El día de hoy quiero compartir con ustedes el tema de la mayordomía cristiana. Sabemos que somos administradores de lo que Dios nos ha dado; pero ¿por qué nos cuesta dar? Porque tenemos un orden de prioridades invertido. Abraham Masllow, un psicólogo estadounidense, conocido como uno de los padres de la psicología humanista, propuso un esquema conocido como la pirámide de Masllow que muestra el esquema de prioridades que tiene todo ser humano. En el nivel más bajo se encuentra las necesidades fisiológicas y eso va subiendo hasta las necesidades de auto realización que están en la cúspide de la pirámide. La idea es que no puedo realizar las partes superiores de la pirámide en tanto no he satisfecho todas las necesidades de los niveles inferiores. O sea, no puedo por ejemplo pensar en conseguir un trabajo si no tengo donde vivir o que comer todos los días, o no puedo vivir mi vocación si no tengo seguridad familiar o física.

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Esta filosofía consideraría la vida religiosa como parte del auto realización, por ende en la cúspide de la pirámide. Eso quiere decir que no puedo pensar en tener una vida de piedad en tanto no satisfaga los niveles inferiores, es decir, no tenga comida, bebida, vestido, comodidades, etc. ¿Ven lo peligroso de esta “doctrina”? Esta filosofía gira plenamente en torno al hombre sin tomar en cuenta a Dios. Y esta enseñanza se da aún en iglesias y ha penetrado tan profundamente este pensamiento humanista que muchos decimos: “No puedo dar porque aún no termino con mis cosas”. “No puedo entregarme al servicio del Señor porque tengo mis prioridades”. Y no está mal estudiar, ejercer una profesión, trabajar, ahorrar, comprar. Lo que está mal es que no hemos entendido que ASI NO FUNCIONAN LAS COSAS. Somos mayordomos de lo que hemos recibido y no los amos. La prioridad de la vida del hombre es amar a Dios sobre todas las cosas y servirle, usando todo, todo, TODO lo que somos y tenemos para la gloria de su nombre, para la expansión de su reino y la edificación de su Iglesia.

¿Cuál es la crisis de la Iglesia actual? Mayordomos que quieren ser amos. Personas que toman a Dios como amuleto, como garantía de éxito, como un paso más en su realización personal. No! Hermanos eso no es la perspectiva. Dios es todo! Él es el TODO del hombre! Nosotros somos los siervos, EL es el AMO. Como Elías decía “Vive Jehová en cuya presencia estoy”, así nosotros debemos vivir a la luz de su presencia constante y poderosa. En esta noche hermanos quiero compartir con ustedes un texto difícil. Es difícil porque ha sido malentendido, pero vamos a examinarlo a la luz de su contexto, viendo lo que realmente el Señor nos quiere decir en él. Acompáñenme por favor a Lucas capítulo 12, versos del 35 al 48. Leamos:

Estén ceñidos vuestros lomos, y vuestras lámparas encendidas; y vosotros sed semejantes a hombres que aguardan a que su señor regrese de las bodas, para que cuando llegue y llame, le abran en seguida. Bienaventurados aquellos siervos a los cuales su señor, cuando venga, halle velando; de cierto os digo que se ceñirá, y hará que se sienten a la mesa, y vendrá a servirles. Y aunque venga a la segunda vigilia, y aunque venga a la tercera vigilia, si los hallare así, bienaventurados son aquellos siervos.                                             Pero sabed esto, que si supiese el padre de familia a qué hora el ladrón había de venir, velaría ciertamente, y no dejaría minar su casa. Vosotros, pues, también, estad preparados, porque a la hora que no penséis, el Hijo del Hombre vendrá. Entonces Pedro le dijo: Señor, ¿dices esta parábola a nosotros, o también a todos?                              Y dijo el Señor: ¿Quién es el mayordomo fiel y prudente al cual su señor pondrá sobre su casa, para que a tiempo les dé su ración? Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así. En verdad os digo que le pondrá sobre todos sus bienes. Más si aquel siervo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir; y comenzare a golpear a los criados y a las criadas, y a comer y beber y embriagarse, vendrá el señor de aquel siervo en día que éste no espera, y a la hora que no sabe, y le castigará duramente, y le pondrá con los infieles.                                                                                          Aquel siervo que conociendo la voluntad de su señor, no se preparó, ni hizo conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes. Mas el que sin conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco; porque a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá.”

