Para poder entender la voluntad de Dios, debemos entender que la voluntad de Dios está de acuerdo al carácter de Dios, así que debemos empezar mirando quien es Dios, su carácter y sobre la base de ello es que podemos entender como Dios actúa y cuál es su voluntad. Considera la siguiente declaración:

I. Hay un solo Dios, vivo y verdadero, quien es infinito en su ser y perfección, un Espíritu purísimo, invisible, sin cuerpo, partes o pasiones. Es inmutable, inmenso, eterno, incomprensible, todopoderoso, sapientísimo, santísimo, totalmente libre y absolutísimo. Hace todas las cosas según el consejo de su propia inmutable y justísima voluntad para su propia gloria. Es amorosísimo, benigno, misericordioso, paciente, abundante en bondad y verdad. Perdona la iniquidad, la transgresión y el pecado y es galardonador de aquellos que le buscan diligentemente. Además, es justísimo y terrible en sus juicios, que detesta todo pecado, y que de ninguna manera declarará como inocente al culpable.

 

II. Dios tiene, en sí mismo y por sí mismo, toda vida, gloria, bondad y bienaventuranza. Él es el único todo suficiente, en y por sí mismo, no teniendo necesidad de ninguna de sus criaturas hechas por Él, ni derivando gloria alguna de ellas, sino que manifiesta su propia gloria en ellas, por ellas, hacia ellas y sobre ellas. Él es la única fuente de toda existencia, de quien, por quien y para quien son todas las cosas; teniendo el más soberano dominio sobre ellas para hacer por medio de ellas, para ellas o sobre ellas todo lo que a Él le plazca. Todas las cosas están abiertas y manifiestas ante su vista; su conocimiento es infinito, infalible, independiente de toda criatura de tal manera que para Él nada es contingente o incierto. Él es santísimo en todos sus consejos, en todas sus obras y en todos sus mandamientos. A Él son debidos toda adoración, servicio y obediencia que a Él le place requerir de los ángeles, de los seres humanos y de toda criatura.

 

II. En la unidad de la Divinidad hay tres personas, de una misma sustancia, poder y eternidad: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. El Padre no es engendrado ni procede de nadie. El Hijo es eternamente engendrado del Padre, y el Espíritu Santo procede eternamente del Padre y del Hijo.[1]

Algunos textos que validan esta declaración son: Efesios 1:11, Romanos 11:36, Éxodo 34:6-7, Nehemías 9:32-33, Juan 5:26, Romanos 9:5, Hechos 17:24-25, Apocalipsis 4:11, Salmos 145:17

1. Dios es soberano y ha decretado todo lo que ha de suceder en este mundo

Este punto quiere decir que uno de los atributos de Dios es que es libre y soberano, es decir que hace todo lo que Él quiere, conforme a su voluntad y de acuerdo a sus propósitos y nada de lo que existe o sucede en este mundo, y en el venidero, sucede sin que Él lo ordene o permita. Consideremos esta declaración:

“Dios, desde toda la eternidad, por el sapientísimo y santísimo consejo de su propia voluntad, ordenó libre e inmutablemente todo lo que acontece; pero de tal manera que Él no es el autor del pecado, ni violenta la voluntad de las criaturas, ni quita la libertad o contingencia de las causas secundarias, sino que más bien las establece.

Aunque Dios sabe todo lo que podría o puede acontecer bajo todas las condiciones posibles; sin embargo, no ha decretado nada porque lo previó como futuro, o como aquello que acontecería bajo tales condiciones.”[2]

Esto significa que Dios ha establecido y decretado todo cuanto sucede y nada escapa de su control. Sin embargo, para poder entender claramente este punto y no caer en el error de que el ser humano es un autómata que solo hace lo que está programado y que “todo está ya escrito”, debemos entender tres conceptos fundamentales: la voluntad soberana de Dios, la voluntad moral de Dios y la libertad o libre albedrio del hombre. Estos conceptos se desprenden del siguiente pasaje:

Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; más las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley” (Deuteronomio 29:29)

Dios es soberano sobre toda su creación

1.1 La voluntad soberana de Dios (“las cosas secretas que pertenecen a Jehová”)

También llamada voluntad decretiva o decretada, es el control soberano y absoluto de Dios sobre toda su creación. Esta voluntad no puede ser quebrantada y no puede ser conocida por el hombre hasta que sucede. Siempre se cumple.

