En una fecha especial como lo es el Día de la Madre, queremos animar a nuestras hermanas en la fe con la Palabra de Dios, motivándoles a crecer en su vida espiritual, emocional y en todo sentido de la palabra. Las damas enfrentan muchas luchas y temores: si son solteras, el temor a la soledad, a que pase el tiempo sin que nadie se atreva a luchar por ellas y conquistar su corazón, el temor a desobedecer al Señor, a no saber reconocer los tiempos de Dios, a saber tomar buenas decisiones. Si son casadas, el temor a la nueva vida de casados, a exponer su corazón completamente a su esposo, a los hijos, a la vejez, a mantener el amor de su esposo como el primer día que se enamoraron, etc. Realmente, las damas en las iglesias tanto solteras como casadas experimentan muchas luchas tanto en su mente como en el mundo que les rodea, además de enfrentar sus trabajos, estudios, ministerios, conflictos, etc. En medio de una vorágine de cosas por hacer y metas por cumplir y desafíos que enfrentar, el cansancio, la rutina y sobre todo la aparente soledad que envuelve nuestras agitadas vidas nos lleva a meditar ¿Cómo es una mujer que realmente agrada a Dios? ¿Es que las mujeres deben servir más, ser más sumisas, más obedientes para ser agradables al Señor?

Para ello, vamos a estudiar lo que la Palabra de Dios nos habla acerca de la mujer virtuosa de Proverbios 31. Esta porción de la Palabra de Dios nos enseña sobre el testimonio de una mujer que teme al Señor. Su valor es muy alto dado que es una mujer que trabaja diligentemente, con agrado y es de bendición a su marido. Su carácter es sólido y congruente con sus obras, obras de misericordia, generosidad, esfuerzo, diligencia, sabiduría. Por ello, su testimonio ante sus hijos y su marido es de bien, de bendición, de gozo, ejemplo e inspiración para todas las mujeres creyentes. Todo esto fluye de un corazón que teme al Señor y vive en integridad delante de Él. Para ello, les invito a que leamos en nuestras Biblias, el libro de Proverbios, capítulo 31, versos 10 al 31.

Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas. El corazón de su marido está en ella confiado, y no carecerá de ganancias. Le da ella bien y no mal todos los días de su vida. Busca lana y lino, y con voluntad trabaja con sus manos. Es como nave de mercader; trae su pan de lejos. Se levanta aun de noche y da comida a su familia y ración a sus criadas. Considera la heredad, y la compra, y planta viña del fruto de sus manos. Ciñe de fuerza sus lomos, y esfuerza sus brazos. Ve que van bien sus negocios; su lámpara no se apaga de noche. Aplica su mano al huso, y sus manos a la rueca. Alarga su mano al pobre, y extiende sus manos al menesteroso. No tiene temor de la nieve por su familia, porque toda su familia está vestida de ropas dobles. Ella se hace tapices; de lino fino y púrpura es su vestido. Su marido es conocido en las puertas, cuando se sienta con los ancianos de la tierra. Hace telas, y vende, y da cintas al mercader. Fuerza y honor son su vestidura; y se ríe de lo por venir. Abre su boca con sabiduría, y la ley de clemencia está en su lengua. Considera los caminos de su casa, y no come el pan de balde. Se levantan sus hijos y la llaman bienaventurada; y su marido también la alaba: Muchas mujeres hicieron el bien; mas tú sobrepasas a todas. Engañosa es la gracia, y vana la hermosura; la mujer que teme a Jehová, ésa será alabada. Dadle del fruto de sus manos, y alábenla en las puertas sus hechos

1. El valor de una mujer que agrada a Dios (v. 10-16)

Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas. El corazón de su marido está en ella confiado, y no carecerá de ganancias. Le da ella bien y no mal todos los días de su vida. Busca lana y lino, y con voluntad trabaja con sus manos. Es como nave de mercader; trae su pan de lejos. Se levanta aun de noche y da comida a su familia y ración a sus criadas. Considera la heredad, y la compra, y planta viña del fruto de sus manos

Lo primero que vemos en este elogio a la mujer virtuosa es su valor. En un mundo en el cual en diferentes épocas de la humanidad se ha denigrado el valor y dignidad de la mujer, la Palabra de Dios, desde la antigüedad ha proclamado el valor intrínseco de la mujer como creación original de Dios, hecha a su imagen y semejanza, mucho más cuando la mujer ha rendido su vida y corazón al amor de Dios y sus propósitos. En esta primera sección vamos a ver en donde reside el valor de esta mujer que teme a Dios y como es ella de bendición a quienes le rodean, en particular a su esposo.

