Hoy quiero compartir con ustedes al término de nuestra campaña por Semana Santa acerca de la resurrección de Cristo y de la importancia de esta doctrina para el cristianismo. Sin la resurrección de Cristo la obra de Dios seria incompleta y nuestra salvación imposible.

Para entender esto mejor, leamos 1 Corintios capítulo 15, versos 12 al 22:

1. Inútil es nuestra predicación y fe si Cristo no resucitó (v. 12-14)

“Pero si se predica de Cristo que resucitó de los muertos, ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos? Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe”

Hermanos, cuando oímos sobre el evangelio del Señor Jesucristo es decir su encarnación, su vida perfecta, su muerte en la cruz y su resurrección, podemos aceptarlas o rechazarlas, pero no podemos quedar impávidos ante ellas. En este sentido, y hablando específicamente de la doctrina de la resurrección de Cristo, tenemos que aceptar: Cristo resucitó de los muertos o no lo hizo. No hay términos medios. Pablo en este capítulo utiliza muchos argumentos para presentar defensa al hecho de que Cristo si ha resucitado, y no solo el, sino todos los creyentes después resucitaremos junto con El en gloria por la gracia de Dios. Pero si no creemos en la resurrección de Cristo, entonces Pablo tiene una sólida argumentación al respecto. Si Cristo no ha resucitado entonces:

  • Del todo no hay resurrección para nadie, versículo 13:16
  • Vana es nuestra predicación, versículo 14
  • Vana es nuestra fe, versículo 14
  • Somos falsos testigos, versículo 15
  • Nuestra fe no tiene valor, versículo 17
  • Todavía estamos en nuestros pecados, versículo 17
  • Los que han muerto desaparecieron, versículo 18
  • Entre todos los hombres somos los de mayor lástima, versículo 19

¡Este asunto teológico de la resurrección de Cristo no es un asunto menor! ¡Está vivo o el cristianismo es una mentira! ¡Esta es una doctrina divisoria! Entonces con respecto a esto Pablo va a empezar mencionando lo siguiente: “Ahora bien, si se predica que Cristo ha resucitado de entre los muertos, ¿como dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos?” Esto nos dice dos cosas importantes:

En primer lugar, que la predicación cristiana debe incluir las enseñanzas sobre la muerte, sepultura y resurrección del Señor Jesus. No podemos obviar ninguna de estas porque son partes centrales del evangelio. Jesus murió por nuestros pecados porque esa es la paga del pecado por la humanidad. Fue sepultado porque Jesus murió en su cuerpo físico. El literalmente entregó su cuerpo y derramó su sangre por nuestros pecados. El probó la muerte. Asimismo, Jesus resucitó y con ello demostró que Dios aceptó su sacrificio por la humanidad. Demostró que es Dios y tiene poder sobre la muerte y que la salvación ahora está disponible para todos los que creen en El.

En segundo lugar, lo que Pablo nos está diciendo es que había y hay aun ahora, personas entre los creyentes que tienen enseñanzas equivocadas o aun creyentes que tienen una enseñanza deficiente y pervierten la doctrina de la resurrección de Cristo. La misma secta de los gnósticos, latente y operativa ya en los tiempos apostólicos no creían en la resurrección corporal de Cristo. El mundo griego gentil de esa época tampoco creía en ello, por eso vemos que los filósofos griegos se burlaban de Pablo cuando hablaba de la resurrección de los muertos.

Ahora, Pablo no esquiva el problema sino reconoce que hay enseñanzas equivocadas en medio de la iglesia del Señor. Por ello, se pone en el caso hipotético de que Cristo no ha resucitado. En base a ello, esgrime las consecuencias de pensar así, porque hermanos las ideas tienen consecuencias. Las creencias nos llevan a conclusiones y a actitudes y comportamientos. Pablo va a ponerse en el caso de que Cristo no hubiera resucitado para mostrarnos las consecuencias de pensar así y con ello resaltar la importancia de la doctrina de la resurrección de Cristo como parte central del evangelio. Pablo dice en primer lugar: Si Cristo no ha resucitado, entonces:

Nuestra predicación es inútil – La palabra traducida por “vana” significa “inútil, vacía, etc.”, y es una declaración muy fuerte de Pablo, pero tiene todo el sentido del mundo. ¿Por qué? Hermanos, si Cristo no resucitó, entonces no somos salvos. Dios no aceptó el sacrificio de su Hijo, aún estamos condenados, es decir, muertos espiritualmente. Si Dios no aceptó el sacrificio de su Hijo, entonces aun su justicia no ha sido satisfecha, su ira esta allí, latente, poderosa, infinita contra la humanidad por sus pecados. No hay perdón desde los cielos, sino ira, condena y juicio. Dios no puede ser propicio al pecador porque su ira no ha sido propiciada, cubierta, satisfecha. No ha habido sacrificio suficiente para satisfacer la justa ira de Dios. Entonces cuando nosotros prediquemos, predicamos sobre salvación, sobre fe, sobre arrepentimiento de los pecados y ¿sabes que pasaría? Absolutamente nada. Como no ha habido un sacrificio y la ira de Dios no ha sido satisfecha, desde los cielos no hay misericordia, no hay perdón, el Espíritu Santo no ha sido enviado, no hay regeneración. Dios no salva a nadie porque el asunto del pecado no ha sido resuelto. Sin regeneración, no hay fe, nadie puede creer, nadie puede ser salvo. Entonces, si Cristo no resucito, nosotros predicamos, pero no hay respuesta del otro lado, porque no hay regeneración de parte de Dios. Sin regeneración, no hay fe, no hay salvación; y no hay salvación porque no hay Salvador. Siguiendo la lógica de Pablo, Cristo murió, pero nunca resucito, entonces no es Salvador, seguimos estando perdidos. Toda predicación seria inútil, no habría evangelio, solo dependeríamos de nuestras fuerzas para ser salvos, pero para ello deberíamos cumplir toda la Ley de Dios, todos los mandamientos, todos y cada uno de ellos.

Nuestra fe es inútil – También dice Pablo que nuestra fe es inútil, porque estamos descansando nuestra esperanza en que Jesucristo nos perdona. La Palabra de Dios dice: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9). Pero si no hay salvación, entonces así confesáramos nuestros pecados, no habría perdón ni limpieza de nuestros pecados. Miraríamos al cielo a clamar y pedir justicia y no encontraríamos respuesta. Los cielos serian de hierro y bronce y no habría respuesta a nuestro clamor. ¿A quién acudiríamos si no hubiera un Salvador? Nuestra fe seria vana, como la de aquellos que acuden a la leña, a la piedra y al palo; que acuden y confían en la nada. ¡Que terrible situación!

Hermanos, ¿entienden la situación que está planteando Pablo? Si Cristo no ha resucitado nada tiene sentido. El cristianismo sería vacío, inútil, sería una religión vana. Todos aquellos que se consideran cristianos estarían confiando en la nada, todo serian ilusiones para ellos, no habría esperanza. Los cristianos viviríamos en la culpa y vergüenza constante porque no habría perdón de parte de Dios, ni salvación, ni restauración, ni nada. Solo silencio de parte de Dios, solo habría ira, juicio.

2. Falsa es nuestra fe si Cristo no resucitó (v. 15-19)

“Y somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que él resucitó a Cristo, al cual no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan. Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados. Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron. Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres”

En esta segunda sección, el apóstol Pablo continúa explorando las consecuencias de pensar que Cristo no resucitó. Ahora, Pablo nos da 4 consecuencias más de este pensamiento:

Somos testigos falsos de Dios – El apóstol Pablo dice: “Y somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que él resucitó a Cristo, al cual no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan“. La conclusión es clara: si Cristo no resucitó, si Dios no resucitó a Cristo entonces lo que estamos predicando es una mentira y somos falsos testigos de Cristo. Eso quiere decir que si esto es cierto toda la predicación de los apóstoles era mentira porque todo lo que dijeron de Cristo era falso y ellos eran mentirosos hablando de la resurrección de un Cristo que nunca resucitó.