El actúa conforme a su voluntad en el ejército del cielo y entre los habitantes de la tierra; nadie puede detener su mano, ni decirle: “¿Qué has hecho?” (Daniel 4:35).

Nuestro Dios está en los cielos; Todo lo que quiso ha hecho” (Salmos 115:3)

“¿A qué, pues, me haréis semejante o me compararéis? dice el Santo. Levantad en alto vuestros ojos, y mirad quién creó estas cosas; él saca y cuenta su ejército; a todas llama por sus nombres; ninguna faltará; tal es la grandeza de su fuerza, y el poder de su dominio” (Isaías 40:25-26)

“!!Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios!!! Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? ¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado? Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.” (Romanos 11:33-36)

El Señor Jesucristo mismo hablo de la voluntad de Dios. Uno de los pasajes más claros sobre esto es cuando Jesús estaba orando en Getsemaní. En Mateo 26:39 él dijo: “Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú quieras”. ¿A qué se refiere este versículo? Más allá del temor humano que sentía Jesús hacia una muerte cruel y el abandono de su Padre al cargar el pecado de la humanidad, el Señor se sometía al soberano plan de Dios que tendría lugar unas horas después. Más adelante en Hechos 4:27-28 dice: “Porque verdaderamente se unieron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y el pueblo de Israel, para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes determinado que sucediera” De modo que la voluntad soberana de Dios era que su Hijo Jesús muriese. Este era su plan, su decreto. No había cambios, el Señor debía morir como el único y suficiente sacrificio perfecto por la humanidad.

Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo” (Apocalipsis 13:8)

Por lo cual, entrando en el mundo dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste; más me preparaste cuerpo. Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron. Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad, como en el rollo del libro está escrito de mí. Diciendo primero: Sacrificio y ofrenda y holocaustos y expiaciones por el pecado no quisiste, ni te agradaron (las cuales cosas se ofrecen según la ley), y diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto último. En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre” (Hebreos 10:5-10)

Y no perdamos aquí el tema más esencial, que incluye los pecados del hombre. Herodes, Poncio Pilato, los soldados, los líderes judíos, todos ellos pecaron al cumplir la voluntad de Dios respecto a que su Hijo fuere crucificado (Isaías 53:10). Así que tengamos bien claro lo siguiente: Es la voluntad de Dios que ocurran ciertos eventos que él aborrece.

Aquí tenemos otro ejemplo en 1ra de Pedro 3:17, donde el apóstol Pedro escribe: “Porque mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal”. En otras palabras, puede ser la voluntad de Dios que los cristianos suframos por hacer el bien. Dios tiene en mente la persecución para los cristianos. Pero perseguir a los cristianos, quienes no merecen ser perseguidos, es pecado. De modo que, nuevamente, Dios desea que sucedan eventos en los que está incluido el pecado; pero eso de ninguna manera indica que Él es causante del pecado o autor de él, sino que aun el pecado es usado como herramienta para el cumplimiento de sus propósitos. En Efesios 1:11, el apóstol Pablo dice: “En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad”. La voluntad de Dios es su gobierno soberano de todo lo que ocurre. Y hay muchos otros pasajes de la Biblia, que muestran que la providencia de Dios en el universo alcanza hasta los más pequeños detalles de la naturaleza, y de las decisiones humanas:

“¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre” (Mateo 10:29)

“Si pecare el hombre contra el hombre, los jueces le juzgarán; más si alguno pecare contra Jehová, ¿quién rogará por él? Pero ellos no oyeron la voz de su padre, porque Jehová había resuelto hacerlos morir” (1 Samuel 2:25)

La suerte se echa en el regazo; mas de Jehová es la decisión de ella” (Proverbios 16:33)

Del hombre son las disposiciones del corazón; mas de Jehová es la respuesta de la lengua” (Proverbios 16:1)

Como los repartimientos de las aguas, así está el corazón del rey en la mano de Jehová; a todo lo que quiere lo inclina” (Proverbios 21:1)

Dios se ha revelado a los hombres por su Palabra

1.2 La voluntad moral de Dios (“las cosas que son reveladas para nosotros”)

Este aspecto de la voluntad de Dios se refiere a los mandatos explícitos que Dios ha dado al hombre a través de su Palabra escrita; es decir es el aspecto de su voluntad que el hombre puede y debe conocer. Es la voluntad de Dios que los obedezcamos; pero esta voluntad si puede ser desobedecida por el hombre.

