar la entrega en Corinto a terminarla. Si los hermanos macedonios, sin haber sido requeridos, sin que se les haya pedido, de su propia voluntad habían unido fuerzas y mostrado cuán lejos se puede llegar en Cristo cuando hay fe, pasión y obediencia, los corintios no podían quedarse atrás. Estos hermanos, que tenían mayores recursos, estaban en posibilidad de unirse también y poder alcanzar las metas requeridas; pero necesitaban de un líder, de un hombre de Dios que pueda llevar sobre sus hombros la carga y una a los hermanos en esta labor de gracia. Aun el día de hoy la obra de Dios necesita obreros valientes y esforzados, hombres de Dios que den la talla al momento de dirigir la obra. Tito, a diferencia de Timoteo, si tenía cualidades de liderazgo más desarrolladas, recordemos que él fue enviado por Pablo a las difíciles iglesias en Creta para poner orden y ahora lo vemos en Corinto, que también presentaba dificultades, teniendo la responsabilidad de coordinar un tema tan sensible como es el la recolección de la ofrenda para los hermanos de Jerusalén. ¡Cuánta necesidad tenemos de liderazgo idóneo, preparado, capaz de asumir la carga de la obra de Dios sin retroceder, con capacidad espiritual, intelectual y moral para poder asumir el reto! Ciertamente sabemos que Tito era un hombre idóneo para esa labor.

No solo esto, sino que Pablo hace uso de su ingenio, inteligencia y tacto al dirigirse ahora a los corintios. Recordemos que la iglesia en Corinto presentaba muchos desordenes y a pesar de que ellos manifestaban y creían que tenían muchos dones y conocimiento y fe, a su vez en su seno se cometían pecados groseros y habían disensiones, celos y pleitos. Aun el mismo Pablo les dijo que eran carnales (1 Corintios 3:1-2). Estos hermanos se jactaban de gran madurez espiritual, de gran conocimiento, de gran fe (1 Corintios 13: 1-3) pero la verdad era que mostraban en sus obras que carecían de ella, que eran inmaduros y que actuaban como hombres sin conocimiento de Dios. En ese sentido Pablo les dice:

“Por tanto, como en todo abundáis, en fe, en palabra, en ciencia, en toda solicitud, y en vuestro amor para con nosotros, abundad también en esta gracia.”

Pablo les está diciendo “bueno hermanos ya que ustedes son tan espirituales, tan sabios, con tanta fe y pasión por Dios, es obvio que van a demostrarlo aquí también en esta gracia, en este servicio a los santos”. No es difícil notar la sutileza de Pablo al hacer esto pero es genial porque no busca de ellos la provocación, la amenaza, la manipulación, sino el despertar en ellos la conciencia de que la generosidad, así como las demás características de la madurez espiritual, deben manifestarse. De nada vale hermanos que llene mi boca hablando de cuanto se, que sugiera a los demás cuan maduro soy, cuan fiel a las reuniones, cuan sabio en mis decisiones, cuan maduro en mis razonamientos, si no muestro por mis obras dichas cualidades de la madurez y una de esas cualidades es la generosidad. Santiago va más allá al decirnos en su carta:

Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha? Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma. Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras. Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan. (Santiago 2:14-19)

La fe sin obras es muerta. La madurez espiritual sin obras que la demuestren es pura charlatanería. Podemos ser expertos en jactarnos de nuestro propio conocimiento doctrinal, de nuestra solidez en la fe, de lo bien que manejamos la Palabra de Dios pero a la vez ser tan fríos, tan insensibles, tan duros para con los demás. Hermanos, necesitamos mostrar con nuestros actos que realmente vive Cristo en nosotros. Si, ese Cristo que toco a los leprosos, que sano a los enfermos, que lo dio todo sin pedir nada a cambio.

 El amor debe ponerse a prueba

No hablo como quien manda, sino para poner a prueba, por medio de la diligencia de otros, también la sinceridad del amor vuestro”

 Aquí Pablo reafirma que no trata de obligar a los hermanos, sino que los está motivando a enfrentar esta circunstancia como una oportunidad para poner a prueba su amor. El amor y la disposición de los macedonios, su diligencia para servir al Señor poniéndose ellos mismos y todo lo que tenían era una prueba para que los hermanos de Corinto puedan también ponerse a punto. Esta circunstancia debía ser la prueba para que se vea la sinceridad del amor de los corintios, pasando de las palabras a las acciones.

