En esta oportunidad vamos a mirar el tercer sermón predicado o por lo menos registrado por el evangelista Lucas en los primeros años de la vida de la iglesia cristiana, el sermón de Esteban. Este hombre era uno de los siete diáconos que se seleccionaron para apoyar con la labor del ministerio a los apóstoles de Jesucristo. Se dice de este hombre que era varón lleno del Espíritu Santo y de fe (Hechos 6:5).

Este hombre fue utilizado poderosamente por Dios pues aun sin ser un apóstol de Cristo, estaba lleno de gracia y de poder, y Dios lo utilizaba para hacer grandes prodigios y señales entre el pueblo. Justo a raíz de esta situación se levantaron unos malos hombres quienes acusaron falsamente a este siervo de Dios ante el Sanedrín y es llevado para ser juzgado. Lo que se nos dice es que Esteban estaba también lleno de sabiduría (Hechos 6:10) y aun su rostro parecía el de un ángel (Hechos 6:15).

En este contexto es que vemos el sermón de Esteban, en defensa de su fe y dirigido hacia el concilio de Jerusalén, hombres doctos en las Escrituras. Este no es tanto un sermón evangelístico, aunque lamentablemente no pudimos obtener todo el sermón, porque Esteban fue interrumpido por la turba enardecida. Sin embargo, de lo que podemos ver y analizar vemos un sermón expositivo que nos habla acerca del gran plan de Dios para su pueblo y en ultima instancia para con la humanidad desde los tiempos de los padres hasta la persona de su Único Hijo Jesucristo. Estudiar este sermón es muy bueno y provechoso porque vemos articulada en unas cuantas palabras mas de 1500 años de historia del pueblo de Dios y podemos ver a Dios obrar en medio de los tiempos.

Este sermón se divide en 5 porciones claramente diferenciadas y alude a algunos hombres de Dios que conocemos: Abraham, Isaac, Jacob, José, Moisés, David, Salomón, los profetas, el Señor Jesucristo. Este sermón asume un conocimiento preliminar del Antiguo Testamento y de los personajes de la Biblia. Vemos un contraste poderoso entre la iniciativa, la soberanía, la santidad, la justicia, la misericordia y la fidelidad de Dios frente a la rebeldía y desobediencia de su pueblo. El tema central de este sermón es la voluntad de Dios para con su pueblo y el mundo, expresado en el plan que El mismo inició siglos atrás y que fue desarrollando a lo largo de los siglos, a pesar de la debilidad y fragilidad de su pueblo y que se consumó en la persona del Justo, su Hijo el Señor Jesucristo, quien es el centro del plan de Dios y la revelación de su carácter.

1. El gran plan de Dios descansa en la iniciativa de Dios (v. 2-8)

“Y él dijo: Varones hermanos y padres, oíd: El Dios de la gloria apareció a nuestro padre Abraham, estando en Mesopotamia, antes que morase en Harán, y le dijo: Sal de tu tierra y de tu parentela, y ven a la tierra que yo te mostraré. Entonces salió de la tierra de los caldeos y habitó en Harán; y de allí, muerto su padre, Dios le trasladó a esta tierra, en la cual vosotros habitáis ahora. Y no le dio herencia en ella, ni aun para asentar un pie; pero le prometió que se la daría en posesión, y a su descendencia después de él, cuando él aún no tenía hijo. Y le dijo Dios así: Que su descendencia sería extranjera en tierra ajena, y que los reducirían a servidumbre y los maltratarían, por cuatrocientos años. Mas yo juzgaré, dijo Dios, a la nación de la cual serán siervos; y después de esto saldrán y me servirán en este lugar. Y le dio el pacto de la circuncisión; y así Abraham engendró a Isaac, y le circuncidó al octavo día; e Isaac a Jacob, y Jacob a los doce patriarcas”

Aquí vemos la iniciativa de Dios en formarse un pueblo para sí mismo, desde donde habría de venir el Salvador del mundo. Fue el Dios de la gloria quien apareció a un hombre pagano, Abram, en su ciudad, Ur de los Caldeos, una nación pagana e idolatra en medio de un mundo pagano e idolatra. Dios se le apareció a este hombre y le llamó para formar de este hombre una nación, el pueblo de Dios. Abraham obedeció al llamado de fe (Génesis 12:1-4), siendo justificado por su fe en Dios, saliendo sin ver a donde iba, pero creyendo en Dios, rumbo a una tierra prometida, donde vivió como peregrino y extranjero a pesar de que esa tierra era suya porque Dios se la había otorgado.

“Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba. Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios. Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido. Por lo cual también, de uno, y ése ya casi muerto, salieron como las estrellas del cielo en multitud, y como la arena innumerable que está a la orilla del mar” (Hebreos 11:8-12)

Esteban nos aclara que Dios le dio a Abraham una promesa y estableció con el un pacto: la promesa de la tierra tanto para Abraham como para sus descendientes, y el pacto de la circuncisión que seria evidencia de que ellos pertenecían al pueblo de Dios. Así pues, el llamado de Dios se cumplió en Abraham por la fe y de el surgieron los patriarcas: Isaac, Jacob y sus hijos. ¿Qué aprendemos de esta primera sección? Aprendemos acerca de la bendita iniciativa de Dios, quien llamó a su pueblo cuando no era pueblo, quien tenia en su mente proveer salvación para la humanidad. El lo planeó, El lo ejecutó.

2. El gran plan de Dios es dirigido por la soberanía de Dios (v. 9-16)

“Los patriarcas, movidos por envidia, vendieron a José para Egipto; pero Dios estaba con él, y le libró de todas sus tribulaciones, y le dio gracia y sabiduría delante de Faraón rey de Egipto, el cual lo puso por gobernador sobre Egipto y sobre toda su casa. Vino entonces hambre en toda la tierra de Egipto y de Canaán, y grande tribulación; y nuestros padres no hallaban alimentos. Cuando oyó Jacob que había trigo en Egipto, envió a nuestros padres la primera vez. Y en la segunda, José se dio a conocer a sus hermanos, y fue manifestado a Faraón el linaje de José. Y enviando José, hizo venir a su padre Jacob, y a toda su parentela, en número de setenta y cinco personas. Así descendió Jacob a Egipto, donde murió él, y también nuestros padres; los cuales fueron trasladados a Siquem, y puestos en el sepulcro que a precio de dinero compró Abraham de los hijos de Hamor en Siquem”

Aquí vemos la soberanía de Dios dirigiendo los acontecimientos en la vida de Jacob y su familia, así como el de la nación de Egipto, para preservar la vida de su pueblo en medio de las circunstancias. A pesar de que estamos en un mismo sermón hablamos ya de una nueva generación de personas. Abraham ha pasado, Isaac ha pasado, Jacob y sus hijos ahora son el centro del plan de Dios, en especial José quien, a pesar de ser vendido por sus hermanos, es llevado providencialmente por Dios a Egipto y puesto por segundo después de Faraón, con el propósito de ser de bendición para el pueblo de Dios en tiempos angustiosos de escasez y sequía.

“Viendo los hermanos de José que su padre era muerto, dijeron: Quizá nos aborrecerá José, y nos dará el pago de todo el mal que le hicimos. Y enviaron a decir a José: Tu padre mandó antes de su muerte, diciendo: Así diréis a José: Te ruego que perdones ahora la maldad de tus hermanos y su pecado, porque mal te trataron; por tanto, ahora te rogamos que perdones la maldad de los siervos del Dios de tu padre. Y José lloró mientras hablaban. Vinieron también sus hermanos y se postraron delante de él, y dijeron: Henos aquí por siervos tuyos. Y les respondió José: No temáis; ¿acaso estoy yo en lugar de Dios? Vosotros pensasteis mal contra mí, más Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo” (Génesis 50:15-20)

Dios levantó a Jose de una manera soberana, dirigiendo su vida para ser un salvador para el incipiente pueblo de Dios que estaba naciendo. Vemos en José un tipo de Cristo Jesús como salvador y libertador. Desde aquí ya vemos las raíces de la desobediencia, rebeldía y maldad del pueblo de Dios en los hermanos de José, quienes persiguieron a su hermano y aun lo vendieron. Sin embargo, una vez más, soberanamente Dios encamina el mal hacia el bien, para la gloria de su nombre y para el bien de su pueblo. ¿Qué aprendemos de esta sección? Aprendemos de la soberanía de Dios, de su gracia, de su favor para con su pueblo. El obra dirigiendo todos los acontecimientos de la historia de la humanidad para el bienestar de su pueblo, al cual esta dirigiendo y para el cual tiene un propósito claro.