No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 7:21)

Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien” (Josué 1:8)

Acontecerá que si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra. Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios” (Deuteronomio 28:1-2)

El apóstol Pablo dice en 1 Tesalonicenses 4:3 que: “pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación”. Aquí vemos que la voluntad moral de Dios es que vivamos en pureza sexual, pero es claro que aun entre muchos creyentes, este mandato no es obedecido. También se nos dice en 1 Tesalonicenses 5:18 que los creyentes deben “Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para vosotros en Cristo Jesús”. Es más, la Biblia nos enseña que el creyente que desee hacer la voluntad de Dios, será guiado por El: “El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta” (Juan 7:17). Cuando el creyente renueva su mente y obedece los mandamientos de Dios, entonces puede comprobar (experimentar) este aspecto de la voluntad de Dios para su vida:

“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:2)

“Porque esta es la voluntad de Dios: que haciendo bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres insensatos” (1 Pedro 2:15)

“Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1 Juan 2:17)

Entonces, es claro que la voluntad moral de Dios puede ser conocida por el hombre y debe ser obedecida para experimentar las bendiciones de Dios; pero puede ser desobedecida y de hecho lo es por los incrédulos y por los creyentes desobedientes. Muchos creyentes desean dirección particular para sus vidas, alguna “señal” especifica acerca de algo que deben hacer pero ni siquiera obedecen la voluntad moral de Dios, la cual está claramente detallada en la Biblia. Esto no es coherente, ni sensato ni sabio. Debemos obedecer al Señor en todo lo que sabemos y vemos en la Biblia, porque la promesa del Señor es:

Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón. Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y él hará” (Salmos 37:4-5)

Cuando obedecemos al Señor, nos deleitamos en una relación viva y creciente con El, es que podemos confiar en que Él nos encaminara, nos guiara, pondrá deseos correctos en nuestro corazón y los cumplirá por su buena voluntad.

Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho” (1 Juan 5:14-15)

1.3 ¿Existe la voluntad individual de Dios?

 Existe una enseñanza que nos dice que Dios tiene un “plan único” para cada creyente: un trabajo que viene de Dios, una pareja que viene de Dios, un ministerio que viene de Dios, una iglesia donde debe congregar, etc. Esta enseñanza es basada en pasajes acerca de la vida del Señor Jesucristo o de algunos creyentes donde se ve que Dios les dio dirección detallada sobre qué hacer o a donde ir:

Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra” (Juan 4:34)

Respondió entonces Jesús, y les dijo: De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente” (Juan 5:19)

Un ángel del Señor habló a Felipe, diciendo: Levántate y ve hacia el sur, por el camino que desciende de Jerusalén a Gaza, el cual es desierto. Entonces él se levantó y fue. Y sucedió que un etíope, eunuco, funcionario de Candace reina de los etíopes, el cual estaba sobre todos sus tesoros, y había venido a Jerusalén para adorar, volvía sentado en su carro, y leyendo al profeta Isaías. Y el Espíritu dijo a Felipe: Acércate y júntate a ese carro” (Hechos 8:26-29)

“El, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer” (Hechos 9:6)

 

Y mientras Pedro pensaba en la visión, le dijo el Espíritu: He aquí, tres hombres te buscan. Levántate, pues, y desciende y no dudes de ir con ellos, porque yo los he enviado” (Hechos 10:19-20)

¿Estos pasajes que hemos considerado enseñan que Dios tiene una voluntad individual para cada creyente? Creemos que no, porque los episodios donde Dios da dirección particular y especifica es:

  • Al Hijo de Dios, cuya vida estaba escrita y detallada desde tiempos del Antiguo Testamento (como debía morir, que debían poner a suerte sus vestidos, que no debían quebrar ningún hueso suyo, aun las palabras que debía decir en la cruz).
  • A apóstoles o creyentes claves en el libro de los Hechos, conectados con la expansión del evangelio a los judíos y gentiles (Cornelio, Ananías, Pablo, Pedro, Felipe, etc.)
  • A reyes, profetas o sacerdotes que tenían parte en el plan de Dios en el Antiguo Testamento (David, Abraham, el profeta Balaam, etc.)

