A partir de hoy y durante algunas semanas quiero compartir con ustedes mis amigos y hermanos una serie de enseñanzas llamada “Elementos del carácter cristiano”, donde examinaremos diversos rasgos de carácter que la Palabra de Dios nos enseña que deben estar en la vida de cada uno de los creyentes. Esta semana tocaremos la fe como la primera característica de la vida cristiana y para ello estudiaremos Romanos 5:1-11

 1. Las bendiciones de la salvación por la fe (v. 1-5)

Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado

Después de haber explicado detalladamente la culpabilidad de la humanidad pecadora y lo justo que es su condenación por estar separada de Dios, el apóstol Pablo pasa a explicar la maravilla de la salvación por fe solamente, sin necesidad de las obras de la ley, usando el testimonio de Abraham como ilustración de este punto. A Abraham “le fue contada su fe como justicia” y llego a ser no solamente el amigo de Dios, sino también el padre de la fe para los que así como el también pusieran su fe en el Señor y esa fe les fuera contada por justicia.

Ahora, partiendo del caso particular a Abraham al de todos los creyentes, es que Pablo aborda el capítulo 5 del libro de Romanos con una declaración sublime: Justificados por la fe, tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo. Esta declaración tiene 5 implicaciones muy importantes:

1. Éramos enemigos de Dios. Antes de la salvación no estábamos en paz con Dios, éramos enemigos y estábamos destituidos de la gloria de Dios por nuestra naturaleza pecadora. El ser humano sin Cristo esta en condenación, tiene una sentencia de muerte eterna sobre su cabeza por causa de que la ira de Dios está sobre esa persona. Ver Romanos 3:23, Romanos 3:9-12, Juan 3:18, 36

2. El medio para la salvación es la fe. La salvación es por la gracia de Dios, pero el medio para que esta sea efectiva es la fe. Fe es definida bíblicamente como la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve (Hebreos 11:1). Es la confianza depositada en un objeto o persona, en este caso en la persona de Jesucristo y en su obra salvadora en la cruz a favor de nosotros. No hemos visto a Jesus pero creemos en el mensaje de su evangelio (Romanos 10:17) y depositamos nuestra confianza en que somos salvos por medio de Él. Fe también es confianza en que Dios hará todo lo que ha prometido hacer en su Palabra y es un requisito indispensable para agradar a Dios (Hebreos 11:6). No tener fe es pecado (Romanos 14:23).

3. El resultado de la salvación es la justificación. Somos pecadores y estamos separados de Dios. Dios en su amor nos provee salvación por medio de su Hijo Jesucristo. Nosotros respondemos a ese sacrificio en fe, creyendo lo que el evangelio dice: que no podemos salvarnos a nosotros mismos, que necesitamos un Salvador que nos rescate de la condenación del infierno, que Cristo se hizo hombre, vivió una vida perfecta, murió en una cruz sufriendo el castigo de Dios que debía recaer sobre toda la humanidad, fue sepultado y resucito al 3er día, que ascendió a los cielos y que ahora está sentado a la diestra del Padre. Cuando creemos esto, Dios nos justifica: nos declara justos, imputando la justicia perfecta de Jesús a nuestras vidas dado que el sacrificio de Jesús fue aceptado como pago por nuestros pecados (Gálatas 2:16, Romanos 3:24-28)

4. El autor de nuestra salvación es el Señor Jesucristo. Él es el autor y consumador de nuestra fe, quien la hizo posible muriendo en la cruz y quien nos llama a la salvación. “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12). No hay salvación sin Jesús, Él es quien la hizo posible y no existe vida cristiana fuera de Él.

5. Nos es dada una nueva relación con Jesús en la salvación. Antes éramos ajenos, sin Dios ni esperanza en este mundo; pero ahora dice Pablo Jesús es nuestro Señor. En la salvación, hemos sido comprados por precio (1 Corintios 6:20) y ahora hemos sido hechos esclavos de Cristo en vez de ser esclavos del pecado (Romanos 6:22). Ya no tenemos la última palabra sobre nuestras vidas, porque esa potestad le pertenece ahora a Dios, quien nos ha comprado y nos ha redimido.

Solo en Cristo hay salvacion

La justificación por la fe es un tema que la Biblia menciona repetidas veces (Habacuc 2:4, Romanos 1:17, Gálatas 3:11). La salvación por la fe tiene innumerables bendiciones pero aquí Pablo menciona algunas, tales como:

1. Tenemos acceso libre a la gracia de Dios. Antes éramos enemigos, ahora Dios nos es propicio, el velo del templo se ha abierto y tenemos libre acceso a la presencia de Dios, a donde podemos acudir siempre y nunca encontraremos condenación, sino favor, gracia y misericordia (Hebreos 4:16)

2. Tenemos una salvación segura y firme. Los que se encuentran en las manos del Señor no serán arrebatadas de allí por nadie. Tenemos una salvación segura, eterna y poderosa.

