Amigos y hermanos, espero que este año les este yendo muy bien en todo aspecto. El día de hoy quiero referirme a un fenómeno que es muy común en el mundo, pero que lamentablemente, lo vemos también reflejado en la iglesia del Señor. Amados, vivimos en un mundo que no tiene un propósito, que no tiene una identidad clara o que esta se encuentra definida y regulada por los bienes materiales que la gente acumula, por un consumismo excesivo o por una exacerbación de los placeres y los sentidos. Así pues, tenemos una generación que vive sin propósito en esta vida, yendo detrás de modas efímeras, siguiendo ídolos de barro, estrellas que hacen gala de gran talento pero pésimo carácter, enarbolando la bandera del relativismo, la tolerancia, la indiferencia y la insensatez. ¿Pero saben que es lo peor? Lo peor no es que el mundo no tenga esperanza, identidad y propósitos reales – después de todo, ellos no tienen Dios ni esperanza en este mundo –, lo peor es que creyentes, personas que tienen a Cristo por Señor y Salvador personal no tienen conocimiento de su posición ni del propósito de Dios para sus vidas y muchas veces dejan que la culpa, la vergüenza por pecados cometidos los acorralen y detengan, haciéndolos ociosos y perezosos para el reino de Dios.

Por esto, hoy quiero compartir con ustedes una porción de la Palabra de Dios en el libro de Números capitulo 23 donde el Señor nos quiere mostrar cual es nuestra posición como creyentes en Cristo Jesús y cuantas las bendiciones que tenemos por la fe en el nombre del Hijo de Dios, nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Ahora bien, para entender el contexto de este relato, tenemos que recordar que uno de los enemigos del pueblo de Israel mientras estuvo deambulando por el desierto era la nación de Moab (que como sabemos nació de la relación incestuosa entre Lot y una de sus hijas). Estos moabitas y en particular su rey Balac estaban dispuestos a derrotar a los israelitas, pero conocedores de los grandes prodigios del pueblo de Dios, contratan a sueldo a Balaam para que los maldiga y así ellos puedan pelear con ventaja. Balaam era supuestamente un profeta recto, pero pronto cayo presa de la codicia por el dinero ofrecido y aunque por fuera el proclamaba a viva voz que “no diría nada que no fuera lo que Dios dijese”, el estaba dispuesto a maldecir al pueblo de Dios si Dios así se lo mandaba. ¡Que desconocimiento del carácter de Dios y de sus propósitos! ¡Que incoherencia el de pensar que un Dios santo, que libero a su pueblo de la esclavitud, los sacaría al desierto para maldecirlos alegremente solo porque un pueblo pagano así lo quería!

Un enemigo astuto presto a maldecir (Números 23: 1-4)

Y Balaam dijo a Balac: Edifícame aquí siete altares, y prepárame aquí siete becerros y siete carneros. Balac hizo como le dijo Balaam; y ofrecieron Balac y Balaam un becerro y un carnero en cada altar. Y Balaam dijo a Balac: Ponte junto a tu holocausto, y yo iré; quizá Jehová me vendrá al encuentro, y cualquiera cosa que me mostrare, te avisaré. Y se fue a un monte descubierto. Y vino Dios al encuentro de Balaam, y éste le dijo: Siete altares he ordenado, y en cada altar he ofrecido un becerro y un carnero.”

Aquí vemos al enemigo del pueblo de Dios dispuesto a maldecir y destruir. Balaam un hombre supuestamente espiritual sirve a Dios con pecado, dado que aparentemente quería solo decir lo que Dios dijera pero el apóstol Pedro nos enseña que su motivación era el lucro (2 Pedro 2:15-16). Balac, rey de Moab, tenía la intención de maldecir al pueblo de Dios; y ambos rey malvado y profeta codicioso hicieron el ritual correcto: siete altares, becerros, carneros, sacrificios a Dios pero con una motivación incorrecta. ¿Acaso los altares no era lo que Dios había ordenado? ¿Acaso estaba mal hacer sacrificios a Dios? ¡Por supuesto que no! Lo que estaba mal era la motivación interna. El enemigo de nuestras almas es astuto para usar lo santo aun para propósitos viles. Él nos quiere destruir, opacar, inutilizar, hacer vanos y perezosos para el reino de Dios, así como quería destruir la heredad del Señor.

