En esta oportunidad vamos a empezar una nueva serie de enseñanzas recorriendo el libro de Hechos de los apóstoles para poder examinar las características, forma de ministerio, principios bíblicos y sabiduría divina que la iglesia del primer siglo aplicó durante su existencia. No vamos a recorrer exhaustivamente todos los capítulos y versos; porque ya hemos estudiado muchos de ellos, pero si vamos a recorrer todo el libro en perspectiva para poder encontrar los patrones, características y marcas de la iglesia del Nuevo Testamento.

Si algo podemos y debemos reconocer honestamente es que aun con todos los adelantos tecnológicos del mundo moderno, nos falta mucho para poder igualar la eficacia, poder y alcance de la iglesia del primer siglo. Podemos reconocer en esta iglesia a una iglesia de crecimiento explosiva, revolucionaria en sus practicas y genuina en su vivencia. De ahí podemos inferir superficialmente que una iglesia poderosa es una iglesia llena del Espíritu Santo, una iglesia de estructura simple, una iglesia poderosa en oración, poderosa en la Palabra de Dios, poderosa en el servicio, poderosa en la comunión, poderosa en el discipulado y poderosa en el evangelismo.

Durante estas semanas que estaremos estudiando este libro te animo hermano y hermana a no perderte este estudio, sino que juntos podamos escudriñar las Sagradas Escrituras y pidamos a Dios nos ayude a modelar una iglesia conforme a su corazón, no solo en la doctrina, pero también en la práctica.

 

1. La presencia del Espíritu Santo (v. 1-5)

En el primer tratado, oh Teófilo, hablé acerca de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar, hasta el día en que fue recibido arriba, después de haber dado mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido; a quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios. Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí. Porque Juan ciertamente bautizó con agua, más vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días

El primer verso de este libro conecta directamente con el inicio del evangelio de Lucas, puesto que fue el mismo medico amado, Lucas, quien compiló y escribió las dos cartas. Este hombre no era un apóstol; mas si era una persona muy cercana a los apóstoles; y escribió estas cartas inspirado por el Espíritu Santo. Por ende, haríamos bien en leer el evangelio de Lucas e inmediatamente después la carta de Hechos de los apóstoles pues es la continuación natural. Si Dios lo permite estudiaremos el evangelio de Lucas en su debido momento.

Puesto que ya muchos han tratado de poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas, tal como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron con sus ojos, y fueron ministros de la palabra, me ha parecido también a mí, después de haber investigado con diligencia todas las cosas desde su origen, escribírtelas por orden, oh excelentísimo Teófilo, para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido

Lucas terminó de escribir Lucas con las enseñanzas y actividades del Señor Jesús hasta que ascendió a los cielos. Asimismo, empieza a escribir Hechos y nos muestra el alcance de su libro: narrar los acontecimientos durante los cuarenta días que Jesús enseñó a sus discípulos en la tierra después de su resurrección y antes de su ascensión. Durante estos cuarenta días, el Señor se les apareció con un cuerpo glorificado a mas de 500 hermanos según lo que Pablo nos cuenta en 1 Corintios 15: 3-6, enseñándoles acerca del reino de Dios.

Meditando en esto ¡Cuantas maravillosas enseñanzas les habrá dado Jesús a sus discípulos durante estos cuarenta días! Era un seminario intensivo con el Señor, preparándolos para el tiempo que se avecinaba: la iglesia nacería y enfrentarían los embates del enemigo y llevarían adelante el avance del evangelio en todo el mundo conocido de ese entonces. Seguramente Jesús les enseñó acerca de muchas cosas; sin embargo, Lucas resalta una cosa en particular: Estando juntos, Jesús les mandó que no salieran aun de Jerusalén, sino que esperaran la promesa del Padre. Esta promesa es lo que habló Juan el Bautista, quien bautizó con agua, más ellos habrían de ser bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días.

