La crucifixión de Jesucristo es uno de los eventos más dramáticos en la historia de la humanidad, pues en ella vemos la justicia y santidad de Dios, como el amor y la misericordia del Señor sobre la humanidad. Este evento muestra tanto lo bajo de la naturaleza humana al condenar al santo Hijo de Dios, como la santidad y pureza de Cristo al entregarse voluntariamente a la muerte por amor a su Padre. Hoy vamos a analizar como texto base la narración de Mateo 27:32-50, apoyándonos en los otros 3 evangelistas para tener un cuadro mas exacto de los pormenores de este evento que hizo posible nuestra salvación y que es esencial en el mensaje de las Buenas nuevas de salvación.

 

1. La crucifixión de Jesucristo cumple las profecías bíblicas (v. 32-38)

Cuando salían, hallaron a un hombre de Cirene que se llamaba Simón; a éste obligaron a que llevase la cruz. Y cuando llegaron a un lugar llamado Gólgota, que significa: Lugar de la Calavera, le dieron a beber vinagre mezclado con hiel; pero después de haberlo probado, no quiso beberlo. Cuando le hubieron crucificado, repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes, para que se cumpliese lo dicho por el profeta: Partieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes. Y sentados le guardaban allí. Y pusieron sobre su cabeza su causa escrita: ESTE ES JESÚS, EL REY DE LOS JUDÍOS. Entonces crucificaron con él a dos ladrones, uno a la derecha, y otro a la izquierda

Después de azotar a Jesús y burlarse de él, todos salen rumbo al Gólgota y hallaron a un hombre, Simón de Cirene para que cargue la cruz de Jesús. Este Simón era un prosélito de la diáspora (Cirene pertenece a Libia). Este lugar se encontraba a las afueras de la ciudad de Jerusalén y era un lugar común donde se ejecutaban los peores prisioneros. En el Gólgota (trad. «Lugar de la calavera«) le dieron a beber vinagre mezclado con hiel pero no quiso beberlo. La costumbre de dar vinagre con hiel (Marcos especifica mirra); la cual era para entumecer el dolor y disminuir la conciencia de la agonía. Jesús rechazo toda droga adormecedora y decidió enfrentar todo el terror espiritual y físico con sus plenos sentidos.

Con respecto a la crucifixión sabemos algunas cosas:

  • Los romanos no inventaron la crucifixión (es un invento persa), pero ellos si lo perfeccionaron como instrumento de tortura y castigo capital, diseñado para producir una muerte lenta con la máxima cantidad de dolor y sufrimiento para el condenado.
  • La espalda de la víctima era desgarrada y las heridas quedaban abiertas con los latigazos y se abrían aún más con el contacto y roce con la viga de la cruz
  • Los clavos atravesaban las muñecas, dañando el nervio mediano, provocando un terrible dolor en ambos brazos. La muerte sobrevenía por la pérdida masiva de sangre lo cual llevaba a la insuficiencia respiratoria y cardiaca, daño en los riñones, deshidratación. Si la víctima no moría pronto, se le quebraban las piernas para que ya no pueda sostenerse para respirar y entonces la muerte sobrevenía por asfixia.
  • Cabe resaltar que un ciudadano romano no podía ser crucificado excepto por orden directa de Cesar. Este castigo solo era reservado para los peores criminales y las clases más bajas. El historiador romano Tácito decía que la crucifixión era una tortura apta solamente para esclavos, para aquellos que son menos que humanos.
  • La crucifixión interfería la respiración normal. La posición de la crucifixión llevaba al condenado a posiciones que provocaban terribles dolores para poder respirar un poco y hacia agonizante todo este proceso.

Cuando le crucificaron, repartieron sus vestidos y echaron suertes. Marcos especifica que esto sucedió a la hora tercera, es decir, aproximadamente 9am. Mateo dice que esto sucedió para que se cumpla la profecía:

He sido derramado como aguas, y todos mis huesos se descoyuntaron; mi corazón fue como cera, derritiéndose en medio de mis entrañas. Como un tiesto se secó mi vigor, y mi lengua se pegó a mi paladar, y me has puesto en el polvo de la muerte. Porque perros me han rodeado; me ha cercado cuadrilla de malignos; horadaron mis manos y mis pies. Contar puedo todos mis huesos; entre tanto, ellos me miran y me observan. Repartieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes

(Salmo 22:14-18)

