En estos días, en muchos países, sobre todo los de tradición cristiana, se celebra la Semana Santa, el recordatorio de la ultima semana de la vida de Jesús. En esta semana recordamos la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Sin embargo, esta maravillosa obra de la gracia y misericordia de Dios no sería posible sin su encarnación. Cristo se hizo carne y sangre viniendo a este mundo para poder bendecirnos y darnos la salvación. La encarnación del Señor Jesucristo es importantísima para la obra de la salvación.

Para entenderlo mejor vamos a leer y considerar el evangelio de Juan capítulo 1 versos 14 al 18

Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.  Juan dio testimonio de Él y clamó, diciendo: Este era del que yo decía: «El que viene después de mí, es antes de mí, porque era primero que yo». Pues de su plenitud todos hemos recibido, y gracia sobre gracia. Porque la ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad fueron hechas realidad por medio de Jesucristo. Nadie ha visto jamás a Dios; el unigénito Dios, que está en el seno del Padre, Él le ha dado a conocer.

1. Cristo se hizo carne y habitó entre nosotros

Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.  Juan dio testimonio de Él y clamó, diciendo: Este era del que yo decía: «El que viene después de mí, es antes de mí, porque era primero que yo».

Lo primero que vemos como declaración de la Palabra de Dios es que Cristo el Verbo de Dios se hizo carne e (lit.) hizo su morada con nosotros. El que es Jehová Dios el Hijo “aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres.Y hallándose en forma de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filipenses 2:6-8). Cristo se vacío a si mismo, dejando a un lado muchos de los atributos de su divinidad para revestirse de carne y de sangre. Aun así dice la Palabra que “vimos su gloria gloria como la del Unigénito del Padre lleno de gracia y verdad”. Aun su gloria velada por la carne y la sangre no podía ocultar completamente la naturaleza gloriosa del que es Antes que todas las cosas y por quien todas las cosas subsisten (Hebreos 2:10a). Cristo es quien aun sostiene todas las cosas por la Palabra de su poder y por quien todas las cosas fueron hechas aun en su humanidad. Dios se hizo carne y Juan el Bautista testificó de ello clamando y proclamando su poder y autoridad ante la cual Juan es solo un siervo y un mensajero. Cristo es el Señor. El se sometió voluntariamente a las leyes físicas y a las limitaciones humanas pero aun en esa condición seguía siendo Dios seguía siendo Señor y seguía sosteniendo el universo con su poder.

Cristo se encarnó para vivir entre nosotros y experimentar las vicisitudes de la vida humana pero sin pecado (Hebreos 4:15). Habitó entre nosotros para vivir una vida perfecta y agradable delante de su Padre con lo cual Dios puede adjudicar esa perfección a los que creen en El. Cristo vino a esta tierra para tener victoria donde Adán e Israel fallaron. En palabras del apóstol Pablo: “porque si por la transgresión de aquel uno murieron los muchos, abundaron mucho más para los muchos la gracia y el don de Dios por la gracia de un hombre, Jesucristo” (Romanos 5:15). Así pues Cristo se identificó con la humanidad perdida y así poder ser nuestro Redentor el que muere en nuestro lugar para salvarnos. El hombre fue el que pecó. Es el hombre quien debe morir por su pecado. Por eso Cristo se hizo hombre para morir en nuestro lugar.

2. Cristo se hizo carne para traernos la gracia de Dios

Pues de su plenitud todos hemos recibido, y gracia sobre gracia. Porque la ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad fueron hechas realidad por medio de Jesucristo

También vemos que Cristo vino para traernos y mostrarnos de manera perfecta la gracia de Dios. Se nos dice que de su plenitud tomamos todos y abundante gracia recibimos de parte de Él. La Ley de Moisés nos habla del carácter santo y del alto estándar moral de Dios, pero no grafica perfectamente todo el carácter de Dios. Muchos, al leer el Antiguo Testamento pueden ser inducidos a pensar en un Dios cruel y rígido. Cristo se encarnó para mostrarnos que Dios es Santo y no tolera el pecado, castiga al pecador y odia la injusticia, pero que también es amoroso, misericordioso y perdona al pecador cuando éste se arrepiente. Cristo grafica perfectamente el carácter de Dios porque El es Dios mismo. Juan nos declara capítulos más adelante:

Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto. Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta. Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?

Cristo se encarnó para traer la gracia de Dios a una humanidad condenada por el pecado y sin ninguna oportunidad de salvación por si misma. En Cristo hay salvación, esperanza y una nueva oportunidad. Por ello, Pablo alienta a todos a no desperdiciar el día de la salvación y hoy buscar al Señor. La Biblia te invita a “buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar” (Isaías 55:6-7).

3. Cristo se hizo carne para darnos a conocer a Dios

Nadie ha visto jamás a Dios; el unigénito Dios, que está en el seno del Padre, Él le ha dado a conocer.

Por último se nos dice que a Dios ningún ser humano le he visto. El ser humano no puede conocer a Dios por si mismo porque el Señor “el único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible; a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver, al cual sea la honra y el imperio sempiterno. Amén” (1 Timoteo 6:16). Cuando Moisés pidió ver la gloria de Dios el Señor le respondió: “Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro, y proclamaré el nombre de Jehová delante de ti; y tendré misericordia del que tendré misericordia, y seré clemente para con el que seré clemente.  Dijo más: No podrás ver mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá” (Éxodo 33:19-20). El hombre no puede acercarse a Dios porque es pecador y esta separado de Dios (Romanos 3:23). Todas las religiones del mundo se enfrascan en el inútil intento de acercarse a Dios por medio de obras ritos y tradiciones. Sin embargo, el cristianismo bíblico, a diferencia de las religiones del mundo, nos declara no lo que el hombre debe hacer para acercarse a Dios, sino que nos muestra lo que Dios ha hecho: El se ha acercado a la humanidad pecadora. El ha entregado a su propio Hijo a la muerte para pagar la condena por el pecado y darnos la posibilidad de la salvación.

Demos gracias a Dios por Cristo quien se hizo hombre para identificarse con la humanidad caída y ser nuestro Redentor. Alabemos al Señor por su Hijo Cristo, quien nos trajo la gracia de Dios y su amor para con los hombres. Demos gloria al Señor porque si bien es cierto nosotros no podemos acercarnos a Dios, El se acercó a nosotros y nos dio a conocer el regalo maravilloso de la salvación.

Oremos al Señor