Queridos hermanos, Dios ha dotado al ser humano con el sentido de la visión. Con este maravilloso órgano que son los ojos, Dios nos ha dotado de la capacidad de aproximadamente 576 Megapíxeles, eso quiere decir que podemos reconocer unos 10 millones de colores, lo cual aun supera por mucho a las mejores cámaras fotográficas inventadas del mundo. Sin embargo, y a pesar de todo lo maravilloso que es eso, Dios nos ha dotado de una capacidad aun mayor: la de tener visión. Todos los seres humanos tienen por naturaleza la vista; pero no todos tienen visión. La visión es la capacidad de poder ver más allá de nuestra realidad y nuestras circunstancias. Es la capacidad de ver en perspectiva un cuadro ideal de futuro que nos mueve y apasiona a seguir adelante.

En este sentido, visión es el sueño alcanzable a largo plazo, el futuro aspirado. Tenemos que diferenciar ello de otros conceptos también importantes en el desarrollo de una persona y de una organización:

  1. Propósito: es la razón de existir de una organización, por qué se hacen las cosas.
  2. Misión: es lo que debemos hacer para alcanzar nuestro propósito en un periodo de tiempo.

  3. Visión: es la realidad que le gustaría ver a la organización entorno al mundo, sus clientes y ella misma.

Nosotros, como Misión Bíblica Bautista Doulos, tenemos estos criterios definidos desde nuestro inicio, pero queremos en esta oportunidad volverlos a estudiar, empaparnos de ellos, apasionarnos con ellos y poder entender porque hacemos lo que hacemos en el trabajo del ministerio. Para ello, vamos a analizar un texto de la Escritura, un pasaje en el que el apóstol Pablo resume aquello que le apasiona, el evangelio de Cristo Jesús, colocándolo como el principio rector de sus actividades y su ministerio. Haríamos bien en mirar y estudiar este texto antes de refrescar cual es nuestro Propósito, Misión y Visión.

Conociendo, pues, el temor del Señor, persuadimos a los hombres; pero a Dios le es manifiesto lo que somos; y espero que también lo sea a vuestras conciencias. No nos recomendamos, pues, otra vez a vosotros, sino os damos ocasión de gloriaros por nosotros, para que tengáis con qué responder a los que se glorían en las apariencias y no en el corazón. Porque si estamos locos, es para Dios; y si somos cuerdos, es para vosotros. Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que, si uno murió por todos, luego todos murieron; y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos. De manera que nosotros de aquí en adelante a nadie conocemos según la carne; y aun si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así. De modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él

(2 Corintios 5:11-21)

 

1. Una temible responsabilidad delante del Señor (v. 11-15)

Por tanto, conociendo el temor del Señor, persuadimos a los hombres, pero a Dios somos manifiestos, y espero que también seamos manifiestos en vuestras conciencias. No nos recomendamos otra vez a vosotros, sino que os damos oportunidad de estar orgullosos de nosotros, para que tengáis respuesta para los que se jactan en las apariencias y no en el corazón. Porque si estamos locos, es para Dios; y si estamos cuerdos, es para vosotros. Pues el amor de Cristo nos apremia, habiendo llegado a esta conclusión: que uno murió por todos, por consiguiente, todos murieron; y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos” (LBLA)

En este primer punto reconocemos la urgencia de Pablo al decir que “conocemos el temor del Señor” y por ello persuadimos a los hombres. Esto tiene referencia directa al verso 10, donde Pablo nos está hablando de que todos los creyentes hemos de pasar por el tribunal de Cristo para dar cuenta al Señor en el momento determinado de nuestras vidas y ministerios. Leamos ese pasaje por favor para tener un contexto más claro:

Por tanto, animados siempre y sabiendo que mientras habitamos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor (porque por fe andamos, no por vista); pero cobramos ánimo y preferimos más bien estar ausentes del cuerpo y habitar con el Señor. Por eso, ya sea presentes o ausentes, ambicionamos serle agradables. Porque todos nosotros debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno sea recompensado por sus hechos estando en el cuerpo, de acuerdo con lo que hizo, sea bueno o sea malo” (2 Corintios 5:6-10, LBLA)

El temor del que habla Pablo es la reverente expectación que todo creyente debe tener de que algún día nos presentaremos delante del Señor a dar cuentas de nuestra mayordomía. Por eso, Pablo se anima a persuadir, a urgir a los hombres con el mensaje del evangelio. Para Dios es claro lo que somos, lo que hacemos y por que lo hacemos, dice Pablo. El sabe las intenciones de los corazones y ve lo que hacemos con mucha claridad. Sin embargo, Pablo espera que los corintios también tengan esa claridad en cuanto al corazón y las motivaciones de Pablo. Recordemos que 2 Corintios es una de las cartas donde Pablo defiende vigorosamente su ministerio ante las falsas acusaciones de aquellos que intentaban desprestigiarlo y hacerlo quedar mal para alejarlo de sus hijos espirituales.

