En esta tercera parte trataremos acerca de la esclavitud financiera, sus síntomas, sus causas y los grandes problemas que acarrea; así como los principios bíblicos que Dios nos da para poder salir de esta esclavitud y aun poder ser de bendición a otras personas, lo cual es la esencia del evangelio y del cristianismo.

Muchas personas toman en poco el estar endeudados, el tener poco dinero disponible por una mala administración y esperan que “por acto de magia” las cosas mejoren sustancialmente en el futuro. Algunos otros dicen “Dios proveerá”, manoseando esta verdad bíblica para disfrazar la mala administración, la poca o nula planificación y la pereza por ser un buen administrador de los bienes y recursos que Dios en su misericordia nos da.

Sin embargo, no debemos tomar en poco este mal que asola las iglesias y que tiene a muchos creyentes en angustia, estrés y frustración. Ya hemos mencionado anteriormente que la esclavitud financiera nos hace inútiles para el reino de Dios, dado que damos más tiempo que el que deberíamos a ganar dinero, pero no para bendecir, sino para poder pagar deudas; tiempo y dinero que deberíamos usar para conocer, amar y servir más al Señor. Realmente es una espiral descendente, una trampa: mientras más endeudados estamos, trabajamos más, servimos menos, y como seguimos deseando cosas que no nos podemos dar el lujo de tener, nos endeudamos más, eso implica trabajar aún más, servir aún menos. Con tan poco tiempo para orar, meditar en la Palabra, servir, ¿Cómo esperamos tener una vida espiritual decente? La esclavitud financiera es una de las grandes barreras y causantes de la parálisis espiritual que muchos miembros de las iglesias padecen.

La esclavitud financiera nos aparta del servicio al Señor

 Los síntomas de la esclavitud financiera

Leamos por favor Nehemías, capitulo 5, versos del 1 al 5:

Entonces hubo gran clamor del pueblo y de sus mujeres contra sus hermanos judíos. Había quien decía: Nosotros, nuestros hijos y nuestras hijas, somos muchos; por tanto, hemos pedido prestado grano para comer y vivir. Y había quienes decían: Hemos empeñado nuestras tierras, nuestras viñas y nuestras casas, para comprar grano, a causa del hambre. Y había quienes decían: Hemos tomado prestado dinero para el tributo del rey, sobre nuestras tierras y viñas. Ahora bien, nuestra carne es como la carne de nuestros hermanos, nuestros hijos como sus hijos; y he aquí que nosotros dimos nuestros hijos y nuestras hijas a servidumbre, y algunas de nuestras hijas lo están ya, y no tenemos posibilidad de rescatarlas, porque nuestras tierras y nuestras viñas son de otros” (Nehemías 5:1-5)

Aquí la Palabra del Señor nos muestra 5 características de la esclavitud financiera, las cuales debemos meditar por si están en nuestras vidas y que nos están arrastrando a una vorágine de deudas, frustración y dolor. ¿Cuál es el contexto de la historia en Nehemías 5? Bueno, sabemos por una lectura previa de este libro que Nehemías era un copero del rey Artajerjes, tenía una muy buena posición en la corte real; pero que dejo esa posición privilegiada para enrumbarse en la aventura de fe de reconstruir las murallas de la ciudad de Jerusalén, a donde ya habían regresado judíos, pero que se encontraba desolada y desprotegida. Nehemías planifico, se preparó, oro y aprovecho la oportunidad cuando esta se le presento. Viajo hacia Jerusalén y comunico su visión a quienes les quisieron apoyar y juntos comenzaron a reconstruir las murallas. Pero esta aventura de fe no estaba exenta de contratiempos pues se levantaron enemigos del pueblo de Israel y empezaron a burlarse de ellos, a amenazarlos y a hostigarlos, al punto que ellos tenían que trabajar con una mano en las herramientas y otra en la espada, listos para contrarrestar cualquier ataque:

Pero aconteció que oyendo Sanbalat y Tobías, y los árabes, los amonitas y los de Asdod, que los muros de Jerusalén eran reparados, porque ya los portillos comenzaban a ser cerrados, se encolerizaron mucho; y conspiraron todos a una para venir a atacar a Jerusalén y hacerle daño” (Nehemías 4:7-8)

Los que edificaban en el muro, los que acarreaban, y los que cargaban, con una mano trabajaban en la obra, y en la otra tenían la espada. Porque los que edificaban, cada uno tenía su espada ceñida a sus lomos, y así edificaban; y el que tocaba la trompeta estaba junto a mí. Y dije a los nobles, y a los oficiales y al resto del pueblo: La obra es grande y extensa, y nosotros estamos apartados en el muro, lejos unos de otros. En el lugar donde oyereis el sonido de la trompeta, reuníos allí con nosotros; nuestro Dios peleará por nosotros” (Nehemías 4:17-20)

La esclavitud financiera nos hace siervos del dinero y no de Dios

 ¿Qué es lo que vemos entonces?

Vemos al pueblo de Dios con un encargo noble, estaban haciendo la voluntad de Dios, tenían un líder, tenían la visión de lo que querían lograr, estaban motivados para hacerlo, experimentaban contratiempos y pruebas pero aun así seguían adelante, unidos en un solo propósito; pero vemos en el capítulo 5 que por causa del dinero, o mejor dicho de la escasez económica, el pueblo de Dios estaba fragmentándose y estaba en riesgo de detener toda la obra de Dios. Hay un refrán antiguo que dice “Poderoso caballero es Don Dinero” y es muy cierto: el dinero no es lo más importante en la vida; pero en este mundo, en este sistema de cosas el dinero es importante para muchas de las cosas en la vida que queremos, y la ausencia del dinero nos pone en serios aprietos. En el texto que hemos leído vemos 5 síntomas importantes de la esclavitud financiera:

  1. Hubo gran clamor del pueblo y de sus mujeres contra sus hermanos judíos. La esclavitud financiera nos vuelve codiciosos y nos roba la paz. El dinero es una de las causas importantes de conflictos en las relaciones de pareja.
  2. Hemos pedido prestado grano para comer y vivir. Pedir prestado para cubrir las necesidades básicas es un claro indicador de que nuestra salud financiera no está nada bien. Pagar un almuerzo o una cena con tarjeta de crédito porque no tengo dinero es mala señal.
  3. Hemos empeñado nuestras tierras, nuestras viñas y nuestras casas, para comprar grano, a causa del hambre. Vender nuestras posesiones para comprar artículos de primera necesidad es otro indicador de que algo está andando muy mal.
  4. Hemos tomado prestado dinero para el tributo del rey. Endeudarnos para pagar otras deudas es una de los síntomas de que ya la esclavitud financiera ha avanzado mucho y estamos a un paso de la desgracia.
  5. Y no tenemos posibilidad de rescatarlas, porque nuestras tierras y nuestras viñas son de otros. Esta es la cumbre de la esclavitud financiera, cuando nos damos cuenta de que trabajamos para otros, solo para pagar deudas.

La esclavitud financiera no es patrimonio solamente de las personas pobres, sino también de quienes teniendo, son codiciosos y quieren más. Consideremos los siguientes versos:

Y me enojé en gran manera cuando oí su clamor y estas palabras. Entonces lo medité, y reprendí a los nobles y a los oficiales, y les dije: ¿Exigís interés cada uno a vuestros hermanos? Y convoqué contra ellos una gran asamblea, y les dije: Nosotros según nuestras posibilidades rescatamos a nuestros hermanos judíos que habían sido vendidos a las naciones; ¿y vosotros vendéis aun a vuestros hermanos, y serán vendidos a nosotros? Y callaron, pues no tuvieron qué responder. Y dije: No es bueno lo que hacéis. ¿No andaréis en el temor de nuestro Dios, para no ser oprobio de las naciones enemigas nuestras? También yo y mis hermanos y mis criados les hemos prestado dinero y grano; quitémosles ahora este gravamen. Os ruego que les devolváis hoy sus tierras, sus viñas, sus olivares y sus casas, y la centésima parte del dinero, del grano, del vino y del aceite, que demandáis de ellos como interés. Y dijeron: Lo devolveremos, y nada les demandaremos; haremos así como tú dices. Entonces convoqué a los sacerdotes, y les hice jurar que harían conforme a esto. Además sacudí mi vestido, y dije: Así sacuda Dios de su casa y de su trabajo a todo hombre que no cumpliere esto, y así sea sacudido y vacío. Y respondió toda la congregación: ¡Amén! y alabaron a Jehová. Y el pueblo hizo conforme a esto” (Nehemías 5:6-13)

No solo los pobres de Jerusalén habían vendido todo lo que tenían y aun se habían vendido ellos, quedándose esclavos de sus acreedores; sino que también los lideres, sacerdotes y miembros más acomodados de la ciudad prestaban con usura, exigiendo interés y aun demandando el cobro de sus préstamos, quitando los terrenos, bienes y esclavizando al pueblo de Dios, a pesar de que la ley prohibía explícitamente que un judío esclavizara a otro. ¿Por qué lo hacían? Por la codicia, por el deseo de tener más y eso es una de las características de la esclavitud financiera. Ojo, ser esclavo del dinero no significa solamente que no tengo dinero, sino que puedo tenerlo pero es el quien me domina y no yo. Trabajo para él, vivo para él, sueño con él, acumulo más y más y no importa tomar caminos ilícitos con tal de ganar más dinero, porque aunque diga que yo soy el dueño de ese dinero, en realidad él es mi amo y yo solo soy un esclavo que trabaja, come, vive y sueña para él.

La esclavitud financiera nos vuelve codiciosos y egoistas

 ¿Cómo salimos de la esclavitud financiera?

Examinemos el testimonio de Nehemías y veamos el carácter de este hombre de Dios:

También desde el día que me mandó el rey que fuese gobernador de ellos en la tierra de Judá, desde el año veinte del rey Artajerjes hasta el año treinta y dos, doce años, ni yo ni mis hermanos comimos el pan del gobernador. Pero los primeros gobernadores que fueron antes de mí abrumaron al pueblo, y tomaron de ellos por el pan y por el vino más de cuarenta siclos de plata, y aun sus criados se enseñoreaban del pueblo; pero yo no hice así, a causa del temor de Dios. También en la obra de este muro restauré mi parte, y no compramos heredad; y todos mis criados juntos estaban allí en la obra. Además, ciento cincuenta judíos y oficiales, y los que venían de las naciones que había alrededor de nosotros, estaban a mi mesa. Y lo que se preparaba para cada día era un buey y seis ovejas escogidas; también eran preparadas para mí aves, y cada diez días vino en toda abundancia; y con todo esto nunca requerí el pan del gobernador, porque la servidumbre de este pueblo era grave. Acuérdate de mí para bien, Dios mío, y de todo lo que hice por este pueblo” (Nehemías 5: 14-19)

Recordemos que Nehemías había sido copero del rey, lo cual ciertamente le daba algunos privilegios pero ninguno que indicara riquezas. Posteriormente, por la bendición de Dios, le fueron abiertas las puertas para ser gobernador de Jerusalén, lo cual le daba la prerrogativa de cobrar impuestos y tributos para sostenerse. Sin embargo, vemos que Nehemías no hizo así, como los demás gobernadores antes que él. Durante doce años, Nehemías no uso sus privilegios como gobernador y dice que lo hizo por causa del temor de Dios y porque la necesidad del pueblo era apremiante. Vamos a enumerar las características que tenía este hombre de Dios y que permitieron que fuese de bendición para el pueblo de Dios:

  1. Por su planificación, oración y preparación, Dios le abrió puertas para una bendición mayor.
  2. Fue constante durante mucho tiempo en su comportamiento.
  3. No aprovechó su posición para tomar ventaja alguna ni para él ni para su familia
  4. Tenía temor de Dios y ello era lo que guiaba sus actos
  5. No tenía problemas en trabajar y hacer su parte en la obra de reconstrucción
  6. Tenía influencia como líder
  7. No aprovecho de sus hermanos en necesidad
  8. Era generoso, sostenía de su mesa a ciento cincuenta judíos y oficiales y a visitantes
  9. Daba lo mejor que tenía sin aprovecharse del pueblo
  10. Lo entregaba todo en las manos del Señor

Siendo un hombre de planificación, estamos seguros que era un hombre ahorrativo y que uso sus recursos personales para sostenerse en la obra a la que Dios le llamo. También vemos que Dios le bendijo de tal forma que tenía para dar a otros y cada vez más. Nehemías había aprendido el principio bíblico de “Mas bienaventurado es dar que recibir” (Hechos 20:35) y este otro principio que dice que “El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará” (2 Corintios 9:6).

Para terminar, consideremos este texto:

Asimismo se alegró mucho el rey David, y bendijo a Jehová delante de toda la congregación; y dijo David: Bendito seas tú, oh Jehová, Dios de Israel nuestro padre, desde el siglo y hasta el siglo. Tuya es, oh Jehová, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo, oh Jehová, es el reino, y tú eres excelso sobre todos. Las riquezas y la gloria proceden de ti, y tú dominas sobre todo; en tu mano está la fuerza y el poder, y en tu mano el hacer grande y el dar poder a todos. Ahora pues, Dios nuestro, nosotros alabamos y loamos tu glorioso nombre. Porque ¿quién soy yo, y quién es mi pueblo, para que pudiésemos ofrecer voluntariamente cosas semejantes? Pues todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos. Porque nosotros, extranjeros y advenedizos somos delante de ti, como todos nuestros padres; y nuestros días sobre la tierra, cual sombra que no dura. Oh Jehová Dios nuestro, toda esta abundancia que hemos preparado para edificar casa a tu santo nombre, de tu mano es, y todo es tuyo. Yo sé, Dios mío, que tú escudriñas los corazones, y que la rectitud te agrada; por eso yo con rectitud de mi corazón voluntariamente te he ofrecido todo esto, y ahora he visto con alegría que tu pueblo, reunido aquí ahora, ha dado para ti espontáneamente. Jehová, Dios de Abraham, de Isaac y de Israel nuestros padres, conserva perpetuamente esta voluntad del corazón de tu pueblo, y encamina su corazón a ti. Asimismo da a mi hijo Salomón corazón perfecto, para que guarde tus mandamientos, tus testimonios y tus estatutos, y para que haga todas las cosas, y te edifique la casa para la cual yo he hecho preparativos” (1 Crónicas 29:10-19)

Dios bendice a quienes ponen al Señor como prioridad en sus vidas

Dios bendice a quienes ponen al Señor como prioridad en sus vidas y viven con temor de Dios y por ende le obedecen, le honrar y le alaban. Dios abre puertas, el da poder para hacer las riquezas. De nada sirve la buena planificación, el ahorro, las inversiones, tener dinero en el banco cuando no tenemos un corazón generoso, temeroso de Dios, que le obedece y le sirve. De Dios provienen las riquezas y el engrandecimiento, a este abate, al otro humilla y a aquel exalta. Dios está en su santo templo pero sin embargo mirara a aquel que es humilde y tiembla a su palabra. Que el Señor nos ayude a tener corazones sinceros, transparentes, generosos, sometidos al Señor, que no son codiciosos ni sirvientes del dinero.

Amen!

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