Una de las cosas que mas me cuesta como padre al tratar con mis hijas es convencerlas de dejar algo con lo que quieren jugar porque realmente no es beneficioso para ellas y porque quiero darles algo mucho mejor. Un día una de mis hijas estaba jugando con un pedazo de mandarina que ya no tenia jugo ni pulpa, solo le quedaba fibra sin sabor, pero ella quería seguir comiendo. Me costó mucho hacerle entender que yo quería darle una fruta entera pero primero tenia que entregarme la que ya estaba perdida. Muchas veces, nos entretenemos en cosas que realmente no son beneficiosas para nuestras vidas, más bien nos alejan de Dios; pero que bueno es nuestro Padre Celestial que quiere darnos lo que nosotros queremos necesariamente, sino lo que nosotros necesitamos.

Mi propósito en esta mañana es que podamos entender la gran bondad, poder y amor de Dios como Señor y Salvador de todo el mundo. El mismo Dios de la gloria que sanó, salvó y bendijo a muchos aquí en la tierra, sigue haciéndolo desde el cielo. A pesar de nuestra maldad, Dios sigue obrando. A pesar de nuestra ignorancia, Dios sigue cumpliendo su plan. A pesar de nuestro rechazo, Dios sigue extendiendo su mensaje de gracia a todos los hombres. Quiera Dios que en esta mañana mi estimado amigo(a), puedas comprender que tal vez tu quieres estabilidad financiera, quieres salud, quieres paz, quieres libertad; pero Dios quiere darte algo mucho mejor: El quiere darte la salvación de tu alma, la verdadera paz, la verdadera libertad del pecado y de sus terribles consecuencias. Para ello vamos a estudiar el segundo sermón de Pedro, el cual podemos notar en Hechos, capítulo 3, versos 11 al 26

 

Nosotros negamos al Señor, pero Él nos quiere dar vida (v. 11-16)

“Y teniendo asidos a Pedro y a Juan el cojo que había sido sanado, todo el pueblo, atónito, concurrió a ellos al pórtico que se llama de Salomón. Viendo esto Pedro, respondió al pueblo: Varones israelitas, ¿por qué os maravilláis de esto? ¿o por qué ponéis los ojos en nosotros, como si por nuestro poder o piedad hubiésemos hecho andar a éste? El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su Hijo Jesús, a quien vosotros entregasteis y negasteis delante de Pilato, cuando éste había resuelto ponerle en libertad. Mas vosotros negasteis al Santo y al Justo, y pedisteis que se os diese un homicida, y matasteis al Autor de la vida, a quien Dios ha resucitado de los muertos, de lo cual nosotros somos testigos. Y por la fe en su nombre, a éste, que vosotros veis y conocéis, le ha confirmado su nombre; y la fe que es por él ha dado a éste esta completa sanidad en presencia de todos vosotros”

Este segundo sermón de Pedro ocurre de manera similar al primero, a raíz de una situación milagrosa: Pedro y Juan subían juntos al templo a orar; y encontraron en la puerta del templo a un hombre que mendigaba limosna a todos los que entraban. Este hombre estaba tan cerca del lugar de adoración; sin embargo, vivía en una situación tan miserable, no por su estado físico, sino por su condición espiritual. Este hombre vivía de la caridad de la gente cuando estaba tan cerca de la misericordia de Dios que quería darle mucho más. Así que cuando les pide a Pedro y a Juan limosna, ellos no les dan dinero, pero en el nombre de Jesús son utilizados para que este hombre reciba algo mucho mejor: la sanidad de su cuerpo y el llamado a la salvación de su alma. Así que este hombre que ese día se había levantado con el único deseo de poder recoger algunas monedas para poder vivir un día más, ese día había recibido muchísimo más: sanidad de su cuerpo, gozo, paz y la fe para ser salvo y alabar y bendecir a Dios.

