En este post lo que queremos lograr es que el lector entienda porque debe trabajar, como debe hacerlo (como para el Señor) y como reconocer cuando su trabajo no es un aliado en su misión de vida, sino un obstáculo y tome decisiones al respecto. Para ello, es bueno hacerse algunas cuantas preguntas:


1. ¿Por qué trabajar?

La pregunta parece obvia pero es bueno planteársela. ¿Por qué hay que trabajar? ¿El trabajo es una maldición? ¿Cómo puedo librarme de mi trabajo?

Para responder estas preguntas hay que tener en cuenta dos principios fundamentales:

· El trabajo se originó en Dios

Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos. Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación Génesis 2:1-3

Este texto nos muestra al Señor reposando el séptimo día luego de trabajar 6 días en la creación.

Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; más el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó.” Éxodo 20:9-11

Este texto nos dice que el modelo de la semana laboral del hombre (6 días de trabajo + 1 de descanso) toma como ejemplo la obra misma de Dios, quien laboró en 6 días y descanso el séptimo.

Y Jesús les respondió: Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo” (Juan 5:17) y “Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar” (Juan 9:4)

Asimismo, se nos muestra que aun hasta la actualidad Dios sigue trabajando activamente en su creación, en la salvación de los hombres, en la edificación de la iglesia y en el control y dirección de los acontecimientos mundiales de acuerdo a sus propósitos.

El trabajo se originó en Dios

· Dios creó al hombre para trabajar

Estos son los orígenes de los cielos y de la tierra cuando fueron creados, el día que Jehová Dios hizo la tierra y los cielos, y toda planta del campo antes que fuese en la tierra, y toda hierba del campo antes que naciese; porque Jehová Dios aún no había hecho llover sobre la tierra, ni había hombre para que labrase la tierra” (Génesis 2:4-5)

Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase” (Génesis 2:15)

“Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra” (Génesis 1:27-28)

Es un hecho bíblicamente comprobado que el mandado de Dios a trabajar antecede a la caída del hombre; por tanto el trabajo NO es una maldición consecuencia del pecado. Dios creó al hombre y le dio la tarea de administrar su creación. Sin embargo, como consecuencia de la caída por el pecado, ahora el trabajo es duro para el hombre:

Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás” (Génesis 3:17-19)

No solo el trabajo sino toda la tierra fue maldecida por causa del pecado. Todo lo que el hombre es y hace ha quedado afectado y corrompido por el pecado. No solo esto, sino que la desobediencia a la Ley de Dios, proclamada siglos después por Moisés, también traía duras consecuencias sobre el trabajo:

Pero acontecerá, si no oyeres la voz de Jehová tu Dios, para procurar cumplir todos sus mandamientos y sus estatutos que yo te intimo hoy, que vendrán sobre ti todas estas maldiciones, y te alcanzarán. Maldito serás tú en la ciudad, y maldito en el campo. Maldita tu canasta, y tu artesa de amasar. Maldito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, la cría de tus vacas, y los rebaños de tus ovejas. Maldito serás en tu entrar, y maldito en tu salir. Y Jehová enviará contra ti la maldición, quebranto y asombro en todo cuanto pusieres mano e hicieres, hasta que seas destruido, y perezcas pronto a causa de la maldad de tus obras por las cuales me habrás dejado. Jehová traerá sobre ti mortandad, hasta que te consuma de la tierra a la cual entras para tomar posesión de ella. Jehová te herirá de tisis, de fiebre, de inflamación y de ardor, con sequía, con calamidad repentina y con añublo; y te perseguirán hasta que perezcas. Y los cielos que están sobre tu cabeza serán de bronce, y la tierra que está debajo de ti, de hierro. Dará Jehová por lluvia a tu tierra polvo y ceniza; de los cielos descenderán sobre ti hasta que perezcas. Jehová te entregará derrotado delante de tus enemigos; por un camino saldrás contra ellos, y por siete caminos huirás delante de ellos; y serás vejado por todos los reinos de la tierra” (Deuteronomio 28:15-25)