El gran valor de una mujer virtuosa

Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas”

 

Una de las primeras cosas que hay que tener en cuenta con respecto a una mujer virtuosa es que es una mujer no fácil de hallar. Su estima, su valor supera largamente a la de las piedras preciosas y sabemos que las piedras preciosas son valiosas, pues mucho más valiosa es una mujer virtuosa y que teme a Dios. La Biblia dice: “La mujer virtuosa es corona de su marido; más la mala, como carcoma en sus huesos” (Proverbios 12:4). Esta comparación hecha en la Palabra de Dios no es por casualidad: Una piedra preciosa, tal como el diamante, la esmeralda, la ágata, la cornalina, el rubí y otras son llamadas así porque comparten ciertas características que las diferencian de las piedras semipreciosas o de otras: son valiosas porque son raras, porque son hermosas, tienen dureza, resistencia y son formadas en el interior de la tierra a grandes presiones. Hace unos meses atrás, Blue Moon, uno de los diamantes más grandes y caros del mundo fue vendido a un multimillonario originario de Hong Kong por la suma de 48,4 millones de dólares. Eso es una cantidad increíblemente grande de dinero, sin embargo, la Palabra de Dios nos dice que el valor de una mujer virtuosa excede largamente los millones de dólares que puede valer una gema preciosa. Una piedra de este tipo es rara, carísima, difícil de encontrar pero accesible si tienes el dinero suficiente para comprarla en los vendedores autorizados. Por el contrario, una mujer virtuosa es aún más rara, difícil de encontrar porque su valor es interno, sus cualidades internas también, su fortaleza, muy grande y solo un ojo experto puede identificar las características que la adornan. Es curioso que la única cosa en la Biblia que se considera más valiosa que las piedras preciosas, además de una mujer virtuosa, es la sabiduría: “Bienaventurado el hombre que halla la sabiduría, y que obtiene la inteligencia; porque su ganancia es mejor que la ganancia de la plata, y sus frutos más que el oro fino. Más preciosa es que las piedras preciosas; y todo lo que puedes desear, no se puede comparar a ella. Largura de días está en su mano derecha; en su izquierda, riquezas y honra” (Proverbios 3:13-16)

La bendición de una mujer virtuosa

“El corazón de su marido está en ella confiado, y no carecerá de ganancias. Le da ella bien y no mal todos los días de su vida”

 

Una de los aspectos en que se evidencia el gran valor de esta mujer es que ella es de bendición para el corazón de su marido. Ella genera confianza en su marido y le da bien todos los días de su vida. Esa confianza que su marido puede tener en ella causa que este hombre pueda prosperar, crecer y adelantar en la vida. No hay mejor cosa que una gran mujer al lado de un gran hombre, alentándolo, orando por él, cuidándolo, aconsejándolo, dándole paz, gozo todos los días de su vida. Lo contrario a esto es una mujer rencillosa y alborotadora: “Mejor es morar en tierra desierta que con la mujer rencillosa e iracunda” (Proverbios 21:19). En vez de servir de paz al corazón de su marido es fuente de problemas y contiendas: “Gotera continua en tiempo de lluvia y la mujer rencillosa, son semejantes; pretender contenerla es como refrenar el viento, o sujetar el aceite en la mano derecha” (Proverbios 27:15-16). Dado que la mujer virtuosa es una mujer que teme a Dios, es fuerte y tiene un carácter sólido y formado, puede ser de aliento para el corazón de su marido. Que contraste con la mujer de Job, que en el momento de mayor crisis de su esposo, no fue de aliento para su esposo, sino de tropiezo: “Entonces le dijo su mujer: ¿Aún retienes tu integridad? Maldice a Dios, y muérete” (Job 2:9). Otro ejemplo de una mujer que no supo cuidar el corazón de su marido fue la mujer de Lot: “Entonces la mujer de Lot miró atrás, a espaldas de él, y se volvió estatua de sal. Y subió Abraham por la mañana al lugar donde había estado delante de Jehová. Y miró hacia Sodoma y Gomorra, y hacia toda la tierra de aquella llanura miró; y he aquí que el humo subía de la tierra como el humo de un horno. Así, cuando destruyó Dios las ciudades de la llanura, Dios se acordó de Abraham, y envió fuera a Lot de en medio de la destrucción, al asolar las ciudades donde Lot estaba. Pero Lot subió de Zoar y moró en el monte, y sus dos hijas con él; porque tuvo miedo de quedarse en Zoar, y habitó en una cueva él y sus dos hijas. Entonces la mayor dijo a la menor: Nuestro padre es viejo, y no queda varón en la tierra que entre a nosotras conforme a la costumbre de toda la tierra. Ven, demos a beber vino a nuestro padre, y durmamos con él, y conservaremos de nuestro padre descendencia” (Génesis 19:26-32). Dado que la mujer de Lot no estuvo para cuidar de su marido, las hijas de Lot cometieron incesto con él y dieron lugar a los amonitas y a los moabitas.

La fortaleza de una mujer virtuosa

“Busca lana y lino, y con voluntad trabaja con sus manos. Es como nave de mercader; trae su pan de lejos. Se levanta aun de noche y da comida a su familia y ración a sus criadas. Considera la heredad, y la compra, y planta viña del fruto de sus manos