Aún estamos en nuestros pecados – Pablo continúa diciendo: “Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados“. La siguiente conclusión es una que ya habíamos visto anteriormente, pero en mayor detalle: si los muertos no resucitan, Cristo no resucitó, entonces nuestra fe es vana y aún seguimos en condenación. Hermano, ¿sabes lo que significaría saber que mueres y llegas a la presencia de Dios y todos tus pecados son presentados delante de Dios y te das cuenta que estas condenado, que todo lo que creíste fue en vano y que tu destino eterno sigue siendo el infierno? ¡Seria la cosa más horrorosa del mundo! Imagínate los hermanos que fielmente han servido al Señor, que predican la Palabra, que procuran vivir en santidad. No serviría de nada porque por mas obediencia que hicieran ahora, seguiríamos aun en condenación. Si Cristo no resucitó, tus pecados aún siguen estando entre tú y Dios. La Biblia dice que Dios no tiene comunión con el pecado, no puede ver al pecador. Si no hay perdón, aún hay un abismo enorme de diferencia entre Dios y los hombres. No hay esperanza, no hay paz, no hay nada. ¿Recuerdas aquel hombre que murió en la cruz al lado de Jesús? Cristo le prometió diciéndole: “Te digo que hoy mismo estarás conmigo en el Paraíso“. Hermanos, ese hombre pudo haber vivido una vida destruida por el pecado, llena de problemas, de angustia, pero ese hombre murió en paz, sabiendo que al final de su vida encontró el perdón y la restauración. Ese hombre murió sabiendo que abriría sus ojos nuevamente y ahora ya no habría maldad ni tristeza, sino perdón y paz. Pero si Cristo no resucito de los muertos, entonces ese hombre murió engañado. Murió en desesperanza y así se acabó todo. Y así, todas las personas que se equivocaron durante toda su vida pero que encontraron consuelo en Dios y en su Palabra, vivieron toda su vida engañados, porque aún viven en sus pecados, en condenación, en humillación y en sus errores.

Los que durmieron en Cristo desaparecieron – También Pablo dice: “Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron“. No solo ese hombre murió engañado, todos los que durmieron en Cristo desaparecieron, se terminaron, nunca más se levantaran, se volvieron polvo, se descompusieron sus cuerpos y su memoria se extinguió para siempre. Eso significa que Pablo, Juan, Pedro, Mateo, Marcos, Lucas, Bernabe, Apolos, Priscila, Aquila, Timoteo, todos los creyentes del primer siglo, los mártires cristianos, los reformadores, Lutero, Calvino, los famosos predicadores del siglo XIX, Spurgeon, Wesley, todos los grandes siervos y misioneros del siglo anterior y el actual, todos aquellos que han ofrendado sus vidas, que se han sacrificado, que han entregado todo por amor a Dios, que han invertido su tiempo, dinero y esfuerzo, que han criado a sus hijos en el temor de Dios, que han servido a Dios y han muerto, lo hicieron todo en vano. Vivieron una vida de sacrificio, aun muchos de aflicciones con la esperanza puesta en una nueva vida de gloria delante de Dios, pero esa gloria nunca llegó porque Cristo no resucitó.

Somos los más miserables de los hombres – Pablo culmina diciendo: “Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres“. Es razonable esa conclusión porque si los muertos no resucitan y si Cristo no resucitó, entonces nuestra fe es vana, nuestra predicación es inútil, somos mentirosos al predicar la resurrección de Cristo, Dios realmente nunca lo hizo, aun la humanidad entera está perdida, aun los creyentes seguimos en nuestros pecados y sin esperanza de ser perdonados jamás porque nunca hubo un sacrificio por los pecados de los hombres. Los hombres que sufrieron y murieron por causa del evangelio murieron en vano. No hay recompensas a su esfuerzo, no hay una esperanza de una vida en la presencia de Dios. Es más, su recompensa después de una vida de sacrificio y servicio seria la condenación eterna porque nunca hubo perdón de pecados. En vano nos guardamos, en vano obedecemos la Palabra de Dios, en vano servimos a Dios. Si realmente Cristo no resucito de los muertos, somos los más miserables de los hombres, viviendo engañados, sirviendo sin esperanza, sin gozo, sin recompensa, con la carga de nuestros pecados encima, sin nada que esperar solo la muerte y la condenación.

