El libro de Jonás es bastante corto, pero nos habla grandemente del amor y la misericordia de Dios por las naciones y su trato con su pueblo, en específico con Jonás, para llevarle a ser un mensajero a las naciones paganas, en este caso específico, de Nínive. En estos tiempos en los que muchas iglesias dan poca importancia a la predicación o la preparación bíblica, y vemos un auge de predicadores que apelan a diversos métodos humanos para entretener o convencer a las personas, debemos recordar lo que la verdadera predicación bíblica es y el papel que ésta tiene dentro del plan de Dios para la salvación de la humanidad y la edificación de su Iglesia.

Lo que vamos a ver en esta oportunidad es que el poder en la predicación se basa en el poder intrínseco de la Palabra de Dios, en sus propósitos soberanos y no en la fragilidad del mensajero o en su estilo y forma de predicar. La misericordia del Señor y su perdón es la respuesta al arrepentimiento producido por la predicación poderosa de la Palabra de Dios.

1. La predicación efectiva no depende del predicador, sino de Dios (v. 1-4)

Vino palabra de Jehová por segunda vez a Jonás, diciendo: Levántate y vé a Nínive, aquella gran ciudad, y proclama en ella el mensaje que yo te diré. Y se levantó Jonás, y fue a Nínive conforme a la palabra de Jehová. Y era Nínive ciudad grande en extremo, de tres días de camino. Y comenzó Jonás a entrar por la ciudad, camino de un día, y predicaba diciendo: De aquí a cuarenta días Nínive será destruida

En esta primera sección, vamos a ver como el profeta Jonás, ya arrepentido después del trato que Dios tuvo con él, obedece el llamado de Dios a anunciar el mensaje en la ciudad de Nínive. Queda claro que esta es la segunda vez que Dios viene a Jonás con el llamado a anunciar un mensaje de arrepentimiento y salvación a la gran y pecadora ciudad de Nínive. Esto no es mas que la gracia de Dios otorgada tanto a su siervo desobediente como a esta ciudad. La primera vez que Dios vino a Jonás con el encargo de anunciar su Palabra, esto provocó el rechazo y desobediencia de Jonás y el consiguiente trato de Dios con su servidor. La segunda vez que Dios viene a Jonás, ya su servidor ha sido quebrantado, humillado y ha aprendido la misericordia y gracia de Dios. En su favor, Dios no le ha descalificado, sino que le vuelve a llamar para enviarle a anunciar su Palabra en Nínive.

Es interesante que la primera vez que el Señor llama a Jonás le dice: “Levántate y ve a Nínive, aquella gran ciudad, y pregona contra ella; porque ha subido su maldad delante de mí” (v. 1:2) y ahora en la segunda invocación vemos el llamado: “Levántate y ve a Nínive, aquella gran ciudad, y proclama en ella el mensaje que yo te diré” (v. 3:1). Esto nos indica que aun no todo estaba perdido para Nínive, sino que el Señor, en su misericordia, daba una oportunidad a esta ciudad para escapar del juicio venidero. Ahora, Jonás se levanta y, con una actitud completamente diferente a la primera vez, obedece el mandato de Dios, yendo a la ciudad de Nínive, la cual la Escritura describe como una “ciudad grande en extremo”. Jonás pues se levanta a proclamar el mensaje diciendo: “De aquí a cuarenta días Nínive será destruida”. Era un mensaje bastante simple, pero claro, que urgía a los oyentes a reaccionar de alguna forma. Es interesante que el mensaje no explicaba las razones por las cuales Dios iba a destruir a Nínive, solo menciona el plazo que tenían para ello; pero queda claro por lo que muestra la Palabra que los ninivitas sabían cual era la situación: “conviértase cada uno de su mal camino, de la rapiña que hay en sus manos” (v. 3:8b).

Lo que vemos aquí es que los componentes principales de la predicación de Jonás en Nínive son:

  1. El mensaje, el cual procede de Dios, siendo su Palabra y la expresión de su voluntad para con los hombres. Este mensaje es el que debe ser predicado pues la Palabra de Dios es la que tiene poder para salvar, para edificar y para hacer todo cuanto Dios se haya propuesto. El Señor ha hablado y nos ha dejado en su misericordia un registro escrito de sus palabras en las Sagradas Escrituras.
  2. El mensajero, quien es llamado por Dios para tal honor y dignidad; pero que es falible, débil y muchas veces reticente a la voluntad del Señor e indigno de la santidad y perfección de la Palabra que predica. Aún así, la Escritura enseña que el mensajero debe ser portador fiel de la Palabra de verdad: “Y sabréis que yo os envié este mandamiento, para que fuese mi pacto con Leví, ha dicho Jehová de los ejércitos. Mi pacto con él fue de vida y de paz, las cuales cosas yo le di para que me temiera; y tuvo temor de mí, y delante de mi nombre estuvo humillado. La ley de verdad estuvo en su boca, e iniquidad no fue hallada en sus labios; en paz y en justicia anduvo conmigo, y a muchos hizo apartar de la iniquidad. Porque los labios del sacerdote han de guardar la sabiduría, y de su boca el pueblo buscará la ley; porque mensajero es de Jehová de los ejércitos” (Malaquías 2:4-7)

Que diferencia encontramos con muchos predicadores actuales que adornan su predicación, echando mano de diversos recursos fuera de la Palabra de Dios con el fin de ganar la atención de las personas; pero ignorando que Dios ha diseñado que el hombre sea salvo por la locura de la predicación del evangelio: “Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación” (1 Corintios 1:21).

