Mis amados hermanos y amigos, siguiendo con esta serie de enseñanzas acerca de como conocer la voluntad de Dios y como tomar decisiones que estén alineadas a la voluntad de Dios, es que quiero meditar con ustedes en el salmo 25, que nos enseña a quienes guía el Señor y como lo hace. Muchas veces pensamos que Dios solo guía a quienes son “perfectos”, que no tienen ni un pecado y que nunca fallan. Y cuando consideramos nuestra vida, nuestras falencias, nuestras debilidades, decae nuestro ánimo porque pensamos que hemos perdido la oportunidad que Dios nos brindó y creemos que Dios ya no nos va a guiar. Claro, si perseveramos en nuestro pecado se interrumpe nuestra comunión con el Señor y si persistimos en desobediencia nos ponemos en la posición de ser disciplinados por Dios; pero si nos arrepentimos y volvemos a los pies del Señor, su Palabra nos promete que Dios esta presto a oírnos y responder a nuestra oración, guiarnos y bendecirnos.

Ante la pregunta, ¿a quienes guía Dios y como lo hace?, el Salmo 25 responde que:

1. Dios guía a quienes confían en El (v. 1-5)

“A ti, oh Jehová, levantaré mi alma. Dios mío, en ti confío; no sea yo avergonzado, no se alegren de mí mis enemigos. Ciertamente ninguno de cuantos esperan en ti será confundido; serán avergonzados los que se rebelan sin causa. Muéstrame, oh Jehová, tus caminos; enséñame tus sendas. Encamíname en tu verdad, y enséñame, porque tú eres el Dios de mi salvación; en ti he esperado todo el día”

La confianza del salmista es expresa en esta declaración: “Ninguno de los que esperan en Dios será confundido”. La Palabra de Dios es clara, nadie, ninguno, ni uno solo de los que ponen su confianza en el Señor será defraudado. Por el nombre del  Señor, por su santidad, por su carácter y por su testimonio, las promesas del Señor son siempre “Si” y “Amen” en Cristo Jesús (2 Corintios 1:20).

La actitud del salmista se detalla en 3 aspectos: levantar el alma a Dios, confiar en Dios y esperar en El. Esta actitud está relacionada a la obediencia. Aquí dice que los que esperan en Dios no serán confundidos, pero serán avergonzados quienes se rebelan sin causa, quienes no creen en el Señor y quienes no le obedecen. Fe y confianza y obediencia a Dios están relacionadas. No puedo decir que creo en Dios si no le obedezco y no puede obedecerle sin creer en El.

El clamor del salmista es “Muéstrame Señor no mis propios caminos, sino los tuyos, enséñame tus sendas. Encamíname en tu verdad y enséñame”. El Señor es requerido para mostrarnos, enseñarnos y encaminarnos; en sus caminos, en sus sendas y en su verdad. Lo mas importante para el salmista no es tanto salir del problema o de la angustia en la que se encuentra, sino tener la dirección del Señor para su vida.

La razón de tal clamor es la relación salvífica que hay entre Dios y el salmista. Dios le salvó; por ello el salmista clama a Dios. Si Dios le dio lo más importante que es la salvación, con más razón será requerido para todo lo demás.

La perseverancia del salmista: “En ti he esperado todo el día”. El salmista tiene una confianza a prueba de todo, espera en Dios y confía en El sea cual sea la circunstancia.

Dios guia a quienes confian y esperan en El

2. Dios guía al pecador arrepentido (v. 6-11)

“Acuérdate, oh Jehová, de tus piedades y de tus misericordias, que son perpetuas. De los pecados de mi juventud, y de mis rebeliones, no te acuerdes; conforme a tu misericordia acuérdate de mí, por tu bondad, oh Jehová. Bueno y recto es Jehová; por tanto, él enseñará a los pecadores el camino. Encaminará a los humildes por el juicio, y enseñará a los mansos su carrera. Todas las sendas de Jehová son misericordia y verdad, para los que guardan su pacto y sus testimonios. Por amor de tu nombre, oh Jehová, perdonarás también mi pecado, que es grande”

El pecador arrepentido es aquel que se concentra en Dios no en sus fallas. Apela a la piedad, a la misericordia de Dios y a su bondad porque sabe que en nadie mas tiene esperanza para solucionar el problema de su pecado. Me hace recordar al publicano y el fariseo: el fariseo orgulloso estaba concentrado en si mismo, el publicano, concentrado en Dios y en el poder que tiene para perdonar y salvar a quienes acuden humildemente a El, reconociendo su necesidad.

