El día de hoy quiero  analizar el texto bíblico de Colosenses 1: 15-17, a la luz de las luchas doctrinales en las cuales el apóstol Pablo escribió dicha carta, para poder extraer las eternas y preciosas verdades que nos ayuden en esta época moderna a luchar contra las falsas enseñanzas de la evolución y su intromisión en la Iglesia de Cristo. Un hombre de Dios de la antigüedad decía que “hoy la Biblia sufre más ataque de sus expositores que de sus detractores” y en un sentido no le falta razón dado que, en un intento por reconciliar la mal llamada ciencia moderna y la enseñanza bíblica, hemos abdicado en favor de agradar a los sabios de este siglo, dejando de lado el estudio serio y sistemático de la Escritura en pos de una interpretación forzada, sesgada y sumisa a las corrientes filosóficas humanistas.

La Iglesia, columna y baluarte de la verdad, es llamada a proclamar a viva voz el mensaje de las Escrituras, la voz de Dios que se revela a sí mismo en su Palabra Escrita y en la Palabra Encarnada, nuestro Señor Jesucristo. Este pequeño trabajo es un intento por aportar un minúsculo grano de arena a tan soberbia tarea; pero es mi deseo e intención traer la atención de quienes tengan a bien leer este emprendimiento sobre lo que nos enseña uno de los versos más profundos y hermosos salidos de la pluma de un hombre, bajo la inspiración del Espíritu Santo de Dios, quien nos señala constantemente a la persona del Eterno y Unigénito Hijo de Dios, quien es la Causa de todas las cosas, su Origen, Fuente, Creador, Sustentador y Gobernador. El entender esto nos libra de las cadenas de la filosofía evolucionista, vacía y sin propósito, en pos de la suprema verdad de que hemos sido creados a imagen de un Dios personal, Sabio, Bueno, Todopoderoso y que hace todas las cosas con un propósito que va de acuerdo a su soberana voluntad y que nos proveyó salvación, no solo intelectual y emocional sino completa en el sacrificio de su Hijo amado, quien no solo es Creador sino también Salvador.

Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten” (Colosenses 1: 15-17)

Contexto del libro de Colosenses

Colosenses fue escrito en un contexto de batalla doctrinal del apóstol Pablo contra las enseñanzas de falsos maestros que proponían una mezcla de cristianismo con filosofía griega y misticismo llamada gnosticismo. Los gnósticos negaban que Jesús fuera totalmente hombre pero afirmaban que era totalmente divino. Ellos afirmaban Su Deidad pero negaban Su humanidad. También negaban que El fuera el único mediador entre Dios y los hombres. Para ellos existían muchos niveles de ángeles entre un buen dios de nivel mas alto y la humanidad; Jesús, aunque el más alto, era tan solo uno de esos dioses. Se ocupaban a ser una elite intelectual que enfatizaban un conocimiento secreto, especial y exclusivo como el camino hacia Dios en vez del sacrifico vicario de Cristo.

Los gnosticos enseñaban la salvacion por medio del conocimiento

En este contexto pues, el apóstol Pablo escribe esta carta para poder contrarrestar las falsas enseñanzas ascéticas, gnósticas, helenistas y de adoración de los ángeles; para ello, nos muestra a Jesucristo como imagen misma de Dios, como Dios mismo, como el Supremo Creador de todo, el Gobernador y Sustentador. El no forma parte de una larga cadena de dioses menores. Él es Dios! El revela al Dios invisible y Su obra no solo es creadora sino también salvífica. La salvación no se adquiere por la gnosis (conocimiento) o por rituales sofisticados o la mortificación de la carne, sino por la fe en la obra completa y suficiente del Señor Jesucristo en la cruz del Calvario. Es en este contexto que demos entender el pasaje que será materia de nuestro estudio. Cristo es completamente suficiente en contraste con el vacío de la filosofía de los seres humanos. Esta característica es expresada en el señorío universal de Jesús. Él es dueño, creador y soberano sobre todas las cosas, visibles e invisibles. Los creyentes estamos completos en El y no tenemos necesidad de nada. Él es el fundamento, el origen y la causa primordial de todas las cosas. En palabras de la Confesión de Fe de Westminster:

