En la Escritura vemos que Dios siempre ha provisto de hombres dotados y llamados para presidir sobre su pueblo, pastorearlos, guiarlos y enseñarles la Palabra del Señor. Desde Moisés, pasando por Samuel, Esdras, etc. vemos que ha sido la voluntad del Señor proveer a su pueblo de hombres que guíen a sus hijos en la Palabra de Dios. Estos hombres deben tener cualidades muy claras de carácter que sostengan tan alto llamamiento a servir al Señor. Así pues, estas cualidades sirven como marco de referencia para que cada hombre que desea servir al Señor como ministro del evangelio se pueda medir, dado que el peso de la obra de Dios no puede recaer en hombres pecadores, habituados al pecado, orgullosos, necios, arrogantes, contenciosos, etc.; sino mas bien los ancianos de la iglesia deben reflejar el “ser” de Jesús antes que enfrascarse en el “hacer” de las actividades ministeriales.

Para ello, leamos por favor 1 Timoteo, capítulo 3, versos 1 al 7

 

1. El llamado de un obrero de Dios (v. 1)

“Palabra fiel: Si alguno anhela obispado, buena obra desea”

Este primer verso nos presenta dos asuntos que tenemos que considerar:

La palabra anciano, obispo y/o pastor no se refieren a 3 oficios diferentes dentro de la iglesia, sino al mismo oficio dado a hombres a quienes el Señor ha escogido para presidir y pastorear en su iglesia (Efesios 4:11). En el lenguaje griego estas palabras son (1) poimen, (2) presbuteros y (3) episkopos. Estas palabras consecutivamente se traducen (1) pastor, (2) anciano y (3) superintendente u obispo. La palabra poimen se encuentra dieciocho veces en el Nuevo Testamento y se traduce como pastor (relacionado al cuidado de ovejas) diecisiete veces y como pastor (referente a ser un ministro) una vez. La forma verbal de esta palabra, poimaino se encuentra once veces y se traduce pastor (cuido de ovejas). La palabra griega presbuteros se encuentra sesenta y seis veces en el Nuevo Testamento. Sesenta de estas veces se traduce como anciano o ancianos. Finalmente, la palabra griega episkopos se encuentra cinco veces en el Nuevo Testamento y se traduce como superintendente cuatro veces. La versión Reina Valera la traduce como obispo. Estas tres palabras se refieren a la misma posición en la iglesia y se usan indistintamente. Cuando el apóstol Pablo establecía iglesias, él dejaba ancianos (presbuteros) a cargo de las congregaciones locales (ver Hechos 14:23; Tito 1:5). Su responsabilidad era ejercer como superintendentes (episkopos) y pastorear (poimaino) su rebaño. Por ejemplo, en Hechos 20:17 leemos: “Desde Mileto a Éfeso, hizo llamar a los ancianos [presbuteros] de la iglesia”. ¿Y qué fue lo que Pablo dijo a estos ancianos? “mirad por vosotros y por todo el rebaño en que el espíritu Santo os ha puesto por obispos [episkopos] para apacentar [poimaino] la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre” (Hechos 20:28). Nótese que estas tres palabras griegas se pueden intercambiar. No son tres diferentes oficios. Pablo dijo a los ancianos que ellos eran obispos y tenían que actuar como pastores.

Lo segundo a considerar es que debe ser voluntario. Pablo dice “Si alguno anhela“, esto es, no todos lo hacen. Si alguno quiere servir al Señor como su siervo y obrero una buena obra desea. El apóstol Pablo promovía y animaba a quienes deseaban servir al Señor porque uno de los primeros indicadores para saber si una persona es llamada al servicio del Señor es el testimonio interno de su propio corazón. Otro indicador es el testimonio de los demás hermanos en la iglesia (Hechos 16:1-2, 1 Timoteo 4:15). Otro indicador de cuando es el tiempo de Dios para el llamado de un hombre es que Dios lo confirma por medio de su provisión para la obra que El ha llamado y por medio de hombres y mujeres a quienes Dios toca para apoyar a su siervo (1 Samuel 10:24-26, 2 Samuel 5:11-12)

Considerar 1 Pedro 5:2-4: “Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria“. El servicio como obrero del Señor debe ser voluntario, de corazón, nacido de un llamado sincero y genuino del Señor.

