En esta oportunidad quiero compartir con ustedes la curiosa historia de un cántico que llegó a hacerse muy popular en el pueblo de Israel, que provocaba alegría por lado del pueblo que lo cantaba, pero que provocaba celos e ira de parte de Saúl, el rey de Israel en esa época. Este cántico nació del pueblo, quien veía las hazañas que realizaba el joven David, fue compuesto en su honor y pasó a ser tan importante, como para ser registrado en las Sagradas Escrituras, porque reflejaba una enseñanza muy importante, la cual quiero recalcar el día de hoy: una vida íntegra tiene poder. No hay nada más poderoso, mas estable, mas digno de confianza delante de Dios y delante de los hombres que una vida marcada por la integridad hacia la Palabra de Dios. David era un ejemplo de esto y quiero poder extraer los hermosos principios y enseñanzas de este episodio de la vida de David, el siervo de Dios.

David venció al gigante Goliat por su fe en el Señor

En primer lugar, quiero considerar el texto donde se menciona por primera vez este canto:

“Aconteció que cuando volvían ellos, cuando David volvió de matar al filisteo, salieron las mujeres de todas las ciudades de Israel cantando y danzando, para recibir al rey Saúl, con panderos, con cánticos de alegría y con instrumentos de música.
Y cantaban las mujeres que danzaban, y decían:
Saúl hirió a sus miles,
Y David a sus diez miles
   (1 Samuel 18: 6-7)

Es curioso porque cuando volvía el pueblo de Israel de la guerra, quien había sido usado por Dios para dar la victoria al pueblo había sido David. Fue él quien valientemente enfrentó al gigante Goliat, cuando nadie mas quiso hacerlo. Fue el pueblo a recibir a Saúl pero a quien aclamaron en los cánticos fue a David. Saúl era el rey, el elegido por Dios, pero quien había actuado y había obedecido a Dios, obrando en fe y viendo la poderosa mano de Dios había sido David. El había dado un tremendo ejemplo al pueblo, y a quienes podemos ver su ejemplo hoy, que quien Dios es galardonador de los que le buscan (Hebreos 11: 6) y que no serán avergonzados los que confían en el Señor (Salmos 22: 5)

Pero, ¿que había provocado que sucediera esto en la vida de David? Dios estaba levantando a David, pero esto no sucedía de la noche a la mañana, ni tampoco por arte de magia la gente de pronto reconocía ese obrar de Dios en la vida de David, sin necesidad de que David dijera algo. Podemos ver dos aspectos importantes en la vida de este joven, que lo fueron llevando al destino que Dios tenía para el: ser el más grande rey que ha tenido el pueblo de Israel (2 Samuel 23: 1)

1. David tenia una vida de testimonio delante de Saúl y de la gente

La Biblia nos enseña que David tenía una vida de testimonio delante del rey Saúl y los demás. Esta cualidad no era desconocida para la gente, quienes veían con agrado su forma de comportarse en público como en privado, en momentos difíciles como en situaciones de presión.

“Y salía David a dondequiera que Saúl le enviaba, y se portaba prudentemente. Y lo puso Saúl sobre gente de guerra, y era acepto a los ojos de todo el pueblo, y a los ojos de los siervos de Saúl”              (1 Samuel 18: 5)

Mas todo Israel y Judá amaba a David, porque él salía y entraba delante de ellos”  (1 Samuel 18: 16)

Los rasgos de nuestro carácter son evidentes a los demás. Nuestras decisiones evidencian la fortaleza, madurez o debilidad de nuestro carácter. Todos los que rodeaban a David veían en él mayores cualidades que en el mismo Saúl. Y esto a la larga tiene consecuencias: la gente pone su confianza en quienes tienen un carácter formado, trabajado, quienes no son de doble ánimo ni tienen motivaciones ocultas o desconocidas. Dios confirma su llamado a una persona por medio del crecimiento y madurez de su carácter, el cual las otras personas pueden ver y atestiguar, o confirmar, que Dios está obrando en tal persona. No podemos hablar de un llamado, de un respaldo de Dios sin un respaldo de carácter e integridad en una persona. Dios no obra contrariamente a su Palabra. El el santo y sus siervos, deben ser santos en toda su forma de vivir también (1 Pedro 1: 16, 2 Timoteo 2: 20-21)

La vida integra de David para con Dios en lo privado tuvo su recompensa en público

2. David tenía una vida integra para con Dios

Esta evidencia externa en el carácter de David tenía un fundamento sólido: David tenía una vida de integridad delante de Dios, y el Señor respaldaba con su bendición esa vida de obediencia. Veamos los siguientes pasajes:

“Mas Saúl estaba temeroso de David, por cuanto Jehová estaba con él, y se había apartado de Saúl”   (1 Samuel 18: 12)

“Y David se conducía prudentemente en todos sus asuntos, y Jehová estaba con él  (1 Samuel 18: 14)

Este era el secreto de la vida de David: Jehová estaba con el. Sabemos que David fue llamado un hombre conforme al corazón de Dios (Hechos 13: 22). Pero esto no sucedió por arte de magia. David era un hombre temeroso de Dios, que amaba al Señor; no era perfecto ni nunca lo fue, pero su corazón estuvo enfocado en Dios, su gloria y lo que a El le agradaba. Y porque Jehová estaba con David, el podía enfrentar cualquier situación, por mas difícil que fuera, de la mejor manera. Y mientras David se iba engrandeciendo, Saúl se iba degenerando mas y mas, debido a sus malas decisiones y a su corazón desobediente al Señor, hasta que al final, el reino fue dado al pequeño e ignorado David, pero que supo guardar su vida en amor y obediencia al Señor.

Una vida de integridad para con Dios en lo privado siempre producirá recompensas en público. El mismo Señor Jesús lo enseño así (Mateo 6: 4, 6, 18). Nadie puede derrotar a quien tiene una vida de obediencia delante del Señor. Ningún desánimo, crisis, derrota, tentación o artimaña del enemigo puede derrotar permanentemente a quien permanece escondido bajo las alas del Señor (Salmos 57: 1, 63: 7)

El poder de una vida íntegra, conforme al corazón del Señor

Quiera el Señor darnos, en su misericordia, un corazón conforme al de El, de tal manera que podamos amarlo a El por sobre todas las cosas y entender que toda nuestra vida está en sus manos, que El nos esta llevando, a través de procesos y circunstancias, a la semejanza a su Hijo Jesucristo. Que entendamos que esta obra soberana de Dios, que es por su amor y pura gracia, no excluye el hecho de que nosotros nos comportemos prudente y sabiamente para con quienes nos rodean, dando testimonio de una vida integra, de obediencia y temor de Dios. Y nada hay que el hombre o mujer puedan temer en esta vida, si han ganado la batalla de la integridad, de rodillas delante del Señor del universo. Porque una vida integra si tiene poder: Dios la respalda, y contra eso, ¿quien podrá?.

Amen!