El perdón y la libertad que el creyente puede experimentar se basan en el carácter de Dios (su bondad y rectitud), no en su perfección. Porque Dios es bueno, El enseña a los pecadores el camino, haciéndolo a través de su Palabra, de otras personas y de las circunstancias. Dios perdona porque ese es su carácter, no porque nosotros lo merezcamos y la mayor prueba de su carácter amoroso lo encontramos en la entrega de su Hijo Jesucristo para la salvación de todo aquel que cree en El y confiesa su nombre como Señor y Salvador.

¿Qué requisito demanda la Palabra de Dios para el perdón? Confesión pero eso se logra a través de la humildad, cuando reconocemos lo mucho que necesitamos de Dios. Dios encaminará a los humildes y a los mansos, pero resistirá a los soberbios y orgullosos. Podemos confiar en que las sendas del Señor son misericordia y verdad. Esta bendición esta reservada para quienes obedecen su Palabra.

Hay una verdad poderosa: Por amor del nombre de Dios, para vindicar su poder y justicia, Dios perdonará al pecador arrepentido, porque Cristo ya satisfizo su paga al morir en la cruz del calvario. Cuando el Señor manifestó que pensaba exterminar al pueblo de Israel por sus pecados, Moisés clamó: “Señor, pero que dirán de ti las naciones, que sacaste a tu pueblo de Egipto para matarlo en el desierto porque no pudiste cambiarlos ni dirigirlos?” (Números 14:11-19). Por amor a su propio nombre y para la gloria de Dios, Dios mismo perdonará y obrará en la vida de todo aquel que ha llamado a salvación, con el fin de guiarle y madurarlo a la semejanza de su Hijo Cristo Jesús.

Dios guia a quienes aunque pecan se arrepienten

3. Dios guía a quienes le temen (v. 12 – 14)

“¿Quién es el hombre que teme a Jehová? Él le enseñará el camino que ha de escoger. Gozará él de bienestar, y su descendencia heredará la tierra. La comunión íntima de Jehová es con los que le temen, y a ellos hará conocer su pacto

¿Hay alguien que teme al Señor? ¿Hay alguna persona que tiene temor de Dios? Es una pregunta interesante porque hay muchos que tienen miedo y temor de los desastres naturales, miedo de catástrofes, miedo de la muerte, miedo de enfermedades y diversas situaciones, pero hay muy pocos que tienen temor de Dios. El Señor Jesucristo enseñó que el hombre no debe temer de quienes pueden matar el cuerpo solamente, sino que debemos tener miedo de aquel que después de matar el cuerpo también puede echar el alma en el infierno (Lucas 12:4-5). El temor de Dios no solo es el principio de la sabiduría (Proverbios 1:7, 9:10, Salmos 111:10), sino que es el requisito para la dirección del Señor. Dios le guiara por el sendero que ha de caminar. El Señor promete dirigir a quienes le temen y le obedecen en consecuencia.

Los resultados de ser guiados por Dios son bienestar, bendición y prosperidad. Aquí tenemos que entender que la dirección y la guía del Señor no implica que El va a enseñarte todo lo que tienes que hacer. El no te va enseñar que pasos debes dar, El te va a mostrar el camino; pero tu tienes que caminarlo.