Otro de los aspectos en los que se manifiesta el gran valor de esta mujer es en su fortaleza interna, fortaleza que se evidencia en las diferentes actividades y rasgos de su carácter que le llevan a ser una excelente administradora del hogar, una diligente cuidadora de su hogar, una negociante experta y aun una agricultora consumada. Uno no puede dejar de ver todas las cosas que esta mujer hace y exclamar: ¿De dónde saca tanta energía? No hay otra respuesta que de la pasión: esta mujer es una apasionada por su hogar, por administrarlo bien, por cuidar a todos los que en ella habitan, por proporcionar confort, cuidado, alimento, paz, bendición, prosperidad y sustento a todos aquellos que están en su corazón. Una mujer virtuosa tiene un corazón grande, un corazón de madre, un corazón diligente, un corazón previsor y un conocimiento de su casa y de sus necesidades. Una de las cosas que no vemos en esta mujer es egoísmo ni una mente banal, sino todo lo contrario, una mente disciplinada, un corazón organizado, una disposición a encargarse de los asuntos de su hogar para bienestar de su familia. Aquí es comparada a una nave de mercader, que en los tiempos bíblicos se encargaban de traer suministros necesarios para la vida diaria y que no se podían conseguir localmente. Era un gozo para los habitantes de un pueblo cuando una nave de mercaderes llegaba pues traían mercancías valiosas, raras y muchas cosas necesarias que se podían conseguir a buen precio.

¿Qué es lo que vemos hasta el momento?

Una mujer virtuosa es una mujer de un gran valor, producto de un corazón noble, amoroso, generoso, diligente, responsable, organizado, que es de confianza y mucha bendición para su marido y fuente de gozo para sus hijos y familia. Una mujer así es aún más valiosa que las piedras preciosas y es de gran bendición para todos quienes le rodean. Todo este gran valor fluye de un corazón que no es egoísta sino que se ha entregado al bienestar de su marido y familia y que, aunque no lo dice, fluye de una profunda comunión con el Señor. Como un ejemplo de una mujer así consideremos a Rut, la moabita: “Y cuando Booz hubo comido y bebido, y su corazón estuvo contento, se retiró a dormir a un lado del montón. Entonces ella vino calladamente, y le descubrió los pies y se acostó. Y aconteció que a la medianoche se estremeció aquel hombre, y se volvió; y he aquí, una mujer estaba acostada a sus pies. Entonces él dijo: ¿Quién eres? Y ella respondió: Yo soy Rut tu sierva; extiende el borde de tu capa sobre tu sierva, por cuanto eres pariente cercano. Y él dijo: Bendita seas tú de Jehová, hija mía; has hecho mejor tu postrera bondad que la primera, no yendo en busca de los jóvenes, sean pobres o ricos. Ahora pues, no temas, hija mía; yo haré contigo lo que tú digas, pues toda la gente de mi pueblo sabe que eres mujer virtuosa” (Rut 3:7-11), una mujer esforzada, valiente, diligente, obediente, temerosa de Dios y con una fe sincera y firme. Todo el pueblo sabía que ella era mujer virtuosa y Booz también sabía que lo era.

Una mujer virtuosa es una mujer que agrada a Dios

2. El carácter de una mujer que agrada a Dios (v. 17-27)

Ciñe de fuerza sus lomos, y esfuerza sus brazos. Ve que van bien sus negocios; su lámpara no se apaga de noche. Aplica su mano al huso, y sus manos a la rueca. Alarga su mano al pobre, y extiende sus manos al menesteroso. No tiene temor de la nieve por su familia, porque toda su familia está vestida de ropas dobles. Ella se hace tapices; de lino fino y púrpura es su vestido. Su marido es conocido en las puertas, cuando se sienta con los ancianos de la tierra. Hace telas, y vende, y da cintas al mercader. Fuerza y honor son su vestidura; y se ríe de lo por venir. Abre su boca con sabiduría, y la ley de clemencia está en su lengua. Considera los caminos de su casa, y no come el pan de balde

En esta sección se nos va a describir el carácter de una mujer virtuosa, una mujer que agrada a Dios. Aquí es que vamos a entender con mayor claridad porque es una mujer tan valiosa para su marido y familia y vamos a ver todas las características que fluyen de ese corazón temeroso de Dios. Aquí Salomón, el escritor del libro de Proverbios, nos muestra 11 características que conforman el carácter de esta mujer de Dios.

Una mujer esforzada

Ciñe de fuerza sus lomos, y esfuerza sus brazos”

 

Ser esforzado, diligente y valeroso no es solo atributo de los varones. La Biblia nos narra acerca de Débora, mujer esforzada: “En los días de Samgar hijo de Anat, en los días de Jael, quedaron abandonados los caminos, y los que andaban por las sendas se apartaban por senderos torcidos. Las aldeas quedaron abandonadas en Israel, habían decaído, hasta que yo Débora me levanté, me levanté como madre en Israel. Cuando escogían nuevos dioses, la guerra estaba a las puertas; ¿Se veía escudo o lanza entre cuarenta mil en Israel?” (Jueces 5:6-8). Así como ella, esta mujer virtuosa de Proverbios ciñe de fuerza sus lomos, esfuerza sus brazos, no para tomar una espada y salir a matar enemigos, sino para cambiar pañales, mantener limpia la casa, cocinar, ordenar, administrar, corregir, enseñar, guiar a sus hijos, preparar las cosas para su marido, lo cual, déjenme decirle hermanas es una batalla tan cansada y agotadora como las batallas que se han luchado en la antigüedad. El secreto del esfuerzo es descansar en Dios, es hacer todo de nuestra parte, sabiendo que Dios nos da fortaleza, nos alienta y tiene todo bajo control. Cuando dejamos a Dios de lado y sabemos que todo lo hacemos en nuestras propias y limitadas fuerzas es cuando viene el cansancio; pero la Palabra de Dios nos dice: “Hubiera yo desmayado, si no creyese que veré la bondad de Jehová en la tierra de los vivientes. Aguarda a Jehová; esfuérzate, y aliéntese tu corazón; sí, espera a Jehová” (Salmos 27:13-14)

