En esta oportunidad vamos a meditar en la dinámica de interrelación que debemos tener los creyentes. Considero que es necesario porque últimamente muchos creyentes tienen una visión distorsionada del evangelio y de su vida personal, en el sentido de que piensan que pueden llevar una vida cristiana que agrade a Dios independientemente de la comunión con los demás hermanos y aislados de una verdadera unidad con una iglesia local. Hoy por hoy, muchos creyentes se conforman con ir a un par de reuniones de la iglesia por semana, sin interrelacionarse con los demás hermanos, sin comprometerse en un ministerio, sin pasar tiempo con los hermanos, sin conocerlos, sin dejarse conocer. Quien piense que así puede agradar a Dios está completamente equivocado. Hoy quiero meditar en una frase en español que se repite varias veces en el Nuevo Testamento y que realmente es una sola palabra en el griego. Me refiero al vocablo ἀλλήλων (allḗlōn), que es traducido como “los unos a los otros” o “unos a otros”. ¿Por qué enfocarme en un simple pronombre? Porque este pronombre contiene en sí mismo la dinámica de interrelación que debe haber entre los creyentes. Quiero meditar con ustedes, hoy y si Dios lo permite la próxima semana, acerca de 18 versos en el Nuevo Testamento que usan este pronombre y que nos dan una hermosa visión de lo que la comunión entre los creyentes debería ser.

Los creyentes juntos en armonía

Es mi deseo y oración que abandonemos la religiosidad, la cucufatería y empecemos a vivir una real vida cristiana, que agrade a Dios y que refleje el amor del Señor al mundo incrédulo que nos rodea.

  • Los creyentes debemos servir a Dios sirviéndonos los unos a los otros: “Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros” (Juan 13:14). El Señor Jesus dio un hermoso ejemplo de servicio humilde al lavar los pies de sus discípulos, labor que normalmente la realizaban los esclavos en un hogar y que por lo que se ve en el contexto del pasaje, ningún discípulo estaba dispuesto a lavar los pies de los demás. El Señor lo hizo y dio el mandamiento de que los discípulos debemos lavarnos los pies los unos a los otros, en humildad, en amor y con la certeza de que servir no es una labor humillante, sino es un privilegio dado por Dios para parecernos más a Él.

  • Los creyentes somos miembros del cuerpo de Cristo y estamos unidos espiritualmente: “así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros” (Romanos 12:5). Una de las verdades más maravillosas de las Escrituras es que los creyentes, la iglesia de Cristo, somos el cuerpo de Cristo y miembros cada uno en particular (1 Corintios 12:27). Adicionalmente, aquí Pablo también nos dice que no solamente somos miembros del cuerpo de Cristo, sino que estos miembros estamos relacionados los unos a los otros, somos miembros los unos de los otros. Esta unión espiritual se debe evidenciar en la vida práctica. Hermanos, nos necesitamos, somos parte del mismo cuerpo, si uno se goza, todos nos gozamos. Si uno sufre, todos padecemos. Si uno peca, todo el cuerpo se resiente. Si uno crece y empieza a usar sus dones para la gloria de Dios, todos somos bendecidos. Si te aíslas, no congregas y no haces una vida de iglesia, todo el cuerpo de Cristo es perjudicado. Una de las implicaciones del hecho de que somos miembros los unos de los otros es que no debemos dividirnos, ni separarnos, ni engañarnos como enseña la Palabra de Dios: “Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros” (Efesios 4:25).

  • Los creyentes deben relacionarse en amor siempre:Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros” (Romanos 12:10). El Señor Jesus dijo: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Juan 13:35). Esto quiere decir que el impacto de la iglesia en la sociedad se encuentra directamente relacionado con la medida de nuestro amor los unos por los otros. Mientras no maduremos a una relación sana, amorosa, sincera y espiritual entre creyentes, nuestro testimonio ante el mundo jamás tendrá la fuerza que debería tener. Anhelamos ser una gran familia en Misión 30+ y en las células también, un lugar donde la gente pueda sentirse amada, aceptada, querida y honrada. Nunca queremos menospreciar a nadie por ninguna razón, sino que consideramos a los demás antes que a nosotros por amor a Dios, quien no se prefirió a sí mismo, sino que se entregó por cada uno de nosotros: “Por tanto, si hay alguna consolación en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algún afecto entrañable, si alguna misericordia, completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa. Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filipenses 2:1-8)


  • Los creyentes no debemos condenarnos ni ser de tropiezo para otros: “Así que, ya no nos juzguemos más los unos a los otros, sino más bien decidid no poner tropiezo u ocasión de caer al hermano” (Romanos 14:13). La idea aquí no es que los creyentes no debemos ejercer el discernimiento o el juicio para poder separar lo bueno de lo malo o incluso exhortar al hermano(a) que está haciendo mal; sino que la idea aquí es que no emitamos juicio de condenación sobre los demás hermanos, ni seamos tropiezo para la fe de los demás. Pablo enseñaba: “No seáis tropiezo ni a judíos, ni a gentiles, ni a la iglesia de Dios” (1 Corintios 10:32) y esto demanda que seamos sabios en nuestro comportamiento, prudentes en nuestro hablar, juiciosos al momento de decidir porque nuestras decisiones no solo nos afectan a nosotros, sino afectan a los que nos rodean, nuestras familias, nuestro ministerio, nuestro testimonio, etc.