¿Quién es ese que teme al Señor? El que disfruta de la comunión intima con Dios Es curioso, no dice que el que teme al Señor tiene comunión intima con Dios, dice que Dios tiene comunión intima con quien le teme. La Palabra nos enseña que Dios busca adoradores en espíritu y verdad y Dios busca tener comunión con quienes le temen y le honran y son íntegros. A ellos hará conocer su pacto (Salmos 103:7). Puedes ver lo que Dios hace pero quienes temen al Señor y son perseverantes en ello, Dios desarrolla una comunión intima y les muestra no solo las obras, sino sus caminos, sus verdades preciosas y muchas cosas mas.

Dios guía a quienes le temen y obedecen

4. Dios guía a quienes pasan tribulaciones (v. 15 – 22)

“Mis ojos están siempre hacia Jehová, porque él sacará mis pies de la red. Mírame, y ten misericordia de mí, porque estoy solo y afligido. Las angustias de mi corazón se han aumentado; sácame de mis congojas. Mira mi aflicción y mi trabajo, y perdona todos mis pecados. Mira mis enemigos, cómo se han multiplicado, y con odio violento me aborrecen. Guarda mi alma, y líbrame; no sea yo avergonzado, porque en ti confié. Integridad y rectitud me guarden, porque en ti he esperado. Redime, oh Dios, a Israel de todas sus angustias”

El salmista confía en el Señor, ha pecado pero su temor de Dios prevalece y confiesa su pecado y se aparta y sigue caminando. Este hombre realmente teme a Dios pero también pasa tribulaciones, algunas por causas externas, otras por consecuencias de su propio pecado.  En medio de la tribulación sus ojos están siempre mirando al Señor, porque en El esta su confianza. No sabe necesariamente como va a acabar sus problemas o no sabe necesariamente que va a hacer en determinado momento pero sabe en el fondo de su corazón que Dios le va a librar.

En la tribulación el salmista se confiesa solo y afligido, angustiado, acongojado y trabajado. Ha pecado, esta rodeado de enemigos y necesita de la misericordia de Dios. Es difícil tomar decisiones y entender la voluntad del Señor en estos momentos, pero cuando no entendemos la voluntad de Dios aun podemos creer que ella es buena, agradable y perfecta. Su oración es para su libertad, para que su vida interna sea guardada de la decepción, de la tristeza, del desanimo y de la vergüenza porque esperamos en Dios, por ende tenemos un sistema de prioridades diferentes.

¿Cuál es su fortaleza? Su confianza en Dios. No se basa en su integridad, ¿sabes porque? Porque ha pecado, no es perfecto ni digno de la atención de Dios, pero por que confía en Aquel que justifica al impío, puede orar por integridad y santidad para su vida. Salva a Israel de todas sus angustias es la finalización de esta hermosa oración. Dios es nuestro Salvador, El también es nuestro Señor y quien nos guía. Nos ha redimido, ¿no nos va a dirigir? Nos ha salvado, ¿no nos va a guiar? Ha hecho lo imposible para nosotros, ¿no hará lo posible?

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Conclusión

Dios guía a quienes confían en El, a quienes aunque pecan se arrepienten y vuelven a la comunión con su Dios, a quienes le temen y le obedecen y a quienes por causa del pecado o de otras circunstancias sufren pero esperan en el Señor. Dios nos ha dado principios generales para vivir, tenemos libertad para decidir, pero ¿sabes que? No tenemos sabiduría y necesitamos tenerla, así como tener comunión con Dios para ser guiados en nuestro corazón. No necesitamos que Dios nos de “señales”  o nos diga el nombre de la persona con quien debemos casarnos, lo que necesitamos es dirección para saber que tenemos que ir a la Palabra y a la oración y crecer en santidad para tomar las decisiones correctas en la comunión con Dios. Cuando nos deleitamos en el Señor, cuando le amamos y El tiene la primacía en nuestro corazón, entonces Dios endereza nuestras veredas, entonces todo lo que hacemos esta guiado y bendecido por el Señor porque nuestras motivaciones están siendo dirigidas por el Espíritu Santo.

Cuando te estas deleitando en el Señor, haz lo que quieras!

Amen!