El pecado corrompe y degenera nuestra relación con Dios. Nos llena de tristeza, nos roba el gozo y nos sume en la desesperación y angustia. Sin embargo, hay esperanza en Dios que perdona nuestros pecados cuando clamamos a El con sinceridad y humildad de corazón. Entonces, Dios nos restaura nuestra comunión con El, nos limpia y habilita para volver a vivir una vida de gozo, perdón, paz, victoria, poder y alabanza al Señor. Hoy queremos estudiar el Salmo 51, el famoso salmo de arrepentimiento del rey David para poder considerar que hacemos cuando hemos caído en pecado.

1. Una necesaria introducción

2 Samuel 11:1 – 12:25 nos narra la historia de David y Betsabé, como adulteran y pecan contra Dios. David añade a este pecado uno mas: el homicidio del esposo de Betsabé, para quedarse con ella. Dios confronta a David con el profeta Natán y le disciplina dándole muerte al hijo de esta relación adultera; sin embargo, no quita la vida a David y permite que el segundo hijo de ambos: Salomón, sea el próximo rey de Israel. Es en este contexto del descubrimiento del pecado de David y de su confrontación, que éste rey escribe el Salmo 51 como un canto de sincero arrepentimiento y confesión de su pecado a Dios. A diferencia de Saúl, David si se humilló profundamente ante Dios cuando fue confrontado por su pecado, reconociendo claramente su maldad y en 4 oportunidades clama a Dios en medio de este salmo.

Este salmo 51 debe leerse en conjunción con el salmo 32 para entender mejor la salida que nos da la Palabra de Dios para los casos de pecado en nosotros los creyentes. No es la voluntad de Dios que vivamos en pecado, no arrepentido ni confesado; ni que vivamos avergonzados siempre por las consecuencias de nuestros pecados. Es mi deseo y oración que este pequeño estudio de la Palabra de Dios sea de ánimo y edificación a tu vida. Si has caído en pecado y no sabes que hacer, mira a David, el también cayó y por la gracia de Dios se levantó para la gloria del Dios misericordioso y santo.

2. David clama por el perdón de Dios (v. 1-6)

“Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está siempre delante de mí. Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos; para que seas reconocido justo en tu palabra, y tenido por puro en tu juicio. He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre. He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría”

David empieza con un clamor «¡Ten piedad de mi oh Dios!”, apelando a la misericordia y a la piedad de Dios. El pide que sus rebeliones, su maldad y su pecado sean borrados, lavados y limpiados; es decir, una limpieza total de su vida. David confiesa su pecado: «Yo reconozco mis rebeliones«, «Yo solo he pecado contra ti«, «he hecho lo malo delante de tus ojos«, no lo oculta, ni lo justifica, sincerándose con el Señor y siendo totalmente transparente. Reconoce que no puede hacer nada para ocultar, borrar, olvidar e ignorar su pecado «mi pecado esta siempre delante de mi». Solo la confesión y el arrepentimiento pueden quitar el pecado que obstaculiza y corta nuestra comunión con Dios y nos llena de angustia, tristeza y vergüenza.

Dios es justo en su Palabra y puro en su juicio. El no ha pecado, David si. Dios no se alejó de David, David se alejó de Dios. Éste confiesa que su naturaleza pecaminosa tiene parte en ello, pero no lo usa como justificación de su pecado, solo reconoce que todo su ser es pecador.  David peca porque es un pecador y porque tiene necesidad de Dios. Aún así, Dios ama la verdad en lo íntimo y en lo secreto le ha hecho entender a David. Dios le había mostrado su pecado, le había confrontado con su pecado, le había dado sabiduría para comprender a donde había caído, cuanto se había apartado de Dios. El que alguna vez fue el dulce cantor de Israel, que alejaba demonios con el dulce tocar de su arpa, que calmaba a Saúl con su adoración, que vencía al oso y al león con sus manos, que derrotó a Goliat con el poder del Espíritu Santo, que hacía grandezas, que hacía proezas, que mataba a sus diez miles, que iba delante del pueblo de Dios, que danzaba alegremente, que danzaba con todas sus fuerzas delante de Jehová ahora estaba adolorido, dolido, encerrado, desesperado, sucio, indigno, callado, triste, enojado, frustrado, derrotado. ¡Cuando se había alejado David! Y todo era por causa de su pecado.

No podemos ni debemos menospreciar el terrible poder destructivo que tiene el pecado para corromper lo que toca. El gran Rey David ahora era un hombre quebrado, adolorido, como muchos de nosotros cuando hemos pecado y nos quedamos en esa condición, sin arrepentirnos de corazón. Mira lo que dice la Palabra del Señor:

Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño. Mientras callé, se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día. Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; se volvió mi verdor en sequedades de verano. Selah. Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; y tú perdonaste la maldad de mi pecado. Selah” (Salmos 32:1-5)

3. David clama por la restauración de Dios (v. 7-12)

Purifícame con hisopo, y seré limpio; lávame, y seré más blanco que la nieve. Hazme oír gozo y alegría, y se recrearán los huesos que has abatido. Esconde tu rostro de mis pecados, y borra todas mis maldades. Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me eches de delante de ti, y no quites de mí tu santo Espíritu. Vuélveme el gozo de tu salvación, y espíritu noble me sustente