3. El gran plan de Dios provee libertad de la esclavitud (v. 17-36)

“Pero cuando se acercaba el tiempo de la promesa, que Dios había jurado a Abraham, el pueblo creció y se multiplicó en Egipto, hasta que se levantó en Egipto otro rey que no conocía a José. Este rey, usando de astucia con nuestro pueblo, maltrató a nuestros padres, a fin de que expusiesen a la muerte a sus niños, para que no se propagasen. En aquel mismo tiempo nació Moisés, y fue agradable a Dios; y fue criado tres meses en casa de su padre. Pero siendo expuesto a la muerte, la hija de Faraón le recogió y le crió como a hijo suyo. Y fue enseñado Moisés en toda la sabiduría de los egipcios; y era poderoso en sus palabras y obras. Cuando hubo cumplido la edad de cuarenta años, le vino al corazón el visitar a sus hermanos, los hijos de Israel. Y al ver a uno que era maltratado, lo defendió, e hiriendo al egipcio, vengó al oprimido. Pero él pensaba que sus hermanos comprendían que Dios les daría libertad por mano suya; mas ellos no lo habían entendido así. Y al día siguiente, se presentó a unos de ellos que reñían, y los ponía en paz, diciendo: Varones, hermanos sois, ¿por qué os maltratáis el uno al otro? Entonces el que maltrataba a su prójimo le rechazó, diciendo: ¿Quién te ha puesto por gobernante y juez sobre nosotros? ¿Quieres tú matarme, como mataste ayer al egipcio? Al oír esta palabra, Moisés huyó, y vivió como extranjero en tierra de Madián, donde engendró dos hijos. Pasados cuarenta años, un ángel se le apareció en el desierto del monte Sinaí, en la llama de fuego de una zarza. Entonces Moisés, mirando, se maravilló de la visión; y acercándose para observar, vino a él la voz del Señor: Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob. Y Moisés, temblando, no se atrevía a mirar. Y le dijo el Señor: Quita el calzado de tus pies, porque el lugar en que estás es tierra santa. Ciertamente he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su gemido, y he descendido para librarlos. Ahora, pues, ven, te enviaré a Egipto. A este Moisés, a quien habían rechazado, diciendo: ¿Quién te ha puesto por gobernante y juez?, a éste lo envió Dios como gobernante y libertador por mano del ángel que se le apareció en la zarza. Este los sacó, habiendo hecho prodigios y señales en tierra de Egipto, y en el Mar Rojo, y en el desierto por cuarenta años”

En la anterior sección vimos a Dios levantar a José como un salvador para el naciente pueblo de Dios. Los años han pasado y ahora el pueblo de Dios se ha multiplicado, sin embargo, se ha levantado un gobernante que no conoció a José ni a Jacob; por ende, empezó a maltratar al pueblo de Dios. Así que aquí vemos una vez más el propósito de Dios en levantar a Moisés y llamarlo como libertador del pueblo de Israel que había quedado cautivo de Egipto. Vemos claramente la soberanía de Dios en el nacimiento y en la preservación de Moises en su infancia y en su crecimiento dentro del palacio de faraón.

Aun en medio del asesinato que cometió Moises por defender a un compatriota, y a su éxodo al desierto, Dios soberanamente llamó a Moises para ser libertador del pueblo de Dios, manifestándose como Jehová, el YO SOY, el Dios del pacto de Abraham, Isaac y Jacob, quien ahora lo llamaba para libertar a su pueblo del dominio egipcio.

“Por la fe Moisés, cuando nació, fue escondido por sus padres por tres meses, porque le vieron niño hermoso, y no temieron el decreto del rey. Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón. Por la fe dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo al Invisible. Por la fe celebró la pascua y la aspersión de la sangre, para que el que destruía a los primogénitos no los tocase a ellos. Por la fe pasaron el Mar Rojo como por tierra seca; e intentando los egipcios hacer lo mismo, fueron ahogados” (Hebreos 11:23-29)

Este siervo de Dios, Moisés, fue tremendamente usado por Dios para liberar al pueblo de Dios y dirigirle por el desierto, proveyendo Dios para ellos y también utilizándole para escribir los primeros 5 libros de la Palabra de Dios. ¿Qué aprendemos de este pasaje? Vemos a Dios como el Salvador que responde al clamor de su pueblo esclavizado, levantando un líder para sacarle de Egipto y llevarle a la tierra de bendición que Dios había prometido de antemano a Abraham y a su descendencia. Vemos que los propósitos de Dios se cumplen más allá de las circunstancias y de los tiempos. Vemos como Dios hace diferencia entre su pueblo y quienes no le conocen. Vemos también a Moises como un tipo del Señor Jesucristo, liberando a su pueblo y sacándolo del mundo de maldad en el que nos encontramos de manera natural.