Lucas 23:26-34 añade que había muchas mujeres que lloraban y hacían lamentación por él. Jesús les dice que lloren más bien por ellas mismas y por sus hijos, porque ellos, toda la nación de Israel le había dado la espalda al Señor Jesucristo. Lucas también nos dice que mientras Jesús era crucificado exclama: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. Cristo fue despojado de todo (por su propia voluntad según Juan 10:18), aun de sus ropas por amor a nosotros. Pusieron sobre su cabeza el título: “Este es Jesús, el rey de los judíos”. Juan 19:17-24 nos dice que ese titulo lo puso Pilato, aun en contra de los deseos de los fariseos que querían que el titulo dijera: “El dice ser rey de los judíos”. Los soldados partieron los vestidos del Señor en 4 partes y los repartieron entre ellos, mas su túnica, que era única y sin costura la sortearon entre ellos, cumpliendo la profecía de salmo 22. Por último, Mateo indica que crucificaron a Jesús al lado de dos ladrones: uno a su derecha y otro a su izquierda.

 

2. La crucifixión de Jesucristo otorga gracia al hombre pecador (v. 39-45)

Y los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza, y diciendo: Tú que derribas el templo, y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz. De esta manera también los principales sacerdotes, escarneciéndole con los escribas y los fariseos y los ancianos, decían: A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar; si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y creeremos en él. Confió en Dios; líbrele ahora si le quiere; porque ha dicho: Soy Hijo de Dios. Lo mismo le injuriaban también los ladrones que estaban crucificados con él. Y desde la hora sexta hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena

Lo que vamos a ver ahora es un cuadro patético de la naturaleza humana. No solo por la insensibilidad ante un hombre que está sufriendo, sino porque no era cualquier hombre, era el Hijo santo, inocente y amado de Dios, quien estaba en esa cruz, voluntariamente por amor a Dios y a los hombres. Los que pasaban viendo a Jesús crucificado se burlaban de Él. Vemos que eran sacerdotes, escribas, fariseos y ancianos; es decir, los gobernantes eran los que principalmente se burlaban de Cristo, mientras el pueblo miraba. Aun hasta los ladrones que estaban a su lado le injuriaban. Ellos:

  • Se burlaban de él como Salvador: Tú que derribas el templo y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo
  • Se burlaban de él como Hijo de Dios: Si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz
  • Se burlaban de él como Rey: Si es el Rey de Israel, descienda de la cruz y creeremos en él
  • Se burlaban de él en su confianza en Dios: Confió en Dios, líbrele ahora si le quiere porque ha dicho: Soy hijo de Dios

El pasaje paralelo de Lucas 23:35-45 también añade entre los ladrones que estaban crucificados a los lados del Señor: Uno de ellos le injuriaba diciendo: Si eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros mientras que el otro respondió reprendiéndole:

“¿Ni aun temes a Dios, estando en la misma condenación? Nosotros padecemos justamente, porque recibimos lo que merecemos; pero este ningún mal ha hecho. Y le dijo a Jesús: Acuérdate de mi cuando vengas en tu reino. Jesús le respondió: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso”

Vemos la gracia de Dios para los pecadores aun en medio del sufrimiento que el Señor Jesucristo estaba viviendo. Asimismo, Juan 19:25-27 nos muestra que además de todos los que se burlaban e injuriaban al Señor, también junto a la cruz estaban Maria su madre, Maria mujer de Cleofas y Maria Magdalena. También se encontraba Juan, el discípulo amado del Señor. Todos los demás estaban a lo lejos mirando. Jesús al ver a su madre, le dijo a ella: Mujer, he ahí tu hijo. Y le dijo a Juan: He ahí tu madre. Desde entonces, Juan recibió a María en su casa, cuidando de ella. Una vez mas vemos la misericordia del Señor cuidando de su madre aun en medio de su sufrimiento.

Desde la hora sexta a la hora novena (aprox del mediodía hasta las 3pm) hubo tinieblas sobre la tierra. Entonces, Jesús estuvo en la cruz 6 horas, desde las 9am hasta las 3pm, mostrando aún que la creación estaba conmovida con lo que estaba aconteciendo en este momento. Aun la creación podía percatarse de esta situación, más la mayoría de los presentes, salvo unos pocos discípulos, se burlaban e insultaban al Señor en su padecimiento.

