El día de hoy quiero meditar en el origen y la naturaleza de la mayoría de los problemas que tenemos. Si pensamos en ello, muchas veces podríamos decir que nuestros problemas se deben a la falta de dinero, a una educación deficiente, a un trabajo que es absorbente, a una familia disfuncional, a una relación rota, a que nos traicionaron, a una esposa irritable, a un esposo insensible, a unos hijos rebeldes, a un líder que nos falló, etc. Hay situaciones que escapan completamente de nosotros, tales como la muerte, o una enfermedad imprevista; estas situaciones externas están fuera de nuestro alcance, no tenemos control sobre ellas, no sabemos cuando ocurrirán, son parte de la vida y lo que podemos hacer es estar preparados para reaccionar correctamente.

¿Cuál es mi mayor problema?

Sin embargo, los demás casos nos plantean una cuestión importante: ¿cuál es mi mayor problema? ¿Acaso con mas dinero se solucionarían mis conflictos?, ¿si cambio de trabajo todo volvería a la paz absoluta? Bueno, queremos el día de hoy ver en la Palabra de Dios para saber cuál es nuestro mayor problema bajo la óptica de Dios, que es la verdad absoluta y la norma de referencia para saber que es lo correcto y real en este mundo.

Heridos en lo mas profundo de nuestro ser

La Biblia declara categóricamente que el ser humano está dañado en lo mas profundo de su ser. Nacemos con una naturaleza pecadora, separados de Dios. En ese sentido, el pecado ha afectado todas y cada una de las áreas de la vida del ser humano, distorsionando y corrompiendo el diseño original de Dios para el hombre. Esto se llama la depravación total del ser humano y no sólo es un asunto de interés de los teólogos, sino que es la realidad de nuestra vida y tenemos que tenerla en cuenta.

No hay bestia en un lobo o un león o una serpiente, que sea tan brutal como la bestia en el hombre. —Charles Spurgeon

La corrupción total del ser humano no significa que somos monstruos, incapaces de nada bueno, sino que el ser humano aún puede apreciar la belleza, el amor y ser capaz de algunos actos buenos. Sin embargo, es completamente incapaz de hacer algo completamente bueno en la medida y estándar de Dios. Nada de lo que haga puede agradar a Dios (Romanos 8:8), perfecto y tres veces santo, porque el hombre por naturaleza es pecador desde que nace (Romanos 3:9-12). No puede acercarse a Dios, ni desea hacerlo (Efesios 2:1). El pecado nos ha dañado en formas que aún no entendemos plenamente pero está presente en cada cosa que el ser humano es y hace.

Somos pecadores por naturaleza

Cuando venimos a Cristo y somos salvos por la fe en El, somos regenerados y empezamos la carrera de la santidad, donde el Señor está obrando en nuestras vidas, dado que hemos sido salvados de la condenación eterna por el pecado; pero aún la naturaleza pecadora está en nuestro ser. Por ello se nos manda a “andar en el Espíritu y no satisfacer los designios de la carne” (Gálatas 5:16)

¿Por qué digo esto? Porque el primer punto básico que tenemos que entender es que los problemas que experimentamos en la vida diaria, la mayoría de ellos, están relacionados íntimamente con la tendencia natural que tiene el ser humano a pecar. Aún en la vida de los creyentes, sobretodo si no están madurando y obedeciendo al Señor, dando el control de sus vidas al Espíritu Santo, el pecado está presente y es la razón de nuestras malas decisiones, orgullos, etc.

“Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. 
¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?”
(Romanos 7:22-24)

No quiero decir que el pecado es algo fuera de nosotros, que nos controla y domina en contra de nuestra voluntad,  sino que está en nosotros y la medida en que llene nuestro corazón y mente está en relación directa a nuestra madurez y obediencia al Señor y a su Palabra. Entonces, mientras mas desobediente sea al Señor, mas problemas tendré y pasaré mayores angustias. Mientras procure madurar, obedecer a Dios y caminar en santidad, mi vida será mas apacible, productiva, satisfactoria y plena.

Tu peor enemigo eres tu mismo

Mi mayor problema soy yo mismo

Entonces, ¿cual es mi mayor problema? Yo mismo. No en el sentido que lo dicen aquellos que enseñan superación personal o autoayuda, que proclaman que nuestro peor enemigo somos nosotros mismos en el sentido de vencer nuestros miedos y temores. Nuestro problema no son nuestros miedos o temores, nuestro problema es que somos pecadores y el pecado está en nuestro corazón y nuestra mente. Desde que hemos nacido somos pecadores y ahora, en Cristo, se libra la batalla mas importante de nuestras vidas: ¿vamos a vivir en la carne o en el Espíritu?.

Miremos lo que dice Santiago 1:13-15:

“Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido.
Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte”
     (Santiago 1:13-15)

Santiago dice claramente que somos tentados cuando de nuestra propia concupiscencia somos atraídos y seducidos. La palabra griega traducida por concupiscencia es epithumia y significa lo siguiente:

Definición de la palabra epithumia. Palabras griegas del Nuevo Testamento, por William Barclay

 

Entonces, el asunto es claro: nuestras propias pasiones, deseos desordenados nos arrastran y dominan. Una vez que eso ha llenado nuestra mente y corazón, actuamos y pecamos deliberadamente. Imagínate ahora eso en todo el ámbito de nuestras vidas. El mismo patrón funcionando vez tras vez: deseamos lo malo, lo que es desagradable a Dios, lo que nos gratifica egoístamente, lo deseamos y hacemos todo lo posible por obtenerlo. Una vez que lo tenemos, obtenemos las consecuencias de dicho pecado, porque a Dios no podemos burlarlo, todo lo que hombre siembre, eso cosechará (Gálatas 6:7).

Allí está la historia de nuestra vida, nuestros problemas tienen su base en nuestro pecado, ahora ¿como lo solucionamos? Bueno, debemos arrepentirnos de todo pecado y confesarlo ante el Señor. El ha prometido perdonarnos y limpiarnos de toda maldad (1 Juan 1:9). Además, debemos llenar nuestra mente y corazón con la Palabra de Dios, para preservarnos de pecar contra El (Salmos 119:11). Dios nos ha dado su Espíritu Santo para darnos guía, dirección y poder para vivir la vida cristiana de una manera agradable al Señor.

La responsabilidad es nuestra, no podemos echarle la culpa a nadie. Debemos buscar fervientemente vencer a nuestro mayor enemigo en el poder de Dios. Recordemos que con Cristo somos mas que vencedores y así como El ha vencido, nosotros podemos vencer, porque la victoria que vence al mundo es nuestra fe.

Amen!