Los creyentes nos necesitamos los unos a los otros

  • Los creyentes debemos tratarnos con gracia y misericordia: “Por tanto, recibíos los unos a los otros, como también Cristo nos recibió, para gloria de Dios” (Romanos 15:7). Dado que Cristo nos recibió siendo enemigos de Dios, muertos en nuestros delitos y pecados, aborrecedores del Señor, completamente inútiles para las cosas de Dios, nosotros también debemos actuar con esa gracia y favor para con los demás. Cristo nos recibió, nos adoptó hijos suyos, nos transformó, nos salvó, nos redimió; por lo tanto, la gracia debe ser parte de nuestras relaciones al tratar con personas que definitivamente no merecen nada pero que por amor a Dios debemos recibir. Mi sueño es que tanto Misión 30+ como las células sean como un “oasis de amor”, un lugar donde la gente puede sentirse amada, aceptada, recibida, no juzgada, sino que es un lugar donde las personas pueden ser recibidas y expuestas a la Palabra de Dios que es quien transforma a las personas. Nosotros nos debemos tener la fijación pecaminosa de querer cambiar a las personas, es Dios quien cambia a las personas. Nuestra labor es recibir a las personas, orar por ellas y predicarles la Palabra de Dios.

  • Los creyentes debemos aconsejarnos bíblicamente:Pero estoy seguro de vosotros, hermanos míos, de que vosotros mismos estáis llenos de bondad, llenos de todo conocimiento, de tal manera que podéis amonestaros los unos a los otros” (Romanos 15:14). El significado de la palabra traducida por “amonestar” tiene un amplio significado: aconsejar, exhortar, enseñar, guiar, advertir, amonestar. La Biblia enseña que cada creyente debe estar lleno del Espíritu Santo y de la Palabra de Dios y con eso está completamente capacitado para enseñar, aconsejar y amonestar a otro. La triste verdad es que muchos creyentes dan más problemas y cargas que soluciones. Muchos creyentes se han acostumbrado a ser “bebes espirituales” que requieren que los llamen, los visiten, les hablen, les animen y les digan lo que hace muchos años ellos mismos ya saben que deben hacer. Ser un bebe espiritual es normal en el proceso de la vida del creyente pero es un tiempo que debe pasar, para dar lugar a la madurez espiritual. El creyente debe ser fructífero para el Señor, siendo de testimonio y activo en cuanto al ministerio de aconsejar, enseñar, exhortar a otros. Las células son el lugar perfecto para desarrollar tan precioso ministerio de amonestación los unos a los otros.

  • Los creyentes debemos establecer relaciones de amistad con los demás creyentes: “Saludaos los unos a los otros con ósculo santo. Os saludan todas las iglesias de Cristo” (Romanos 16:16). Así también vemos en la epístola a los corintios: “Os saludan todos los hermanos. Saludaos los unos a los otros con ósculo santo” (1 Corintios 16:20). Por último, el apóstol Pedro también enseña: “Saludaos unos a otros con ósculo de amor. Paz sea con todos vosotros los que estáis en Jesucristo. Amén” (1 Pedro 5:14). El “ósculo santo” o “ósculo de amor” era una práctica de la iglesia del Nuevo Testamento, un saludo basado en besos en la mejilla que todos los creyentes se daban como muestra de cariño, afecto, amor. El equivalente en nuestra sociedad sería un abrazo, un apretón de manos, etc. La idea no es tanto el gesto, sino lo que representa: la armonía, el amor, el aprecio, el afecto fraternal, la comunión en santidad y amor que debemos tener los creyentes entre nosotros.

Unidad y armonía entre los creyentes

Dios mediante, la próxima semana continuaremos con un grupo de versos más que también nos hablan y enseñan acerca de la dinámica de la vida cristiana “los unos a los otros”. Hermanos, los creyentes no debemos ser “llaneros o lobos solitarios”, alejados de los hermanos, distanciados de la vida de la iglesia. Por más imperfecta que sea la iglesia, por más pecados y fallas que esta tenga, es la iglesia por la cual Cristo Jesus dio su vida, es lo que Dios ama y nosotros tenemos que amar lo que Dios ama. Dicen por allí que si la ofensa que te hizo en algún momento algún hermano en la iglesia hace que te apartes de Dios, eso solo muestra que tu fe no estaba basada en Dios, sino en los hermanos.

Te animo a que te comprometas a vivir una vida interrelacionada con los hermanos, en armonía, en comunión, en amor, juntos trabajando como la familia de Dios que somos, esforzándonos por cumplir el Gran Mandamiento y la Gran Comisión: Amar a Dios con todo nuestro corazón y predicar de su Hijo a toda criatura. Y para estas dos cosas, nos necesitamos los unos a los otros. Necesito la oración intercesora de mis hermanos, sus consejos, sus exhortaciones, sus palabras de ánimo, sus enseñanzas, su ejemplo para yo poder crecer espiritualmente. Además, ¿Cómo puedo amar a Dios a quien no he visto si no amo a mis hermanos a quienes sí puedo ver? Asimismo, no puedo predicar al mundo siendo un reflejo del amor redentor de Dios si no tengo una vida de comunión con los hermanos, sino reflejo el evangelio en mis relaciones con los demás.

Que Dios nos ayude y espero que tengan un excelente tiempo en la célula y en la iglesia local.

Oremos al Señor.

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