Hermanos, tenemos que entender que estas palabras de Jesús se dijeron en el contexto de una enseñanza de Jesús a los judíos acerca de la ansiedad, del amor al dinero, de persecución y de su pronta venida. Uno de los versos claves es el 34 que nos dice que “donde esta nuestro tesoro allí esta nuestro corazón” y eso nos marca la pauta para las cosas que vamos a ver a continuación. Dije al inicio que somos mayordomos de las cosas que Dios nos ha dado y ese fue el plan inicial desde la creación del hombre. “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza para que enseñoree” nos dice la Palabra de Dios en Génesis y el plan del Señor era colocar a Adán como administrador del huerto del Edén. Aun después del pecado, el hombre sigue siendo un administrador de las cosas que Dios le ha encomendado, y por ende responsable ante El por su administración.

Somos administradores de las bendiciones que Dios nos ha dado

Este texto de Lucas capítulo 12 nos muestra 3 puntos importantes. La recompensa del mayordomo, en los versos del 35 al 40; la fidelidad del mayordomo, en los versos 41 al 46; y por último, la responsabilidad del mayordomo, en los versos 47 al 48. Examinemos entonces el primer punto.

La recompensa del mayordomo

Estén ceñidos vuestros lomos, y vuestras lámparas encendidas; y vosotros sed semejantes a hombres que aguardan a que su señor regrese de las bodas, para que cuando llegue y llame, le abran en seguida. Bienaventurados aquellos siervos a los cuales su señor, cuando venga, halle velando; de cierto os digo que se ceñirá, y hará que se sienten a la mesa, y vendrá a servirles. Y aunque venga a la segunda vigilia, y aunque venga a la tercera vigilia, si los hallare así, bienaventurados son aquellos siervos. Pero sabed esto, que si supiese el padre de familia a qué hora el ladrón había de venir, velaría ciertamente, y no dejaría minar su casa. Vosotros, pues, también, estad preparados, porque a la hora que no penséis, el Hijo del Hombre vendrá.”

El mandato del Señor es claro. Estén ceñidos nuestros lomos y nuestras lámparas encendidas. En el mundo antiguo, la vestimenta consistía en una túnica larga y era un poco incómoda para realizar las labores diarias. Entonces, los siervos debían ceñirse la ropa, es decir recoger los bordes de la túnica y guardarlas en el cinto; esto implicaba estar listos para la acción. Cuando los personajes ricos iban a las bodas orientales, tales bodas podían duras semanas o incluso meses; por ende, no se sabía la fecha exacta del retorno del amo. Los siervos debían tener sus lámparas llenas de aceite y encendidas, listas para poder iluminar las oscuras calles apenas supieran que el amo estaba regresando.

Aquí, el Señor está usando dos figuras para ilustrarnos una verdad espiritual profunda: la figura del siervo que vela y la figura del padre de familia que guarda su casa.

En el caso de los siervos que velan, el mandato es que ellos deben estar listos, preparados y velando, a la espera de la venida de su señor. No solo eso, sino que apenas este llame, le deben abrir enseguida. El amo no admite demora, ni retraso, ni negligencia en la ejecución de sus funciones. El judío dividía las horas de la noche en 3 partes: 3 vigilias, el romano las dividía en 4. El Señor Jesús nos dice que el amo puede llegar a cualquier hora de la noche, temprano, a la mitad de la noche o cuando ya está amaneciendo, igual los siervos deben estar preparados, velando y esperando su regreso. ¿Cuál es la recompensa? Estos siervos son dichosos, bienaventurados y felices porque si el Señor regresa y los haya preparados y velando, dice que El mismo se ceñirá la ropa, los hará sentar en la mesa y les servirá. ¿Notan algo extraño? Por supuesto que sí! Ellos debían servirles como nos dice el siguiente texto:

“¿Quién de vosotros, teniendo un siervo que ara o apacienta ganado, al volver él del campo, luego le dice: Pasa, siéntate a la mesa? ¿No le dice más bien: Prepárame la cena, cíñete, y sírveme hasta que haya comido y bebido; y después de esto, come y bebe tú? ¿Acaso da gracias al siervo porque hizo lo que se le había mandado? Pienso que no. Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos”                                                                      (Lucas 17:7-10)

Hermanos, nosotros somos siervos inútiles, llamados a hacer solamente lo que el Señor nos ha enviado a hacer. Nosotros debemos servirle a Él, ministrarle. Esta es la perspectiva del servicio cristiano: tenemos el privilegio de servir a nuestro Señor en la tarea que se nos encomiende: grande o pequeña, debemos hacerlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres. Sin embargo, en lo que respecta a la pronta y segura venida del Señor, la Biblia nos dice que la recompensa del siervo fiel es que su Señor le servirá! Le sentara a su mesa y le honrará. Esto nos hace recordar a Juan capítulo 13 donde dice:

“Antes de la fiesta de la pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin. Y cuando cenaban, como el diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, que le entregase, sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba, se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido”                                                                            (Juan 13:1-5)

¿De qué nos habla esto? Nos habla de intimidad, de compañerismo, de una profunda relación y recompensa que el Señor promete a sus siervos que le sirven fielmente y le esperan preparados.