Aquí tenemos que notar dos aspectos muy importantes:

  • Nunca encontramos en la Biblia nada que impida a un creyente de cumplir la Gran Comisión. Es decir, no hay nada que un creyente podría poner como obstáculo o razón para no cumplir la Gran Comisión, llevar el evangelio a todas las naciones. Sin embargo, Jesús les dijo a sus discípulos que aun no empezaran con el cumplimiento de la Gran Comisión hasta que recibieran la promesa del Espíritu Santo del cielo. Humanamente hablando, el cristianismo recién nacido no tenia nada a su favor: no tenia lideres conocidos e influyentes, no tenia recursos económicos, no tenia adelantos tecnológicos. En sí, hablando crudamente, era un puñado de judíos que habían creído en un Mesías crucificado y resucitado frente a un mundo entero de idolatría y maldad. Ellos necesitaban al Espíritu de Dios con urgencia.
  • Aquí vemos a la Santísima Trinidad en acción: el Padre celestial envía a su Espíritu para continuar la labor del Hijo, quien esta por ascender a los cielos para tomar su posición al lado del Padre como Señor de Señores y Rey de Reyes, exaltado por su humillación en la cruz. Los discípulos del Señor deben esperar pacientemente a la venida del Espíritu Santo para luego empezar la labor evangelística, la cual ocurrió efectivamente 50 días después de la muerte del Señor, la Pascua. Esto ocurrió en Pentecostés, la fiesta de los primeros frutos para Dios.

Es notoria la importancia que el Señor dio a la presencia del Espíritu Santo en la vida de sus discípulos. Ellos necesitaban al Consolador para llevar una vida adecuada y para poder servir con poder. Ellos serian bautizados (sumergidos) con el Espíritu Santo, tal como enseña la Palabra de Dios:

Mas os he dicho estas cosas, para que cuando llegue la hora, os acordéis de que ya os lo había dicho. Esto no os lo dije al principio, porque yo estaba con vosotros. Pero ahora voy al que me envió; y ninguno de vosotros me pregunta: ¿A dónde vas? Antes, porque os he dicho estas cosas, tristeza ha llenado vuestro corazón. Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado. Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber” (Juan 16:4-15)

Porque, así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo. Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu” (1 Corintios 12:12-13)

¿Qué aprendemos? Vemos que la iglesia cuenta con la bendición de la presencia del Espíritu Santo de Dios. El es el Consolador bendito, quien nos sostiene, intercede por nosotros, nos da sabiduría, nos guía, guarda y fortalece para vivir de una manera agradable a Dios. Necesitamos al Espíritu de Dios para servir al Señor.

 

2. El poder del Espíritu Santo y la esperanza de la venida del Señor (v. 6-11)

Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo? Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra. Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos. Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas, los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo

Los discípulos, conscientes de que el Señor pronto seria apartado de ellos preguntan al Señor en que momento seria restaurado completamente el reino de Israel. Ellos aun piensan en modo a los judíos tradicionales quienes consideraban la venida del Mesías con una edad dorada para Israel. Y esa era llegará, la era donde se cumplirán todas las promesas hechas a los patriarcas, pero aun no era el momento para ello. Nosotros ahora hemos sido iluminados y sabemos que esto sucederá en el tiempo conocido como el Milenio o el reino milenial.

Jesús les contestó que a los discípulos no les toca especular acerca de los tiempos de la venida del Señor y del establecimiento de su reino. Estas cosas competen al Padre Celestial. Ellos no lo sabían, pero han pasado mas de 2000 años y la iglesia sigue aun esperando y velando por ese bendito momento de la venida del Señor Jesucristo. Sin embargo, y para que los creyentes pudiéramos soportar el tiempo de su venida y ser fieles sirviendo al Señor mientras ese tiempo llegaba, el Señor Jesús promete algo cercano: recibirán poder cuando haya venido el Espíritu de Dios sobre ellos y les empoderaría para ser testigos de Jesús en Jerusalén, Judea, Samaria y hasta lo último de la tierra.