La racionalización del pecado: Balaam estaba “haciendo lo correcto”, como muchos de nosotros no hacemos lo correcto también pero con motivaciones pecaminosas. ¿Acaso no tengo que trabajar y estudiar? ¿acaso no debo preocuparme por mi futuro? ¿acaso no debo casarme? Si todas esas cosas debemos hacer pero no generar agrado en el Señor cuando estas cosas reemplazan las ordenanzas mayores del creyente. Es pecado trabajar y estudiar si eso me quita mi comunión con Dios, si me lleva a descuidar mi familia, si me impide servir al Señor. Es pecado buscar esposa si eso me lleva a buscar una mujer incrédula, si eso me lleva a una relación en yugo desigual. Como con los fariseos, diezmar la menta y el comino eran cosas necesarias de hacer pero eran pecado si ellas reemplazaban el amor, la justicia y la obediencia a Dios. Eso es religiosidad.

 Balaam dispuesto a maldecir a Israel

Un Dios bueno presto a bendecir (Números 23: 5-10)

“Y Jehová puso palabra en la boca de Balaam, y le dijo: Vuelve a Balac, y dile así. Y volvió a él, y he aquí estaba él junto a su holocausto, él y todos los príncipes de Moab. Y él tomó su parábola, y dijo: De Aram me trajo Balac, Rey de Moab, de los montes del oriente; Ven, maldíceme a Jacob, Y ven, execra a Israel. ¿Por qué maldeciré yo al que Dios no maldijo? ¿Y por qué he de execrar al que Jehová no ha execrado? Porque de la cumbre de las peñas lo veré, Y desde los collados lo miraré; He aquí un pueblo que habitará confiado, Y no será contado entre las naciones. Quién contará el polvo de Jacob, O el número de la cuarta parte de Israel? Muera yo la muerte de los rectos, Y mi postrimería sea como la suya”

A pesar del pecado del “profeta” y las malas intenciones de Balac, Dios desea bendecir. El enemigo dice “maldice, execra”, Dios dice “Yo no he maldecido”, “Yo no he execrado”. David dijo en el Salmo 32: 1-2 “Feliz a quien Dios no culpa de pecado”, feliz quien ha sido justificado por la fe y tiene paz con Dios (Romanos 5:1) y que no está bajo la ira de Dios por el pecado (Juan 3: 36). Esta es la maravilla del evangelio: aun siendo culpables, Dios ha justificado y declarado limpio y sin culpa a quien pone su fe en el nombre del Señor Jesucristo. Dios mismo le dijo a Pedro que no llamara inmundo a lo que Dios ha limpiado (Hechos 10: 14-15). El ha limpiado y dejado sin condenación (Romanos 8:1) a quien cree en el Hijo de Dios.

¿Y en que se expresa la bendición de Dios? Bueno, la respuesta de Balaam, dada por Dios, al malvado rey Balac nos da luces de lo que significa la bendición de Dios de su gracia asombrosa:

  • Otros la pueden ver, es visible y abarca las áreas de la vida (“lo veré, lo mirare”)
  • Paz y confianza (“habitara confiado”)
  • Separación, el creyente es separado para Dios (“no es contado entre las naciones”)
  • Crecimiento y bendición material (“el polvo de Jacob”)
  • Crecimiento de carácter (“los justos”)
  • Un destino de paz y gloria (“muera yo su muerte”)

Hay un destino glorioso para los creyentes: el acta de decretos que había contra ellos ha sido clavada en la cruz y el enemigo que los acusaba ha sido puesto a un lado. Si Dios mismo los ha justificado, ¿quien los acusara? ¿quien condenara a los escogidos de Dios, que como tizones arrebatados del fuego han sido trasladados del reino de las tinieblas, y su destino en el fuego eterno, al reino del Amado Hijo de Dios? Pues nadie, nadie puede separar del amor de Dios a los creyentes, nadie puede condenarlos, no pueden perderse quienes han sido limpiados de sus pecados y declarados justos ante el Supremo Juez de toda la tierra.

