En esta oportunidad vamos a examinar uno de los salmos más hermosos que se han registrado en la Palabra de Dios. Hablamos del salmo 37 y en este vamos a ver como Dios hace una clara diferencia entre los justos y los impíos y aunque de momento los malvados aparenten tener éxito en la vida y no recibir castigo por sus maldades, Dios les dará el castigo debido a su mal proceder. Por otro lado, el Señor no solo dará una maravillosa recompensa a los justos, sino que hoy mismo los sostiene, los guarda, encamina sus pasos y protege de todo mal. Este texto nos va a mostrar el camino de los impíos, su carácter así como su destino final. En contraste, se nos mostrará también el camino de los justos, su carácter y su destino final. Es nuestro deseo y oración que esta palabra nos motive a seguir adelante en este nuevo año que empieza sabiendo que hay recompensa para todo aquel que confía, ama, espera y obedece a Dios. Hay un destino de victoria, gloria y esperanza para todo aquel que ama al Señor y eso debe motivarnos a amarle más, a buscarle más y a servirle más. Para ello, les pido por favor que vayamos al Salmo 37:

No te impacientes a causa de los malignos, ni tengas envidia de los que hacen iniquidad. Porque como hierba serán pronto cortados, y como la hierba verde se secarán. Confía en Jehová, y haz el bien; y habitarás en la tierra, y te apacentarás de la verdad. Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón. Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y él hará. Exhibirá tu justicia como la luz, y tu derecho como el mediodía. Guarda silencio ante Jehová, y espera en él. No te alteres con motivo del que prospera en su camino, por el hombre que hace maldades. Deja la ira, y desecha el enojo; no te excites en manera alguna a hacer lo malo. Porque los malignos serán destruidos, pero los que esperan en Jehová, ellos heredarán la tierra. Pues de aquí a poco no existirá el malo; observarás su lugar, y no estará allí. Pero los mansos heredarán la tierra, y se recrearán con abundancia de paz. Maquina el impío contra el justo, y cruje contra él sus dientes; El Señor se reirá de él; porque ve que viene su día. Los impíos desenvainan espada y entesan su arco, para derribar al pobre y al menesteroso, para matar a los de recto proceder. Su espada entrará en su mismo corazón, y su arco será quebrado. Mejor es lo poco del justo, que las riquezas de muchos pecadores. Porque los brazos de los impíos serán quebrados; mas el que sostiene a los justos es Jehová. Conoce Jehová los días de los perfectos, y la heredad de ellos será para siempre. No serán avergonzados en el mal tiempo, y en los días de hambre serán saciados. Mas los impíos perecerán, y los enemigos de Jehová como la grasa de los carneros serán consumidos; se disiparán como el humo. El impío toma prestado, y no paga; mas el justo tiene misericordia, y da. Porque los benditos de él heredarán la tierra; y los malditos de él serán destruidos. Por Jehová son ordenados los pasos del hombre, y él aprueba su camino. Cuando el hombre cayere, no quedará postrado, porque Jehová sostiene su mano. Joven fui, y he envejecido, y no he visto justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan. En todo tiempo tiene misericordia, y presta; y su descendencia es para bendición. Apártate del mal, y haz el bien, y vivirás para siempre. Porque Jehová ama la rectitud, y no desampara a sus santos. Para siempre serán guardados; mas la descendencia de los impíos será destruida. Los justos heredarán la tierra, y vivirán para siempre sobre ella. La boca del justo habla sabiduría, y su lengua habla justicia. La ley de su Dios está en su corazón; por tanto, sus pies no resbalarán. Acecha el impío al justo, y procura matarlo. Jehová no lo dejará en sus manos, ni lo condenará cuando le juzgaren. Espera en Jehová, y guarda su camino, y él te exaltará para heredar la tierra; cuando sean destruidos los pecadores, lo verás. Vi yo al impío sumamente enaltecido, y que se extendía como laurel verde. Pero él pasó, y he aquí ya no estaba; lo busqué, y no fue hallado. Considera al íntegro, y mira al justo; porque hay un final dichoso para el hombre de paz. Mas los transgresores serán todos a una destruidos; la posteridad de los impíos será extinguida. Pero la salvación de los justos es de Jehová, y él es su fortaleza en el tiempo de la angustia. Jehová los ayudará y los librará; los libertará de los impíos, y los salvará, por cuanto en él esperaron

Oremos al Señor.