Entonces, la promesa del Padre no solo consiste en la venida del Consolador para consolarnos y socorrernos, sino para empoderarnos con el fin de llevar adelante a través de los siglos la Gran Comisión del Señor Jesucristo: llegar a todas las naciones con el evangelio. Los discípulos no pueden detenerse en Jerusalén, ni en Judea. Ellos deben ir a Samaria, con el choque cultural que eso significaría. Aún más, ellos debían de salir de su confort y de todo lo conocido al mundo gentil, a lo ultimo de la tierra llevando la Palabra de Dios a las naciones que no conocen el bendito evangelio de Jesucristo. Este es el alcance de la Gran Comisión y la labor que la iglesia debe realizar.

Es impactante que justamente estas fueron las últimas palabras que los discípulos escucharían de labios de su Salvador. Dicho esto, Jesús fue alzado a los cielos hasta desaparecer entre las nubes. El Señor Jesús, a partir de ese momento, se encuentra a la diestra del Padre en gloria, esperando el tiempo de su venida.

“Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios, y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios” (Hechos 7:55-56)

Mientras los discípulos veían al Señor ascender a los cielos, unos ángeles se acercaron a ellos diciendo: Varones galileos, ¿Por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo. Esto significa que:

  • El mismo Jesús que se fue será el que regresará
  • Se fue físicamente y su retorno será en su cuerpo físico glorificado
  • Se fue visiblemente y así vendrá: todo ojo le verá
  • Se fue desde el monte de los olivos y allí posará sus pies en su venida

Los discípulos debían de dejar de mirar al Señor que se había ido y debían enfocarse en la tarea que se nos encomendó: con la presencia y poder del Espíritu Santo, con las enseñanzas del Señor, teníamos todo lo necesario para poder empezar la labor evangelística y discipuladora a las naciones. Debemos hacerlo fielmente porque el Señor vuelve por segunda vez y su galardón consigo para recompensar a cada uno conforme a sus obras.

Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia; de la cual fui hecho ministro, según la administración de Dios que me fue dada para con vosotros, para que anuncie cumplidamente la palabra de Dios, el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos, a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria, a quien anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre; para lo cual también trabajo, luchando según la potencia de él, la cual actúa poderosamente en mí” (Colosenses 1:24-29)

¿Qué aprendemos? Vemos que el poder del Espíritu Santo y la certeza de la inminente venida del Señor Jesús son poderosos motivadores para que nosotros como iglesia del Señor nos enfoquemos en cumplir la Gran Comisión de nuestro Señor Jesucristo, llevando su Palabra a las naciones.

 

3. La importancia de un liderazgo guiado por el Espíritu Santo (v. 12-26)

Entonces volvieron a Jerusalén desde el monte que se llama del Olivar, el cual está cerca de Jerusalén, camino de un día de reposo. Y entrados, subieron al aposento alto, donde moraban Pedro y Jacobo, Juan, Andrés, Felipe, Tomás, Bartolomé, Mateo, Jacobo hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas hermano de Jacobo. Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos. En aquellos días Pedro se levantó en medio de los hermanos (y los reunidos eran cómo ciento veinte en número), y dijo: Varones hermanos, era necesario que se cumpliese la Escritura en que el Espíritu Santo habló antes por boca de David acerca de Judas, que fue guía de los que prendieron a Jesús, y era contado con nosotros, y tenía parte en este ministerio. Este, pues, con el salario de su iniquidad adquirió un campo, y cayendo de cabeza, se reventó por la mitad, y todas sus entrañas se derramaron. Y fue notorio a todos los habitantes de Jerusalén, de tal manera que aquel campo se llama en su propia lengua, Acéldama, que quiere decir, Campo de sangre. Porque está escrito en el libro de los Salmos: Sea hecha desierta su habitación, y no haya quien more en ella; y: Tome otro su oficio. Es necesario, pues, que de estos hombres que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía entre nosotros, comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que de entre nosotros fue recibido arriba, uno sea hecho testigo con nosotros, de su resurrección. Y señalaron a dos: a José, llamado Barsabás, que tenía por sobrenombre Justo, y a Matías. Y orando, dijeron: Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muestra cuál de estos dos has escogido, para que tome la parte de este ministerio y apostolado, de que cayó Judas por transgresión, para irse a su propio lugar. Y les echaron suertes, y la suerte cayó sobre Matías; y fue contado con los once apóstoles

Los apóstoles volvieron a Jerusalén y entraron al aposento alto. Junto con los demás hermanos (Lucas nos dice que eran como 120), perseveraban en oración y ruego al Señor. Aquí notamos 3 principios hermosos que fueron “el caldo de cultivo” para la poderosa iglesia que llego a ser la iglesia de Jerusalén:

  • Obediencia al mandato de Jesús, aun cuando el ya no estaba físicamente
  • Unidad en los creyentes
  • Perseverancia en la oración
  • Definitivamente una iglesia que puede manifestar estas características será una iglesia llena de la bendición de Dios.