 

3. La crucifixión de Jesucristo cumple las demandas de Dios (v. 46-50)

Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? Algunos de los que estaban allí decían, al oírlo: A Elías llama éste. Y al instante, corriendo uno de ellos, tomó una esponja, y la empapó de vinagre, y poniéndola en una caña, le dio a beber. Pero los otros decían: Deja, veamos si viene Elías a librarle. Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu

Nos dice el relato bíblico que cerca de la hora novena (3pm), Jesús clamó a gran voz: Eli, Eli, ¿lama sabactani?, lo cual traducido es: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” Leer salmo 22:1-10 para una mejor referencia:

Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor? Dios mío, clamo de día, y no respondes; y de noche, y no hay para mí reposo. Pero tú eres santo, tú que habitas entre las alabanzas de Israel. En ti esperaron nuestros padres; esperaron, y tú los libraste. Clamaron a ti, y fueron librados; confiaron en ti, y no fueron avergonzados. Mas yo soy gusano, y no hombre; oprobio de los hombres, y despreciado del pueblo. Todos los que me ven me escarnecen; estiran la boca, menean la cabeza, diciendo: Se encomendó a Jehová; líbrele él; sálvele, puesto que en él se complacía. Pero tú eres el que me sacó del vientre; el que me hizo estar confiado desde que estaba a los pechos de mi madre. Sobre ti fui echado desde antes de nacer; desde el vientre de mi madre, tú eres mi Dios

Esta es notablemente la única vez en los sinópticos donde vemos a Jesús dirigirse a Dios sin llamarlo Padre. Su gemir no era porque el abandono de Pedro o la traición de Judas, era la separación de su Padre, del que nunca había estado separado lo que realmente causaba gran sufrimiento en el Hijo amado de Dios. En este momento, una gloriosa transacción se llevó a cabo. El Dios Padre consideró a el Dios Hijo como si fuera un pecador y cargó sobre toda la culpa de nuestra maldad. Como luego explicaría el apóstol Pablo en 2 Corintios capitulo 5: “Al que no conoció pecado, Dios le hizo pecado por nosotros”.

También vemos que Mateo narra la reacción de los que oían a Jesús hablar en los últimos instantes de su vida aquí en la tierra: Algunos pensaban que llamaba a Elías. Malinterpretaron las palabras de Jesús. Uno fue a darle vinagre de beber con una esponja, mientras que otros decían: Deja, a ver si viene Elías a librarle. Aun en los últimos momentos de su vida, la gente tenía un interés morboso en Cristo, no una fe verdadera.

Jesús, clamó a gran voz y entregó el espíritu. Lucas 23:46-49 especifica que Jesús dijo: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”; y después de decir esto, murió. Juan 19:28-30 nos dice que antes de morir, Jesús dijo: “Consumado es”. Este es el vocablo griego telestai, utilizado para señalar una transacción finalizada y concluida. Jesús pagó por completo la deuda del pecado que teníamos para con Dios y logró el propósito de la cruz: mostrar la santidad de Dios que debe castigar el pecado, y mostrar el amor de Dios que ofrece perdón a los pecadores.

La narración de Mateo termina diciendo que Cristo entregó el espíritu. El santo Hijo de Dios era sin pecado, la muerte no tenia dominio sobre él. Aun así, el Hijo de Dios voluntariamente entregó su vida por amor a nosotros, tal como dice la Palabra de Dios:

Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre” (Juan 10:17-18)

 

4. Aplicaciones para la vida diaria

 

  • No existe cristianismo sin la cruz de Cristo. En ella podemos ver la santidad de Dios ofendida por el pecado del hombre, y el amor de Dios, demostrado en el sacrificio de su Unigénito Hijo.
  • El amor de Dios se ha mostrado de una manera sorprendente. Si aun siendo enemigos, Cristo murió por nosotros; ahora que somos hijos de Dios, ¿Cómo podemos dudar del amor de Dios?
  • Nunca deberíamos dudar del cuidado de Dios. Si no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó a la muerte por amor a nosotros, ¿Cómo no nos dará también con El las demás cosas?
  • Cristo ya se ha ofrecido en sacrificio a si mismo por tus pecados. ¿Qué harás con eso? ¿Te burlarás del amor de Dios? ¿Menospreciarás el gran regalo, la gran dadiva de Dios o recibirás la vida eterna y el perdón de los pecados que Dios promete a los que creen en su Hijo, el Salvador de todo el mundo?

 

Oremos al Señor.

¡Amén!