1. El camino del justo es uno que espera y confía en Dios (v. 1-11)

Del v. 1 al v. 11 se proclama el contraste entre el camino del impío, su terrible destino, y el mandamientos para el justo y maravillosas promesas para todo aquel que confía y espera en el Señor. La figura literaria usada preponderantemente en este salmo es el contraste, la diferenciación entre el camino del justo vs el camino del incrédulo. Asimismo hay mandatos preventivos dados al justo:

  • No te impacientes a causa de los malignos (v. 1ª)
  • No tengas envidia de los que hacen iniquidad (v. 1b)
  • No te alteres con motivo del que prospera en su camino (v. 7b)
  • No te excites en manera alguna a hacer lo malo (v. 8b)

La idea es que no sigamos el camino de los malvados, sus pensamientos, sus ideas, sus actitudes. No imitemos el camino de los malvados, no deseemos lo que ellos logran ni lo que ellos hacen. No corramos en el mismo desenfreno que ellos porque:

  • Son hombres que hacen maldades
  • Serán pronto cortados como la hierba
  • Como la hierba verde se secarán (v. 2); es decir, sus “logros” y supuestos “éxitos” son temporales y vanos.
  • Los malignos serán destruidos (v. 9)
  • De aquí a poco no existirá el malo, observaras su lugar y no estará allí (v. 10)

El Salmo 73 nos habla de este mismo conflicto: el salmista de pronto siente envidia del éxito de los impíos, de la vida despreocupada y licenciosa que llevan aquellos que no tienen temor de Dios. El peligro es que por codiciar sus ganancias, empecemos a imitar sus comportamientos pecaminosos y sus pensamientos alejados de Dios. Miremos por favor todo este salmo para entender mejor:

Ciertamente es bueno Dios para con Israel, para con los limpios de corazón. En cuanto a mí, casi se deslizaron mis pies; por poco resbalaron mis pasos. Porque tuve envidia de los arrogantes, viendo la prosperidad de los impíos. Porque no tienen congojas por su muerte, pues su vigor está entero. No pasan trabajos como los otros mortales, ni son azotados como los demás hombres. Por tanto, la soberbia los corona; se cubren de vestido de violencia. Los ojos se les saltan de gordura; logran con creces los antojos del corazón. Se mofan y hablan con maldad de hacer violencia; hablan con altanería. Ponen su boca contra el cielo, y su lengua pasea la tierra. Por eso Dios hará volver a su pueblo aquí, y aguas en abundancia serán extraídas para ellos. Y dicen: ¿Cómo sabe Dios? ¿Y hay conocimiento en el Altísimo? He aquí estos impíos, sin ser turbados del mundo, alcanzaron riquezas. Verdaderamente en vano he limpiado mi corazón, y lavado mis manos en inocencia; Pues he sido azotado todo el día, y castigado todas las mañanas. Si dijera yo: Hablaré como ellos, he aquí, a la generación de tus hijos engañaría. Cuando pensé para saber esto, fue duro trabajo para mí, Hasta que entrando en el santuario de Dios, comprendí el fin de ellos. Ciertamente los has puesto en deslizaderos; en asolamientos los harás caer. ¡Cómo han sido asolados de repente! Perecieron, se consumieron de terrores. Como sueño del que despierta, así, Señor, cuando despertares, menospreciarás su apariencia. Se llenó de amargura mi alma, y en mi corazón sentía punzadas. Tan torpe era yo, que no entendía; era como una bestia delante de ti. Con todo, yo siempre estuve contigo; me tomaste de la mano derecha. Me has guiado según tu consejo, y después me recibirás en gloria. ¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón desfallecen; mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre. Porque he aquí, los que se alejan de ti perecerán; tú destruirás a todo aquel que de ti se aparta. Pero en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien; he puesto en Jehová el Señor mi esperanza, para contar todas tus obras

Asimismo hay 5 órdenes en un aspecto positivo que se dan al creyente, al justo, para que las practique y haga y así pueda afirmar su camino. Estas son:

  1. Obedece a Dios confiando en El (v. 3). A veces la obediencia a Dios no tiene recompensa inmediata pero siempre tiene recompensa. Dice la Palabra que “habitarás la tierra y te apacentaras de la verdad”.
  2. Haz de Dios tu deleite (v. 4). Gózate en Dios, que Él sea el mayor gozo de tu vida, tu deleite. Que Dios, su Palabra, su obra sea tu mayor placer, lo que más deseas y anhelas. La recompensa es que “El concederá las peticiones de tu corazón”. Porque eso es que decimos “ama a Dios y haz lo que quieras, pero asegúrate que amas a Dios, que Él es tu deleite, que Él es lo que más deseas”; porque Dios no concede los deseos de un corazón egoísta, carnal (Santiago 4:1-4)
  3. Encomienda al Señor tu camino (v. 5). Confía en El, obedeciéndole, amándole, deleitándote en El. Y El hará, él te recompensará en público porque tú le has honrado en privado. El exhibirá tu justicia y tu derecho a plena luz, te hará brillar para que otros vean lo que Dios hace en las vidas de aquellos que confían en El.
  4. Espera pacientemente al Señor (v. 7). Guarda silencio ante el Señor y espera en El. No tengas una actitud de queja ante el Señor, porque los que esperan pacientemente cosecharan lo que sembraron. Heredaran la tierra y se recrearán todos los que son mansos de corazón: “No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa” (Hebreos 10:35-36)
  5. Deja la ira (v. 8). Desecha el enojo, la frustración. Esto implica deja de querer controlarlo todo y abandónate en las manos de Dios. Esto no quiere decir que no planifiquemos nada. Planifica como si todo dependiera de ti, pero confía como si todo dependiera de Dios. Comprende que a veces los caminos del Señor son diferentes a los nuestros o a lo que hemos planeado, pero son mejores.

Se trata de dejar de hacer lo malo, no caminar junto con los malvados y deleitarnos en Dios, planificando, obrando y esperando en el Señor, que tiene preciosas promesas para nosotros, con un corazón manso, confiado en Dios. Veamos el ejemplo del hombre justo de Salmos 1:

Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado; Sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará. No así los malos, que son como el tamo que arrebata el viento. Por tanto, no se levantarán los malos en el juicio, ni los pecadores en la congregación de los justos. Porque Jehová conoce el camino de los justos; mas la senda de los malos perecerá” (Salmo 1:1-6)

Deleitate en el Señor y El concederá las peticiones de tu corazón

2. El carácter del justo es uno generoso y misericordioso (v. 12-26)

Del v. 12 al 26 vemos el contraste en el carácter del impío que es violento y codicioso, frente al carácter pacifico, misericordioso, generoso del justo, quien además es sostenido, guiado y prosperado por Dios. Se mencionan algunos aspectos del carácter de los impíos, los cuales procederemos a detallar:

  • Los pensamientos del impío tienden a la maldad (v. 12). Dice la Biblia “maquina el impío contra el justo y cruje contra el sus dientes”; pero “El Señor se reirá de él (del impío) porque ve que viene su día” (v. 13). Desde los tiempos de Caín y Abel, el impío siempre persigue al justo, porque las tinieblas no tienen comunión con la luz y porque la luz denuncia a las tinieblas. El justo muchas veces será perseguido pero veremos que Dios le sostiene y que el malvado no quedará sin castigo porque nuestro Señor es el Juez justo de toda la tierra.
  • Los impíos son violentos y causan estragos (v. 14). La Escritura dice “los impíos desenvainan espada y entesan su arco para derribar al pobre y menesteroso, para matar a los de recto proceder”; pero Dios da el castigo, hace justicia, de tal forma que “su espada entrará en su mismo corazón y su arco será quebrado”, lo cual es un signo de derrota total. Miremos el ejemplo de Amán el malvado que quiso destruir a los judíos: “Entró, pues, Amán, y el rey le dijo: ¿Qué se hará al hombre cuya honra desea el rey? Y dijo Amán en su corazón: ¿A quién deseará el rey honrar más que a mí? Y respondió Amán al rey: Para el varón cuya honra desea el rey, traigan el vestido real de que el rey se viste, y el caballo en que el rey cabalga, y la corona real que está puesta en su cabeza; y den el vestido y el caballo en mano de alguno de los príncipes más nobles del rey, y vistan a aquel varón cuya honra desea el rey, y llévenlo en el caballo por la plaza de la ciudad, y pregonen delante de él: Así se hará al varón cuya honra desea el rey. Entonces el rey dijo a Amán: Date prisa, toma el vestido y el caballo, como tú has dicho, y hazlo así con el judío Mardoqueo, que se sienta a la puerta real; no omitas nada de todo lo que has dicho. Y Amán tomó el vestido y el caballo, y vistió a Mardoqueo, y lo condujo a caballo por la plaza de la ciudad, e hizo pregonar delante de él: Así se hará al varón cuya honra desea el rey. Después de esto Mardoqueo volvió a la puerta real, y Amán se dio prisa para irse a su casa, apesadumbrado y cubierta su cabeza. Contó luego Amán a Zeres su mujer y a todos sus amigos, todo lo que le había acontecido. Entonces le dijeron sus sabios, y Zeres su mujer: Si de la descendencia de los judíos es ese Mardoqueo delante de quien has comenzado a caer, no lo vencerás, sino que caerás por cierto delante de él” (Ester 6:6-13). Y sabemos que al final, Amán fue ahorcado en la misma horca que el había preparado para ahorcar al judío Mardoqueo. Asimismo, el salmista añade: “porque mejor es lo poco del justo que las riquezas de muchos pecadores, porque los brazos de los impíos serán quebrados” (v. 16-17). El impío podrá exhibir poder temporal, pero será quebrantado completamente delante del Señor de toda la tierra y la sangre de los justos será vengada de la mano del Señor.
  • Los impíos tienen como camino la muerte (v. 17b-20). El verso 20 dice “los impíos perecerán”. Una frase muy corta pero muy profunda porque los impíos viven separados de Dios y en su muerte seguirán separados de Dios. Nunca conocerán la paz, el gozo, la alegría, la salvación, la verdadera esperanza. Viven toda su vida en violencia, en pleitos, envidias, malicia, tristeza, ira, rabia y al morir no descansarán sino que vivirán eternamente separados de la presencia de Dios en el infierno. Por el contrario, la Biblia proclama que “el que sostiene a los justos es Jehová” (v. 17b). También se nos dice que “Jehová conoce los días de los perfectos” (v. 18a). Esto implica que Dios tiene una relación íntima, personal, profunda con los justos, y los sostiene y guarda en todo tiempo. Por ello “la heredad de los justos será para siempre” (v. 18b) y “no serán avergonzados en el mal tiempo y en los días de hambre serán saciados” (v. 19). Mientras que el camino del impío es terrible, el camino del justo esta marcado por la misericordia de Dios, quien le sostiene y le guarda en todo aspecto: “Los que confían en Jehová son como el monte de Sion, que no se mueve, sino que permanece para siempre. Como Jerusalén tiene montes alrededor de ella, así Jehová está alrededor de su pueblo desde ahora y para siempre. Porque no reposará la vara de la impiedad sobre la heredad de los justos; no sea que extiendan los justos sus manos a la iniquidad. Haz bien, oh Jehová, a los buenos, y a los que son rectos en su corazón. Mas a los que se apartan tras sus perversidades, Jehová los llevará con los que hacen iniquidad; paz sea sobre Israel” (Salmo 125:1-5)
  • o El impío es codicioso y engañador (v. 21). A diferencia del impío que pide prestado y no paga, el justo “tiene misericordia y da” (v. 21b). El carácter del justo es generoso y misericordioso como su Padre Celestial. La Biblia añade “los benditos de Jehová heredarán la tierra y los malditos de él (del Señor) serán destruidos”. Aunque a muchos les parezca poca cosa, algo tan simple como la generosidad es una de las mayores marcas de un nacido de nuevo. El egoísmo no debe ser parte del estilo de vida de un creyente.

El salmista añade: “Por Jehová son ordenados los pasos del hombre y El aprueba su camino. Cuando el hombre (el justo) cayere no quedará postrado porque Jehová sostiene su mano” (v. 23-24). Esto nos hace recordar que si bien es cierto el camino del justo no es perfecto ni esta libre de caídas, lo que se nos asegura es que Dios tiene cuidado del camino del justo, ordena sus pasos, aprueba su caminar y le levanta cuando cayese y le sostiene en todo momento: “Oh impío, no aceches la tienda del justo, no saquees su cámara; porque siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse; mas los impíos caerán en el mal” (Proverbios 24:15-16). También la Biblia dice: “Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará; no dejará para siempre caído al justo. Mas tú, oh Dios, harás descender aquéllos al pozo de perdición. Los hombres sanguinarios y engañadores no llegarán a la mitad de sus días; pero yo en ti confiaré” (Salmo 55:22-23).