3. Tenemos gozo en la esperanza de la gloria de Dios. Los creyentes esperan la salvación completa, la redención de sus cuerpos, la glorificación y poder estar en la presencia misma de Dios y disfrutar de su gloria. Ello debe ser motivo de gozo para el cristiano en todo momento de su vida porque es algo que sucederá seguro y es una de las bendiciones gloriosas del hijo de Dios.

4. Tenemos gozo del Señor en todo tiempo. El creyente tiene el gozo del Señor en todo momento, en especial en las tribulaciones. A diferencia del incrédulo que no tiene a Cristo en el corazón, el creyente tiene paz, gozo, seguridad, amor, puede orar al Señor, tiene las promesas de Dios y tiene un profundo gozo que el mundo no puede dar.

5. Tenemos la promesa del trato de Dios para nuestras vidas. Dios permite las tribulaciones en nuestras vidas porque Él está obrando en nosotros, conformándonos a la imagen de su Hijo (Romanos 8:28-29). Aquí dice claramente que las tribulaciones en el creyente producen paciencia, la paciencia produce prueba (En la LBLA se traduce como “carácter probado“), el carácter probado produce esperanza y la esperanza no nos avergüenza ni desilusiona. El objetivo de Dios es que produzcamos fruto así que por ello El cómo labrador divino pule y limpia los pámpanos. El disciplina a sus hijos, los quiebra, los moldea de tal forma que saque la carnalidad de ellos y produzca el fruto del Espíritu Santo.

6. Tenemos el amor de Dios. El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones. Antes teníamos un corazón de piedra, hoy tenemos un corazón de carne, sensible a Dios, que quiere obedecerle por amor, por gratitud. “para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo, a quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso; obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas” (1 Pedro 1:7-9). “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él” (1 Juan 3:1). “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados” (1 Juan 4:10).

7. Tenemos el Espíritu Santo como agente de santificación. En la salvación vemos a la Santa Trinidad en acción: El Padre nos ama y ha dado a su Hijo, El Hijo es el agente de nuestra salvación, quien murió por nosotros, y El Espíritu Santo es quien nos ha sido dado por el Padre y por el Hijo, quien obra en nosotros, santificándonos, conformándonos a la imagen de Cristo: “Pero cuando se conviertan al Señor, el velo se quitará. Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” (2 Corintios 3:16-18)

Somos salvos por la misericordia de Dios por medio de la fe

 2. La base de la salvación por la fe (v. 6-8)

Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros

El apóstol Pablo nos da aquí dos razones para la salvación: por la misericordia de Dios y por el amor de Dios. Cristo murió por nosotros aunque éramos débiles y aunque éramos pecadores. Examinemos estos dos puntos:

1. La misericordia de Dios: Cristo murió por nosotros aunque éramos débiles. La palabra traducida por “débiles” es usada también en pasajes como Hebreos 7:18 como “débil e inútil” o en 1 Pedro 3:7 cuando dice que la mujer es vaso frágil. ¿A qué se refiere Pablo al decir que éramos débiles? Se está refiriendo a nuestra naturaleza humana caída, débil, incapaz de agradar a Dios por iniciativa propia. No podemos acercarnos a Dios, no sabemos cómo, no queremos hacerlo y no podríamos de ninguna forma hacerlo sin la iniciativa de Dios. Dice Pablo en Romanos 8:7-8 que “Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios“. Dios conoce nuestra condición caída, sabe que no hay forma que pudiéramos ser salvos por nosotros mismos. Lucas 1:77-79 proclama que el advenimiento de Jesús fue “para dar conocimiento de salvación a su pueblo, para perdón de sus pecados, por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó desde lo alto la aurora, para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte; para encaminar nuestros pies por camino de paz” y Pablo dice claramente en Tito 3:3-6 que “Porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros. Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador“. Una de las razones por la que somos salvos es por la misericordia de Dios nuestro Salvador. Otra de las cosas que dice Pablo aquí en Romanos 5 verso 8 es que Cristo “a su tiempo murió por los impíos“. Gálatas 4:4 dice que “Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley“, entonces vemos que de acuerdo a los planes y propósitos de Dios, en el tiempo oportuno, Cristo se entregó a si mismo por aquellos que no tienen piedad, que no tienen temor de Dios, que no le adoran, ni le conocen ni le buscan.  A gente que desprecia a Dios, a esa gente Dios le muestra misericordia. ¡Que maravilloso es nuestro Dios!

