Podemos luchar por nuestro amor cuando entendemos el valor de éste. El matrimonio, tal cual ha sido diseñado por Dios, es valioso, poderoso, intenso, exclusivo, duradero e implica un pacto entre un hombre y una mujer para toda la vida. Cuando entendemos el valor del amor matrimonial según la Biblia, nunca lo despreciaremos ni desecharemos, sino procuraremos valorarlo y cuidarlo siempre. Este modelo de amor encuentra su cúspide en el amor perfecto que Dios nos ha mostrado a la humanidad en la persona de su Hijo Jesucristo; pero por ahora vamos a examinar uno de los pasajes mas conocidos de la Palabra de Dios, muy utilizado cuando pensamos en el amor de pareja, pero queremos hoy darle una mirada mas profunda.

 

Leamos la Palabra de Dios en el libro de Cantares, capítulo 8, versos 6 y 7:

 

Ponme como un sello sobre tu corazón, como una marca sobre tu brazo;
Porque fuerte es como la muerte el amor;
Duros como el Seol los celos;
Sus brasas, brasas de fuego, fuerte llama. Las muchas aguas no podrán apagar el amor,
Ni lo ahogarán los ríos.
Si diese el hombre todos los bienes de su casa por este amor,
De cierto lo menospreciarían.

(Cantares 8:6-7)

 

El amor verdadero implica pertenencia

 

Ponme como sello sobre tu corazón, como sello sobre tu brazo”

 

Un sello implica pertenencia, propiedad. El corazón en la Biblia es la esencia de lo que somos. Nuestro brazo implica acción, voluntad, así que lo que aquí podemos entender es que el verdadero amor nos habla de la pertenencia, del lazo íntimo y privado que existe entre dos personas que se aman. El deseo de la esposa es ser solo de su esposo y viceversa. En este sentido, la intromisión de una tercera persona rompe esa unidad y exclusividad del amor de pareja. Vemos este mismo deseo en otros textos del libro de Cantares:

 

“Mi amado es mío y yo soy suya” (Cantares 2:16)

“Yo soy de mi amado y mi amado es mío” (Cantares 6:3)

 

Entonces una de las cosas mas básicas y aparentemente obvias que podemos decir del amor es que este no puede florecer adecuadamente cuando no hay un compromiso íntimo y exclusivo entre las dos personas que se aman. Es necesario esto en primer lugar para que el verdadero amor pueda crecer.

 

El amor verdadero es intenso

 

“Porque fuerte es como la muerte el amor”

 

Lo segundo que podemos ver en este texto es que el amor es comparable a la muerte en el sentido de una entrega total. Cuando mueres, ya no hay marcha atrás. Debería ser igual en el amor. El verdadero amor crece lentamente, va madurando poco a poco pero las crisis, las pruebas y las situaciones adversas, en vez de destruirlo, lo fortalecen al punto de que ambos cónyuges se aman con entrega total, sin marcha atrás ni consideración de “otras opciones”. Una persona que va al altar matrimonial debe ser consciente de que va rumbo a vivir toda una vida con su futuro cónyuge, tal como se dice en los votos acostumbrados: “en la salud, en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, para toda la vida hasta que la muerte los separe”.

 

Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha. Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama

(Efesios 5:25-28)

 

Así como la exclusividad es parte importante del amor matrimonial, la entrega también lo es. No se puede concebir un matrimonio sólido donde los cada cónyuge vive egoísta e indiferente de su pareja. En esa dinámica, el amor no solo nunca puede florecer, sino que el matrimonio pronto será quebrantado por cualquier circunstancia. Los esposos deben entregarse ciertamente el uno al otro, en amor, cuidado, respeto, consideración, ayuda, amistad, compañerismo y amorosa compasión el uno por el otro. Buscar la perfección en el cónyuge, sobretodo cuando no consideramos nuestra propia pecaminosidad, es por decirlo mejor, ingenuo.