El Hijo de Dios, la segunda persona de la Trinidad, siendo verdadero y eterno Dios, igual y de una sustancia con el Padre, habiendo llegado la plenitud del tiempo, tomo sobre si la naturaleza humana con todas sus propiedades esenciales y con sus debilidades comunes, mas sin pecado. Fue concebido por el poder del Espíritu Santo en el vientre de la virgen María, de la sustancia de ella. Así que, dos naturalezas completas, perfectas y distintas, la divina y humana, se unieron inseparablemente en una persona, pero sin conversión composición o confusión alguna. Esta persona es verdadero Dios y verdadero hombre, un solo Cristo, el único mediador entre Dios y el hombre” (Capitulo 8, punto III)

El Dios que revela a Dios

Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación” (verso 15)

El apóstol Pablo nos muestra en este verso que Jesucristo no solo es hombre sino que es Dios. El revela al Padre de manera definitiva, de manera que mediante El, podemos conocer a Dios, su voluntad y propósitos de manera clara y definitiva. Él es la manifestación del amor, la santidad y la soberanía de Dios.

Jesucristo revela a Dios y es Dios

Cristo es la imagen del Dios invisible. La palabra imagen viene del griego eikon que nos da la idea de la imagen de una moneda, el reflejo de un espejo. Entendemos entonces pues que Cristo es la manifestación visible del Dios invisible. “No me vera hombre y vivirá” dijo Jehová en Éxodo 33:20. Esto está de acuerdo con Juan 1: 18: “A Dios nadie le vio jamás; el Unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer”. Jesucristo no es semejante al Padre, Él es la misma imagen de Dios porque es Dios mismo (Hebreos 1:3).

Esto es maravilloso porque Dios, quien habita en luz inaccesible (1 Timoteo 6:16) no puede ser conocido por el ser humano en sus propios medios. Aun así, en su amor, el Señor ha escogido revelarse en su Palabra y en la persona de Su Hijo Amado, con el fin de que podamos conocerle y ser salvos.

Jesucristo gobierna como Dios

Cristo es el primogénito de toda la creación. Esta palabra viene del vocablo griego prototokos, que nos da la idea de supremacía en rango e importancia y también de prioridad en el tiempo, con lo cual no estamos diciendo que Jesús fuese creado o de menor importancia que Dios, que es eterno; porque ya hemos visto que El mismo es Dios revelado. En palabras de un erudito:

Así como la Persona de Cristo fue la respuesta Divina de forma semejante a las preguntas filosóficas del Judío de Alejandría y a las esperanzas patrióticas de los Palestinos, estas dos corrientes de pensamiento se encuentran en el término prototokos al ser aplicado a nuestro Señor, quien es ambos, el verdadero Logos y el verdadero Mesías” (Lightfoot)

Cristo es antes de la Creación porque existía en la eternidad pasada (Juan 8:58, 17: 5) y también es de un orden diferente a su Creación, por cuanto es Dios. No podemos comparar a nuestro Señor con nada que exista en este mundo o en el venidero, porque Dios no puede ser comparado con nada.

Este primer verso declara de manera enfática la supremacía de Cristo en su naturaleza: Él es Dios, es Dios revelado al hombre y es Dios que gobierna todo con supremacía por cuanto Él es la fuente de todas las cosas.

Jesucristo es el Creador de todo

El Dios Creador

Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él” (verso 16)

Jesucristo es el agente Creador de todo

“En él”, es decir, en el poder y la persona de Cristo fueron creadas todas las cosas. El, y no la evolución o la suerte o el azar o los extraterrestres, es el Agente Creador de todas las cosas. Todas las cosas, no solo las materiales, sino todas las cosas que correspondan a los órdenes material y espiritual.

Pablo se refiere a ambos ámbitos al decir: todas las cosas que hay en los cielos (plural) y la tierra. Las visibles y las invisibles; sea que estén en el plano material como una flor o una ballena azul, o en el plano espiritual como los ángeles y los seres vivientes; todo, absolutamente todo, aun se trate de arcángeles poderosos o aun de los seres caídos que se han organizado para oponerse a Dios, todo ha sido creado por el Señor Jesucristo. Si los gnósticos enseñaban que existía una elaborada jerarquía de seres celestiales, de los cuales Cristo era parte, este verso nos enseña que Cristo es la cabeza de todos ellos, por cuanto El mismo los creó.

Este verso tira por la borda toda pretensión de que Cristo es un ser creado y/o que debe someterse a alguna restricción o autoridad. Cristo, el mismo, es el Creador. Él dijo “Hágase la luz” y vio que todo era bueno en el sexto día de la Creación.