No vemos además de estos casos excepcionales, ningún mandamiento en el Antiguo o en el Nuevo Testamento que indique que Dios tiene un plan detallado de cosas específicas que quiere para cada creyente. En ningún lugar se manda a orar por un trabajo específico, por una pareja idónea específica, por un ministerio específico ni por una vestimenta específica, como muchos enseñan por allí. Vemos mandatos generales, principios eternos que Dios nos ha dado en su Palabra, pero no vemos mandamientos específicos respecto a detalles de la vida para algún creyente particular. Por ejemplo:

  • La Biblia dice que no debemos dejar de congregar (Hebreos 10:25) pero no manda a orar por una iglesia especifica donde quiere que congreguemos. Tenemos libertad para escoger.
  • La Biblia dice que no debemos unirnos en yugo desigual (2 Corintios 6:14); pero no manda a orar por una pareja idónea especifica que Dios tiene “reservado” para cada creyente. No podemos tomar la vida de Isaac en Génesis 24 como normativa para los creyentes porque Isaac era parte fundamental del plan de redención de Dios (de El vino Jacob y de él, las 12 tribus de Israel). En ningún lugar vemos que Dios tenga una pareja específica para cada creyente.
  • La Biblia dice que debemos trabajar (1 Tesalonicenses 4:11, 2 Tesalonicenses 3:10), pero en ningún lugar nos dice que debemos orar por algún trabajo específico que “venga de Dios”. Debemos usar de sentido común y pedir la bendición de Dios para encontrar un trabajo o iniciar uno que explote nuestros dones y talentos y que no nos aleje de congregar y servir al Señor. Si trabajamos en algo que nos roba tiempo que deberíamos usar para servir al Señor pecamos y no podemos culpar al Señor de no darnos un trabajo que “venga de El” porque es nuestra responsabilidad.
  • La Biblia dice que debemos servir al Señor (1 Pedro 4:10-11) pero no dice que Dios tiene un “ministerio” separado para cada uno. Lo que dice que Dios nos ha dado dones y que debemos usarlos según lo que hayamos recibido para la bendición y edificación del cuerpo de Cristo.
  • La Biblia nos manda a cumplir la Gran Comisión (Mateo 28:18-20) y Pablo nos comparte su visión personal del ministerio: plantar donde nadie más lo ha hecho (Romanos 15: 20-21); pero no podemos pensar que eso es normativo para todos los creyentes. Aun muchos piensan que Dios les da una carga por algún lugar específico a cada creyente, pero no vemos ese mandato ni promesa en las Escrituras. Si a algunos creyentes les ha pasado eso no significa que es normativo para todos. Lo que es normativo es que todos debemos cumplir la Gran Comisión y servir donde nuestros recursos, dones, talentos y la soberanía de Dios nos guíen.

Dios ha dado al hombre libre albedrio para escoger

2. Dios ha creado al hombre con libre albedrío

Al ser el hombre un ser creado a imagen y semejanza de Dios (Génesis 1:26), fue creado por Dios con la capacidad de decidir por sí mismo el rumbo de sus acciones. Vemos que desde el inicio Dios le estableció los límites de su accionar, pero con libertad para decidir dentro de la voluntad revelada para Adán:

Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Génesis 2:15-17)

La voluntad revelada (moral) de Dios era que Adán labrara y guardara el huerto de Edén. Asimismo, que no comiera del árbol de la ciencia del bien y del mal. Por lo demás, Adán tenia libertad para comer lo que deseare de entre los arboles del huerto, no había una fruta especifica que Adán debía comer, ni vemos a Adán orando a Dios, preguntándole si debía comer una manzana o una pera.

