En esta oportunidad, analizaremos las diferentes pero marcadas posiciones que toman las personas con respecto a la persona y obra del Señor Jesucristo. A diferencia de las religiones del mundo –algunas de ellas muy estrictas en la observancia de sus requisitos y demandas -, el cristianismo bíblico desata marcadas reacciones debido a que confronta al hombre no con un sistema de valores y místicas creencias, sino con Una persona: Jesucristo y lo que hizo a favor del hombre, muriendo por los pecados de la humanidad, resucitando y ordenando al hombre ahora en estos tiempos que se arrepienta de sus pecados y crea en su nombre para obtener perdón de pecados y la vida eterna.

Tenemos a la incredulidad y a la duda como contrapartes de la fe. Analizaremos cada una de ellas, examinando en que se basan y como las personas toman una postura u otra. Así pues, podremos examinarnos a nosotros mismos y entender en qué posición realmente nos encontramos con respecto a las demandas de la Palabra de Dios.

El proceso de la incredulidad

Partiendo del hecho que el conocimiento es el componente inicial de la fe, una persona debería ser expuesta al conocimiento sobre la persona y la obra de Jesucristo para que pudiera estar en condición de tener fe en El. Pero en este proceso de adquisición de conocimiento, las personas pasan por diferentes estadíos, en los cuales definen su posición y creencias frente al testimonio bíblico. En un punto inicial, las personas desconocen completamente acerca de Jesús y el evangelio. Luego, al ser expuestas al conocimiento, pasan por un periodo de duda y titubeo, donde aún no toman una decisión clara, sino que consideran lo que han conocido. Por último, en un acto de voluntad deliberada, las personas abrazan la fe o en su defecto la rechazan. Este último paso es el definitivo: hablamos de fe verdadera o de incredulidad deliberada. Pasamos de la incredulidad por ignorancia a la incredulidad consciente, la cual, después de haber oído y entendido, decide dar la espalda al mensaje que se le presenta.

La incredulidad y la duda como contrapartes de la fe

Las causas de la incredulidad

Esto, pues, digo y requiero en el Señor; que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente, teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos a la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón” (Efesios 4: 17-18)

Dado que hablamos de una decisión consciente de la voluntad, la incredulidad es responsabilidad de la persona, no de las circunstancias. Es más, la Biblia declara que las personas por tendencia natural tienen oscurecido el entendimiento y están alejados de la vida de Dios por la ignorancia que hay en ellos, por la dureza de su corazón. Esto es un punto muy importante de entender: la incredulidad es causada por un corazón duro y oscurecido que rehúsa entender y conocer al Señor; y produce además una mayor dureza de corazón. Es terrible saber que la misma persona que rechaza la verdad expuesta sobre Jesucristo, endurece su propio corazón para recibir mayor verdad, exponiéndose cada vez más a una mayor incredulidad.

No podemos pasar por alto esta verdad: el hombre es responsable por la decisión que toma con respecto a la verdad a la que ha sido expuesto. No puede ser responsable de lo que no sabe, pero en cuanto ha sido expuesto a la verdad, es responsable.

El proceso de la fe

De la misma manera que una persona, al encontrarse expuesta a la verdad bíblica sobre la persona y los hechos de Jesucristo, puede considerar la información recibida y rechazarla, también puede aceptarla en su mente y corazón. Aquí vemos los tres componentes de la fe en acción: el conocimiento, la voluntad y la respuesta unidos para que la persona abrace el mensaje del Salvador Jesucristo.

La fe verdadera es confianza incondicional en la persona del Señor Jesucristo

Ahora, aun en medio de este proceso se puede tener una visión distorsionada de lo que es la verdadera fe. Lo denominamos “fe de contrato” y es una fe defectuosa, interesada e inmadura. Esta consiste en esperar recibir algo a cambio de creer en el mensaje de salvación. Muchas personas han esperado recibir éxito, salud, riquezas, fama a cambio de volverse a Dios, encontrándose en el tiempo con que nada de esto es la sustancia ni el objetivo de la vida cristiana. Al encontrarse frustrados, se volvieron atrás de la fe que en algún momento profesaron. Y es que esta fe de contrato no es la verdadera fe, no tiene cimientos sólidos y es puramente egoísta e interesada.