2. La predicación efectiva llama a la fe y arrepentimiento sinceros (v. 5-9)

Y los hombres de Nínive creyeron a Dios, y proclamaron ayuno, y se vistieron de cilicio desde el mayor hasta el menor de ellos. Y llegó la noticia hasta el rey de Nínive, y se levantó de su silla, se despojó de su vestido, y se cubrió de cilicio y se sentó sobre ceniza. E hizo proclamar y anunciar en Nínive, por mandato del rey y de sus grandes, diciendo: Hombres y animales, bueyes y ovejas, no gusten cosa alguna; no se les dé alimento, ni beban agua; sino cúbranse de cilicio hombres y animales, y clamen a Dios fuertemente; y conviértase cada uno de su mal camino, de la rapiña que hay en sus manos. ¿Quién sabe si se volverá y se arrepentirá Dios, y se apartará del ardor de su ira, y no pereceremos?

En esta segunda sección vamos a ver los efectos de la predicación fiel a la Palabra de Dios. Dios bendice su Palabra y esta produce frutos en quienes la oyen con corazón sincero. Lo vemos ilustrado en los habitantes de la ciudad pagana de Nínive, quienes, al oír la predicación de Jonás creyeron el mensaje de Dios, y a Dios por implicación, y evidenciaron un arrepentimiento sincero en la practica corporativa del ayuno y la vestimenta de cilicio como muestra externa de dolor, angustia y gran tristeza. Tal fue el grado de su arrepentimiento que todos y cada uno de los pobladores de la ciudad, aun los animales; desde el rey de Nínive hasta las bestias de carga ayunaron, y los hombres clamaron a Dios. Nótese que aquí no se usa el nombre propio del Señor, YHWH (heb. יְהוִ֖ה), sino el nombre común Elohim (heb. אלוקים) y esto es claro porque ellos no tenían mayor luz de revelación ni una relación de pacto con el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.

Aún así, a pesar de la poca luz de revelación que tenían, ellos creyeron a Dios y a su mensajero y se arrepintieron en consecuencia. Aun se puede ver de manera clara la poca luz que tenían de conocimiento porque el rey de Nínive manda a toda la ciudad a ayunar, vestirse de cilicio y arrepentirse porque “¿Quién sabe si se volverá y se arrepentirá Dios, y se apartará del ardor de su ira, y no pereceremos?” (v. 9). Ellos eran paganos incircuncisos, no tenían conocimiento de Jehová, ni de su misericordia. Ellos no tenían el respaldo de las Escrituras ni los relatos de los profetas que anunciaban la misericordia del Señor para todo aquel que le invocaba de corazón. Ellos solo conocían a los falsos dioses paganos, crueles e impersonales, que exigían sacrificios, tributos y pagos para no destruir a sus fieles. Por ello, estos pobres hombres, en temor hacen todo lo que esta en sus manos para aplacar la ira del Señor.

Algo a resaltar es que nunca se ha visto tal avivamiento en el que una sociedad completa se vuelva a buscar el rostro de Dios como resultado de una predicación tan suscinta pero tan llena de la voluntad y del poder del Señor Todopoderoso. Este es el poder de la predicación: la predicación fiel es poderosa no por el mensajero, sino por la Palabra que se predica pues esta es la Palabra poderosa del Señor. Citando a un reconocido expositor de la Palabra de Dios:

Mira a tu alrededor todo aquello que no haya sido creado por manos humanas y verás una demostración de lo que Dios es capaz de hacer por medio de Su Palabra. Dios hizo todas las cosas que existen con el poder de Su Palabra. Él actúa hablando. “Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz” (Gén. 1:3, énfasis agregado). Así de simple. Él habló y una cantidad ilimitada de seres y cosas vinieron a la existencia, desde estrellas gigantescas hasta minúsculas partículas. Leí recientemente que en la selva tropical del Amazonas viven unos 20 millones de especies de insectos; ¡no de insectos individuales, sino de especies! Y toda esa variedad fue creada originalmente por la voz de Dios. “Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos — dice el salmista en el Salmo 33:6— y todo el ejército de ellos por el aliento de su boca”.[1]

Definitivamente el poder de la predicación de Jonás no se basaba ni el carácter de Jonás, que era cuestionable, ni en su retórica, que era bastante simple – su mensaje solo constaba de unas pocas palabras. Sin embargo, tuvo un efecto maravilloso que muchos quisiéramos ver en nuestras predicaciones. Esto no es mas que el poder de Dios en su puro estado, tal como lo enseñó el apóstol Pablo en su carta a los corintios:

Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios. Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como vuestros siervos por amor de Jesús. Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo” (2 Corintios 4:3-6)

Tal y como Dios hizo resplandecer la luz de las tinieblas por medio de su Palabra, así ahora resplandece en los corazones de quienes oyen con fe la Palabra de Dios por medio de su poder y para su gloria. Resaltamos entonces que el poder de la predicación está en la exposición fiel de la Palabra poderosa de Dios y que esta produce y llama al hombre a responder en arrepentimiento y fe. Esta fue la manera de Dios en el pasado, es la manera de Dios en el presente y será la manera de Dios en el futuro. Lo que Pablo exhorta a Timoteo mas que otra cosa en su ministerio es a que “prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina” (2 Timoteo 4:2).

3. La predicación efectiva anuncia la gracia y misericordia de Dios (v. 10)

Y vio Dios lo que hicieron, que se convirtieron de su mal camino; y se arrepintió del mal que había dicho que les haría, y no lo hizo

En esta tercera y ultima sección, vemos como en respuesta al arrepentimiento sincero de los ninivitas, el Señor se arrepintió del mal y del juicio que había dicho que ejecutaría sobre Nínive, salvando a la ciudad por su misericordia y su gracia. Lo que tenemos que explicar es que el mensaje que Jonás tenía que predicar hacia referencia no a un decreto de Dios, sino a un acto de juicio del Señor en respuesta al comportamiento y estilo de vida malvado de los ninivitas. Cuando este comportamiento cambió, de maldad a obediencia a Dios a través del arrepentimiento, entonces Dios cambió su trato para con Nínive. Dios es consistente con su carácter y extendió su misericordia a esta ciudad.

La predicación efectiva nos confronta con nuestro pecado que nos aleja de Dios y nos llama al arrepentimiento y la fe. Asimismo, es la expresión del amor y la misericordia del Señor quien garantiza su favor cuando obedecemos su Palabra. En un sentido mas general y a la vez más relevante para todos los seres humanos, podemos decir que a través de la predicación de la Palabra del Señor anunciamos al mundo que está bajo pecado. Todos hemos pecado y estamos por ello destituidos de la gloria de Dios, bajo condenación y a la espera del juicio y la ira de Dios por nuestra maldad. Sin embargo, también decimos que en su amor el Señor ha provisto salvación para la humanidad, no solo para los ninivitas, sino para toda tribu, lengua y nación, en el sacrificio sustitutorio de nuestro Señor Jesucristo en la cruz del calvario, donde El pagó la condena de nuestro pecado y sufrió la ira de Dios por todos nosotros. Su muerte nos da la puerta abierta para poder llegar a Dios y ser justificados por medio de la fe en su sacrificio. Este mensaje, las buenas nuevas de salvación, es predicado ahora a todos los hombres en todo lugar, llamándoles al arrepentimiento y la fe en Jesús. Si creemos en estas buenas noticias, la gracia de Dios nos garantiza el perdón de nuestros pecados, la vida eterna y la paz con Dios. Si rehusamos creer en el Unigénito Hijo de Dios y rechazamos su evangelio, entonces la ira de Dios está sobre nosotros y solo nos queda el juicio de Dios después de nuestra muerte.

4. Conclusiones

Es necesario terminar con esta reflexión: la predicación de Jonás fue poderosa no por causa de Jonás, ni por causa de los ninivitas, sino a pesar de ellos, porque Dios en su gracia les dio su Palabra y ellos creyeron a su Palabra y fueron salvos. Hoy, la predicación del evangelio, con mayor luz de revelación de lo que oyeron los ninivitas, es poderosa porque el evangelio es “poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego” (Romanos 1:16). Por ello debemos predicar el evangelio y solo el evangelio de nuestro Señor Jesucristo, pues es la locura de la predicación la que salva a los hombres. ¿Cómo puede ser efectiva mi predicación? Cuando reconozco que mi dedicación no debe ser a tener una mejor oratoria o mejores métodos para entretener o causar impacto en mis oyentes, sino cuando me dedico a escudriñar la Palabra de Dios y oro al Señor para ser fiel a su Palabra. Esta predicación fiel, expositiva, sistemática, honesta, dependiente de Dios y en santidad será usado por el Señor poderosamente para traer convicción de pecado y fe a quienes la oigan, salvando a los inconversos y edificando a los creyentes, cumpliendo así el Señor su promesa de salvar a todo aquel que invoque su nombre y mostrando su favor, gracia y misericordia con todo aquel que se acerca humildemente a su Palabra.

Que el Señor nos ayude hermanos a ser fieles expositores, oyentes y hacedores de la bendita Palabra de Dios.

Oremos al Señor.


[1] De parte de Dios y delante de Dios, Michel Sugelen, pp. 44-45

Anuncios