Hermanos, si la fe ha de ser sincera debe ser probada. Si nuestro amor es sincero, debe ser probado también. En medio de las circunstancias es donde se revela la sinceridad de nuestro amor. Es cuando tenemos estrechez que nuestra fe y nuestra disposición de obedecer al Señor se pone en evidencia. ¡Qué fácil es obedecer cuando todo nos va bien, que sencillo es jurar lealtad al Señor, cantar canticos de alabanza cuando todo está en orden y tranquilo! Es sencillo declarar que somos siervos del Señor cuando todos nos aceptan y cuando somos amados por todos; pero qué difícil es ser fiel al Señor, amarle y obedecerle cuando tenemos todo en contra, cuando la salud nos abandona, cuando somos burlados, criticados y menospreciados. Estos momentos hermanos donde nuestra fe es puesta en estrecho son justo los momentos cuando esta puede estirarse y fortalecerse. “Tened por sumo gozo cuando pasemos por diversas pruebas” nos dice el apóstol Pedro y es necesario que el amor surja de entre la confusión, la tristeza y la depresión. Pablo estaba apelando al amor de los corintios, a su conciencia, si pues los hermanos macedonios, pobres y necesitados, daban más de lo que cualquiera podía hacer, ¿Cuánto más ellos podían ponerse a sí mismos al Señor para bendecir a los hermanos? ¿Cuánto más amor podían demostrar aquellos que se jactaban de ser espirituales y conocedores?

La entrega de Cristo por amor a nosotros es la base de la generosidad

Asimismo, el Señor nos reta por medio de su Palabra en esta noche: debemos ser generosos porque nuestro Señor es el modelo supremo de la generosidad.

 

3. El ejemplo supremo de la generosidad (v. 9)

Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos

 La gracia del Señor Jesucristo

 “Ya conocéis” dice el apóstol Pablo, recordándoles a los corintios que ellos ya conocen el evangelio del Dios bendito. ¿Qué conocemos? La gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por obediencia al Padre y por amor a nosotros se hizo pobre siendo rico. Pablo sigue usando la terminología pobreza – riqueza para darle más énfasis al tema de la generosidad, aunque claramente no está hablando en términos de bienes materiales cuando se refiere al Señor Jesús. Su riqueza nos habla de su divinidad y su gloria que comparte con el Padre desde los tiempos de la eternidad (Juan 17: 5). Su pobreza nos habla de su encarnación, por medio de la cual realizo la obra de la salvación de nuestros pecados, por medio de ser el sacrificio supremo de Dios por la pecaminosidad del hombre. ¿Qué motivo a Cristo a abrazar la pobreza siendo rico? El amor. Y el amor debe ser la motivación que los corintios deben tener y la motivación que nosotros, los creyentes de estos tiempos, debemos tener para poder ser generosos y dar para la obra de Dios.

 La bendición de su humillación

 La humillación del Señor fue el acto más maravilloso que podamos conocer; y este acto nos proveyó la mayor bendición: la posibilidad de ser justificados ante Dios y limpios de nuestros pecados si acudimos por fe al mensaje del evangelio e invocamos a Jesucristo como Señor y Salvador. La Palabra de Dios nos dice que todo aquel “que confesare con su boca que Jesús es el Señor y creyere en su corazón que Dios le levanto de los muertos será salvo” (Romanos 10: 9). ¡Qué gran bendición la de ser perdonados de todos nuestros pecados, tener paz con Dios, vida eterna y no ser acusado de culpa alguna delante del Dios tres veces Santo, por la gracia y misericordia del Señor Jesucristo!

Quiero que me acompañen a leer este pasaje por favor:

“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese(A) que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.” (Filipenses 2: 5-11)

Conclusión

 ¡Bendita gracia que nos salvó! Por medio de ese sacrificio supremo y definitivo podemos tener paz con Dios. El amor más grande nos salvó y en ese amor debemos andar nosotros también. Esa es la motivación del creyente: el amor a Dios quien nos salvó y el amor a nuestros hermanos que también fueron salvados por ese mismo sacrificio. Por esta razón debemos ser generosos y entregarnos al Señor en primer lugar, en obediencia, sin reservas ni condiciones de ningún tipo, y a su obra para servirle, esforzándonos para que su reino sea extendido y su Palabra sea predicada. Sigamos pues, las pisadas de nuestro Maestro y Señor, que por amor al Padre y a nosotros, teniéndolo todo, lo tuvo en poco y abrazo la humillación, la incomodidad, el dolor, el rechazo, la traición y la muerte para que nosotros podamos recibir el amor y la paz de Dios por su sangre.

Hoy el Señor nos desafía a entregarlo todo para su causa. ¿Qué harás? ¿Qué decisión tomaras hermano(a)? Te animo a que, por amor, tú también lo entregues todo para la gloria del Señor, la edificación de su Iglesia y la salvación de los perdidos.

Amen!