Por el contrario, la fe verdadera no demanda a Dios nada a cambio del regalo de la salvación y la vida eterna. La fe se somete a la voluntad de Dios, acepta sus demandas, humildemente reconoce su necesidad y se alegra en haber encontrado gracia a los ojos de Dios. La persona que tiene fe verdadera entiende que no tiene nada absolutamente de que jactarse delante de Dios y que aun el hecho mismo de creer es un regalo de la gracia divina. La fe bíblica es el sustento del gozo, el contentamiento y la gratitud, y es tan buena como lo es el objeto en quien confía: Dios mismo.

Ilustraciones de la fe verdadera

La Palabra de Dios nos enseña que un centurión romano se encontró con Jesús y le pidió que sanara a su siervo. Lo maravilloso de esta historia es que Jesús alabó a este hombre por su fe. ¿En qué consistía? El centurión romano era “también hombre bajo autoridad y que tenía soldados bajo sus órdenes” (Mateo 8: 5-10). El entendía el principio de autoridad; por eso en su mente estaba claro que Jesús estaba bajo autoridad (la de su Padre), y que tenía autoridad sobre la enfermedad. Por ello, solo le pidió que ordenara que su siervo sea sano y sabía que así seria. Esta es la fe verdadera, una fe incondicional en la persona de Cristo y un reconocimiento a su autoridad como Dios sobre todo.

Asimismo, la Biblia nos habla de un hombre que condenó a todo el mundo por su fe. Hablamos de Noé, quien hallo gracia a los ojos de Dios en un tiempo cuando toda la tierra se apartaba de Dios en gran maldad (Génesis 6: 5-8). Este hombre recibió el mandato de Dios de construir un arca y durante 120 años la construyó en espera de un diluvio universal, aun cuando nunca antes había llovido sobre la tierra. Al final, efectivamente el diluvio llegó y todo el mundo pereció bajo las aguas, excepto Noé y su familia, quienes habían creído al Señor. La fe verdadera implica obediencia a la Palabra de Dios, aunque no parezca lógica y aunque no tenga sentido en un momento.

La fe de Noe condenó al mundo antiguo

Mirando en perspectiva

Habiendo examinado tanto la incredulidad como la duda y la fe, hemos de examinarnos a nosotros mismos para poder entender dónde nos encontramos. Es necesario que así sea porque estamos hablando de decisiones y de responsabilidad personal por las mismas. Tanto la incredulidad, la duda y la fe son decisiones que el ser humano toma en un debido momento. Y cada decisión tiene consecuencias que, en este caso, son de implicancia eterna. Aquel que rechaza a Jesucristo lo hace por la dureza de su corazón, pues habiendo oído el testimonio del evangelio le da la espalda; o porque sin saber, decide de antemano no conocerlo o darle más peso de valor a sus ideas personales sobre el particular.

Lo que nos debe quedar claro es que no podemos desviar la atención de nuestra responsabilidad ante el testimonio del evangelio hacia otras personas (aunque muchos creyentes que tienen mal testimonio obstaculizan el mensaje de Cristo), hacia otras circunstancias o hacia ideas erróneas preconcebidas. Una persona honesta y sincera debería estar dispuesta a oír el mensaje de la verdad antes de tomar una decisión al respecto.

Por último, si bien es cierto hablamos de la decisión humana de creer o rechazar el mensaje, no podemos dejar de lado la soberanía de Dios en mostrar su gracia a quienes han de creer en el mensaje. La situación del hombre por sí mismo es terrible y su incapacidad para acercarse por sus propios medios a Dios es completa. Al hombre natural le es imposible entender, creer y decidir a favor del testimonio de Dios, no por causa de una incompetencia intelectual, sino por la ruina espiritual en la que se encuentra, un estado de perdición del que solo Dios le puede sacar.

El ciego de nacimiento que fue curado: un ejemplo de fe verdadera

Esta realidad es justamente lo que provoca que la verdadera fe sea humilde, agradecida y obediente ante el Único mensaje que pudo darle vida en medio de la muerte: el evangelio de la gracia del Señor Jesucristo a hombres muertos en sus pecados, incapaces de acercarse a Dios.

 

“Oyó Jesús que le habían expulsado; y hallándole le dijo: ¿Crees tú en el Hijo de Dios? Respondió él y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en Él? Y Jesús le dijo: Le has visto, y el que habla contigo, Él es. Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró”                                                                  (Juan 9: 35-38)

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