4. El gran plan de Dios muestra la justicia de Dios contra el pecado (v. 37-43)

“Este Moisés es el que dijo a los hijos de Israel: Profeta os levantará el Señor vuestro Dios de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis. Este es aquel Moisés que estuvo en la congregación en el desierto con el ángel que le hablaba en el monte Sinaí, y con nuestros padres, y que recibió palabras de vida que darnos; al cual nuestros padres no quisieron obedecer, sino que le desecharon, y en sus corazones se volvieron a Egipto, cuando dijeron a Aarón: Haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido. Entonces hicieron un becerro, y ofrecieron sacrificio al ídolo, y en las obras de sus manos se regocijaron. Y Dios se apartó, y los entregó a que rindiesen culto al ejército del cielo; como está escrito en el libro de los profetas: ¿Acaso me ofrecisteis víctimas y sacrificios en el desierto por cuarenta años, casa de Israel? Antes bien llevasteis el tabernáculo de Moloc, y la estrella de vuestro dios Renfán, figuras que os hicisteis para adorarlas. Os transportaré, pues, más allá de Babilonia”

Este Moisés, hablando por la inspiración de Dios, profetizó acerca de un profeta que Dios levantaría después de él. Este Moisés es quien trajo la Ley escrita por el dedo de Dios para enseñar al pueblo de Israel. Dios desea formar un pueblo santo, que sea de testimonio a este mundo por medio de su Palabra. Sin embargo, el pueblo de Dios no quiso obedecer, desecharon el consejo de Dios y sus corazones se volvieron a Egipto, aunque sus cuerpos físicos estaban en la tierra prometida. Este es uno de los textos mas tristes acerca del pueblo de Dios, su rebeldía y su obstinación. Debido a la desobediencia del pueblo de Dios, el Señor se apartó de ellos y los entregó a su mente reprobada, a que ellos dejaran al Dios de Israel y se volvieran a la vanidad de los ídolos mudos y sordos, tal como estaba anunciado en los profetas:

“¡Ay de los que desean el día de Jehová! ¿Para qué queréis este día de Jehová? Será de tinieblas, y no de luz; como el que huye de delante del león, y se encuentra con el oso; o como si entrare en casa y apoyare su mano en la pared, y le muerde una culebra. ¿No será el día de Jehová tinieblas, y no luz; oscuridad, que no tiene resplandor? Aborrecí, abominé vuestras solemnidades, y no me complaceré en vuestras asambleas. Y si me ofreciereis vuestros holocaustos y vuestras ofrendas, no los recibiré, ni miraré a las ofrendas de paz de vuestros animales engordados. Quita de mí la multitud de tus cantares, pues no escucharé las salmodias de tus instrumentos. Pero corra el juicio como las aguas, y la justicia como impetuoso arroyo. ¿Me ofrecisteis sacrificios y ofrendas en el desierto en cuarenta años, oh casa de Israel? Antes bien, llevabais el tabernáculo de vuestro Moloc y Quiún, ídolos vuestros, la estrella de vuestros dioses que os hicisteis. Os haré, pues, transportar más allá de Damasco, ha dicho Jehová, cuyo nombre es Dios de los ejércitos” (Amós 5:18-27)

Lo que queda claro entonces es que la misericordia y fidelidad de Dios al seguir desarrollando su plan de salvación aun a pesar del pecado, desobediencia y rebeldía de su pueblo, no exime la santidad y la justicia de Dios que debe castigar el pecado y juzga al pueblo rebelde. Aún más, la rebeldía del hombre aun a pesar de la misericordia de Dios lo único que hace es pintarla aun mas terrible y digna de castigo. Nos indigna tanto como ver el caso de una persona desvalida y en profunda necesidad que es ayudada, alimentada y sostenida, para luego esa misma persona atentar contra sus benefactores. ¿Qué aprendemos de esta sección? El plan de Dios nos muestra su amor, bondad y misericordia; pero también nos muestra su santidad y su justicia. El hombre no ha querido adorar a Dios; por ello el Señor ha entregado a la humanidad a su maldad. El hombre será juzgado por su pecado, porque Dios es el Juez justo de toda la tierra. Sin embargo, la misericordia de Dios sigue manifiesta en el desarrollo de su plan de salvación a toda la humanidad.

