Pero en una casa grande, no solamente hay utensilios de oro y de plata, sino también de madera y de barro; y unos son para usos honrosos, y otros para usos viles. Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra. Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor. Pero desecha las cuestiones necias e insensatas, sabiendo que engendran contiendas. Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él” (2 Timoteo 2:20-26)

En esta oportunidad vamos a compartir la Palabra del Señor sobre un tema muy importante para los varones jóvenes: ¿Cuales son las batallas de los hombres jóvenes y como poder salir airosos de ellas? Vemos muchos jóvenes caer en pecado de fornicación, en pornografía, en masturbación, en relaciones tóxicas que lo único que producen es dolor y angustia y queremos saber que es lo que dice la Palabra de Dios al respecto. Vamos a estudiar 2 Timoteo, capítulo 2, versos 20 al 26 y veremos que ante la verdad teológica de que Dios conoce a los suyos y que estos en consecuencia se deben apartar del pecado, el creyente debe limpiarse de toda iniquidad para ser un vaso de honra, útil al Señor y dispuesto para servirle como un esclavo  su amo. Eso implica, huir de las pasiones juveniles y seguir la justicia y la santidad con corazón puro, dejando de lado las palabrerías infructuosas, sino mas bien siendo amable con todos, preparado para enseñar, paciente y preparado para ser de testimonio y guía a creyentes e incrédulos, siendo instrumento en las manos de Dios.

1. La batalla contra la irrelevancia (v. 20-21)

Pero en una casa grande, no solamente hay utensilios de oro y de plata, sino también de madera y de barro; y unos son para usos honrosos, y otros para usos viles. Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra

Vasos de honra y vasos viles

Pero en una casa grande, no solamente hay utensilios de oro y de plata, sino también de madera y de barro; y unos son para usos honrosos, y otros para usos viles

Para poder entender bien este verso, tenemos que recordar que el capítulo 2 es usado por el apóstol Pablo para dar indicaciones a Timoteo sobre como ser un buen soldado de Cristo y como ser un obrero de Dios aprobado por el Señor. En específico, el verso 19 dice: “Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo” (2 Timoteo 2:19). El fundamento de la casa de Dios, el cimiento teológico de la economía de Dios es que Dios conoce y ha salvado a los suyos, y esos que han sido conocidos por Dios responden apartándose de iniquidad, es decir, santificándose. Pero en una casa grande dice Pablo, la casa de Dios, la iglesia (Juan 14:2) no solamente hay utensilios, vasijas de oro y plata, sino también de materiales perecederos y comunes como madera y barro. Algunos son para usos honrosos y otros para usos viles. No confundamos con la enseñanza apostólica de 1 Corintios 12 donde se nos dice que hay miembros mas decorosos que otros, porque el mismo Pablo dice que Dios se ha encargado de distribuir dándole mas al que no tenía de modo que todos sean atendidos y todos sean bendecidos con la unión y el servicio de los miembros de Cristo, cada uno en particular. Lo que aquí, en 2 Timoteo esta diciendo es que hay utensilios destinados a usos honrosos y otros comunes. Es una metáfora que nos muestra que hay instrumentos que serán utilizados en momentos especiales y otros que son utilizados en día a día. ¿Cual es la diferencia, es decir, que hace a uno ser de uso honroso y a otro de uso vil? El material del que está hecho. Si soy de oro o plata (materiales durables y que suelen ser tratados por fuego para quitarles las impurezas) entonces mi destino es un uso honroso. Si estoy hecho de madero o fuego, materiales comunes y que no resisten el fuego ni las pruebas grandes, entonces un uso vil u deshonroso es mi finalidad.

Un vaso de honra

Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra

“Si alguno se limpia de estas cosas” dice Pablo y suena a un desafío. ¿Habrá alguien que quiera limpiarse de iniquidad, de contiendas, de pecado? ¿Habrá alguien que quiera ser purificado en el fuego y que le sean quitadas las impurezas en el horno de la aflicción? ¿Habrá alguien que quiera ser moldeado con el martillo, golpeado, purificado? Si hay alguien así, cuyo carácter llegue a ser oro y plata, el tal será un vaso de honra, santificado, apartado para un uso especial, útil al Señor y preparado para toda buena obra. La Palabra “útil al Señor” es interesante porque no usa el común “kurios” que significa Señor sino usa el griego “despotes“, de donde viene nuestra palabra déspota, tirano, amo con voluntad absoluta sobre sus esclavos. Aquel que se limpia de pecado es porque ha entendido el principio de autoridad y se ha puesto a disposición del amo y Señor de todo y se ha santificado (apartado) para El y sus propósitos y por ende será un vaso, un instrumento útil, de honra, preparado para todo lo que Dios quiera hacer con el.