 

Una mujer diligente

“Ve que van bien sus negocios; su lámpara no se apaga de noche. Aplica su mano al huso, y sus manos a la rueca”

La segunda característica que vemos que forma parte del carácter de una mujer virtuosa es la diligencia. No solo está encargada de la administración básica de su hogar, sino que mira diligentemente por sus negocios: “Sé diligente en conocer el estado de tus ovejas, y mira con cuidado por tus rebaños” (Proverbios 27:23). También se observa la diligencia de esta gran mujer en que su lámpara no se apagaba de noche. ¿Esto qué quiere decir? Bueno, en los tiempos bíblicos, las lámparas eran de aceite y si no querías que la lámpara se apagara tenías que echarle suficiente aceite para que arda toda la noche y puedas tener a la mano una fuente de luz para cualquier emergencia. Esto nos habla de la prudencia, sabiduría, previsión y diligencia de esta mujer que se daba tiempo para administrar correctamente su hogar aun en este detalle que podría parecer ínfimo pero que era sumamente importante. Sus manos eran diligentes también en el huso y la rueca, instrumentos con los que las mujeres de los tiempos bíblicos hilaban telas, tejidos y ropas para ellas y para sus familias. Definitivamente esta era una mujer trabajadora, diligente en lo que hacía y ya sabemos lo que la Palabra de Dios nos dice sobre la diligencia: “El alma del perezoso desea, y nada alcanza; mas el alma de los diligentes será prosperada” (Proverbios 13:4) y también: “Los pensamientos del diligente ciertamente tienden a la abundancia; mas todo el que se apresura alocadamente, de cierto va a la pobreza” (Proverbios 21:5). Por último, la Biblia dice: “¿Has visto hombre solícito en su trabajo? Delante de los reyes estará; no estará delante de los de baja condición” (Proverbios 22:29).

 

Una mujer compasiva

“Alarga su mano al pobre, y extiende sus manos al menesteroso”

La tercera característica del carácter de una mujer virtuosa es su generosidad y compasión, los cuales salen de los límites de su hogar y los suyos para alcanzar también a otras personas en necesidad, a quienes esta mujer puede ministrar con su compasión y empatía. El pobre y el menesteroso son bendecidos por esta mujer quien “alarga su mano y la extiende” para llegar a estas personas. No es una ayuda fría e impersonal, sino un toque sincero, amable, dulce, amoroso, como solo una mujer de corazón dulce y amoroso puede hacerlo. Un ejemplo de esto lo podemos ver en Dorcas: “Había entonces en Jope una discípula llamada Tabita, que traducido quiere decir, Dorcas. Esta abundaba en buenas obras y en limosnas que hacía” (Hechos 9:36) . Otro ejemplo de una mujer hospitalaria, lista y dispuesta a bendecir a quienes padecen necesidad es Lidia: “Entonces una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios, estaba oyendo; y el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía. Y cuando fue bautizada, y su familia, nos rogó diciendo: Si habéis juzgado que yo sea fiel al Señor, entrad en mi casa, y posad. Y nos obligó a quedarnos” (Hechos 16:14-15). Estas dos mujeres nos muestran el corazón misericordioso que ama a Dios y que en consecuencia ama a su prójimo, siendo ejemplo de compasión y misericordia a su propia familia y a los que le rodean. ¿Quién dice que una mujer no puede enseñar o ser de influencia? Una mujer temerosa de Dios, diligente, esforzada y con un corazón compasivo y lleno de misericordia puede ser de tremenda influencia e inspiración a todos los que le rodean.

Una mujer precavida

“No tiene temor de la nieve por su familia, porque toda su familia está vestida de ropas dobles”

 

La cuarta característica de una mujer virtuosa es la precaución. Dado que ella es una buena administradora, como buena administradora de su hogar no tiene temor de que su familia pase frío o hambre u otra necesidad, porque ella siempre está un paso adelante de las circunstancias. Ya ha previsto la época de frío, por lo tanto se ha esforzado y ha provisto a su familia de ropas dobles. Ya ha plantado con empeño una viña, con las ganancias que obtuvo del campo que compro luego de evaluarlo concienzudamente (v. 16). Es una mujer que planifica, que vive sabia y precavidamente, ahorrando para los tiempos malos, cuidando los bienes de su hogar, cuidando de su familia y siendo ese refugio de paz y bendición en medio de su hogar. Sabemos que los niños pequeños pueden ser irresponsables, que el marido está fuera de casa trabajando, así que es ella la llamada a ser el eje, la fortaleza del hogar y quien mira atentamente por las necesidades de los suyos. No tiene temor porque ella ya ha previsto las necesidades y eso nos hace recordar a un proverbio de Salomón: “Ve a la hormiga, oh perezoso, mira sus caminos, y sé sabio; la cual no teniendo capitán, ni gobernador, ni señor, prepara en el verano su comida, y recoge en el tiempo de la siega su mantenimiento” (Proverbios 6:6-8)