La siguiente figura que usa el Señor Jesús es la figura del padre de familia. Nos dice que si el padre supiera a qué hora ha de venir el ladrón, velaría y no dejaría minar su casa. Claro, es lógico! El padre vela por la seguridad de su familia y estaría alerta, cuidando el sueño de los seres que ama, sacrificándose el para que ellos puedan estar tranquilos y en paz. Esto nos habla de estar alertas ante el pronto regreso del Señor, que viene como “ladrón en la noche”. Esto nos habla no del carácter de la persona del Señor, sino de la rapidez, del sigilo y de lo desprevenido que será el momento de su venida. Cuando nadie lo espera, en el momento del sueño, donde estamos más tranquilos y relajados, el ladrón aprovecha la oscuridad para robar. La venida del Señor se dará cuando menos lo esperamos, en cualquier momento.

El glorioso regreso del Señor Jesucristo es inminente

Viviendo a la luz del retorno de Cristo

¿Qué nos dicen estas dos figuras que usa el Señor? Nos hablan de preparación y precaución. Debemos ser conscientes de la inminente venida del Señor Jesús. Hermanos, el Señor viene. Maranatha! Cristo viene. El viene hermanos y aunque no sabemos el momento exacto de su venida, Él nos ha dejado instrucciones específicas y es su voluntad hallarnos preparados, velando, despiertos y no dormidos, esperando ver su gloriosa presencia viniendo en las nubes con poder y gloria. Debemos estar alertas, despiertos y no dormidos para recibir al que es considerado como ladrón y despreciable por los malvados e incrédulos, pero que para nosotros es el Gran Dios y Salvador Jesucristo, el Dios Todopoderoso.

No hablamos del sueño físico, sino del sueño espiritual. Las vírgenes (Mateo 25) imprudentes durmieron y permitieron que su aceite se agote. No estuvieron listas y cuando el Señor vino ellas no pudieron ir con El. Hablamos de cegarnos a la realidad de que vivimos en un escenario único de la historia: vivimos entre el tiempo de la Primera venida y la Segunda venida del Señor, la cual puede ocurrir en cualquier momento. Hermanos, eso debe cambiar nuestra manera de pensar, de vivir, de servir y de dar. Debemos vivir a la luz del retorno de Cristo a la tierra.

“Por lo cual dice: Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo.” (Efesios 5: 14)

 

¡Hermano, despierta! Ya fue demasiado tiempo para dormir, ya es tiempo de despertar. Es tiempo de servir al Señor, es tiempo de abrir los ojos y ver los campos blancos para la siega. Es tiempo de ver más allá de nuestras propias necesidades y escuchar el latir del corazón de Dios por el mundo perdido. Es tiempo de despertar tus dones espirituales y ponerlos al servicio del Señor. Despierta ya! El diablo te está arrullando, diciéndote al oído que aun puedes dormir un poco más, pero no! Despierta, el Señor ya viene y tú debes tener tu lámpara encendida. Tu luz debe estar alumbrando la oscuridad, tus ojos abiertos a lo que sucede en este mundo.

La prueba del mayordomo

Entonces Pedro le dijo: Señor, ¿dices esta parábola a nosotros, o también a todos?  Y dijo el Señor: ¿Quién es el mayordomo fiel y prudente al cual su señor pondrá sobre su casa, para que a tiempo les dé su ración? Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así. En verdad os digo que le pondrá sobre todos sus bienes. Más si aquel siervo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir; y comenzare a golpear a los criados y a las criadas, y a comer y beber y embriagarse, vendrá el señor de aquel siervo en día que éste no espera, y a la hora que no sabe, y le castigará duramente, y le pondrá con los infieles.