 

llama-del-amor

 

El amor verdadero es exclusivo

 

duros como el Seol los celos; sus brasas, brasas de fuego, fuerte llama

 

El amor también es exclusivo y se enciende cuando algo afecta a nuestra persona amada. Hay un aspecto de los celos que son correctos, los que se deben entender como la protección del vínculo del sagrado pacto matrimonial. Ninguno de los dos cónyuges puede ni debe descuidar ese aspecto. Cada uno de los dos debe cuidar de su pareja, de su amor, de su vida sexual, de sus tiempos a solas, de los hábitos privados de la otra persona, de la vida devocional de cada uno, para salvaguardar la santidad del matrimonio y la exclusividad del mismo. Descuidarse en esto abrirá la puerta a que otras personas, hábitos y pensamientos se instalen en el matrimonio y terminen arruinándolo. El Señor Jesucristo validó la importancia, duración y exclusividad del pacto matrimonial al mostrarnos la intima comunión que debe haber entre esposos, porque han sido unidos por Dios para toda la vida. En ese sentido, la relación con tu cónyuge es la relación mas importante que vas a tener en esta vida aparte de tu relación con el Señor Jesucristo, aun mayor que con tus hijos o padres. Dios no nos llamó a ser “una carne” con nuestros hijos o con nuestros padres, sino con nuestro cónyuge.

 

El, respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne? Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre

(Mateo 19:4-6)

 

El amor verdadero es duradero

 

“Las muchas aguas no podrán apagar el amor, ni lo ahogarán los ríos”

 

El amor verdadero no puede ser apagado fácilmente. El amor verdadero puede soportar las pruebas mas difíciles, los situaciones mas contrarias. A diferencia de la pasión carnal o el sentimentalismo que busca la cercanía física y la satisfacción sexual meramente, el amor verdadero va mucho mas allá de eso, es una convicción profunda y honesta del compromiso que hemos tomado con una persona y es algo que se desarrolla con el tiempo. Es imposible decir que amamos a una persona que recién acabamos de conocer y esposos deberían amarse cada vez mas con el paso del tiempo porque el amor verdadero, bien llevado y cuidado como nos manda la Palabra de Dios va madurando y fortaleciéndose. De este tipo de amor nos habla el apóstol Pablo en la carta de 1 Corintios capítulo 13:

 

El amor es paciente, es bondadoso; el amor no tiene envidia; el amor no es jactancioso, no es arrogante; no se porta indecorosamente; no busca lo suyo, no se irrita, no toma en cuenta el mal recibido ; no se regocija de la injusticia, sino que se alegra con la verdad; todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser

(1 Corintios 13:4-8a)

 

El amor verdadero tiene un valor incalculable

 

Si diese el hombre todos los bienes de su casa por este amor, de cierto lo menospreciarían

 

El amor verdadero es valioso y poderoso. El amor verdadero no puede ser comprado ni ganado con bienes de este mundo. El amor verdadero debe ser honrado y valorado. El amor verdadero tiene promesa de darnos una vida de felicidad, compañerismo y plenitud. Despreciar ese hermoso amor que Dios nos concede compartir con una mujer para toda la vida e intercambiarlo por una relación temporal, egoísta, carnal, es absurdo por decirlo menos. La Palabra de Dios abunda en serias advertencias en contra de la infidelidad y la inmoralidad sexual fuera del matrimonio. Una de ellas la podemos ver en el libro de Hebreos:

 

Honren el matrimonio, y los casados manténganse fieles el uno al otro. Con toda seguridad, Dios juzgará a los que cometen inmoralidades sexuales y a los que cometen adulterio

(Hebreos 13:4 – NTV)

 

¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿Quitaré, pues, los miembros de Cristo y los haré miembros de una ramera? De ningún modo. ¿O no sabéis que el que se une con una ramera, es un cuerpo con ella? Porque dice: Los dos serán una sola carne. Pero el que se une al Señor, un espíritu es con él. Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca. ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios
(1 Corintios 6:15-20)

 


 

Conclusiones

 

El amor entre dos cónyuges es una gran bendición que Dios ha dado a la humanidad, un reflejo pálido pero aun hermoso del verdadero y sublime amor del Padre.

Justamente con ese pensamiento es que quiero terminar esta corta reflexión: el amor matrimonial es hermoso, poderoso, intenso, exclusivo, valioso, pero es solo el reflejo de un amor mayor que nos habla la Palabra de Dios, el amor de Dios, que es tanto el sustento como la razón de que los otros tipos de amor puedan existir. A este respecto, la Biblia enseña:

 

Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor. En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros

(1 Juan 4:7-11- NTV)

 

Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:7-8)

 

Que Dios nos ayude a conocer el verdadero amor de Dios en Cristo Jesús, para poder recibir ese perfecto amor y dar ese amor a las demás personas, en especial a nuestro cónyuge y a nuestras familias y hermanos en la fe.

Amén!