 

Una mujer que cuida su apariencia

“Ella se hace tapices; de lino fino y púrpura es su vestido”

La quinta característica del carácter de una mujer virtuosa es el cuidado que ella tiene de su propia apariencia. Ya sabemos que la mujer virtuosa es corona de su marido, es decir, quien le adorna, quien embellece a su marido y es un poco difícil que lo logre si ella no cuida su propia apariencia personal “porque el varón no debe cubrirse la cabeza, pues él es imagen y gloria de Dios; pero la mujer es gloria del varón” (1 Corintios 11:7). El vestido del cual la mujer de Proverbios 31 esta hecho de lino fino y purpura, es decir un vestido muy hermoso, propio de una mujer que tiene un carácter y corazón aun más hermoso. Seguramente muchas hermanas no podrían tener el suficiente dinero para tener un vestido muy caro, pero el punto aquí no es el precio del vestido, sino el cuidado, la apariencia que una mujer debe tener, el cual debe ir en consonancia con su carácter. La Biblia siempre remarca más el estado del corazón de una mujer más que el valor de su maquillaje o sus vestidos: “Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios” (1 Pedro 3:3-4); sin embargo, esto no quiere decir que la mujer no debe hermosearse, cuidarse, ser hermosa a los ojos de su marido:  “Prendiste mi corazón, hermana, esposa mía; has apresado mi corazón con uno de tus ojos, con una gargantilla de tu cuello. ¡Cuán hermosos son tus amores, hermana, esposa mía! ¡Cuánto mejores que el vino tus amores, y el olor de tus ungüentos que todas las especias aromáticas! Como panal de miel destilan tus labios, oh esposa; miel y leche hay debajo de tu lengua; y el olor de tus vestidos como el olor del Líbano.Huerto cerrado eres, hermana mía, esposa mía; fuente cerrada, fuente sellada. Tus renuevos son paraíso de granados, con frutos suaves, de flores de alheña y nardos; nardo y azafrán, caña aromática y canela, con todos los árboles de incienso; mirra y áloes, con todas las principales especias aromáticas. Fuente de huertos, pozo de aguas vivas, que corren del Líbano. Levántate, Aquilón, y ven, Austro; soplad en mi huerto, despréndanse sus aromas. Venga mi amado a su huerto, y coma de su dulce fruta” (Cantares 4:9-16)

Una mujer que bendice a su marido

“Su marido es conocido en las puertas, cuando se sienta con los ancianos de la tierra”

Ya habíamos visto anteriormente, en el verso 11, que esta mujer produce una gran confianza en su marido y él vive con un corazón confiado y alegre por su presencia en su vida. Hermanos, la vida de un hombre es dura, hay que estudiar, trabajar, esforzarse, ser competitivos, seguir para adelante sin mirar atrás, dar lo mejor de nosotros y cuando somos solteros todas las penas, glorias, desafíos, victorias y derrotas de nuestra vida las llevamos solos y en nuestro interior. Pero cuando la mujer, “esa” mujer que es la mujer de nuestras vidas, todo se pone de cabeza y nuestra vida se llena de alegría, color, optimismo. Aun el peor de nuestros días palidece porque sabemos que al final del día, en casa nos estará esperando nuestra esposa, nuestra amante, nuestra compañera. Pero una mujer virtuosa es de mucha más bendición aun para su marido. Aquí se nos dice que el marido de ella es conocido en las puertas de la ciudad, cuando se sienta con los ancianos de la tierra. ¿Qué significa esto? Miremos un momento la Palabra de Dios: “Booz subió a la puerta y se sentó allí; y he aquí pasaba aquel pariente de quien Booz había hablado, y le dijo: Eh, fulano, ven acá y siéntate. Y él vino y se sentó. Entonces él tomó a diez varones de los ancianos de la ciudad, y dijo: Sentaos aquí. Y ellos se sentaron. Luego dijo al pariente: Noemí, que ha vuelto del campo de Moab, vende una parte de las tierras que tuvo nuestro hermano Elimelec. Y yo decidí hacértelo saber, y decirte que la compres en presencia de los que están aquí sentados, y de los ancianos de mi pueblo. Si tú quieres redimir, redime; y si no quieres redimir, decláramelo para que yo lo sepa; porque no hay otro que redima  sino tú, y yo después de ti. Y él respondió: Yo redimiré. Entonces replicó Booz: El mismo día que compres las tierras de mano de Noemí, debes tomar también a Rut la moabita, mujer del difunto, para que restaures el nombre del muerto sobre su posesión. Y respondió el pariente: No puedo redimir para mí, no sea que dañe mi heredad. Redime tú, usando de mi derecho, porque yo no podré redimir. Había ya desde hacía tiempo esta costumbre en Israel tocante a la redención y al contrato, que para la confirmación de cualquier negocio, el uno se quitaba el zapato y lo daba a su compañero; y esto servía de testimonio en Israel. Entonces el pariente dijo a Booz: Tómalo tú. Y se quitó el zapato. Y Booz dijo a los ancianos y a todo el pueblo: Vosotros sois testigos hoy, de que he adquirido de mano de Noemí todo lo que fue de Elimelec, y todo lo que fue de Quelión y de Mahlón. Y que también tomo por mi mujer a Rut la moabita, mujer de Mahlón, para restaurar el nombre del difunto sobre su heredad, para que el nombre del muerto no se borre de entre sus hermanos y de la puerta de su lugar. Vosotros sois testigos hoy. Y dijeron todos los del pueblo que estaban a la puerta con los ancianos: Testigos somos. Jehová haga a la mujer que entra en tu casa como a Raquel y a Lea, las cuales edificaron la casa de Israel; y tú seas ilustre en Efrata, y seas de renombre en Belén. Y sea tu casa como la casa de Fares, el que Tamar dio a luz a Judá, por la descendencia que de esa joven te dé Jehová” (Rut 4:1-12). Era costumbre que los ancianos dirigentes y gente importante de la ciudad se sentaban a la puerta de la misma para conversar, debatir y arreglar asuntos de importancia. El marido de la mujer virtuosa es conocido en las puertas de la ciudad, es un hombre de honor y su mujer es parte fundamental de esto. Ella ayuda a construir el testimonio de el y fortalecer su carácter.