Un hombre llamado a servir a Dios

2. Lo necesario del carácter de un obrero de Dios (v. 2)

“Pero es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar”

Lo primero que Pablo abarca son 7 características necesarias en un obrero de Dios, cualidades de carácter que nos llevan a pensar en que un obrero del Señor debe ser una persona que se parezca al Señor Jesús y que sirva y ministre como El lo haría aquí en la tierra.

Considerar Tito 1:5-9: “Por esta causa te dejé en Creta, para que corrigieses lo deficiente, y establecieses ancianos en cada ciudad, así como yo te mandé; el que fuere irreprensible, marido de una sola mujer, y tenga hijos creyentes que no estén acusados de disolución ni de rebeldía. Porque es necesario que el obispo sea irreprensible, como administrador de Dios; no soberbio, no iracundo, no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino hospedador, amante de lo bueno, sobrio, justo, santo, dueño de sí mismo, retenedor de la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que también pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen

Las cualidades de carácter que se requieren de un obrero del Señor son: (1) que sea irreprensible, irreprochable, es decir que no pueda ser acusado de ningún pecado grave. (2), marido de una sola mujer, que no sea acusado de infidelidad o inmoralidad sexual, que tenga un testimonio de fidelidad a una sola mujer. No excluye a un obrero soltero, pero vamos a ver luego que es mejor que sea casado para que tenga la experiencia de gobernar un hogar. (3) debe ser sobrio, es decir un hombre que tenga sus emociones bajo control: “Que los ancianos sean sobrios, serios, prudentes, sanos en la fe, en el amor, en la paciencia” (Tito 2:2). (4) También deben ser prudentes. Aquí se usa la palabra griega σώφρων que nos da la idea de auto control, de una mente estable, con dominio de si misma. (5) De conducta decorosa, (gr. κόσμιος) de donde viene la palabra cosmética, también se traduce como virtuoso, no solo de convicciones buenas sino de buenas formas, maneras, trato, hablar, etc. (6) Se pide que el hombre candidato a obrero de Dios sea hospitalario, es decir que ame a las personas, que no sea egoísta y que tenga un testimonio de recibir a las personas en su casa y abrir las puertas de su vivienda para la obra de Dios. Por último (7), este hombre debe ser διδακτικός; es decir capacitado y apto para enseñar, que tenga el don de maestro y lo este desarrollando porque una de las principales labores del siervo del Señor debe ser la enseñanza de la Palabra de Dios (Hechos 6:1-4, Nehemías 8:7-8).

Un hombre que desea servir al Señor debe tener estas cualidades de carácter que deben estar presentes en su vida. Es sumamente importante tener en cuenta estos requisitos para el liderazgo cristiano porque lo que buscamos no es un gerente de una empresa, no buscamos un entrenador de un club o un coach que motive personal. No buscamos un coronel, un dictador o un caudillo, lo que la Palabra de Dios señala aquí son hombres que están caminando con Jesús y que están desarrollando su carácter a la estatura del Hijo de Dios, que manifiestan en su vida los frutos del Espíritu Santo y que tienen en el corazón la pasión y el deseo de compartir y enseñar la Palabra de Dios al pueblo de Dios. Lo que vemos aquí son hombres que aman la Palabra de Dios y que aman al pueblo de Dios. ¡Cuanto daño se hace a la iglesia cuando escogemos mal a los siervos del Señor, poniendo personas egoístas, carnales, orgullosas, necias!

Un siervo llamado a servir a los hombres

3. Los límites en el carácter de un obrero de Dios (v. 3-7)

“no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino amable, apacible, no avaro; que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?), no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. También es necesario que tenga buen testimonio de los de afuera, para que no caiga en descrédito y en lazo del diablo”

En esta última sección, el apóstol Pablo nos va a mostrar siete cualidades mas que el obrero del Señor debe presentar, pero escritas en un sentido negativo; es decir cosas que no deben estar en el carácter del siervo de Dios y que debemos tener cuidado en seguir. Estas son:

Debe ser un hombre que tenga control de sus deseos, no dado al vino porque ya sabemos que en la embriaguez hay disolución (Proverbios 20:1, 23:29-32, Efesios 5:18); mas bien debe ser un hombre lleno del Espíritu Santo: “Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo” (Hechos 6:3).