Es interesante lo que Pablo dice a continuación: “No intentamos recomendarnos otra vez más, sino que damos razón para que estén orgullosos de nosotros sus servidores y puedan conocernos, así puedan dar respuesta adecuada a los que se jactan en las apariencias, solo en las palabras y no en la sinceridad del corazón”. Pablo dice, nosotros no aparentamos nada, solo servimos a Dios de corazón, temerosos porque queremos ser aprobados delante de El cuando nos presentemos frente al tribunal de Cristo. Hemos reinterpretado toda nuestra vida a la luz de Cristo y su evangelio y no queremos saber nada mas que a Cristo, y a este crucificado. Somos embajadores de Cristo, pacificadores que llevan el mensaje de la paz y la reconciliación. Eso es lo que somos y por ello sufrimos prisiones, pruebas, penurias, prisiones, falsas acusaciones, enemistades, etc. Estos falsos maestros que acusaban a Pablo actuaban inconscientemente que algún día tendrían que dar razones de su mal proceder a Dios; buscaban su propia exaltación en vez de la Cristo; y no eran pacificadores ni reconciliadores, sino que plantaban enemistad en los corazones de los hermanos.

Por tanto, puesto que tenemos este ministerio, según hemos recibido misericordia, no desfallecemos; sino que hemos renunciado a lo oculto y vergonzoso, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios, sino que, mediante la manifestación de la verdad, nos recomendamos a la conciencia de todo hombre en la presencia de Dios. Y si todavía nuestro evangelio está velado, para los que se pierden está velado, en los cuales el dios de este mundo ha cegado el entendimiento de los incrédulos, para que no vean el resplandor del evangelio de la gloria de Cristo, que es la imagen de Dios. Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús como Señor, y a nosotros como siervos vuestros por amor de Jesús. Pues Dios, que dijo que de las tinieblas resplandeciera la luz, es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo” (2 Corintios 4:1-6, LBLA)

 

2. El regalo de una vida poderosa (v. 16-19)

De manera que nosotros de ahora en adelante ya no conocemos a nadie según la carne; aunque hemos conocido a Cristo según la carne, sin embargo, ahora ya no le conocemos así. De modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí, son hechas nuevas. Y todo esto procede de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por medio de Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; a saber, que Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo, no tomando en cuenta a los hombres sus transgresiones, y nos ha encomendado a nosotros la palabra de la reconciliación” (LBLA)

Lo que Pablo nos dice en este punto es que debemos reinterpretar toda nuestra historia a la luz de la persona y obra de Cristo Jesús. Es decir, lo que antes éramos, ya no somos en Cristo Jesús. Lo que antes pensábamos, ya no debemos pensar. Lo que antes nos movía, nos apasionaba, nos convencía, ya no debe ser lo que nos impulse, sino el hecho de que ahora somos una nueva creación en Cristo Jesús. Nuestro Salvador, su muerte en la cruz y su resurrección son los lentes con los que ahora debemos ver nuestra propia vida y el mundo en general.

Pablo dice que ahora ya no conocemos a nadie según los principios carnales de la existencia humana. Ni aun a Cristo debemos mirarlo con “esos lentes”, sino que debemos reinterpretar nuestra realidad a la luz de las siguientes verdades:

  1. Si alguno está en Cristo es una nueva creación. Todo ha quedado en el pasado, en Cristo Jesús las cosas han sido hechas nuevas.
  2. Dios es el autor de nuestra salvación y de nuestro llamado.
  3. Dios nos ha dado el ministerio de la reconciliación. El nos reconcilio consigo mismo por medio de Cristo, no tomando en cuenta a los hombres sus pecados, pasando por alto su maldad y nos llama a llevar el mensaje de la reconciliación al mundo entero.

Esto tiene profundas implicancias en la mente, corazón y vida de los creyentes. El cristianismo no es algo que solo hacemos el domingo, sino que es una nueva cosmovisión, una nueva perspectiva de la vida en la que yo y mis necesidades dejan de ser el centro de la existencia para pasar a girar en torno a Dios y sus demandas. Entonces, esto quiere decir:

  1. No interesa lo que haya vivido ni lo que haya hecho. Soy una nueva persona en Cristo Jesús y lo que importa no es lo que fui, sino lo que Dios me ha llamado a ser ahora: Miremos lo que dice el apóstol Pablo: “Pero todo lo que para mí era ganancia, lo he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y aún más, yo estimo como pérdida todas las cosas en vista del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor, por quien lo he perdido todo, y lo considero como basura a fin de ganar a Cristo, y ser hallado en El, no teniendo mi propia justicia derivada de la ley, sino la que es por la fe en Cristo, la justicia que procede de Dios sobre la base de la fe, y conocerle a El, el poder de su resurrección y la participación en sus padecimientos, llegando a ser como El en su muerte, a fin de llegar a la resurrección de entre los muertos. No que ya lo haya alcanzado o que ya haya llegado a ser perfecto, sino que sigo adelante, a fin de poder alcanzar aquello para lo cual también fui alcanzado por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no considero haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está delante, prosigo hacia la meta para obtener el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Filipenses 3:7-14)
  2. Dios nos ha salvado, aun cuando éramos enemigos, Dios nos amo y nos regaló su salvación en Cristo Jesús. Una salvación eterna, duradera y poderosa.
  3. Dios nos ha hecho reconciliadores, pacificadores. El nos ha reconciliado y nos manda a llevar ese mensaje de reconciliación a un mundo que odia, a un mundo herido, a un mundo que desconfía, a un mundo que cierra su corazón.

 

3. El encargo de reconciliar al hombre con Dios (v. 20-21)

Por tanto, somos embajadores de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros; en nombre de Cristo os rogamos: ¡Reconciliaos con Dios! Al que no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en El” (LBLA)

La realidad en este punto es que tenemos un encargo, un llamado de parte de Dios: somos embajadores de Cristo Jesús. Un embajador es un siervo que tiene autoridad delegada de parte de su Señor y un mensaje que compartir, el cual hace en representación de su Amo.

Nosotros damos un mensaje apasionado. Rogamos en nombre de Cristo, como si Dios mismo rogara a través de nosotros: ¡Reconciliaos con Dios! Porque Dios ya nos reconcilió por medio de Cristo Jesús. El tomo al inocente, al que no cometió pecado y por nosotros le hizo pecado, para que no se nos tomase en cuenta nuestra maldad, sino para que, creyente en El, nos sea imputada su justicia a nuestro favor.

Pablo se reconocía a si mismo como un embajador del Señor:

Tomad también el YELMO DE LA SALVACION, y la espada del Espíritu que es la palabra de Dios. Con toda oración y súplica orad en todo tiempo en el Espíritu, y así, velad con toda perseverancia y súplica por todos los santos; y orad por mí, para que me sea dada palabra al abrir mi boca, a fin de dar a conocer sin temor el misterio del evangelio, por el cual soy embajador en cadenas; que al proclamar lo hable con denuedo, como debo hablar” (Efesios 6:17-20 – LBLA)

 

4. Aplicaciones para la vida

Hermanos, pongámonos de pie y leamos el siguiente texto:

Después de esto miré, y vi una gran multitud, que nadie podía contar, de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y delante del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en las manos. Y clamaban a gran voz, diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero” (Apocalipsis 7:9-10, LBLA)

Entonces, al inicio dije que sabemos cuál es nuestro propósito, misión y visión. Habiendo estudiado este pasaje de 2 Corintios y a la luz de este poderoso pasaje, miremos nuevamente estos principios que rigen nuestro trabajo.


Propósito de la MBB Doulos

Existimos para glorificar a Dios adorándole y predicando su evangelio a los hombres de toda tribu, lengua y nación

Misión de la MBB Doulos

Lo haremos siendo un movimiento de plantación de iglesias en nuestra Jerusalén, Judea, Samaria y hasta lo último de la tierra, con el objetivo de que Dios sea adorado por toda tribu, lengua y nación

Visión de la MBB Doulos

Vemos con gozo a Dios siendo adorado por hombres de toda tribu, lengua y nación

 

Déjame preguntarte, ¿Cuál es tu parte? ¿Qué estas haciendo para el cumplimiento de esta visión? ¿Estamos alineados al mismo propósito? ¿Ves lo mismo que nosotros? ¿Te apasiona lo mismo que a nosotros? ¿Hablamos el mismo idioma?

¿Cómo puedes ser parte? De muchas maneras:

  1. Puedo y debo orar porque en la iglesia siempre estemos predicando el evangelio de Cristo. Debo orar para que Dios bendiga nuestros esfuerzos y nos de crecimiento espiritual y crecimiento numérico.
  2. Debo comprometerme con Dios a obedecerle, servirle y congregar en los servicios en el templo y siendo parte de una célula.
  3. Debo compartir el evangelio a todos los que me rodean, llevando invitados a las células y trayendo invitados a la iglesia los domingos. Debo realizar la labor de evangelista.
  4. Debo comprometerme en mi mayordomía cristiana, congregando regularmente, participando de la Cena del Señor, de la Academia Bíblica, sirviendo en los diferentes ministerios y ofrendando y diezmando lo que corresponde al Señor
  5. Disponiendo mi tiempo, mis manos y mi corazón para todo lo que se necesite en la obra de Dios. Nadie es indispensable, pero todos somos importantes en la obra que Dios nos ha encomendado.

 

Amén!