Es en este contexto, en que Juan y Pedro están en el templo y el cojo que había sido sanado estaba a su lado aferrado fuertemente a ellos, que la gente se agolpó para ver lo que había acontecido. Pedro vio esto y entiende la oportunidad que Dios le estaba dando: estos hombres no van a ser salvos por ver a un hombre cojo caminar. Eso les puede impactar, pero no les podrá salvar. Dios no quiere impactarnos, quiere salvarnos de nuestros pecados. Así que Pedro empieza a predicar un sermón poderoso, cristo céntrico, lleno del evangelio, el cual Dios usa para que mas de 5000 personas lleguen al evangelio en esta segunda oportunidad.

Si queremos analizar como debe ser un sermón poderosamente usado por Dios tenemos que entender que un sermón así tiene ciertas características:

  • Inicia con un punto en común que ha atraído la atención de las personas y las lleva hacia el mensaje que quiere compartir
  • Es sencillo, pero no por eso es ligero. No es enrevesado, ni confuso. Se puede fácilmente identificar el flujo de pensamiento del predicador.
  • Está basado en la Palabra de Dios y está lleno de Cristo, del evangelio. No es un sermón que divaga, sino que siempre apunta al Hijo de Dios.
  • No busca agradar a los hombres, sino que con valor y denuedo denuncia el pecado, pero con amor persuade para que las personas lleguen a Cristo.
  • Es una exposición bíblicamente correcta, académicamente adecuada, pero hecha con el corazón apasionado por Dios y su Palabra, llena del Espíritu Santo y respaldada por la oración.
  • No sólo informa, sino que confronta, persuade, invita a la acción, exhorta, consuela, redarguye. No es una dialogo “plano”, sino es un dialogo emotivo, apasionado y fresco

Este sermón, a diferencia de su primer sermón, es mucho mas osado en la proclamación del evangelio. Es como si Pedro pusiera “toda la carne en el asador”, todo su empeño desde el primer momento. Pedro no está buscando ser “políticamente correcto”, sino que inicia fuerte, exponiendo el pecado, pero enlazando primero y llamando la atención al hecho del milagro de sanidad de este hombre. Por ello es que Pedro pregunta: “¿Hermanos, por que se maravillan? ¿Por qué piensan que, por nosotros, por nuestra virtud o poder este hombre esta sano? Pedro no quiere llamar la atención sobre si mismo, sino que apunta inmediatamente a Dios, el autor del milagro, el autor de la vida, el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, quien ha hecho este milagro, aunque ha hecho muchas cosas más. Aquí vemos un contraste poderoso entre lo que nosotros como seres humanos hemos hecho y lo que Dios poderosamente ha hecho:

  • Nosotros idolatramos a los hombres. Es más, idolatramos todo; pero nunca reconocemos a Dios como la fuente de nuestra vida y de todo lo que tenemos.
  • Los judíos entregaron y negaron a Cristo ante Poncio Pilatos. El es el Hijo de Dios; pero los hombres le negaron y lo entregaron a la muerte. Nosotros no somos diferentes, porque negamos a Cristo Jesús en todos nuestros actos.
  • Los judíos negaron al Santo y al Justo y pidieron que se les diera un homicida, Barrabas.

“Ahora bien, en el día de la fiesta acostumbraba el gobernador soltar al pueblo un preso, el que quisiesen. Y tenían entonces un preso famoso llamado Barrabás. Reunidos, pues, ellos, les dijo Pilato: ¿A quién queréis que os suelte: a Barrabás, o a Jesús, llamado el Cristo? Porque sabía que por envidia le habían entregado. Y estando él sentado en el tribunal, su mujer le mandó decir: No tengas nada que ver con ese justo; porque hoy he padecido mucho en sueños por causa de él. Pero los principales sacerdotes y los ancianos persuadieron a la multitud que pidiese a Barrabás, y que Jesús fuese muerto. Y respondiendo el gobernador, les dijo: ¿A cuál de los dos queréis que os suelte? Y ellos dijeron: A Barrabás. Pilato les dijo: ¿Qué, pues, haré de Jesús, llamado el Cristo? Todos le dijeron: ¡Sea crucificado! Y el gobernador les dijo: Pues ¿qué mal ha hecho? Pero ellos gritaban aún más, diciendo: ¡Sea crucificado!” (Mateo 27:15-23)