Jehová Dios formó, pues, de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos, y las trajo a Adán para que viese cómo las había de llamar; y todo lo que Adán llamó a los animales vivientes, ese es su nombre” (Génesis 2:19)

La voluntad de Dios para Adán incluía que ponga nombre a los animales. Adán tenía libertad para ponerle el que quisiera y el nombre que les puso fue el que quedo para ellos. Aun después del pecado de Adán y de heredar la naturaleza pecadora, el hombre siguió teniendo libertad para decidir, claro que esa libertad estaba ya sesgada siempre hacia el pecado, por cuanto el hombre, ahora pecador, solo puede escoger hacer lo malo delante de Dios:

Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Génesis 6:5)

Sin embargo, Dios siempre dio al hombre la capacidad de decidir, en su propia libertad, un camino a seguir:

He aquí yo pongo hoy delante de vosotros la bendición y la maldición: la bendición, si oyereis los mandamientos de Jehová vuestro Dios, que yo os prescribo hoy, y la maldición, si no oyereis los mandamientos de Jehová vuestro Dios, y os apartareis del camino que yo os ordeno hoy, para ir en pos de dioses ajenos que no habéis conocido” (Deuteronomio 11:26-28)

“Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová” (Josué 24:15)

“Ve y di a David: Así ha dicho Jehová: Tres cosas te ofrezco; tú escogerás una de ellas, para que yo la haga” (2 Samuel 24:12)

“Más si el vivir en la carne resulta para mí en beneficio de la obra, no sé entonces qué escoger” (Filipenses 1:22)

Es claro entonces que el ser humano, aun en su naturaleza pecadora, posee la capacidad de decidir. Esta cualidad es llamada libre albedrio y debe ser entendida como la capacidad que el hombre tiene de tener libertad para escoger aquello que su naturaleza le guía e impulsa. Un incrédulo tiene libre albedrio, pero siempre escogerá lo malo (Romanos 3:9-12) porque su naturaleza esta apartada de Dios. Un creyente puede decidir obedecer a Dios y agradarle porque es una nueva criatura en Cristo (2 Corintios 5:17) y tiene la capacidad para hacerlo; pero también puede decidir desobedecer, trayendo tristeza al corazón de Dios y exponiéndose a la disciplina del Señor (Hebreos 12:3-11).

Algo que tenemos que tener en cuenta es que, si bien es cierto el hombre tiene libertad para decidir, jamás podrá contrarrestar la soberanía de Dios, quien controla todo y dirige todo conforme a sus propósitos ni será exculpado de responsabilidad por ello. La soberanía de Dios y la responsabilidad del hombre no se excluyen, sino que la una hace posible la otra (Romanos 9:19-20, Proverbios 19:21).

3. Errores al tratar de conocer la voluntad de Dios

Hay dos errores que los creyentes comenten por desconocer la enseñanza sobre la voluntad de Dios en las Escrituras:

3.1 Pasividad al esperar que Dios haga todo

Esto sucede cuando abrazamos la enseñanza de que Dios tiene un plan único para cada creyente y que debemos orar pidiendo que el Señor nos la muestre y no hacer nada hasta que eso suceda. Ya hemos considerado que esta enseñanza no tiene sustento bíblico y que más bien produce creyentes pasivos que solo están a la espera de “alguna señal” o “vellón” para poder actuar, negando la soberanía de Dios, su propia libertad y responsabilidad para actuar, sobre todo teniendo como creyentes la Palabra de Dios que nos equipa para todo lo que necesitamos (2 Timoteo 3:16)

he aquí que yo pondré un vellón de lana en la era; y si el rocío estuviere en el vellón solamente, quedando seca toda la otra tierra, entonces entenderé que salvarás a Israel por mi mano, como lo has dicho” (Jueces 6:37)

Más Gedeón dijo a Dios: No se encienda tu ira contra mí, si aún hablare esta vez; solamente probaré ahora otra vez con el vellón. Te ruego que solamente el vellón quede seco, y el rocío sobre la tierra” (Jueces 6:39)

3.2 Insensatez al actuar sin pedir dirección de Dios

Esto sucede cuando pensamos que todo depende de nosotros y nos lanzamos a tomar decisiones de forma impetuosa sin pedir la dirección del Señor, o pidiendo su bendición luego de haber tomado la decisión sin orar al respecto. Esto niega la soberanía y control de Dios y no es sabio ni correcto.