Aun así, Pedro se levantó en medio de sus hermanos y propuso que se buscase un reemplazo para Judas Iscariote, quien había traicionado al Señor. Escuchando a Pedro hablar no pareciera que fuera el apóstol imprudente y vehemente que conocíamos antes. Pedro estaba madurando en el Señor. Ahora el puede ver como la traición de Judas no fue algo fortuito ni anuló el plan de Dios: es más, era necesario que así sucediese y ello cumplió la profecía. Definitivamente, Pedro está manifestando sabiduría del cielo proveniente de la Palabra de Dios. El citó el salmo 69:25 y el salmo 109:8. Pedro reconoce la soberanía de Dios, la responsabilidad de Judas al traicionar al Señor, la veracidad de la Palabra de Dios que se cumple de todas maneras y la necesidad de que alguien mas tome el lugar que Judas dejó por desobediencia.

Aun cuando el Espíritu de Dios no había venido sobre ellos, ya tenían la dirección de la Palabra de Dios para saber que hacer: debían escoger un doceavo apóstol. Los requisitos no los vemos plasmados en ningún verso anterior de la Palabra de Dios que ellos poseían, pero vemos que Dios les guio con sabiduría y sentido común para establecer unos requisitos:

  • El candidato debía ser testigo del ministerio de Jesús desde el bautismo de Juan hasta el día de su ascensión.
  • El candidato debía haber estado junto con los apóstoles en todo este tiempo.
  • Dos candidatos fueron seleccionados: Jose, llamado Barsabas y Matías.
  • Mas adelante, con mayor revelación de la Palabra, tendríamos un panorama mas claro de los requisitos para los líderes en la iglesia.

Ambos eran hombres creyentes, que cumplían los requisitos establecidos por los apóstoles y que podían llevar adelante la obra de Dios. Sin embargo, los apóstoles oraron al Señor para pedir su dirección y palabra final, rogando para que el Señor mostrara quien habría de ser el escogido. Así como el Señor Jesús había orado para seleccionar a sus apóstoles, ellos también oraron para que Dios escogiera al reemplazo de Judas. Echaron suertes y el seleccionado fue Matías, quien a partir de ese momento fue contado con los demás apóstoles del Señor.

Aunque no se sabe mas de Matías en el Nuevo Testamento, así como de los otros apóstoles además de Pedro, Juan y Pablo; sabemos por las tradiciones de los padres de la iglesia que sirvieron fielmente al Señor y murieron mártires por causa del Evangelio de Jesucristo en el que habían creído.

¿Por qué era necesario que los 12 apóstoles estuvieran completos? Porque vemos que sobre ellos recaería la labor de soportar la obra del Señor, escribir las epístolas del Nuevo Testamento y fundamentar a la naciente iglesia del Señor. Un liderazgo lleno de la Palabra de Dios y del Espíritu de Dios es indispensable para que la obra del Señor avance con poder en medio de los tiempos.

 

4. Aplicaciones para la vida y el ministerio

  • Agradece y honra la presencia del Espíritu Santo en tu vida
  • Busca la llenura del Espíritu Santo y enfócate en cumplir la Gran Comisión.
  • Busquemos la unidad, la santidad y la oración juntos como iglesia del Señor
  • Sirvamos fielmente al Señor en espera de su pronta venida
  • Oremos por un liderazgo lleno de la Palabra de Dios y del Espíritu Santo
  • ¡Avancemos como la iglesia del Señor, poderosa y victoriosa!
  • Oremos al Señor