En esta pequeña serie vamos a abordar uno de los temas más necesitados y a la vez menos estudiados y entendidos por los creyentes: el dinero. Por causa de la poca importancia que le damos al tema financiero, o la demasiada importancia que le damos, padecemos consecuencias espirituales y físicas que es necesario entender. El dinero, o mejor dicho, el manejo que hacemos de el es parte de la vida privada de cada uno de nosotros; eso significa que muchas veces nadie sabe como manejamos el dinero y si aunamos a ello la falta de consejo o de preparación para este tema, vemos entonces que esa es la principal razón por la cual tantas personas tienen tantos problemas financieros.

¿Es importante el dinero?

Consideremos las siguientes estadísticas:

  • 16 de 38 parábolas de Jesús, es decir el 43% de sus enseñanzas, hablan de dinero
  • Hay más de 2000 referencias en el Nuevo Testamento a las riquezas y propiedades, el doble de referencias que a la fe y a la oración.
  • Problemas financieros son una de las 5 principales razones de divorcios en Perú y en el mundo
  • En Perú, el número de tarjetas de crédito administradas por el sistema bancario y empresas financieras ascendió a 6’661,146 a fines de agosto, según dio cuenta la Asociación de Bancos (Asbanc).
  • En Perú, el 12% de los dos millones de personas que usan los plásticos tienen importantes incumplimientos, según Sentinel (a noviembre del 2015)
  • En Perú, el 61% de los trabajadores son informales y contribuyen con el 19% del Producto Bruto Interno (PBI). De cada 10, cuatro no tienen seguro de salud.

Es claro que, por el testimonio de las Escrituras y por el sentido común, el tema financiero es sumamente importante para la vida de cada persona y de los creyentes también. En ese sentido, la idea de la primera parte de este taller estará enfocada en poder entender cuál es la raíz verdadera del problema. Vamos a entender que el manejo del dinero es un indicador de la vida espiritual de un creyente y su uso, o abuso, dicen mucho del corazón de una persona. Somos administradores de los recursos que Dios nos ha dado y cuando olvidamos la verdad de que Dios es dueño de todo cuanto existe y de que nosotros solo somos administradores de los recursos que el Señor, en su buena voluntad, ha dispuesto para nosotros, caemos en el pecado de la codicia, la avaricia o la indisciplina financiera. El retener el dinero es un pecado, el derrocharlo también lo es. Para ello, vamos a examinar que es lo que la Palabra del Señor nos enseña al respecto.

La Biblia enseña clara y consistentemente sobre el dinero

¿Cuál es el problema con el dinero?

Muchos creyentes reportan problemas para congregar, servir y crecer en su vida espiritual por causa de su trabajo, porque están endeudados y deben trabajar básicamente para pagar sus deudas y porque no pueden salir de esa espiral de trabajo poco remunerado, deudas y muchas horas de trabajo. ¿Esta es la voluntad de Dios? ¿Esto es lo que el Señor se refirió cuando habló de vida abundante? ¿Cual es entonces el problema con el dinero y sobretodo, como lo solucionamos? Muchas personas piensan que su problema con el dinero se solucionaría si tuvieran mas dinero; pero realmente el problema del dinero no esta en tu billetera sino en tu mente y en tu corazón. Consideremos estos textos:

Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas” (Mateo 6:24)

“El deseo del perezoso le mata, porque sus manos no quieren trabajar. Hay quien todo el día codicia; pero el justo da, y no detiene su mano (Proverbios 21:25-26)

“Estos son los que fueron sembrados entre espinos: los que oyen la palabra, pero los afanes de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias de otras cosas, entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa (Marcos 4:18-19)

 

“No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Mateo 6:20-21)