Jesucristo es supremo Diseñador de todo

Toda la creación exhibe las características del poder intrínseco de Cristo. La expresión “por medio de El” indica que Cristo es el instrumento activo mediante el cual se efectuó el proceso de la creación de todas las cosas. Por último, la frase “para El” indica que Cristo es el fin de toda la creación. Todas las cosas fueron creadas para Su posesión y Sus propósitos. Esto da luz a la perspectiva bíblica de la existencia del mundo y del hombre. El ser humano no es producto de la casualidad ni es desprovisto de propósito. Existe porque Dios así lo ha querido y cada ser humano fue traído a este mundo con un propósito que emana de Dios mismo, con una dignidad y un valor propios de su condición de creación de Dios y con la responsabilidad de rendir cuentas ante su Creador por sus actos.

Hablamos entonces de una creación inteligente, con propósito y con un diseño específico. Una creación que tiene un inicio y un propósito definidos por Dios y vemos esas marcas de diseño inteligente en todos lados donde miremos. No vemos azar ni procesos aleatorios. No vemos sustento para la evolución, más bien, la naturaleza misma confirma lo que la Palabra de Dios enseña: hay un diseño único e inteligente en todos los seres vivos y todo lo creado y ese diseñador es Jesucristo, el Hijo de Dios, quien es Dios mismo y el Agente de la Creación, el Creador de todo.

Todo ha sido creado por la voluntad de Dios y para sus propositos

 

El Dios Sustentador

Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten” (verso 17)

Pablo finaliza este pasaje recordando una vez más que Cristo no es del mismo orden que su Creación. Él es antes de ella y está fuera de ella. Eso no significa que es ajeno a su Creación, porque la Biblia testifica que Dios mismo está presente y al cuidado de lo que ha creado (Mateo 10: 29, Salmos 147: 9). Dios es inmanente, es decir, está presente en su creación aunque es de un orden distinto a ella.

Y no solo está presente sino que sustenta a su Creación. Todas las cosas, aun los poderosos ángeles y las estrellas que emiten grandes cantidades de energía, desde esas cosas tan inmensas hasta los átomos más pequeños, todo se sostiene solo porque Dios lo quiere, solo porque el Hijo de Dios los sostiene.

¿Que nos enseña esto? Esto nos da el fundamento para la gratitud a Dios. No existiríamos sino fuera por la voluntad de Dios. No permaneceríamos ni un segundo sino es por la voluntad del Soberano Señor de todo. Podemos unirnos al coro celestial y cantar:

Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas.” (Apocalipsis 4: 10-11)

La permanencia del Universo descansa entonces en Cristo, aún más que la gravedad. Es un Universo Cristo céntrico.” A. T. Roberson


 

Este ha sido un pequeño esfuerzo por analizar uno de los múltiples textos bíblicos que nos enseñan claramente la verdad eterna acerca de Dios y sus propósitos en la Creación. No somos partículas creadas al azar, por la innumerable participación de procesos aleatorios y sin sentido ni lógica. El evolucionismo no solo no da un sustento lógico para el origen de todo, sino que tampoco da respuestas a las interrogantes más profundas de la vida del hombre. No nos da la identidad correcta ni tampoco puede proveernos un destino apropiado. El evolucionismo es solo uno de los varios intentos del hombre por no tomar en cuenta a Dios, por rechazarle y darle las espaldas. El apóstol Juan dijo claramente que “el hombre amo más las tinieblas que la luz” (Juan 3: 19), y el apóstol Pablo nos enseña que el hombre ha “sufrido el entenebrecimiento de su necio corazón” (Romanos 1: 21).

Sin embargo, la Palabra de Dios no sólo nos da el fundamento correcto para poder entender el origen de todas las cosas, sino que ese origen apunta a una persona: Dios mismo. Del provenimos y a El rendiremos cuentas en el Día final. Entender esto nos da la verdadera perspectiva de nuestra identidad y propósito en este mundo y la razón de la existencia de la humanidad y todo lo creado. La perspectiva bíblica de la Creación es la verdad porque la Biblia es el testimonio de la Verdad Única. No solo eso, sino que la Creación forma parte de un panorama mucho más amplio, en el cual se manifiestan los propósitos soberanos de Dios al crearnos, enseñarnos su Palabra, mostrarnos nuestra pecaminosidad y proveernos salvación por medio de su Hijo y redimir a su pueblo para que, en el tiempo final, podamos tener comunión eterna en la nueva creación que Él ha prometido, la cual tampoco será producto de la evolución, sino de los decretos del Dios Soberano que lo creó todo y lo sostiene todo con la Palabra de su poder.

el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos, a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria

(Colosenses 1: 26-27)

 

Amen!