¿Que vemos hasta entonces?

La primera batalla que el joven tiene que ganar es contra la irrelevancia, contra de tener un carácter débil como madera o barro, irrelevante, intrascendente, es decir, ser tan insignificante espiritualmente que si estas o no estas, no afecta en nada el lugar donde te encuentras. Que Dios nos salve de la mediocridad, del ser “del montón“, del promedio, el estándar. Que el Señor nos ayude a ser de oro o plata para ser útiles al Señor y dispuestos a todo lo que el Señor quiera hacer con nosotros.

La primera batalla del varón joven es la batalla por la revelancia espiritual

2. La batalla contra las pasiones juveniles (v. 22)

Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor

Fíjate de quien huyes

Huye también de las pasiones juveniles

¿De que manera nos podemos librar de las cosas que nos impiden crecer y ser vasos de honra? Huyendo de las pasiones juveniles. Me hace recordar a José quien huyó de la fornicación y del pecado por su temor a Dios. Me hace recordar a David, quien se rindió ante el pecado y el adulterio porque había perdido el temor de Dios.

¿Cuales son las pasiones juveniles? Una traducción literal diría algo así como: “los deseos desordenados propios de los jóvenes“. Hablamos de la etapa donde las hormonas están en ebullición, donde el deseo por el sexo, por las mujeres, por el dinero, por la fama, por la atención, por las cosas materiales están fuertemente en nuestro ser y siendo jóvenes no tenemos aun el carácter desarrollado, ni la templanza, ni la fuerza para ponerlos bajo sujeción. Claro, no todos los jóvenes son así, recordemos a Daniel y sus amigos, pero la mayoría de los jóvenes aun les cuesta poner su carne bajo dominio del Espíritu Santo. Esto puede entenderse en jóvenes de 15 años, pero lo triste es ver jóvenes de 27, 30, 35 años que aun no pueden sujetar su carne y que viven coqueteando con muchas señoritas por Facebook, que viven masturbándose en vez de orar para que puedan conocer una mujer de verdad y casarse en vez de estar quemándose. Jóvenes que tienen la lengua muy larga y que están mas preocupados en la vida de los demás en vez de preocuparse en que tienen ya muchos años y aun no tienen nada definido en su vida, no tienen un plan de vida, no tienen un propósito, no persiguen ningún sueño, no tienen el carácter ni parar ahorrar unos centavos, sino que todo lo despilfarran.

Fíjate a quien sigues

y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor

No solo se trata de huir del pecado, sino que debo seguir la santidad. No es buena idea estar en el “limbo”, porque la ociosidad es madre de todos los vicios y quien es perezoso espiritualmente hablando pronto caerá nuevamente y su postrer estado vendrá a ser peor que el primero. La orden de Pablo es: sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, en comunión con quienes de corazón limpio invocan al Señor. ¿Que significa esto? Que necesitamos la compañía de otros hombres para poder caminar la vida cristiana. Necesitas un hombre que te enseñe a caminar, que te aconseje, que ore por ti, que te reprenda, que te anime. Un hombre que te de ejemplo para caminar en la justicia de Cristo, no en la tuya (porque créeme, vas a caer), en fe, en amor y en paz, con un corazón puro, limpio y que esta limpiándose constantemente del pecado. La Palabra de Dios dice: “Hierro con hierro se aguza; Y así el hombre aguza el rostro de su amigo” (Proverbios 27:17)

¿Que es lo que vemos hasta el momento?

Debemos huir del pecado y debemos seguir la santidad y la justicia de Dios. Debemos ser radicales en esto y debemos buscar la compañía de hombres que nos animen en el caminar de la vida cristiana, nos aconsejen, nos reprendan. Muy peligroso es andar solo, sin rendir cuentas a nadie, haciendo lo que mejor me parece, sin pedir consejo a nadie. Recuerda: así cayó David.