Justificados por la fe, tenemos paz con Dio

Un enemigo persistente en maldecir (Números 23: 11-15)

“Entonces Balac dijo a Balaam: ¿Qué me has hecho? Te he traído para que maldigas a mis enemigos, y he aquí has proferido bendiciones. El respondió y dijo: ¿No cuidaré de decir lo que Jehová ponga en mi boca? Y dijo Balac: Te ruego que vengas conmigo a otro lugar desde el cual los veas; solamente los más cercanos verás, y no los verás todos; y desde allí me los maldecirás. Y lo llevó al campo de Zofim, a la cumbre de Pisga, y edificó siete altares, y ofreció un becerro y un carnero en cada altar. Entonces él dijo a Balac: Ponte aquí junto a tu holocausto, y yo iré a encontrar a Dios allí.”

Balac insiste en maldecir a Israel y Balaam persiste en ofrecer el sacrificio pero ahora en otro lugar. Balaam insiste en buscar a Dios para que le diga lo que deba hacer. ¿Qué pensaba? ¿Que Dios iba a cambiar de parecer y ahora si iba a maldecir a su pueblo? Lo que vemos es que ambos muestran desconocimiento del carácter y los propósitos de Dios: una vez más, persisten en “hacer las cosas correctas” pero con propósitos pecaminosos y con desconocimiento de Dios. El pecado empieza en la rebeldía consciente o inconsciente del hombre a la voluntad de Dios, el desconocimiento o la deformación del concepto de Dios, del conocimiento de El, de sus obras y sus caminos genera toda suerte de “teologías propias”, antojadizas, sesgadas y muy dañinas. En el transcurso de la vida podemos encontrarnos con que muchas personas tienen cada una un concepto de Dios muy particular y “apropiado” a sus intereses: el ser humano fabrica sus propios dioses, que no les exigen nada pero que están dispuestos a darles todo.

Pero que diferente es cuando vamos a la fuente autorizada para conocer a Dios y su voluntad: su Palabra. Allí vemos que lo que Dios quiere ser conocido (Jeremías 9:24) y para ello nos ha dado la revelación general, las maravillas de la creación que nos hablan de su eternidad y divino poder. También nos ha dado la revelación escrita, su Palabra, donde podemos conocer mas de su carácter y propósitos y que nos habla y nos lleva a la revelación final de Dios: Jesucristo, el Hijo de Dios. No se trata de lo que el hombre quiera hacer de Dios o como el hombre quiera acercarse a Dios, sino como Dios ha establecido que el hombre puede conocerle y esto es a través de una relación personal por la fe con el Señor Jesucristo.

Problemas doctrinales, herejías y todo tipo de maldad surgen de la deformación del conocimiento de Dios.

Ignorancia de la persona y caracter de Dios produce mucho daño

Un Dios todopoderoso que persiste en bendecir (Números 23: 16-24)

“Y Jehová salió al encuentro de Balaam, y puso palabra en su boca, y le dijo: Vuelve a Balac, y dile así. Y vino a él, y he aquí que él estaba junto a su holocausto, y con él los príncipes de Moab; y le dijo Balac: ¿Qué ha dicho Jehová? Entonces él tomó su parábola, y dijo: Balac, levántate y oye; Escucha mis palabras, hijo de Zipor: Dios no es hombre, para que mienta, Ni hijo de hombre para que se arrepienta. Él dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará? He aquí, he recibido orden de bendecir; El dio bendición, y no podré revocarla. No ha notado iniquidad en Jacob, Ni ha visto perversidad en Israel. Jehová su Dios está con él, Y júbilo de rey en él. Dios los ha sacado de Egipto; Tiene fuerzas como de búfalo. Porque contra Jacob no hay agüero, Ni adivinación contra Israel. Como ahora, será dicho de Jacob y de Israel: !!Lo que ha hecho Dios! He aquí el pueblo que como león se levantará, Y como león se erguirá; No se echará hasta que devore la presa, Y beba la sangre de los muertos”