Una mujer que maximiza el tiempo

“Hace telas, y vende, y da cintas al mercader”

Otra característica importante de esta mujer virtuosa es que aprovecha su tiempo al máximo. Ella no solo hace vestidos y ropa para ella misma y su familia, sino que también hace telas para vender y es proveedora de un mercader, es decir exporta sus creaciones hacia otros mercados y con ello gana un buen dinero, que sabemos lo usa sabiamente para la manutención de su hogar, para ahorrar para eventualidades  y para compartir con los necesitados. Una buena administración del tiempo es señal de una mente organizada y un corazón bajo control, que no es esclavo del “activismo” ni presa de la pereza y la ociosidad. Señala también una mente interesada en proporcionar lo mejor para su familia y ser una ayuda para su esposo en la economía del hogar. La Biblia nos manda a aprovechar bien el tiempo: “Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos” (Efesios 5:15-16).

 

Una mujer fuerte y confiada

“Fuerza y honor son su vestidura; y se ríe de lo por venir”

Si bien es cierto esta mujer tiene una sana autoestima e imagen de sí misma y no tiene conflictos, completos ni taras en su mente, su vestidura es más que vestidos hermosos: fuerza y honor son su vestidura, es una mujer digna, santa, con un corazón apacible, hermoso a los ojos de Dios, amable, temerosa de Dios, con un carácter calmado, no contencioso, no pleitista, que no está compitiendo con otras mujeres o con su marido, que no envidia a las demás, que no está en guerra consigo misma. Esta estabilidad de su carácter no solo le hace una mujer confiable, sino que le da una confianza única: ella se ríe de lo porvenir. No es que sea temeraria o irresponsable, sino que tiene una mente y un corazón optimista. Ella ha hecho todo lo que está de su parte: se ha preparado, ha previsto todo lo que ella ha podido para su familia, ha asegurado bendición y ganancias para su familia, es de bendición y tiene enamorado el corazón de su esposo, así que lo único que espera en el futuro son buenas cosas y bendiciones. ¿Y si no fuera así? ¿Si el futuro estuviese lleno de nubes negras e inciertas? Igual ella se ríe. ¿Por qué? Porque ella camina en honor, en integridad, es fuerte y por ello tiene confianza, no en las circunstancias, sino en Dios “porque sol y escudo es Jehová Dios; Gracia y gloria dará Jehová. No quitará el bien a los que andan en integridad” (Salmos 84:11)

 

Una mujer sabia y llena de la Palabra de Dios

“Abre su boca con sabiduría, y la ley de clemencia está en su lengua”

La confianza que esta mujer tiene proviene de lo que tiene la mente y el corazón: están llenos de la Palabra de Dios. ¿Cómo lo sabemos? Porque al abrir su boca, no lo hace para contar chismes, para murmurar de otros, para hablar mal o para esparcir maldiciones, cuentos y chismeríos, sino que abre su boca con sabiduría y la ley de clemencia, la Palabra de Dios, está en su lengua. ¿Quieres ver a una mujer sabia y llena de la Palabra de Dios en acción? Mira el ejemplo de la madre del rey Lemuel: “Palabras del rey Lemuel; la profecía con que le enseñó su madre. ¿Qué, hijo mío? ¿y qué, hijo de mi vientre? ¿Y qué, hijo de mis deseos? No des a las mujeres tu fuerza, ni tus caminos a lo que destruye a los reyes. No es de los reyes, oh Lemuel, no es de los reyes beber vino, ni de los príncipes la sidra; no sea que bebiendo olviden la ley, y perviertan el derecho de todos los afligidos. Dad la sidra al desfallecido, y el vino a los de amargado ánimo. Beban, y olvídense de su necesidad, y de su miseria no se acuerden más. Abre tu boca por el mudo en el juicio de todos los desvalidos. Abre tu boca, juzga con justicia, y defiende la causa del pobre y del menesteroso” (Proverbios 31:1-9). Considera también la poderosa influencia que tuvieron la madre y la abuela de Timoteo en este joven siervo del Señor: “Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, según la promesa de la vida que es en Cristo Jesús, a Timoteo, amado hijo: Gracia, misericordia y paz, de Dios Padre y de Jesucristo nuestro Señor. Doy gracias a Dios, al cual sirvo desde mis mayores con limpia conciencia, de que sin cesar me acuerdo de ti en mis oraciones noche y día; deseando verte, al acordarme de tus lágrimas, para llenarme de gozo;  trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también” (2 Timoteo 1:1-5). La mujer virtuosa es grande porque está llena de la Biblia y el día que deje la Palabra de Dios dejará de ser virtuosa y ser grande.