Debe ser un hombre no pendenciero, sino amable. No debe ser una persona que busque las peleas sino amable y paciente para con todos: “Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad” (2 Timoteo 2:24-25)

No debe ser contencioso, es decir tampoco debe amar los pleitos verbales, las contiendas, los debates. Debe ser una persona amante de la paz en vez de pleitista, respondón, rápido para hablar, rápido para criticar, rápido para exaltarse.

No debe ser un amante del dinero (gr. ἀφιλάργυρος). Esto no prohíbe que un creyente siervo del Señor sea prospero, pero lo que si debe tener mucho cuidado es ser una persona que ame al dinero y que se dedique solo a acumular este. El siervo del Señor ha sido llamado a la entrega de su tiempo, talento y tesoros por la obra de Dios y el amor al dinero es incompatible con este llamado: “Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores” (1 Timoteo 6:6-10)

Debe ser un hombre casado que tenga un hogar sólido y constituido, que tenga testimonio de su liderazgo en su hogar, que sea un hombre que sea cabeza de su hogar, que lo gobierne bien. Esto se demostrará en el testimonio de haber criado bien a sus hijos en el temor de Dios; por eso es preferible que un obrero de Dios sea un hombre casado que tenga algunos años de experiencia en el matrimonio y en la crianza de sus hijos para que puedan dar evidencia de su liderazgo en su hogar. La razón es lógica y simple: si no puede gobernar su propia casa, ¿como podrá cuidar la iglesia de Dios? Es interesante que el obrero de Dios debe gobernar su casa, pero debe cuidar la iglesia del Señor. La iglesia no es propiedad del pastor sino del Señor. El es solo un administrador y debe cuidar la propiedad de Dios con cuidado y esmero. Esta misma palabra se usa en la parábola del buen samaritano (Lucas 10:33-35)

Debe ser un hombre experimentado en el camino de la vida cristiana, no un neófito; es decir alguien recién convertido o que recién se ha reconciliado con el Señor. La palabra griega usada es νεόφυτος que significa “recién plantado“. Hablamos de un creyente que tenga raíces profundas en la fe cristiana, que haya vivido pruebas y la haya superado, que haya tenido tiempo para asentarse, para servir en diversas áreas, para madurar espiritualmente, para saber como relacionarse y solucionar conflictos con sus hermanos. El peligro es que si una persona muy rápido sube al liderazgo de la iglesia puede caer en el orgullo, en envanecerse y caiga así como cayó el diablo.

Por último, este hombre debe tener un buen testimonio de “los de afuera“, es decir de los incrédulos. Esto lo llamamos un liderazgo de 360°; es decir que no solo debemos tratar bien a nuestros superiores, sino debemos ser hombres capaces de tratar, aprender y servir a todos los niveles, a quienes están por encima nuestro, a nuestros colegas y a los que están mas abajo que nosotros. Mucho cuidado con creer en las “castas” en la iglesia del Señor. Mucho cuidado con menospreciar a los nuevos, a los incrédulos. Un hombre que tiene mal testimonio del mundo (por deudas, por su carácter, etc.) ha caído en el lazo (lit. trampa) del diablo y no puede ejercer el llamado pastoral por mas que tenga el llamado, porque acarrearía vergüenza al evangelio de Jesucristo y deshonra al santo nombre de Dios.

El caracter de un hombre de Dios

Conclusiones

El liderazgo de una iglesia marca el pulso de la misma y el rumbo que seguirá a lo largo de los años. Oremos al Señor para que siempre fortalezca a sus siervos que sirven como pastores y misioneros en el mundo y para que Dios levante mas obreros para que el evangelio se extienda. Si sientes el llamado de Dios a tu vida entonces debes tener en cuenta estos requisitos bíblicos, los cuales debes de cumplir si deseas ser un obrero de Dios. Hay muchos “auto proclamados” pastores pero muy pocos que realmente lo son porque son llamados de parte de Dios. Hay muchos lideres carnales, que usan el púlpito para proclamar sus propias ideas, para dañar a personas que no están de acuerdo con ellas, para enriquecerse ilícitamente, para confundir y esparcir sus falsas enseñanzas; pero lo que la Biblia nos enseña es el autentico llamado de Dios al pastorado y a la obra de Dios.

Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor, mayormente los que trabajan en predicar y enseñar” (1 Timoteo 5:17).

Amén!

Anuncios