Por último, David interviene en el salmo y da un precioso testimonio de vida: El mismo ha visto en su propia vida que el justo recibe bendición y es cuidado por Dios, puede caer, pero Dios le levanta una y otra vez: “Joven fui y he envejecido y no he visto justo desamparado ni su descendencia que mendigue pan. En todo tiempo tiene misericordia y presta y su descendencia es para bendición” (v. 25-26). Para nada David fue un hombre perfecto, pero era un hombre justo que confiaba en un Dios perfecto y ese Dios maravilloso lo cuidó, lo sustentó, lo levantó en sus caídas, lo guardó y lo preservó para su gloria. David fue probado pero jamás fue derrotado ni estuvo en el camino de los impíos ni fue destruido. Su camino era otro, el de la justicia, el de la santidad, el del conocimiento de Dios. Por eso David pudo cantar el siguiente salmo que quiero compartir con ustedes:

El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; mi Dios, en quien confiaré. El te librará del lazo del cazador, de la peste destructora. Con sus plumas te cubrirá, y debajo de sus alas estarás seguro; escudo y adarga es su verdad. No temerás el terror nocturno, ni saeta que vuele de día, Ni pestilencia que ande en oscuridad, ni mortandad que en medio del día destruya. Caerán a tu lado mil, y diez mil a tu diestra; mas a ti no llegará. Ciertamente con tus ojos mirarás y verás la recompensa de los impíos. Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza, al Altísimo por tu habitación, No te sobrevendrá mal, ni plaga tocará tu morada” (Salmo 91:1-10)

Viviendo bajo la gracia de Dios

3. El destino del justo es uno de victoria y gloria (v. 27-40)

Los v. 27 al 40 nos hablan del maravilloso destino de gloria y victoria que espera a los justos que confían en Dios. Hay una recompensa y un final de paz y dicha para todo aquel que confía en el Señor; así como hay un camino de desgracia y perdición para todo aquel que desobedece y rechace al Señor. El salmista nos da una serie de mandamientos adicionales que nos servirán para comprender la recompensa, el destino final de gloria que les espera a todos los justos que confían en Dios:

  • Apártate del mal y haz el bien (v. 27-29). Porque el Señor ama la rectitud, la santidad, la obediencia. Porque obedecer a Dios es sinónimo de que amamos a Dios. Porque obedecer a Dios es lo mejor que podemos hacer. Porque la promesa es esta: vivirás para siempre”, para siempre serán guardados (los justos)” (v. 28), Jehová no desampara a sus santos”, Los justos heredarán la tierra y vivirán para siempre sobre ella” (v. 29); por el contrario “la descendencia de los impíos será destruida”.
  • Guarda la Palabra de Dios en tu corazón (v. 30-33). Porque el justo tiene la Palabra de Dios en su corazón, su boca habla sabiduría y su lengua habla justicia. Por ello, sus pies no resbalarán (v. 31) y aunque el malo aceche para matarlo (v. 32), el Señor le guardará y no le condenará cuando le juzguen (v. 33). El Salmo 119 dice: “Bienaventurados los perfectos de camino, los que andan en la ley de Jehová. Bienaventurados los que guardan sus testimonios, y con todo el corazón le buscan; pues no hacen iniquidad los que andan en sus caminos. Tú encargaste que sean muy guardados tus mandamientos. ¡Ojalá fuesen ordenados mis caminos para guardar tus estatutos! Entonces no sería yo avergonzado, cuando atendiese a todos tus mandamientos” (Salmo 119:1-6)
  • Espera en Jehová y guarda su camino (v. 34-36). La recompensa de la diligente espera en Dios es que el “te exaltará para heredar la tierra; cuando sean destruidos los pecadores lo verás” (v. 35). Es segura la destrucción de los perversos y los justos serán testigos del justo juicio de Dios sobre la maldad del hombre. Asimismo David testifica que “Vi yo al impío sumamente enaltecido y que se extendía como laurel verde; pero el pasó y he aquí ya no estaba, lo busqué y no fue hallado” (v. 36). La Palabra nos declara que el que obedece a Dios permanece para siempre: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1 Juan 2:15-17).
  • Considera que hay un final dichoso para el justo (v. 37-40). A modo de conclusión, David proclama “Considera al integro y mira al justo, porque hay un final dichoso para el hombre de paz” (v. 37). Mientras que los íntegros tienen un final feliz, “los transgresores a una serán destruidos (no desaparecidos, pero si destruidos en el sentido de echados fuera de la presencia de Dios), la posteridad de los impíos será extinguida” (v. 38). Pensemos un momento en los hombres de Dios, justos, que experimentaron grandes pruebas pero fueron maravillosamente recompensados por Dios:

Y quitó Jehová la aflicción de Job, cuando él hubo orado por sus amigos; y aumentó al doble todas las cosas que habían sido de Job. Y vinieron a él todos sus hermanos y todas sus hermanas, y todos los que antes le habían conocido, y comieron con él pan en su casa, y se condolieron de él, y le consolaron de todo aquel mal que Jehová había traído sobre él; y cada uno de ellos le dio una pieza de dinero y un anillo de oro. Y bendijo Jehová el postrer estado de Job más que el primero; porque tuvo catorce mil ovejas, seis mil camellos, mil yuntas de bueyes y mil asnas, y tuvo siete hijos y tres hijas. Llamó el nombre de la primera, Jemima, el de la segunda, Cesia, y el de la tercera, Keren-hapuc. Y no había mujeres tan hermosas como las hijas de Job en toda la tierra; y les dio su padre herencia entre sus hermanos. Después de esto vivió Job ciento cuarenta años, y vio a sus hijos, y a los hijos de sus hijos, hasta la cuarta generación. Y murió Job viejo y lleno de días” (Job 42:10-17)

Era Moisés de edad de ciento veinte años cuando murió; sus ojos nunca se oscurecieron, ni perdió su vigor. Y lloraron los hijos de Israel a Moisés en los campos de Moab treinta días; y así se cumplieron los días del lloro y del luto de Moisés. Y Josué hijo de Nun fue lleno del espíritu de sabiduría, porque Moisés había puesto sus manos sobre él; y los hijos de Israel le obedecieron, e hicieron como Jehová mandó a Moisés. Y nunca más se levantó profeta en Israel como Moisés, a quien haya conocido Jehová cara a cara; nadie como él en todas las señales y prodigios que Jehová le envió a hacer en tierra de Egipto, a Faraón y a todos sus siervos y a toda su tierra, y en el gran poder y en los hechos grandiosos y terribles que Moisés hizo a la vista de todo Israel” (Deuteronomio 34:7-12)

Podríamos pensar en Jacob, al final de sus días, adorando a Dios y rodeado de sus hijos, en David, dejando un reino estable y en tantos y tantos hombres y mujeres que murieron y vieron dicha al final de sus días. El escritor de Hebreos lo dice así:

¿Y qué más digo? Porque el tiempo me faltaría contando de Gedeón, de Barac, de Sansón, de Jefté, de David, así como de Samuel y de los profetas; que por fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros. Las mujeres recibieron sus muertos mediante resurrección; mas otros fueron atormentados, no aceptando el rescate, a fin de obtener mejor resurrección. Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles. Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados; de los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra. Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido; proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros” (Hebreos 11:32-40)

La Biblia termina este salmo diciendo: “Pero la salvación de los justos es de Jehová y El es su fortaleza en el tiempo de la angustia, Jehová los ayudará y los librará, los libertará de los impíos y los salvará; por cuanto en El esperaron” (v. 39-40). En todo tiempo pero sobretodo en estos tiempos finales, el mundo va de aquí para allá, los impíos van entenebreciéndose cada vez mas en sus pensamientos y la vida es dura para todos; pero la promesa inconmovible de las Sagradas Escrituras es que pase lo que pase Jehová sostendrá a sus hijos. El los salvará, los librará de todo mal, los guardará y los levantará porque ellos esperaron en Dios y todo aquel que espera y confía en Dios jamás será avergonzado.

Hay un final dichoso para todo aquel que ama a Dios

4. Conclusiones

Que maravillosa promesa para todos los que esperan y confían en Dios: Él nunca nos defrauda, Él nunca nos falla, Él nos sostiene y ha prometido un destino de paz y dichoso para todo aquel que pone su esperanza en el Altísimo: Alzaré mis ojos a los montes; ¿de dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene del Señor, que hizo los cielos y la tierra. Muchos confían en sus propias fuerzas, pero nosotros, en el Señor nuestro Dios confiamos porque Él es nuestra fortaleza, nuestra esperanza y nuestra salvación. Por eso nos gozamos y cantamos Aleluya! Gloria a nuestro Dios que vive y reina para siempre!

Oremos al Señor

Amén!

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