Todas estas maldiciones están sobre quienes han desobedecido la ley, es decir, sobre toda la humanidad! (Romanos 3:9-12, 3:23) Sin embargo, gloria a Dios! Cristo nos ha redimido (rescatado) de la maldición de la Ley y del pecado:

Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero” (Gálatas 3:13). Es más, por sus méritos (su vida perfecta y su muerte sustitutoria en la cruz) todas las bendiciones de Dios son realidad en el para los creyentes, para los que depositan su fe en El:

Porque el Hijo de Dios, Jesucristo, que entre vosotros ha sido predicado por nosotros, por mí, Silvano y Timoteo, no ha sido Sí y No; mas Sí en él; ha sido porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios” (2 Corintios 1:19-20)

Cristo nos libro de toda maldicion

· Dios le ha dado al hombre lo que necesita para trabajar

El creyente no está sujeto a la maldición de la ley en ninguna área de su vida, ni en el trabajo tampoco. El creyente ahora es libre en Cristo Jesús para realizar las buenas obras que Dios diseñó de antemano que ejecutara (Efesios 2:10). Para ello, debe tener en cuenta dos cosas muy importantes:

“¿No tenemos derecho de traer con nosotros una hermana por mujer como también los otros apóstoles, y los hermanos del Señor, y Cefas? ¿O sólo yo y Bernabé no tenemos derecho de no trabajar? ¿Quién fue jamás soldado a sus propias expensas? ¿Quién planta viña y no come de su fruto? ¿O quién apacienta el rebaño y no toma de la leche del rebaño?” (1 Corintios 9:5-7)

“Tan grande es nuestro afecto por vosotros, que hubiéramos querido entregaros no sólo el evangelio de Dios, sino también nuestras propias vidas; porque habéis llegado a sernos muy queridos. Porque os acordáis, hermanos, de nuestro trabajo y fatiga; cómo trabajando de noche y de día, para no ser gravosos a ninguno de vosotros, os predicamos el evangelio de Dios” (1 Tesalonicenses 2:8-9)

  • La misión en la vida del creyente: Como creyente, nuestra misión más importante no es enriquecer sino cumplir la Gran Comisión. Todo en nuestra vida debe apuntar a ello, incluido nuestro trabajo. Mi trabajo debe ser un siervo para ayudarme a cumplir la Gran Comisión.
  • Sus dones y talentos: Dios me ha dado talentos y habilidades naturales, así como dones espirituales, los cuales puedo y debo usar para trabajar y cubrir mis necesidades, las de mi familia, las de los demás, las del ministerio y las de todo tipo de actividad que extienda y edifique el reino de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

 


2. ¿Mi trabajo es importante?

Entonces, es claro que mi trabajo es importante para el Señor, pues es parte de mi servicio a Él y un medio para mi sostenimiento personal y el de la obra del Señor.

“Pero os ordenamos, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que os apartéis de todo hermano que ande desordenadamente, y no según la enseñanza que recibisteis de nosotros. Porque vosotros mismos sabéis de qué manera debéis imitarnos; pues nosotros no anduvimos desordenadamente entre vosotros, ni comimos de balde el pan de nadie, sino que trabajamos con afán y fatiga día y noche, para no ser gravosos a ninguno de vosotros; no porque no tuviésemos derecho, sino por daros nosotros mismos un ejemplo para que nos imitaseis. Porque también cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma. Porque oímos que algunos de entre vosotros andan desordenadamente, no trabajando en nada, sino entremetiéndose en lo ajeno. A los tales mandamos y exhortamos por nuestro Señor Jesucristo, que trabajando sosegadamente, coman su propio pan(2 Tesalonicenses 3:6-12)

“El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad” (Efesios 4:28)

La Palabra de Dios es clara en cuanto al deber que tiene todo creyente de trabajar con sus manos para suplir sus necesidades y los de los demás. Un punto de vista egoísta y consumista, donde solo trabajo para mí y para comprar y consumir es más bien indicios de una vida carnal y alejada de Dios.