Una vez más, Dios en su paciencia vuelve a hablar al desobediente Balaam y persiste en bendecir y en la respuesta que le da a Balaam, Dios revela grandes verdades que debemos tener siempre en cuenta:

  • Dios tiene un carácter consistente: siempre es bueno, siempre es santo, siempre es justo, sus caminos son buenos y lo que Él ha propuesto, Él lo hará (Salmos 138: 8, Isaías 46: 9-10)
  • Sus propósitos son firmes y van de acuerdo a sus soberanos planes. El aun usa a siervos desobedientes para cumplir sus propósitos y lo que El ha determinado hacer lo hará sin falta.
  • El hombre no puede revocar los propósitos de Dios, nada de lo que el hombre haga cambiara lo que Dios ya ha establecido. Así de poderoso es nuestro Dios!
  • Dios no ve iniquidad en Jacob ni en Israel. Ahora, les pregunto ¿no había pecado en Israel? ¿no había maldad en el pueblo de Dios? Por supuesto que si! El pueblo de Dios, como ahora sus hijos creyentes no son para nada perfectos. Estamos llenos de pecado y muchos malos hábitos. Pablo mismo clamo con angustia “Miserable de mi, ¿Quién me librara de este cuerpo de muerte?” Sin embargo, a pesar de nuestro pecado, los creyentes hemos sido declarados justos delante de Dios. El nos ha posicionado como limpios y sin mancha delante de Dios y por ello no hay condenación para los que están en Cristo Jesús. Que hermoso saber que a pesar de quienes somos, cuando nos acercamos al Señor, no hay culpa, El no ve iniquidad en nosotros. Esta es la maravilla del evangelio: que nada podemos hacer para cambiar nuestro estado y posición delante de Dios. No es por obras, sino por la gracia que hemos recibido por medio de la fe en el Señor Jesucristo. Esto nos lleva a considerar algunas verdades gloriosas sobre la justificación:
  • Paz con Dios, nada hay que nos separe de Dios
  • Comunión con el Señor (“Jehová su Dios esta con el”)
  • Gozo de la salvación (“jubilo de rey en el”)
  • Cambio de vida (“Dios los ha sacado de Egipto”)
  • Fortaleza (“tienen fuerzas como de búfalo”)
  • Protección espiritual (“no hay agüero ni adivinación”)
  • Testimonio y alabanza (“Lo que ha hecho Dios”)
  • Un pueblo con poder y propósito (“pueblo que como león se levantara”)

En conclusión, la maravillosa noticia del evangelio es que, por la fe en la persona y obra del Señor Jesucristo, cuando nos arrepentimos de nuestros pecados y acudimos a El, confesándole como Señor y Salvador somos justificados y obtenemos paz con Dios y la vida eterna (Romanos 5:1). La posición del creyente es la de un justo, perfecto y sin mancha delante de Dios. Sus pecados, pasados, presentes y futuros han sido limpiados por el Señor. Su caminar si puede ser afectado por el pecado y allí es donde debemos luchar; aun así, nuestra posición no se afecta por el pecado, mas nuestra comunión si. Entonces debemos luchar contra el pecado para no cortar nuestra comunión con Dios y no experimentar culpa, vergüenza ni ninguna consecuencia que nos afecte y aparte del Señor.

Ahora, ¿para que hemos sido salvados y justificados?

  • Para gloria de Dios
  • Para testimonio del evangelio a las naciones
  • Para evidenciar nuestro cambio de vida a la gente
  • Para ser instrumentos de Dios en este mundo
  • Para hacer la voluntad de Dios
  • Para trabajar unidos, juntos como un solo cuerpo en la extensión y edificación del reino de Dios
  • Para apasionarnos por el Señor, por su obra, por el ministerio
  • Para vivir teniendo comunión con Dios
  • Para con toda nuestra vida, hacer la voluntad de Dios

Vivamos nuestra vida, agradeciendo a Dios por su bondad maravillosa y aprovechando toda ocasión para agradecer al Señor por su gracia inefable.

Amen!