Lo que estos textos de la Palabra de Dios nos enseñan claramente es que el uso del dinero, cuando no esta sujeto a la obediencia a los principios de la Palabra de Dios, compite con Dios por el trono de nuestros corazones, de tal manera que no se nos dice que serviremos a Dios y al trabajo, o a Dios y a nuestras carreras, sino que nuestro corazón se debate entre servir a Dios o a las riquezas. Con respecto al dinero, solo podemos tener tres actitudes: ser perezosos, negligentes en cuanto al dinero y no trabajar ni preocuparnos por el futuro, lo cual nos traerá duras consecuencias en lo por venir; o podemos ser codiciosos y desear mas bienes y mas riquezas todo el tiempo, enfocando todo nuestro esfuerzo, tiempo y energías, no en servir a Dios, sino en ganar mas riquezas para nosotros mismos. Por ultimo, podemos ser justos y eso automáticamente implica que debemos ser generosos, es decir, personas que dan alegremente, que comparten las bendiciones que han recibido de Dios a otros que padecen necesidad. Estas personas son buenos administradores de los recursos que Dios ha puesto en sus manos, sirven a Dios y no solo hacen solo de palabras, sino en hechos y verdad.  Pero los que son malos administradores de los recursos que Dios da (porque Dios provee a todos todo lo que necesitan en cada momento determinado) viven afanados por el dinero, por ello se meten en deudas y se afanan aun mas, cayendo en una espiral de codicia y desesperación. Ciertamente los afanes de este siglo, el engaño de las riquezas y las codicias de otras cosas ahogan la Palabra de Dios y les vuelven infructuosos para la obra de Dios.

El problema si nos damos cuenta no es el dinero en sí: el dinero es amoral, no es bueno ni malo. Como y donde se gasta el dinero que uno tiene revela donde está enfocado el corazón de la persona que lo posee. Veamos estos ejemplos:

  • Zaqueo fue salvo y esto afectó el área financiera de su vida: Dio todo lo que tenía y devolvió lo que había defraudado (Lucas 19:1-10)
  • El joven rico, judío, devoto, principal de la sinagoga, cuando vino a Jesús para preguntarle cómo obtener la Vida Eterna. El Señor le dio un mandato que revelaría si realmente deseaba la vida eterna: vender todo y dárselo a los pobres. Al no hacerlo reveló lo que había en su corazón (Mateo 19: 16-30, Marcos 10: 17-31, Lucas 18: 18-30)
  • El rico insensato (Lucas 12: 15-21), tenía una obsesión por la seguridad económica personal y pensaba en una buena jubilación, su retiro y no en Dios. Antes de poder continuar fue llamado a cuentas.
  • La viuda pobre que echó dos blancas (Marcos 12:14-44). El Señor la consagró como el ejemplo sin precedentes de generosidad y dedicación piadosa.
  • Ananías y Safira, no fueron castigados por tener dinero, por dar o no dar su terreno, sino por mentir al Señor (Hechos 5:1-11)

El problema con el dinero no es tener o no tener, el problema es que hacemos de él un ídolo en nuestro corazón. No nos contentamos con lo que tenemos, sino que codiciamos siempre más y por causa del dinero tomamos decisiones postergando cosas que son más importantes que el dinero, como el amor y la devoción a Dios.

El amor al dinero busca tener la primacia en nuestro corazon

El origen del problema

El mal uso del dinero revela el estado de nuestro corazón y nuestra situación espiritual. El amor al dinero es fuente de terribles males y causa consecuencias funestas a aquel que va tras ella. Consideremos este texto:

Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores. Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre. Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado, habiendo hecho la buena profesión delante de muchos testigos” (1 Timoteo 6: 6-12)

El amor al dinero es tentación y lazo para todo aquel que no se toma con seriedad su administración financiera. Este mundo enemigo de Dios y consumista no descansa en bombardear nuestros sentidos con toda una avalancha de bienes y placeres para los que se necesita dinero, muchas veces dinero que no tenemos. Ello nos lleva a endeudarnos, prestarnos, sacar tarjetas de crédito para comprar cosas que no necesitamos, con dinero que no tenemos para impresionar a personas que no nos importan. Una vez caídos en la trampa, enredarnos mas y mas en la codicia dañosa del dinero es mas fácil, pero con ello nos vamos haciendo mas y mas inútiles para el servicio del Señor. Por que? porque para tener mas dinero, necesitamos invertir mas tiempo, tiempo que podríamos dar al Señor pero que no podemos darlo porque ya lo hemos dado al dinero. ¿Ven como funciona la trampa? Es un sutil engaño diabólicamente diseñado para que no podamos amar y servir a Dios, sino al dinero como nuestra prioridad.