Lo segundo que vemos aquí es que David conoce a Dios, sabe que Dios perdona al que se acerca a El con humildad. Por eso ahora, pide a Dios que no solo le perdone, limpie y borre sus pecados, sino que le restaure a una comunión con El. El pedido de David apela a cada área de la vida que el pecado destruye:

  • Su vida espiritual – David necesitaba ser purificado y lavado para ser limpio. El pecado contamina nuestra mente y alma, pervierte nuestros pensamientos y corazón.
  • Su vida anímica  – Sus huesos abatidos se recrearían con gozo y alegría. El pecado aun nos desanima tanto que nuestro semblante cambia, ya no sonreímos, ya no hay gozo, no hay paz, no hay alegría.
  • Su conducta – David pide a Dios que borre sus maldades
  • Su corazón y espíritu – David vuelve a clamar: «Crea en mi oh Dios un corazón limpio, no este corazón sucio, pervertido, degenerado, dolido y corrompido«. «Renueva un espíritu recto dentro de mi«. Lo que David esta pidiendo es que Dios haga una obra sobrenatural y rompa las cadenas del pecado que le ataban, le debilitaban y le corrompían los pensamientos, los sentimientos, las emociones. El pecado destruye todo lo que toca y nos aleja de Dios, nos vuelve duros, insensibles a las cosas de Dios, cínicos, mentirosos, relajados, hipócritas, endurecidos, sin sentimientos e inconmovibles a las cosas espirituales.
  • Su comunión con Dios – David clama por no ser apartado de Dios ni que se le quite el Espíritu Santo. El pecado nos corta nuestra comunión con Dios. David necesitaba la comunión con Dios para mantenerse vivo espiritualmente
  • Su gozo – David pide que Dios le devuelva el gozo de la salvación y ser sostenido y sustentado por espíritu noble. El gozo que daba fuerza a David para ir delante de cualquier circunstancia era ahora lo que faltaba a David para poder pararse delante de Dios y del mundo. ¿Por que ya no puedes hacerle frente al mundo? Porque dejaste de pararte delante de Dios en oración, en pureza, en santidad. ¿Por que ya no hay gozo en tu vida? Porque el pecado te lo ha robado, porque solo te ha dejado desesperación, envidia, odio, ira, frustración, cansancio, dolor, egoísmo, soledad, etc.

4. David clama por no recaer ni ser despreciado por Dios (v. 13-19)

Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos, y los pecadores se convertirán a ti. Líbrame de homicidios, oh Dios, Dios de mi salvación; cantará mi lengua tu justicia. Señor, abre mis labios,
y publicará mi boca tu alabanza.
Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría; no quieres holocausto. Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios. Haz bien con tu benevolencia a Sion; edifica los muros de Jerusalén. Entonces te agradarán los sacrificios de justicia, el holocausto u ofrenda del todo quemada; entonces ofrecerán becerros sobre tu altar

Ahora David tiene 2 últimos clamores: ¡Líbrame de homicidios, oh Dios! Es decir, líbrame de tener que caer en el mismo pecado otra vez. El segundo clamor es mas bien una confesión de seguridad: Al corazón contrito y humillado no despreciarás tu, oh Dios. Mientras me mantenga humilde, con un corazón sencillo, humillado delante de Dios tu no me despreciarás oh Señor.
El enfoque de David ahora es una vida activa de bien. La restauración del pecado no sólo consiste en ser perdonado por Dios o dejar de hacer lo malo, sino empezar a hacer lo que es correcto y bueno delante de Dios.
Esto tiene las siguientes implicaciones:

  • David enseñará a los transgresores los caminos de Dios. Esto quiere decir que este hombre que trasgredió la Palabra de Dios y se apartó del camino de Dios, volvería para ahora enseñar a los pecadores sobre lo terrible que es el pecado. Si hay algo mas terrible que pecar, es volvernos de alguna forma personas que alienten a otros a pecar, que desanimen, que desalienten. El resultado sería que los pecadores se convertirán a Dios porque ahora David, humillado, perdonado, restaurado, con autoridad, humildad y después de haber vivido lo terrible que es el pecado, les advertiría sobre esto a las personas
  • David alabará al Señor. Sus labios y su corazón ahora cantarán al Dios que le salvó, le perdonó y le restauró. El pecado cierra nuestros labios, pero la restauración de Dios los abre nuevamente para alabar, bendecir y glorificar al Señor Dios todo poderoso. Un corazón gozoso es un corazón que desea alabar y servir y adorar al Señor
  • David mantendría un corazón contrito y humilde delante de Dios. Antes de la caída esta la altivez de espíritu y el orgullo. El pecado nos vuelve orgullosos, independientes de Dios y nos hace pensar que no tenemos necesidad de El. Ahora David ha sido humillado y entiende que lo que Dios quiere no es sacrificios ni holocaustos, sino lo que Dios quiere es un espíritu quebrantado, humilde y sumiso a Dios para no caer nuevamente.
  • David ahora se centraría en la obra de Dios y el pueblo de Dios. Si el pecado nos vuelve egoístas e individualistas, ahora David ora por la paz y seguridad de Israel, ora porque los muros de Jerusalén sean edificados y ora porque nuevamente se ofrezcan sacrificios de justicia, holocaustos por el perdón de pecados y becerros sobre el altar de Dios. David ora porque lo que el hizo, los demás israelitas lo hagan, que ellos también se arrepientan de sus malos caminos y vuelvan a Dios, arreglen sus cuentas pendientes con El y vuelvan a restaurar el altar de Dios.

 

Oremos al Señor

Amén