3. Principios importantes sobre el trabajo

Considera los siguientes versículos:

¿Has visto hombre solícito en su trabajo? Delante de los reyes estará; no estará delante de los de baja condición” (Proverbios 22:28-29)

También el que es negligente en su trabajo es hermano del hombre disipador” (Proverbios 18:9)

“Siervos, obedeced en todo a vuestros amos terrenales, no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino con corazón sincero, temiendo a Dios. Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres” (Colosenses 3:22-23)

 La Palabra de Dios nos exhorta a realizar nuestro trabajo (sea en la iglesia o fuera de ella) con responsabilidad, diligencia e integridad. El temor a Dios no solo es para los domingos en el servicio sino para los 7 días de la semana. Debemos procurar servir a Dios aun en nuestros trabajos, siendo de testimonio, testificando a nuestros compañeros cuando es posible, usando los recursos que ganamos con sabiduría, administrando bien el dinero y disponiendo siempre para la obra del Señor y para la expansión de su reino. No hacerlo es acumular tesoros para uno mismo y es indicio de egoísmo y pecado.

 


No debemos vivir atrapados por el trabajo

 ¿Cómo reconocer si mi trabajo proviene de Dios?

El deseo del perezoso le mata, porque sus manos no quieren trabajar. Hay quien todo el día codicia; pero el justo da, y no detiene su mano” (Proverbios 21:25-26)

Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo es vanidad. ¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol?” (Eclesiastés 1:2-3)

Bienaventurado todo aquel que teme a Jehová, que anda en sus caminos. Cuando comieres el trabajo de tus manos, bienaventurado serás, y te irá bien” (Salmos 128:1-2)

Más que decir que un trabajo “provenga” de Dios o no, lo que realmente vemos en la Escritura es que el corazón del hombre, cuando vive apartado de Dios (“debajo del sol”) está caracterizado por la codicia y el afán por tener más y más, por las deudas y por la ausencia de paz. Sin embargo, una vida temerosa del Señor está caracterizada por el gozo y la paz. La Biblia no promete riquezas a los creyentes pero si paz en todo tiempo, y si mi trabajo no está siendo fuente de paz para mi vida, debería evaluar los siguientes puntos:

1. ¿Cuál es mi motivación para trabajar?

2. ¿Estoy trabajando más de lo debido?

3. ¿Cuánto de mi tiempo me consume el trabajo?

4. ¿Estoy tan cansado en mi trabajo que no puedo servir al Señor en la iglesia?

5. ¿Siempre ando apretado de dinero?

6. ¿Mi trabajo es fuente de estrés y ansiedad?

 Analizar honestamente tus respuestas y delante del Señor debes tomar decisiones. O cambias tu corazón o cambias de trabajo, pero no puedes seguir igual si vives estresado, angustiado, endeudado, sin paz y no tienes tiempo para servir al Señor en la iglesia y tener comunión con tus hermanos.

 


Conclusiones:

  • Trabajamos porque nuestro Dios trabajó y aun trabaja, dándonos ejemplo.
  • El apóstol Pablo trabajaba, dándonos ejemplo de como un siervo de Dios se sostenía en el ministerio en muchas ocasiones para no ser gravoso a la iglesia de Dios.
  • Nuestro trabajo “secular” también es importante para Dios porque es un servicio para El y una de las maneras en que le adoramos.
  • Nuestro trabajo es fuente de bendición o de angustia. Depende de nuestro corazón y la manera como vivimos: “sobre el sol”, es decir, amándole y poniendo a Dios y su misión como la prioridad de nuestras vidas, o “debajo del sol”, es decir, amándonos a nosotros mismos y nuestras necesidades por encima de todo. Nuestro corazón es el que determina como vamos a vivir.
  • Hay principios establecidos en la Palabra del Señor que nos ayudarían a trabajar mejor, a progresar en nuestros trabajos o a emprender negocios con su favor: ser honestos, diligentes, honrados, tener temor de Dios, no engañar, ser de testimonio, servir en nuestros trabajos como si lo hiciéramos al Señor directamente. Dios no promete riquezas a sus hijos, pero si bendiciones a los que obedecen a su Palabra.

 

Amén!