Indicadores de peligro en el apego al dinero:

  • Hacer dinero a como dé lugar
  • Ningún dinero es suficiente
  • Se hace ostentación del dinero y se siente placer en ello
  • Prefieren gastárselo todo antes que dar algo a otros
  • No diezmamos ni damos ofrenda
  • Están dispuestos a pecar más para adquirir más dinero, poco valen los principios

Efectos del amor al dinero:

  • Quien ama al dinero confiará en este y no en Dios
  • Es el engaño o una falsa sensación de seguridad
  • Te lleva a edificar la vida en un cimiento inestable y breve
  • Vuelve orgulloso y arrogante
  • Se convierte en idolatría, hará que le robe a Dios
  • Lo hará comportarse como un incrédulo

El amor al dinero nos vuelve inoperantes, inútiles, cargados, trabajados, estresados y distraídos de lo que Dios quiere hacer por y con nosotros. Realmente se cumple la Palabra de Dios que dice que no podemos servir a Dios y a las riquezas a la vez. Solo podemos servir a un solo Señor!

Eso no significa que debemos ser pobres y no tener aspiración alguna a mejorar en la vida. Lo que significa es que el dinero no puede tener el lugar en nuestro corazón que solo le corresponde a Dios. Debemos procurar crecer y si Dios nos bendice financieramente será por su misericordia y por nuestra buena administración, y para que usemos esos recursos para nuestro bienestar y de nuestra familia y para compartir con la obra de Dios y con quienes padecen necesidad.

 

Tenemos que decidir entre servir a Dios o a las riquezas

Hacia la salud financiera

Consideremos este texto:

“Cuidaréis de poner por obra todo mandamiento que yo os ordeno hoy, para que viváis, y seáis multiplicados, y entréis y poseáis la tierra que Jehová prometió con juramento a vuestros padres. Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tú Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos. Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, más de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre. Tu vestido nunca se envejeció sobre ti, ni el pie se te ha hinchado en estos cuarenta años. Reconoce asimismo en tu corazón, que como castiga el hombre a su hijo, así Jehová tu Dios te castiga. Guardarás, pues, los mandamientos de Jehová tu Dios, andando en sus caminos, y temiéndole. Porque Jehová tu Dios te introduce en la buena tierra, tierra de arroyos, de aguas, de fuentes y de manantiales, que brotan en vegas y montes; tierra de trigo y cebada, de vides, higueras y granados; tierra de olivos, de aceite y de miel; tierra en la cual no comerás el pan con escasez, ni te faltará nada en ella; tierra cuyas piedras son hierro, y de cuyos montes sacarás cobre. Y comerás y te saciarás, y bendecirás a Jehová tu Dios por la buena tierra que te habrá dado. (Deuteronomio 8:1-10)

 Muchos piensan que los problemas de dinero se solucionan con ¡más dinero!; pero eso no es correcto. Más dinero dado a un corazón codicioso lo único que conseguirá es que pueda adquirir más cosas y codiciar otras mayores. Los problemas financieros se solucionan con un corazón rendido a Dios, que se contenta y satisface con Dios y que le obedece de todo corazón, no por ganancia deshonesta, sino por amor y gratitud y que entiende que el dinero es siervo y no amo. Dios ama al dador alegre y no podemos dar lo que no tenemos, pero de lo que tenemos si podemos dar lo mejor al Señor, porque El se lo merece.

“¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites” (Santiago 4: 1-3)

 

Dios ama al dador alegre

Conclusiones:

En la primera parte de este taller hemos abordado el tema del dinero yendo a la raíz del problema: nuestro corazón. De él mana la vida y de él brotan todas las virtudes o tendencias pecaminosas que manifestamos en nuestra vida. Antes de pensar en herramientas, técnicas, planes de ahorro y estrategias para tener una buena vida financiera, debemos entender que nuestro corazón debe ser recto y limpio delante de Dios.

“Cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, diciendo: Dadme también a mí este poder, para que cualquiera a quien yo impusiere las manos reciba el Espíritu Santo. Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero. No tienes tú parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios. Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizá te sea perdonado el pensamiento de tu corazón; porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás (Hechos 8: 18-23)

Dios prospera, definitivamente que sí, pero lo hace conforme a sus propósitos y a corazones rectos y limpios delante de Él. La codicia, las deudas, el empobrecimiento constante, una vida derrochadora, una vida egoísta, consumista, materialista solo son indicadores de un corazón que no es recto delante de Dios. Una vida enfocada solo en ganar dinero mas no en servir y conocer y amar a Dios muestra que realmente no le conoce y que el dinero, y no Dios, tiene el lugar principal de su corazón.

Amen!