Una mujer que supervisa su hogar

“Considera los caminos de su casa”

Dado que esta mujer tiene la Palabra de Dios en su corazón, ella considera los caminos de su casa, es decir, supervisa hacia donde se dirige su hogar. ¿Están sus hijos creciendo en el temor de Dios? ¿Esta su marido siendo el sacerdote del hogar? Si bien es cierto la responsabilidad por la salud espiritual del hogar es del esposo, ella como su ayuda idónea y por estar mucho más cerca y pendiente de la vivencia diaria del hogar puede ser una gran ayuda al esposo como supervisora del hogar. Para ello, su propia salud espiritual debe ser buena, debe tener un entendimiento de quien es el responsable (el esposo) y debe tener un profundo deseo y anhelo de que su hogar entero glorifique al Señor en todo aspecto.

 

Una mujer trabajadora

“y no come el pan de balde

Por último, una mujer virtuosa es trabajadora. “No come su pan gratis” dice la Palabra de Dios, es decir, no espera que su marido trabaje solo mientras ella se echa en el sofá a ver novelas y esperar que todo lo haga la empleada o ella misma cuando ya toda la casa es un caos. Una mujer virtuosa no es una mujer perezosa, no es ociosa, no es desobligada, sino que está preocupada por el bienestar de su hogar, por su apariencia, por su salud espiritual, por su salud económica, por los ingresos, por los gastos, por la crianza de los hijos, por la salud a apariencia de su marido, por su testimonio, por su ministerio, por su servicio al Señor, de tal forma que el hogar camina bien y en bendición en gran parte por el ministerio de ella en su casa. El principal ministerio de la mujer virtuosa es su marido, sus hijos y su hogar. Allí ella debe glorificar a Dios y luego en el servicio de la iglesia del Señor.

¿Qué es lo que vemos hasta el momento?

Hemos visto 11 características que conforman el carácter de una mujer virtuosa y que nos ayudan a entender porque esta mujer es tan valiosa a los ojos de su marido y de todos los que la rodean: es esforzada, diligente, compasiva, precavida, cuida su apariencia, bendice a su marido, maximiza el tiempo, es organizada, es fuerte y confiada, tiene un corazón lleno de la Palabra de Dios, es buena administradora, es trabajadora y fuerte en todo el sentido de la palabra. Una mujer así es más valiosa que todas las joyas preciosas que se puedan encontrar.

Una mujer virtuosa es una mujer de un caracter agradable al Señor

3. El testimonio de una mujer que agrada a Dios (v. 28-31)

Se levantan sus hijos y la llaman bienaventurada; y su marido también la alaba: Muchas mujeres hicieron el bien; mas tú sobrepasas a todas. Engañosa es la gracia, y vana la hermosura; la mujer que teme a Jehová, ésa será alabada. Dadle del fruto de sus manos, y alábenla en las puertas sus hechos

En esta última sección vamos a ver que el carácter y valor de la mujer virtuosa le han ganado un testimonio poderoso ante sus hijos y su marido. Ella ha cumplido su principal ministerio satisfactoriamente y por ello es bendecida con el gozo, la admiración y el respeto de sus seres amados. Este es el legado que deja una mujer virtuosa: no la voluptuosidad de su cuerpo, no su maquillaje o su avance profesional, sino la manera como ha cuidado, criado, amado y bendecido a su marido y sus hijos.

El testimonio de sus hijos

Se levantan sus hijos y la llaman bienaventurada”

 

 Los primeros que reconocen el gran valor de esta mujer son sus hijos. Ellos, desde pequeños han sido bendecidos con esta mujer hermosa, amorosa, cuidadosa, amable, generosa y severa para enseñar, criar y corregir, como dice la Palabra de Dios: “Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor” (Efesios 6:4). Sus hijos la llaman bienaventurada, feliz, dichosa, porque ellos ven no solo las acciones de su madre, sino sus actitudes, su carácter y ven un corazón feliz, dichoso, que asume su ministerio en el hogar no como una carga, sino como un servicio digno del Señor. Muchas veces el hecho de que los jóvenes no quieren casarse y que las jóvenes señoritas no quieren casarse, formar un hogar y tener hijos es porque han visto un triste y mal ejemplo en sus propias madres o en otras hermanas casadas, las cuales se quejan constantemente del matrimonio describiéndolo como cansado, extenuante, una carga y la crianza de hijos como un peso que tienen que llevar más que una bendición para disfrutar. Muchas mujeres quieren independizarse y “hacer su vida” primero: ser profesionales, estudiar, sentirse realizadas y tal vez, antes que la menopausia llegue, casarse y tener hijos. Prefieren ser esclavas de su jefe que servir a su marido en un hogar. Lo triste es que no encontrarán gozo ni felicidad en ello, porque están dejando de lado el diseño de Dios para la mujer. ¿Con esto estamos diciendo que la mujer no debe trabajar? ¡Para nada! La mujer virtuosa es sumamente trabajadora pero eso no la exime de tener un hogar, criar hijos sino que ella es lo suficientemente fuerte para hacer todas estas cosas y ¿sabes qué? es feliz haciéndolo. Ella es bienaventurada, dichosa, feliz, está realizada porque está siguiendo el modelo de Dios para la mujer. Ella es dadora de vida y llena de vida y alegría su hogar.