Y Jefté hizo voto a Jehová, diciendo: Si entregares a los amonitas en mis manos, cualquiera que saliere de las puertas de mi casa a recibirme, cuando regrese victorioso de los amonitas, será de Jehová, y lo ofreceré en holocausto. Y fue Jefté hacia los hijos de Amón para pelear contra ellos; y Jehová los entregó en su mano. Y desde Aroer hasta llegar a Minit, veinte ciudades, y hasta la vega de las viñas, los derrotó con muy grande estrago. Así fueron sometidos los amonitas por los hijos de Israel. Entonces volvió Jefté a Mizpa, a su casa; y he aquí su hija que salía a recibirle con panderos y danzas, y ella era sola, su hija única; no tenía fuera de ella hijo ni hija. Y cuando él la vio, rompió sus vestidos, diciendo: ¡Ay, hija mía! en verdad me has abatido, y tú misma has venido a ser causa de mi dolor; porque le he dado palabra a Jehová, y no podré retractarme” (Jueces 11:30-35)

Es posible conocer la voluntad de Dios cuando nos deleitamos en El

4. Conclusiones

  • Dios es libre, soberano y ha decretado (ordenado) todo cuanto ha de suceder en su creación, sin que ello implique que Él es el autor del mal o del pecado, sino que, en su dominio total y absoluto, El usa, para su propia gloria y conforme a sus soberanos propósitos, aun el mal y el pecado como herramientas para cumplir sus decretos.
  • Nada está fuera del alcance, del poder de Dios ni le toma por sorpresa. El Señor conduce todo acontecimiento de la historia humana, por más pequeño que sea, hacia el cumplimiento de su voluntad. Esto nos habla de la voluntad soberana de Dios, la cual no se puede conocer por el hombre hasta cuando suceda. No puede ser resistida por el hombre, sino que siempre se cumplirá tal y como Dios lo ha establecido. Un ejemplo de ello es el nacimiento, muerte, resurrección, señorío y Segunda Venida de Jesucristo. Esto sucederá de todas maneras.
  • Dios ha revelado aspectos de su voluntad para con su creación, el hombre, los ángeles, demonios y demás en su Palabra. Esta se ha otorgado como un regalo al hombre para que le conozca y conozca su plan de salvación y detalles sobre el carácter de Dios y sobre lo que El espera del hombre. Esta es la llamada voluntad moral de Dios y el hombre puede conocerla por medio de la Escritura. Puede ser o no ser obedecida.
  • A pesar de que Dios dio detalles muy minuciosos sobre la vida que debía llevar el Mesías en la tierra y también dio direcciones especificas a ciertos personajes en el libro de los Hechos, estas son situaciones especiales y no la regla normativa sobre la que deben basarse los creyentes para pensar que Dios tiene detalles minuciosos sobre la vida de cada uno de ellos.
  • Dios ha dado principios generales para la vida de sus hijos y ha dado libertad de acción para que los creyentes, con sabiduría y pidiendo la dirección del Señor, puedan escoger entre múltiples opciones, mientras no trasgredan la voluntad moral del Señor descrita en su Palabra. Aun así, la voluntad decretada de Dios jamás será quebrantada porque el Dios soberano siempre guiara todo acontecimiento humano hacia el cumplimiento de sus propósitos.

¿Quién es el hombre que teme a Jehová? Él le enseñará el camino que ha de escoger”  (Salmos 25:12)

5. Referencias

  • Ministerios Desiring God, John Piper – ¿Cuál es la voluntad de Dios y como la hacemos? (Clic para ir al enlace)
  • Gary Friesen, Tus decisiones y la voluntad de Dios. Editorial Vida, 2006.
  • Ministerio de Apologética e Investigación Cristiana, MIAPIC – (Clic para ir al enlace)
  • Ministerio Got Questions, ¿Qué es la voluntad de Dios? – (Clic para ir al enlace)

[1] Confesión de fe de Westminster, Capitulo dos, De Dios y la Santa Trinidad, pp. 8-11

[2]Confesión de fe de Westminster, Capitulo tres, Del decreto eterno de Dios, pp. 12