Una pregunta muy importante que queremos responder en esta oportunidad es ¿Qué es lo primordial en el ministerio? ¿Qué es lo más básico que debemos hacer y considerar para que un ministerio sea exitoso a los ojos del Señor? Esto es muy importante sobre todo cuando hablamos del ministerio a los jóvenes, porque siempre existe la tentación de pensar que los jóvenes necesitan “temas especiales“, “diversión“, “buena música“, “un buen ambiente juvenil“. Vamos a ver qué es lo que la Palabra de Dios tiene que decir al respecto.

La primera predicación del apóstol Pedro a la recién nacida iglesia de Jerusalén fue usada poderosamente por Dios para la conversión de más de 3000 personas, quienes fueron bautizados y se integraron a la comunidad de los santos redimidos. Vemos en esta iglesia los rasgos de un ministerio aprobado por Dios y exitoso: una predicación bíblica, que confronta el pecado e invita a una respuesta del hombre; la admisión de los nuevos creyentes, la perseverancia en la enseñanza apostólica, la comunión de los hermanos, la oración congregacional, la unidad del pueblo de Dios, la alabanza congregacional, el buen testimonio ante los de afuera, la preocupación del uno por el otro. Vemos que estos aspectos son importantes en el ministerio al ver la respuesta del Señor: bendice y da su respaldo añadiendo cada día a la iglesia a los ordenados para salvación. Para entender mejor esto, leamos por favor el libro de los Hechos de los Apóstoles, capítulo 2, versos del 38 al 47

Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare. Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación. Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas. Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones. Y sobrevino temor a toda persona; y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles. Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno. Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos” (Hechos 2:38-47)

1. Una predicación bíblica y poderosa (v. 38-40)

Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare. Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación

  • La predicación bíblica que muestra el pecado, la muerte de Cristo, su resurrección y la confrontación.
  • Pedro exhorta: Arrepiéntanse (gr. μετανοέω) que significa un cambio de mentalidad, un cambio en el rumbo de la vida, arrepentimiento, volver del pecado hacia Dios.
  • Pedro dice ahora: sean bautizados, no como un requisito de la salvación, sino como la primera respuesta del hombre en obediencia a la salvación que han recibido. Bautizarse aquí significa la identificación con el mensaje de Pedro, la identificación con la vida, muerte y resurrección del Señor, la identificación con el pueblo de Dios, el testimonio público de la fe cristiana, el simbolismo de una nueva vida y la obediencia al mandato de Jesucristo.
  • La predicación de Pedro también involucra la promesa del perdón de pecados, la vida eterna y el don del Espíritu Santo. Esto no se refiere al “bautismo del Espíritu Santo” como muchos dicen, sino al regalo de la morada de Dios en el hombre que cree por fe en el mensaje del evangelio: “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria” (Efesios 1:13-14)
  • La predicación de Pedro también involucra la universalidad del mensaje de salvación: no es solo para judíos, para fariseos, para alguna elite social. El evangelio es para todos, para los que están cerca (judíos) para sus hijos (su descendencia), para los que están lejos (judíos en la Diáspora y gentiles). ¿Eso quiere decir que todos los hombres serán salvos? Pedro aclara: Para todos a quienes el Señor Dios llame a salvación. Le amamos a Él porque Él nos amó primero. Nadie viene al Padre sino es a través de Jesús. Nadie viene a Jesús si el Padre no le trae primero y Jesús le resucitará en el día postrero.
  • La predicación de Pedro también involucra la separación del pecado y la santidad. El que es llamado por Dios a la salvación debe alejarse del pecado. Pablo también decía: “Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo” (2 Timoteo 2:19)

La predicación bíblica, poderosa, cristo céntrica que expone la Palabra de Dios es la que Pedro y los apóstoles utilizaron y que Dios uso poderosamente para el crecimiento de su amada Iglesia. No podemos ni debemos ceder en esto porque es el medio que Dios ha establecido para que los hombres sean salvos y edificados, por medio de la exposición de su Palabra. Esto nos llama a una seria reflexión y responsabilidad sobre nuestro papel como predicadores, consejeros y maestros de la Palabra del Señor. Tengamos mucho cuidado de predicar paja, argumentos humanos, filosóficos, psicológicos, alegorías, cuentos y mitos interminables que no traen edificación que es por fe y que no honran ni dar el lugar central a nuestro Señor Jesucristo.

Una necesidad en el ministerio es la predicación poderosa, cristo céntrica y expositiva

2. Un discipulado efectivo y poderoso (v. 41-42)

Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas. Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones

  • El siguiente aspecto que debemos considerar en un ministerio exitoso y agradable a los ojos del Señor es un discipulado efectivo y poderoso.
  • ¿Por qué es importante el discipulado? Porque asegura que se prepara la siguiente generación de creyentes para continuar con la labor en la obra del Señor. Ningún creyente es indispensable o eterno, la obra debe continuar y debe ser mejor cada vez. El apóstol Pablo lo entendía claramente cuando exhortó a Timoteo: “Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros” (2 Timoteo 2:2).
  • El relato de Hechos nos dice que aquí recibieron la Palabra del Señor como 3000 personas y fueron bautizados. Ya sabemos que al hacer esto dieron testimonio de su nueva fe, de su nueva vida, de su nuevo Señor y eran admitidos como creyentes en la nueva iglesia de Jerusalén. Era un número extraordinario de personas que se añadían a la iglesia y todo un reto logístico y ministerial para los apóstoles que solo eran 12.
  • ¿Que hicieron los 3000 nuevos creyentes? Lucas nos dice que se dedicaban continuamente a las enseñanzas de los apóstoles, a la comunión, al partimiento del pan y a la oración. Sabemos que es imposible que estos 3000 se hayan puesto de acuerdo a menos que contaran con líderes que velaran por ellos y que los organizaran y dieran enseñanza y orientación, que los animaran en la comunión unos con otros, en el compartir y en los tiempos de oración en el Templo. Vemos aquí el trabajo en segundo plano organizado de los apóstoles del Señor quienes trabajaron con estos nuevos creyentes para prepararlos para su crecimiento espiritual. En este sentido, la enseñanza, la comunión, el compartir y la oración son fundamentales para el crecimiento del nuevo creyente y para el sostenimiento del antiguo creyente, pues somos animados por medio de la Palabra de Dios y el compartir y orar juntos entre hermanos. Nunca será suficiente advertencia a no despreciar el tiempo de discipulado que cada creyente debe pasar.
  • No vemos en la iglesia primitiva otro patrón, sino que vemos que “y todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo” (Hechos 5:42).
  • Otro aspecto importante es que el discipulado no significa que no se vuelve a predicar el evangelio, sino que todos, incrédulos y creyentes necesitamos ser expuestos constantemente al evangelio del Señor: “Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común. Y con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y abundante gracia era sobre todos ellos” (Hechos 4:32-33)
  • El objetivo del discipulado es la formación de nuevos hábitos espirituales en los creyentes, el conocimiento del evangelio, la edificación por medio de la Palabra de Dios, el ánimo, consejo y consuelo que encontramos al tener comunión los unos con los otros y la protección espiritual, el ánimo y las fuerzas que encontramos al orar juntos en comunión al Dios verdadero.

Otra necesidad del ministerio es el discipulado de los nuevos creyentes

3. Un ministerio vivo, influyente y poderoso (v. 43-47)

Y sobrevino temor a toda persona; y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles. Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno. Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos

  • El tercer aspecto de un ministerio exitoso es más bien la consecuencia de los otros dos: un ministerio vivo, influyente y poderoso.
  • Vemos aquí que hubieron resultados notables de esta comunidad de creyentes: el pueblo tenía un temor reverente por ellos, porque los apóstoles eran usados poderosamente por Dios. Eran usados poderosamente por Dios porque estaban enfocados en hacer lo correcto, que es predicar la Palabra de Dios y orar: “Entonces los doce convocaron a la multitud de los discípulos, y dijeron: No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas. Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo. Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra” (Hechos 6:2-4)
  • También vemos que la comunidad de creyente manifestaban características claras en su vivencia, los cuales eran: unidad de fe (“todos los que habían creído“), unidad de propósito (“estaban juntos y tenían todas las cosas en común“), interés y preocupación por las necesidades de los demás (“y vendían sus propiedades y sus bienes y lo repartían a todos según las necesidades de cada uno“), perseverancia en la enseñanza y la oración (“y perseverando unánimes cada día en el templo“), perseverancia en la comunión unos con otros (“y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón“), un estilo de vida de alabanza (“alabando a Dios“), y un testimonio influyente en medio de la sociedad donde vivían (“y teniendo favor con todo el pueblo“). En esta naciente iglesia de Jerusalén se cumplía la Palabra del Señor que decía: “Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:13-16). Aquí es fácil entender que la influencia en medio de la sociedad no se desprende de la capacidad tecnológica o de entretenimiento de la iglesia. Nunca la iglesia podrá competir en capacidad de entretener al mundo porque no es nuestro objetivo o prioridad. La relevancia de la iglesia está basada en su capacidad de reflejar los principios eternos de la Palabra de Dios que son revolucionarios en medio de una cultura hedonista, pecadora e individualista.
  • El último aspecto a considerar es la respuesta del Señor a este ministerio: “Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos“. Dios bendecía este ministerio porque El mismo lo había originado, Él lo sostenía y por ende, El proveía todo lo que necesitara para su edificación y fortalecimiento.

Un ministerio efectivo es como un faro en medio de la oscuridad

Conclusiones

  • El Señor Jesucristo dijo: “Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella” (Mateo 16:17-18). Lo más importante para entender lo esencial en el ministerio es entender que no es nuestro, es de Dios. Es Dios quien inicia el ministerio, es Dios quien llama a los hombres dotados para ejercerlo, es Dios quien llama a salvación a las personas que son expuestas a la predicación del evangelio, es Dios quien convence, quien regenera, quien transforma los corazones de piedra en corazones de carne, es Dios quien sustenta su Iglesia, quien la guarda, quien la limpia de pecado, quien ha dado su Espíritu Santo, quien guía a su Iglesia. No podemos usurpar el lugar que le corresponde al Espíritu Santo y tratar de levantar sustitutos del poderoso mover de Dios. Cuando Dios está en el asunto, cosas pasas, vidas son transformadas, hay adoración, hay vidas santificadas, hay alabanza verdadera, hay sed por la Palabra de Dios, hay predicación del evangelio, hay temor de Dios, hay un testimonio impactante en la sociedad y la Iglesia puede ser esa luz puesta en lo alto para que alumbre a toda la oscuridad alrededor.

¿Qué es lo esencial en el ministerio? Reconocer que es Dios el autor y consumador de la fe, Señor y cabeza de la Iglesia. Predicar todo el consejo de Dios, exponiendo el evangelio con poder y denuedo. Discipular a los nuevos creyentes, fundamentándolos en la verdad de Dios, en la comunión de los santos, en el servicio, en la alabanza y en la oración. Así veremos un ministerio exitoso, creciente, poderoso, edificado por Dios, quien añadirá constantemente más y más personas para que sean alimentadas y pastoreadas por tal ministerio.

Amén!