Hermanos, esta es la parte más triste y terrible de esta situación hipotética que Pablo describe. El cristianismo sin la resurrección de Cristo seria la peor de las creencias, la más dañina, la más engañosa. Sin Cristo y su resurrección no hay nada.

3. Verdadera y viva es nuestra fe porque Cristo resucitó (v. 20-22)

“Más ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque, así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados”

Pero hermanos, podemos gritar ¡Gracias Señor! Porque todo lo que acabamos de ver y examinar es solo una situación hipotética planteada por Pablo, un recurso literario que él ha usado para enfatizar la importancia de la doctrina de la resurrección de Cristo. Hermanos, dice Pablo “más ahora Cristo ha resucitado de los muertos, primicias de los que durmieron es hecho“. ¡Cristo ha resucitado! Él se encarnó en un hombre, vivió una vida perfecta, murió en una cruz junto a los malhechores, fue sepultado y resucito al tercer día. Se levantó de los muertos, la tumba está vacía, las cadenas de la muerte no lo pudieron detener. Cristo resucito, Dios le levanto de los muertos, el sacrificio por el pecado fue aceptado, la justicia de Dios fue satisfecha, la ira de Dios fue aplacada, el perdón fue otorgado. Ahora Dios es propicio al pecador, la puerta de la salvación se abrió para toda la humanidad, Ya no hay ira, ahora hay paz, ya no hay juicio, ahora hay misericordia, hay perdón, hay restauración. Ahora el pecador puede acercarse confiadamente al trono de la gracia para encontrar misericordia y oportuno socorro. Ahora, hay esperanza de una vida nueva en la presencia de Dios, sin dolor, sin enfermedad, sin tristeza en el cielo en la presencia de Dios. Ahora se proclama en todo el mundo que Cristo vive y que manda a todos los hombres que se arrepientan de sus pecados y se vuelvan a Cristo. No importa lo que hayas hecho, quien seas, que pecados hayas cometido, que tan mal se encuentre tu vida, cuantas desgracias hayas vivido. Ahora, hoy mismo, Dios te da la oportunidad de empezar de nuevo, te ofrece la salvación, el perdón de tus pecados, la esperanza de que cuando mueras te levantaras de los muertos para una nueva vida y gloriosa. Ahora los que sirven a Dios, aunque enfermen y envejezcan, tenemos la esperanza de que algún día veremos a nuestro Señor a los ojos, le veremos en un cuerpo glorificado, sin pecado, ni enfermedad. ¡Gloria a Dios! ¡Gloria a Cristo! ¡Gracias Señor!

El apóstol Pablo termina diciendo: “Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque, así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados“. Jesus no solo derroto a la muerte, sino que derroto la condena de la naturaleza humana pecadora. La muerte entró en la creación por causa de la desobediencia de Adán, porque la paga del pecado es la muerte. Asimismo, por la obediencia de Cristo vino a este mundo la resurrección de los muertos, no solo la resurrección de Cristo, sino de todos aquellos que creen en El. En Adán, dice Pablo, todos mueren. La herencia de nuestros padres es la condenación. Nacemos en pecado, condenados y destinados al infierno. Sin embargo, en Cristo, todos serán vivificados. En Cristo hay perdón, paz, esperanza, vida eterna, restauración, gozo y victoria sobre la enfermedad, el pecado y la muerte.

4. Conclusiones

La doctrina de la resurrección de los muertos, en especifica la resurrección de Cristo es un tema central en la teología bíblica. Sin la resurrección de Cristo, el cristianismo no tiene sentido; pero gracias a que Dios levantó a su Único Hijo de los muertos es que tenemos esperanza y gozo en esta vida y la promesa certera de una gloriosa vida nueva en los cielos.  La doctrina de la resurrección es importante porque:

  • La resurrección de Cristo Jesús significa que somos justificados ante Dios
  • La resurrección de Cristo Jesús demuestra que Él venció la muerte
  • La resurrección de Cristo Jesús confirma la verdad de las Escrituras
  • La resurrección de Cristo Jesús significa que resucitaremos al igual que Él
  • La resurrección de Cristo Jesús implica que podemos vivir en esperanza de la nueva vida que Dios nos dará.

Oremos al Señor.