Aquí sucede algo interesante. Al oír todas las palabras de Jesús, Pedro queda intrigado. ¿Se estaría refiriendo a las demás personas que oían o les hablaba directamente a ellos como sus discípulos? Pedro le hace la pregunta pero el Señor no le responde directamente, sino que formula otra pregunta a raíz de la suya y esa pregunta es la que nos llama a la reflexión y nos da luz sobre la(s) persona(s) a quien(es) se está refiriendo en lo próximo que va a decir. Si antes nos habló de siervos (gr. doulos = esclavo), ahora se va a referir de mayordomos (gr. oikonomos = administrador de la casa). De esta palabra en griego viene nuestra palabra moderna economía. Un mayordomo es mucho más de lo que ahora entendemos por esa palabra. Podemos ver un ejemplo de ello en el damasceno Eliezer, mayordomo de Abraham (Génesis 15: 2-3); o de José, siervo de Potifar (Génesis 39: 4-6). Un mayordomo era un siervo como los demás, pero un siervo con autoridad delegada, y por ende, responsable ante su señor de su mayordomía.

El trabajo del mayordomo es, según el propio Señor, dar alimento a los habitantes de la casa a tiempo. Para esto, él debe ser fiel y prudente. Fidelidad implica confianza, carácter y prudencia nos habla de sabiduría y cordura. Este es puesto sobre toda la casa para administrar los bienes del amo en tanto este no está. Tal como en el caso de los siervos que esperan a su señor de las bodas, este mayordomo debe trabajar en ausencia de su señor. ¿Cuál es la recompensa? Ser hallado cumpliendo fiel a su deber y por ende ser recompensado por su señor con más trabajo. Un incremento en su autoridad, en su capacidad, en su administración. Vemos promoción, honra, dignidad como recompensas a la fidelidad y sabiduría de un siervo mayordomo que supo mantenerse ocupado y enfocado en las cosas que le delegó su señor. Vemos que los recursos que él tiene a disposición no son suyos, son del Señor que le encargo el trabajo. Vemos que su capacidad no está puesta para su beneficio personal, sino para dar a otros. Debe dar de comer la cantidad requerida (ración) a su tiempo. Ni demasiado, ni fuera de tiempo. Todo debe ir de acuerdo a un plan, a un presupuesto, a una guía. Nuestra guía es la Palabra de Dios hermanos y somos llamados a ser mayordomos de las cosas que el Señor nos ha encargado, no para nuestro propio beneficio, sino para la gloria de Dios por medio de la alimentación espiritual de aquellos quienes nos rodean, quienes necesitan del alimento del evangelio para salvación y/o alimento espiritual para edificación de sus almas. Esto hermanos no solo es un llamado a los predicadores del evangelio, ni solo una advertencia a los apóstoles del Señor, sino es un llamado urgente a todo aquel que toma la bandera de Cristo, a todo embajador del Señor que ha sido llamado a salvación por la fe. ¿Eres creyente? ¿Has nacido de nuevo? Entonces eres un mayordomo de los bienes (espirituales y materiales) del Señor para usarlos en la administración de su casa. Hablamos de una actividad de desarrollo, multiplicación, bendición y servicio en el contexto de la iglesia, donde somos llamados a bendecir y dar alimento a quienes lo necesitan. Para ello, todos nuestros recursos deben estar puestos a los pies del Señor para ser usados por El.

Más si aquel siervo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir; y comenzare a golpear a los criados y a las criadas, y a comer y beber y embriagarse, vendrá el señor de aquel siervo en día que éste no espera, y a la hora que no sabe, y le castigará duramente, y le pondrá con los infieles.