Huye de las pasiones juveniles y persigue la santidad

3. La batalla contra nuestro carácter (v. 23-26)

Pero desecha las cuestiones necias e insensatas, sabiendo que engendran contiendas. Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él

Un carácter enfocado

Pero desecha las cuestiones necias e insensatas, sabiendo que engendran contiendas

La LBLA traduce de la siguiente manera: “Pero rechaza los razonamientos necios e ignorantes“. Literalmente dice “Rechaza las controversias estúpidas e ignorantes“. ¿Por que? Porque engendran contiendas. Desecha todo lo que no suma a tu crecimiento espiritual. Si tus mejores amigos son ociosos y perezosos espirituales, es hora de cambiar de amigos. Rechaza los chismes, las murmuraciones, las contiendas, los pleitos de palabras, porque en la mucha palabrería abunda el pecado. Deja de lado todo lo que no sume a tu desarrollo espiritual.

El carácter del servidor del Señor

Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; que con mansedumbre corrija a los que se oponen por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él

Lo primero que debe reconocer el creyente, sea la edad que tenga, es que es un siervo del Señor y que la palabra siervo no es un halago, sino que literalmente significa “esclavo“. Como esclavo, el propósito de mi vida es cumplir el propósito de mi Señor y Amo sin quejas ni objeciones. No solo eso, sino que el carácter del esclavo debe asemejarse al carácter del Amo.

  1. No debo ser rencilloso, es decir pleitista, murmurador, maldiciente, mentiroso, quejón ni provocar discordias entre hermanos. Tampoco debo hablar mal de las mujeres porque eso es de cobardes.
  2. Debo ser amable para con todos, demostrando siempre el amor de Dios con ternura y con firmeza también. Un hombre no es una mujer. Podemos ser sensibles, pero se espera de los hombres fuerza, decisión, valor, no debilidad ni fragilidad.
  3. Debo ser apto para enseñar. Este es el vocablo griego didaktikós, que quiere decir alguien que puede enseñar, que se deja entender, que tiene preparación bíblica y sobretodo autoridad moral y preparación espiritual para enseñar con las palabras y con el ejemplo. Nada mas disminuye la efectividad de un líder que su vida sea lo contrario a lo que enseña.
  4. Debo ser sufrido, quiere decir paciente frente al mal y al sufrimiento. Debo tener el carácter para no desesperarme ante la crisis. Si yo, como futura cabeza de un hogar, futuro pastor, futuro misionero no puedo soportar la crisis, ¿que se espera de los mas pequeños?
  5. Debo corregir tiernamente a los que se oponen. La palabra corregir aquí es “paideúō” de donde viene la palabra pedagogía. En los tiempos bíblicos, un paidagogos era un tutor, un ayo, un mentor que disciplinaba y criaba al hijo de sus amos, enseñándole y entrenándole para la vida adulta. El creyente debe ser un entrenador, un maestro que enseña y disciplina con ternura y paciencia a todos, aun a los que se oponen (incrédulos) reconociendo que son presos del diablo y que están sujetos a su voluntad y a la vez orando para que el Señor les conceda el arrepentimiento de vida.

¿Que es lo que vemos hasta el momento?

Estas 5 características son rasgos de carácter que se espera que los creyentes desarrollen en su vida. Si estos aspectos, y otros mas, se desarrollan en mi vida, puedo estar seguro que mi carácter será como el oro y la plata y poder ser usado por el Señor para grandes cosas y no caeré en la mediocridad, la irrelevancia, en las pasiones juveniles o en un carácter débil que tanto daño hace a mi propia vida y al cuerpo de Cristo.

El varon cristiano debe forjar un caracter solido que refleje el caracter de Dios

Conclusiones

Cada varón joven debe enfrentar estas batallas con el fin de ser un instrumento útil al Señor, santificado, apartado para Dios y su obra. Para ello, debe tomar la decisión de apartarse del pecado y de la iniquidad, de la irrelevancia y debe perseguir la santidad y la justicia en la compañía de otros hombres que junto con el, caminen en la dirección de buscar al Señor. ¿Cual es la meta? Reflejar en nuestros actos y en nuestro carácter el carácter y los propósitos de Dios quien nos ha llamado y sostiene.

Amén!