5. El gran plan de Dios no queda anulado a pesar del pecado y el rechazo del hombre (v. 44-53)

“Tuvieron nuestros padres el tabernáculo del testimonio en el desierto, como había ordenado Dios cuando dijo a Moisés que lo hiciese conforme al modelo que había visto. El cual, recibido a su vez por nuestros padres, lo introdujeron con Josué al tomar posesión de la tierra de los gentiles, a los cuales Dios arrojó de la presencia de nuestros padres, hasta los días de David. Este halló gracia delante de Dios, y pidió proveer tabernáculo para el Dios de Jacob. Mas Salomón le edificó casa; si bien el Altísimo no habita en templos hechos de mano, como dice el profeta: El cielo es mi trono, y la tierra el estrado de mis pies. ¿Qué casa me edificaréis? dice el Señor; ¿O cuál es el lugar de mi reposo? ¿No hizo mi mano todas estas cosas? ¡Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros. ¿A cuál de los profetas no persiguieron vuestros padres? Y mataron a los que anunciaron de antemano la venida del Justo, de quien vosotros ahora habéis sido entregadores y matadores; vosotros que recibisteis la ley por disposición de ángeles, y no la guardasteis”

En esta última sección vemos como Esteban muestra a Dios levantando a siervos después de Moises, a Josué, a David y luego a Salomón para dirigir, presidir y velar por su pueblo y aun para construir un lugar común de adoración para el Señor. Lo que buscaba Dios es la consolidación del pueblo de Dios; sin embargo, la acusación de Esteban es clara: tanto el pueblo de Israel en la antigüedad persiguió a José, persiguió a Moisés, se rebeló contra Dios en el desierto, olvidaron muy rápido a Josué y sobre todo desecharon la Palabra de Dios. Ello les trajo como consecuencia la disciplina correctiva de Dios.

Aquí vemos la fidelidad de Dios en enviar al Justo, a Jesucristo, a quien había de antemano prometido a Abraham, quien había sido prefigurado en Jose, quien había sido anunciado por Moises, quien fue visualizado de antemano por David, quien fue anunciado por los profetas. El pecado de Israel, que es el pecado del ser humano no ha podido anular el maravilloso plan de salvación de Dios en Cristo Jesús. Sin embargo, la acusación a los miembros del concilio es que ellos han colmado la medida de sus padres:

  • Son duros de cerviz, es decir, se resisten a doblegarse y humillarse ante Dios
  • Son incircuncisos de corazón, es decir, tienen la señal externa del pacto, la circuncisión; sin embargo, su corazón no ha seguido el ejemplo de Abraham
  • Son incircuncisos de oídos, es decir, no tienen la disposición de oír y obedecer la Palabra de Dios
  • Ellos siempre resisten al Espíritu Santo al igual que sus antecesores. Ellos no perseguían a Jose, no desecharon a Moises, no despreciaron a Josué. Ellos despreciaron al Espíritu Santo que los guiaba, que les daba su Palabra, que quería tener comunión con ellos.
  • Ellos persiguieron y mataron a los profetas que hablaban de parte de Dios y anunciaban la venida del Justo.
  • Ellos entregaron y mataron al Hijo de Dios, desechando y despreciando la salvación de Dios
  • Ellos recibieron la ley por disposición de ángeles y no la guardaron

Este sermón no pudo terminar porque en este mismo punto de confrontación, los judíos miembros del concilio se enfurecieron en sus corazones y crujieron sus dientes contra Esteban. Realmente con su reacción solo daban la razón al hombre de Dios. Ellos nunca abrían su corazón a Dios. Respondieron ante la Palabra de Dios cerrando su corazón, endureciendo su corazón, levantándose orgullosamente y desechando la voluntad de Dios. Ellos apedrearon a Esteban, convirtiéndole en un mártir del Señor. ¿Qué aprendemos de este pasaje? Aprendemos que, a pesar de la maldad del hombre, Dios en su misericordia aun ofrece salvación a toda la humanidad por medio de la fe en la persona y obra del Señor Jesucristo en la cruz a favor de los pecadores. Cuando abundó el pecado, sobreabundó la gracia de Dios a favor de todo aquel que lo necesite.


El gran plan de Dios para la salvación de los hombres, este misterio oculto desde siglos, pero ahora revelado a los apóstoles del Señor y legado a nosotros por medio de la Palabra de Dios, se ha ido desarrollando a lo largo de los siglos. Ningún esfuerzo humano, por mas perseverante que sea, puede estorbar, distraer, detener o rechazar el obrar de Dios en medio de los tiempos.