  • Los judíos mataron al Autor de la Vida; pero la muerte no lo puede retener.
  • Ahora, esto no solo atañe a los judíos, sino que realmente todos los seres humanos tenemos parte en esto. Nosotros también hemos negado al Señor, le hemos dado la espalda. Negamos al Santo, al Autor de la Vida, le despreciamos y preferimos vivir en la maldición del pecado. Preferimos vivir esclavos de la maldad, destruyéndonos a nosotros mismos, llenos de amargura, como dice la Escritura aborrecibles y aborreciéndonos unos a otros.

Sin embargo, y a pesar de que nosotros negamos al Señor nuestro Dios, El quiere darnos vida verdadera:

  • Nosotros idolatramos a las criaturas, pero Dios sigue siendo el Todopoderoso Dios de Abraham, Isaac y Jacob, el Único Dios verdadero digno de ser alabado y adorado por encima de todo y de todos.
  • Nosotros entregamos, negamos y rechazamos al Hijo de Dios; pero el Señor ha glorificado a su Hijo Jesús. Nosotros le tuvimos por malhechor y por despreciable; mas Dios le ha exaltado a lo sumo y le ha dado un nombre que es sobretodo nombre.
  • Nosotros negamos al Autor de la Vida y le matamos; pero Dios le resucitó de los muertos. La muerte no le puede retener porque El es la Vida misma. Ciertamente Jesucristo entregó su vida, nadie se la quitó y El mismo la volvió a tomar por el poder que tiene.
  • Nosotros nos distraemos en baratijas y en el engaño del pecado; pero Dios quiere darnos verdadera sanidad, perdón de pecados, vida verdadera y paz, cuando ponemos fe en el nombre de Jesús. Vivimos toda una vida engañados por el pecado para luego ir a parar al castigo eterno en el infierno. Dios quiere librarnos de la ira venidera.

¿Qué aprendemos de este pasaje? Nosotros queremos los deleites temporales del pecado; pero Dios quiere darnos algo mejor: la vida eterna, la cual obtendremos cuando ponemos nuestra esperanza en el Hijo de Dios, el Autor de la Vida, el Salvador que resucitó, el Señor de Señores, Cristo Jesús.

 

Nosotros ignoramos la voluntad del Señor, pero Él quiere darnos salvación (v. 17-21)

“Mas ahora, hermanos, sé que por ignorancia lo habéis hecho, como también vuestros gobernantes. Pero Dios ha cumplido así lo que había antes anunciado por boca de todos sus profetas, que su Cristo había de padecer. Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado; a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo”

En esta segunda sección vemos como, a pesar de que Pedro ha denunciado públicamente el pecado del pueblo de Israel con valentía y denuedo; también brinda una palabra de esperanza: el pecado tan terrible que han cometido de negar al Señor y matarle, aun tiene perdón. Ellos si pecaron contra Dios, aunque lo hicieron por ignorancia. Ellos no conocían a quien estaban crucificando, ellos tienen el entendimiento entenebrecido y el corazón endurecido por su pecado; pero Dios puede borrar sus pecados, declararlos justos y darles un nuevo corazón.

Aun así, a pesar del pecado, de la ignorancia, de la maldad y de los designios malvados del corazón, la gloria del evangelio y de la Palabra nos enseña que el Dios soberano ha cumplido fielmente lo que había anunciado desde antemano por boca de todos sus profetas, que su Cristo habría de padecer

“¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová? Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca; no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos. Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca. Por cárcel y por juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido. Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca. Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada. Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos. Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores” (Isaías 53:1-12)

Lo que sucedió con Cristo Jesús, siendo entregado a la muerte por los judíos no era algo extraño para Dios. El había anunciado de antemano que así debía de suceder para poder proveer salvación y vida eterna para la humanidad. Así que, ahora el llamado del evangelio es al arrepentimiento. Aquí debemos notar algunas cosas poderosas en el sermón de Pedro:

  • El evangelio consta del anuncio de la obra sustitutoria de Cristo Jesús, quien se encarnó en este mundo, vivió una vida perfecta y murió en la cruz del Calvario por nuestros pecados y por los de toda la humanidad.
  • El evangelio consta también del llamado al arrepentimiento y la fe. Pedro usa dos palabras para su llamado: “Arrepentíos y convertíos”. Estas dos palabras indican (1) un cambio de mentalidad con respecto al pecado; y (2) una vuelta atrás del pecado, darle la espalda al pecado y alejarnos de el para volver a Cristo. No hay evangelio sin un llamado al arrepentimiento y fe en Cristo Jesús.
  • El evangelio también consta de la hermosa y maravillosa promesa de Dios: nuestros pecados serán borrados, vendrán tiempos de refrigerio y la promesa del retorno inminente y maravilloso de Cristo Jesús para restaurar todas las cosas, no solo concerniente a su pueblo Israel, sino para con toda la creación que ha sido sujetada a vanidad por causa del pecado del hombre.

Entonces lo que vemos es que a pesar de que el hombre ignoraba la voluntad de Dios, su plan redentor, su bondad y su gracia, Dios en su amor y fidelidad ha ido desarrollando su plan maravilloso para proveer salvación para el ser humano:

  • El anunció que su Cristo debía de padecer por la humanidad
  • El envió verdaderamente a su Hijo a morir por los pecados del hombre
  • El promete borrar nuestros pecados si nos arrepentimos y creemos en Jesús
  • El enviará a su Hijo nuevamente para restaurar, no sólo a Israel, sino a todo el mundo, para castigar al mundo incrédulo y para llevar a su Iglesia al cielo

¿Qué aprendemos de este pasaje? Que la fidelidad de Dios es grande. El cumple lo que promete. Algunos dicen por ahí lo siguiente: Cristo prometió que moriría y murió. Cristo prometió que resucitaría y resucitó. Cristo prometió que volvería y olverá. Gracias al Señor que aun a pesar de nuestra ignorancia, El obra de manera soberana y para nuestro bien y salvación. El ha enviado a su Hijo y nosotros no debemos ser ignorantes sino entendidos de cual es la voluntad del Señor: conocerle por medio de su Hijo Jesús y ser lleno de su Espíritu Santo.

 

Nosotros somos malvados ante el Señor, pero El quiere cambiar nuestro corazón (v. 22-26)

“Porque Moisés dijo a los padres: El Señor vuestro Dios os levantará profeta de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis en todas las cosas que os hable; y toda alma que no oiga a aquel profeta, será desarraigada del pueblo. Y todos los profetas desde Samuel en adelante, cuantos han hablado, también han anunciado estos días. Vosotros sois los hijos de los profetas, y del pacto que Dios hizo con nuestros padres, diciendo a Abraham: En tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra. A vosotros primeramente, Dios, habiendo levantado a su Hijo, lo envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se convierta de su maldad”

En esta última sección el apóstol Pedro asocia una advertencia con una maravillosa promesa del Antiguo Testamento con la persona y obra de Cristo Jesús:

Moises fue un hombre que Dios levantó para liberar al pueblo de Israel de Egipto. Este hombre habló con Dios cara a cara, aunque sólo vio la gloria de Dios. Este hombre poderosamente usado por Dios murió y antes de morir anunció que Dios levantaría a otro profeta como él. Pedro apunta a que es Cristo Jesús ese profeta que Dios levantaría después de Moises. Ha habido muchos profetas después de Moises; pero Jesús es “el” profeta, aquel que vino de parte de Dios para traernos la Palabra de Dios, quien es la misma gloria de Dios, el siervo perfecto de Jehová. La advertencia de Pedro es aun mas severa que la dada por el libro de Deuteronomio: “el que no oyere a aquel profeta será desarraigado de su pueblo”. Rechazar a Jesucristo es rechazar a Dios.

“Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis; conforme a todo lo que pediste a Jehová tu Dios en Horeb el día de la asamblea, diciendo: No vuelva yo a oír la voz de Jehová mi Dios, ni vea yo más este gran fuego, para que no muera. Y Jehová me dijo: Han hablado bien en lo que han dicho. Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare. Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta” (Deuteronomio 18:15-19)

La promesa que habla Pedro aquí es que este plan de Dios, anunciado por los profetas y encarnado en la persona de su mismo Hijo, el Señor Jesús, está disponible para los judíos de esa época, a quienes Pedro llama “hijos de los profetas” y “herederos del pacto de Dios con Abraham”. A pesar de la maldad, la ignorancia y la desobediencia del pueblo de Israel, Dios no ha dejado de cumplir sus promesas y El no ha quebrantado su pacto que hizo con Abraham:

“Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra” (Génesis 12:1-3)

Jesús es el profeta prometido por Dios, quien no solo nos hablaría la Palabra de Dios, sino que nos mostraría a Dios mismo. Así también, Jesús es el cumplimiento de la promesa de Dios, la simiente de Abraham, en quien serán benditas todas las familias de la tierra. Pedro dice claramente “a vosotros (los judíos) primeramente Dios envió a su Hijo”. Pero la salvación no solo es para los judíos. Jesucristo claramente lo dice en su conversación con la mujer samaritana:

“Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos. Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Juan 4:21-24)

La salvación viene de los judíos; pero no se quedó en los judíos. La salvación es ofrecida a todas las familias de la tierra. Dios envió a su Hijo para nuestra bendición, para que cada uno se convierta de su maldad. Cristo vino a este mundo no para condenar al mundo, sino para salvarlo. El nos ofrece sanidad, perdón y verdadera limpieza de corazón y mente. El puede hacernos nuevas criaturas por completo

Este sermón no pudo ser concluido porque los guardias del templo vinieron y echaron mano de Pedro y de Juan. El hombre no pudo terminar su labor; pero Dios honró su Palabra y El ya había obrado poderosamente: 5000 varones creyeron en Jesús en este sermón. Si, Pedro era el instrumento humano; pero la obra es de Dios. El no nos necesita para salvar a las personas, pero nos da el privilegio de servirle en la proclamación de su santo evangelio.

¿Qué aprendemos en este pasaje? Que el Dios soberano y santo también es un Dios bueno y perdonador. Ofrece la salvación a la humanidad perdida. Ama tanto al mundo que envió a su Único Hijo para morir por el hombre. Llama al arrepentimiento a los seres humanos y está dispuesto a perdonar y transformar a todo aquel que se acerque a Dios en fe.

 

Aplicaciones para la vida

Hay cuatro bendiciones que Dios quiere otorgar a todo aquel que corre hacia Dios, poniendo su esperanza en Cristo Jesús y rindiendo su corazón ante el Señor:

  • Dios quiere darnos sanidad verdadera de nuestra alma, de la contaminación y perversión del pecado. ¡Él quiere sanarnos!
  • Dios quiere borrar nuestros pecados, anulando el acta de los decretos que nos es contraria delante del Señor. ¡Él quiere justificarnos!
  • Dios quiere darnos refrigerio, descanso a nuestras almas atribuladas, cargadas y dolidas por el pecado. Jesús nuestro Señor prometió: “Venid a mi todos los que estén cargados y turbados que yo los haré descansar. Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón y hallareis descanso para vuestras almas”. ¡Él quiere darnos descanso!
  • Dios quiere bendecirnos al cambiar nuestro corazón, para que se convierta de nuestra maldad a la luz de Dios. ¡El quiere transformarnos y hacernos nuevas criaturas!

¿Cómo puedo lograr tan tremenda bendición? Pedro ya nos lo dijo en su segundo sermón: Arrepiéntete y vuélvete de tu maldad. Abandona hoy mismo el pecado y regresa al Señor. Ponte a cuentas con El que Dios está presto para perdonar tu maldad, darte la vida eterna y cambiar tu corazón.

Oremos al Señor