 

El testimonio de su marido

“y su marido también la alaba: Muchas mujeres hicieron el bien; mas tú sobrepasas a todas”

 

Su marido también la alaba, reconociendo el enorme valor de la mujer que Dios le ha dado y dice: Muchas mujeres han hecho el bien pero su sobrepasas a todas. La LBLA dice “Muchas mujeres han obrado con nobleza, pero tú las superas a todas“. Ella es la corona de su marido, lo mejor que él tiene, ella realmente es la gloria de su esposo. A los ojos de su marido, ella supera a todas, es mejor que todas las demás mujeres y no solo son palabras, sino que es verdad. Ella ha demostrado en su carácter el tremendo valor que tiene, lo que hace que su marido este encandilado, enamorado, embobado con ella. Ya podemos imaginar la enorme sonrisa que debe tener esta mujer al verse alabada por las personas más importantes de su vida: sus hijos y su esposo. Ella ha sido fiel y obediente al llamado de Dios para la mujer y ahora cosecha las recompensas: una vida de satisfacción, de alegría, de dicha en un hogar donde la Palabra de Dios es central y donde la bendición de Dios está presente. El mandato de Dios para los esposos es que amen a sus esposas como Cristo amó a la iglesia y parte de ese amor que él debe prodigarle a su mujer es con las palabras de halago, con dulces alabanzas a su esposa por todo lo que ella hace y todo lo que ella significa para él.

 

El principio aplicado

“Engañosa es la gracia, y vana la hermosura; la mujer que teme a Jehová, ésa será alabada. Dadle del fruto de sus manos, y alábenla en las puertas sus hechos

Vemos ahora el principio de vida de la mujer virtuosa aplicado de forma general para que cualquier mujer en cualquier época de la historia pueda obedecerlo y aplicarlo a su vida: “No hagas de tu apariencia personal lo más importante, sino sobre todas las cosas desarrolla el temor a Dios“. Si, cuida tu apariencia, luce hermosa, bonita, cuida tu peso, tus vestidos, tu hablar, tu comportarte; pero sobretodo busca ser una mujer que tema al Señor de todo corazón. ¿Por qué? Porque la mujer que teme al Señor ella será alabada por sus hijos, por su marido y por todos los que la ven, porque ella cosechara el fruto de sus manos y sus propias obras darán testimonio de su gran valor y carácter. Lo mismo enseñaría siglos después el apóstol Pablo: “Las ancianas asimismo sean reverentes en su porte; no calumniadoras, no esclavas del vino, maestras del bien; que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada” (Tito 2:3-5)

¿Qué es lo que vemos hasta el momento?

Las recompensas de una mujer virtuosa es la felicidad del corazón que viene cuando ella ve a sus hijos bien cuidados, bien criados, que reconocen el valor de su madre y su felicidad. También cuando ve las alabanzas amorosas que le da su marido, a quien ella se esmera en cuidar, amar y satisfacer. La mujer virtuosa es sobre todo una mujer satisfecha, sonriente, feliz, plena, que sirve al Señor sirviendo a sus hijos y a su marido en primer lugar y a todos los que le rodean también.

Una mujer virtuosa tiene un testimonio agradable ante Dios y ante los demas

 

Conclusiones

Esta es una hermosa declaración de una mujer que teme al Señor, cuya fe en su Dios es la base y firme cimiento de su ser y que transmite esa fuerza a todas las áreas de su vida. El legado de esta mujer está en su carácter y por ello es alabada por sus hijos y su marido. No pensemos que tiene que ser casada una mujer para ser virtuosa, soltera también puede aplicar varios de estos principios y desarrollar un carácter fuerte y hermoso. Asimismo, esta enseñanza será muy útil para un varón que este en busca de una dama para que sea su esposa. Mi mejor recomendación es que busque una mujer que este camino de ser una mujer virtuosa, que busque en la dama que corteje los rasgos de carácter de la mujer virtuosa. Si no los encuentra, por más hermosa que sea esa señorita, hágase a un lado. Casarse con ella será un error pues será una mujer rencillosa, pleitista, celosa, murmuradora, chismosa. Si más bien encuentra esos rasgos de carácter, ¡no la deje ir! Son muy escasas las mujeres que desarrollan estas características así que ¡conquístela si o si! Recuerda, una mujer virtuosa es más valiosa que las joyas preciosas.

Decídase a ser una mujer virtuosa y encontrará la verdadera satisfacción de la vida. Pídale al Señor le dé el temor de Dios, la fuerza, el coraje, la determinación y la paz que emanan que un corazón así para que usted mi hermana también pueda escuchar de sus hijos y esposo algún día: ¡Muchas mujeres hicieron lo bueno, pero tú sobrepasas a todas! ¡Eres la mejor!

Oremos al Señor