2. Por el amor de Dios: Pablo apela aquí a que comparemos el amor del hombre con respecto al inmenso e incondicional amor de Dios. Su razonamiento es el siguiente: Es imposible que alguien, un hombre, muera por otro hombre pecador. Aún es muy difícil que alguien muera por un justo. En todo caso, dice Pablo, tal vez alguien osara morir por un hombre bueno. Pero el caso es que no hay ningún hombre bueno, no hay ni un hombre justo, no hay ni siquiera uno solo en toda la historia de la humanidad (con la excepción de Cristo Jesús). Entonces, así alguien osara morir por otra persona, ambos estarían condenados: por pecadores y la muerte de uno por el otro no afectaría en nada su destino eterno, porque ambos están bajo condenación. En el hombre no está por naturaleza el amor para sacrificarse por otro y aun así sucediera seria inútil porque ambos están condenados.

Sin embargo, la situación para con Dios es diferente completamente. Él es santo, sin mancha ni pecado. Su amor es incondicional y eterno, no dependiente de nuestras obras sino de su carácter inmutable. Dios demostró claramente su amor para con la humanidad, en que siendo pecadores, Cristo se hizo hombre y como hombre murió no solo por uno, sino por todos. Aquí no vemos a un hombre pecador y condenado muriendo por otro, sino vemos al Santo Hijo de Dios muriendo en reemplazo de toda la humanidad para darles salvación y vida eterna. ¡Que diferente es el amor de Dios con respecto al amor del hombre! Lo que ningún hombre podía hacer, Dios lo hizo en Cristo Jesus.

Ahora, Pablo concluye diciendo que si Dios mostro amor para con la humanidad siendo inútil, débil, frágil y siendo por naturaleza pecadora, con más razón mostrara amor para con aquellos que han sido justificados por la sangre de Cristo, aquellos que han sido perdonados de sus pecados, que han sido lavados y que no tienen ya más condenación. Somos salvos de la ira de Dios para siempre y ya solo de parte de Dios siempre tendremos misericordia, amor, paz y buena voluntad. Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? ¿Si el Tribunal Supremo del Universo te declaro inocente, quien te puede condenar? ¿Si el Amo y Dueño de todo cuanto existe y existirá te amo siendo pecador, crees que te dejara de amar ahora que eres hecho nueva criatura y que has sido lavado con la sangre de Cristo y que has sido hecho hijo de Dios? El amor de Dios para los creyentes es la seguridad máxima, la promesa inviolable, el ancla firme para una vida segura, plena y llena de significado. ¡Dios está contigo, Él te ama y nunca dejara de amarte!

Dios nos ama incondicionalmente

3. La esperanza de la salvación por la fe (v. 10-11)

Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación

Como si los argumentos del amor de Dios y la misericordia de Dios no fuesen de por si suficientes, Pablo aborda un tercer argumento concluyente para darnos a entender el alcance, la profundidad, la asombrosa maravilla que es la salvación que hemos recibido en Cristo Jesus: Si cuando éramos enemigos de Dios, hostiles a Él, pertenecientes al diablo y opuestos a todo lo bueno, Él nos reconcilio consigo mismo por la muerte sacrificial de su Hijo, cuanto más ahora que ya no somos enemigos sino que somos hijos adoptados suyos seremos salvos y tendremos todas las riquezas de gloria por causa del Señor Jesucristo.

Este bloque de texto nos muestra que Cristo nos ha dado paz con Dios (v. 1), nos ha salvado de la ira de Dios (v. 9b) y nos ha dado la reconciliación con Dios (v. 11). Si siendo débiles, pecadores y enemigos Dios nos mostró amor, paz, buena voluntad, misericordia y entrego aun a su propio Hijo Santo para salvar a una multitud de pecadores hostiles y aborrecedores de Dios, ¿cómo ahora, habiéndonos reconciliado, habiéndonos dado paz, no nos dará también las demás cosas, no completara su salvación en los tiempos finales y no nos glorificara? Ciertamente, la salvación es eterna y garantizada no por nuestros esfuerzos, sino por la misericordia, el amor y la buena voluntad de Dios.

Job clamo “Porque no es hombre como yo, para que yo le responda, y vengamos juntamente a juicio. No hay entre nosotros árbitro que ponga su mano sobre nosotros dos” (Job 9:32-33) y ese clamor se respondió en la persona de Jesucristo: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Corintios 5:17-21).

Dios reconcilio al mundo consigo mismo en la sangre de su Hijo, ya no somos más enemigos de Dios sino que podemos tener paz con El y ser llamados sus hijos por la fe en Jesucristo, la ofrenda de paz perfecta, el sacrificio supremo, suficiente y completo, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

Este pasaje pues muestra el alcance y el poder de la fe en Cristo Jesús. Que esto nos ayude a reflexionar, a meditar y a tomar la decisión de responder a Jesús en fe, en adoración, en gratitud. Si Dios no escatimo ni a su propio Hijo sino que lo entrego por nuestras maldades, ¿cómo va a fallar a sus demás promesas? ¿No es acaso ilógico dudar del amor, de la provisión, del poder y de la verdad de Dios?

Les dejo esta hermosa canción para meditar en la confianza que debemos tener en el Señor

 

Amen!

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