Pero también vemos el otro aspecto: hablamos de un mayordomo infiel, que olvida deliberadamente en su corazón que su Señor va a venir. Esta persona deja de vivir en la expectativa del retorno del Señor. Piensa que sus actos no tienen repercusiones eternas y que después de todo puede darse ciertas licencias y vivir como le plazca. Su manera de pensar y sus creencias afectan sus decisiones: ahora, empieza a golpear a sus consiervos y a comer, beber y emborracharse. Esto nos habla de un deterioro moral y espiritual. El que había sido llamado a ser mayordomo de la casa, para dar de comer, mantener el orden y los recursos de su señor, ahora los usa para su beneficio personal, para abusar de los demás y para obligar a que otros se sometan a su autoridad y no a la autoridad del Señor. Que peligroso es vivir siendo inconsciente de la venida del Señor, ignorando voluntariamente que Él nos ve y que debemos dar cuentas algún día de nuestra administración. Cuando hacemos eso empezamos a vivir según nuestros propios lineamientos, haciendo lo que nos place, torciendo la Escritura para que se ajuste a nuestro estilo de vida y no ajustando nuestra vida a la Palabra de Dios. El dinero del Señor ya no es de Él, sino nuestro, las misiones y la obra de Dios ya no es la prioridad, sino mi vestimenta, mis lujos, mis placeres. El orgullo, la posición, el dinero, los lujos, el trabajo, el consumismo, los artículos novedosos, los eventos deportivos, las ultimas películas, la música del momento, eso es ahora lo que llama mi atención. La violencia se desata contra los demás y el deterioro moral es inevitable. Aquel que debía alumbrar y mantener el orden en la casa de Dios es quien ahora promueve el caos. ¿Sabes que hermano? No sé cuántos años de creyente tienes, pero te digo en esta noche que estas en peligro de olvidarte que eres mayordomo de los recursos de Dios y que el Señor te ha puesto para administrar los bienes del Señor. El mayordomo de la parábola se olvidó quien era y empezó a vivir como amo, pero sabes qué? Seguía siendo siervo y seguía teniendo un señor. Jesús nos dice que su señor vendrá a la hora que no sabe y que no espera y tendrá que rendir cuentas de su mayordomía, del despilfarro que hizo del dinero y los bienes del Señor. ¿Qué le diré al Señor en ese día hermano? ¿Qué diré cuando me presente delante del Rey de Reyes en su trono de gloria? ¿Cómo me justificare delante de El por las horas perdidas, por las palabras vanas, por las oportunidades desperdiciadas, por el dinero mal gastado, por el tiempo que pude usar para la gloria de Dios pero no lo hice? No tengo palabras mi hermano. No sabría qué decir. Sin embargo, el Señor dice que a ese mayordomo malo, negligente, perverso que rechazo la autoridad del Señor, Él le castigara duramente y le pondrá junto con los infieles.

¿Quién es quién?

Dije al inicio que este texto es difícil porque muchas personas toman este pasaje para decir: “Aja, la salvación se puede perder si la descuidamos”. Si analizamos el pasaje paralelo en Mateo 24: 48 – 51 veremos:

Pero si aquel siervo malo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir; y comenzare a golpear a sus consiervos, y aun a comer y a beber con los borrachos, vendrá el señor de aquel siervo en día que éste no espera, y a la hora que no sabe, y lo castigará duramente, y pondrá su parte con los hipócritas; allí será el lloro y el crujir de dientes

El texto nos dice que su parte será con los hipócritas y allí será el lloro y crujir de dientes. Esto indica fuertemente desesperación y angustia, asociados a la condenación eterna. El castigo del mayordomo infiel es ser condenado junto con los infieles (gr. apistos = sin fe). Entonces ¿eso quiere decir que un creyente puede ser condenado si descuida su mayordomía? No mi hermano, el texto dice claramente dos cosas:

  • Jesús pregunta (no afirma) ¿Quién es el siervo fiel y prudente? Ese es el que permanece fiel a la venida del Señor y por ende es recompensado.
  • Luego Jesús plantea una posibilidad (“si aquel siervo dijere en su corazón”). Mateo la añade el adjetivo “malo” y esto nos señala a un hombre que sirviendo al Señor no conocía al Señor. Nos habla del caso de un incrédulo que esta engañado a sí mismo, pensando que es cristiano porque asiste a la iglesia y porque sirve al Señor. Su incredulidad se evidencia por su falta de perseverancia y por su inclinación al deterioro moral y pecado. Al final, su destino va de acuerdo a su naturaleza: con los que no tienen fe verdadera, los que no han nacido de nuevo y los que no han conocido al Señor.

Hermano, servicio no equivale a santidad ni a conversión. No te engañes. Puedo servir a Dios sin conocerle. Puedo hablar de Él sin tener una relación con El. Si soy un creyente verdadero voy a perseverar, voy a permanecer. Podre pecar y resbalar, pero poderoso es el Señor para mantenerme de pie. Si eres creyente vas a perseverar sirviendo al Señor. Vas a vivir siempre mirándole a Él.

El servicio no implica santidad ni conversion. El mayordomo infiel no era creyente.

La responsabilidad del mayordomo

“Aquel siervo que conociendo la voluntad de su señor, no se preparó, ni hizo conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes. Mas el que sin conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco; porque a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá”

Entonces hermanos, ahora Jesús nos pasa a hablar de la responsabilidad del mayordomo. Santiago 4: 17 nos dice que el que sabe hacer lo bueno y no lo hace, le es pecado. El siervo que conoce la voluntad del Señor y no se prepara y obedece conforme a la voluntad de Dios recibirá castigo. No hablamos de perdición eterna, pero sí de vergüenza y pérdida de recompensas.

Asimismo, el que en ignorancia desobedeció al Señor también será castigado, pero en menor manera. Así como hay niveles de recompensa, también hay niveles de castigo. No nos engañemos con esto hermanos, no pensemos que todo será color de rosa y olvidaremos todo en una especie de trance celestial. No, cada acto, cada palabra, cada decisión será tomada en cuenta y mostrada el día en que habremos de dar cuentas de nuestra mayordomía.

Conocimiento es responsabilidad

El principio eterno es este: Conocimiento es responsabilidad. La ignorancia es una decisión y lo que sabes tiene que afectar lo que crees y lo que crees afecta tus decisiones. Tus decisiones afectan tu destino y a los que te rodean. Sabes que debes diezmar? Entiendes que debes servir al Señor? Conoces que debes orar y leer la Palabra de Dios siempre? Estas persuadido que tienes dones espirituales que debes poner al servicio del Señor? Sabes a que ministerio has sido llamado? Sabes que debes honrar a tu padre y a tu madre? Sabes que no debes engañar ni defraudar a tus hermanos? Sabes que no debes levantar falsos testimonios, ni mentir, ni criticar, ni murmurar de un hijo o hija de Dios? Sabes que no debes ceder a la tentación sexual? Sabes que no debes dejar de congregar? Sabes que debes orar, ofrendar e incluso estar dispuesto a ir a las misiones? Sabes todas estas cosas hermano? Y porque no las haces? Las conoces y por ende eres responsable de cada una de ellas.

Conclusión

¿Sabes que hermano? He llegado a una conclusión. Ya no quiero leer más la Biblia. Ya no quiero ir más al seminario. Ya no quiero leer una libro más ni ver un video más!. Sabes por qué? Porque tengo demasiado conocimiento, más del que puedo obedecer. Y eso me hace más responsable delante del Señor. Tú también sabes cosas y no las haces y eso te hace responsable delante de Dios el día en que el venga, en llama de fuego para dar a los hombres según sus obras, gloria y vida eterna a los que creyeron en su sacrificio en la cruz, y condenación eterna a los que rechazan el mensaje del evangelio del Dios bendito.

Ese día viene hermano, es inevitable y debemos responder. ¿Por qué debes dar? Porque eres un administrador en la casa de Dios, eres un mayordomo y eres responsable ante Dios por lo que se te ha dado. Hoy es el día para que decidas despertar y ser un buen siervo, velando y esperando, sirviendo con corazón agradecido, rindiéndolo todo a los pies del Señor Jesucristo. Los reformadores tenían un dicho que es muy relevante hasta el día de hoy. Ellos decían “trabaja todo lo que puedas, ahorra todo lo que puedas y da al Señor todo lo que puedas”. Otro santo de la antigüedad dijo “He tratado de guardar muchas cosas en mis manos y las he perdido todas, pero aquellas que he entregado al Señor hasta el día de hoy las conservo”. Hermanos, el grano de trigo no da fruto sino cae a tierra y muere. Hoy es el día que debes morir a tus deseos personales, a seguir tu propia vida, según tus propios pensamientos y debes rendirte al Señor y a sus propósitos.

“Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo”                           (2 Corintios 5: 10)

Y tú amigo, ¿Qué hay de ti? El Señor Jesús viene, su regreso es seguro. ¿Quieres tener parte con los infieles en la condenación eterna? Hoy te anuncio la salvación, que el Señor Jesucristo entrego su vida en la cruz del Calvario, sufriendo la ira de Dios que tus pecados y los míos merecían. Por su sangre derramada, la ira de Dios se satisfizo y ahora Él es el justo y el que puede justificar al que viene a los pies de Cristo, reconociéndole como Señor y Salvador. No seas como el mayordomo malo que fue sorprendido por el Señor y castigado duramente. Arrepiéntete y vuélvete al Señor, clama a Él por el perdón de tus pecados y reconócele como Señor y Salvador. La Biblia dice que así tus pecados sean rojos como el carmesí serán lavados y tendrás paz con Dios y la vida eterna y serás hecho mayordomo de su casa, para servirle y darle gloria.

Ven a Jesucristo hoy! No tardes, porque mañana te puede sorprender la muerte o el retorno del Señor y ya no habrá más oportunidad. Ven a Cristo hoy.

 

Amen!

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