En esta oportunidad, queridos amigos y hermanos, quiero dejarte un breve mensaje de reflexión que tuve el privilegio de compartir en mi iglesia la semana pasada y que, considero, puede ser de bendición, exhortación y ánimo para muchos por esta vía también. La idea central de lo que quiero compartirte en esta oportunidad es lo siguiente: Creyente, ten cuidado de enredarte en todo aquello que te impida servir, dar, adorar y tener comunión con el señor con libertad. Como hijos del Señor, salvados por su gracia y para su gloria, debemos cuidarnos de enredarnos en asuntos, apegos, situaciones, relaciones y decisiones que nos impidan adorar y servir libremente al Señor.

 

No te enredes en los negocios de esta vida

 

Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo. Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado. Y también el que lucha como atleta, no es coronado si no lucha legítimamente. El labrador, para participar de los frutos, debe trabajar primero. Considera lo que digo, y el Señor te dé entendimiento en todo

(2 Timoteo 2:3-7)

 

El creyente debe enfocarse en mantenerse agradando a su Señor. La versión TLA dice del verso 4 de este pasaje: “Los soldados que tratan de agradar a sus jefes no se interesan por ninguna otra cosa que no sea el ejército”. Enfoque, disciplina y paciencia son parte de las aflicciones del creyente que quiere mantenerse agradando a su Señor. El peligro son “los negocios de esta vida”; a diferencia de “los negocios del Padre”, son aquellos asuntos que nos alejan de la voluntad de Dios para nuestras vidas, nos entretienen, nos distraen, drenan nuestras fuerzas y nos debilitan espiritualmente. De la misma manera que un soldado debe estar enfocado y listo para el toque de la diana y las ordenes de sus superiores, el creyente debe mantenerse disciplinado, consciente de que la vida cristiana demanda esfuerzo y diligencia, con tal de no volverse ocioso ni negligente en el ejercicio de las disciplinas espirituales y los asuntos concernientes a la vida y al servicio del Señor, tanto de manera personal como en su congregación local.

 

No te enredes en el amor al dinero

Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores

(1 Timoteo 6:6-10)

 

Los que quieren enriquecerse” no se refiere solo a personas que desean progresar económicamente, que no tiene nada de malo, sino a personas que “aman al dinero”. El dinero para ellas es su amo, señor, dios y guía. El dinero les dice lo que pueden o no pueden hacer, a donde pueden o no pueden ir. El dinero determina su estado de animo y moldea su mente, consume todas sus energías y tiene su total atención y devoción. Estos hombres terminan extraviándose de la fe. Por el contrario, el contentamiento y la generosidad son la salida bíblica al espíritu pecaminoso de codicia que ama al dinero y se vuelve esclavo de él. En este sentido, en vez de endeudarte y trabajar largas horas extras con el fin de pagar tus deudas o conseguir acumular mas dinero para comprar cosas que realmente no necesitas, usa el dinero como tu siervo y no que el sea tu amo. Úsalo para glorificar a dios dando generosamente para su obra, con el fin de que el evangelio corra y sea predicado, con el objetivo de que misioneros sean sostenidos y Dios sea glorificado de esa manera. Como nos enseña la Palabra de Dios, hagamos tesoros en el cielo y no en la tierra.

 

amor al dinero

 

No te enredes en los afanes de esta vida

 

El sembrador es el que siembra la palabra. Y éstos son los de junto al camino: en quienes se siembra la palabra, pero después que la oyen, en seguida viene Satanás, y quita la palabra que se sembró en sus corazones. Estos son asimismo los que fueron sembrados en pedregales: los que cuando han oído la palabra, al momento la reciben con gozo; pero no tienen raíz en sí, sino que son de corta duración, porque cuando viene la tribulación o la persecución por causa de la palabra, luego tropiezan. Estos son los que fueron sembrados entre espinos: los que oyen la palabra, pero los afanes de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias de otras cosas, entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa. Y éstos son los que fueron sembrados en buena tierra: los que oyen la palabra y la reciben, y dan fruto a treinta, a sesenta, y a ciento por uno

(Marcos 4:14-20)

 

No solo es suficiente oír la Palabra, porque si no la interiorizamos, esa Palabra quedará infructuosa en nuestras vidas. Los afanes de este siglo, el engaño de las riquezas y la codicia de las cosas que este mundo ofrece hacen infructuosa la Palabra de Dios y nos roban la bendición, pues distraen nuestra atención y llenan nuestra mente de pensamientos impuros, pecaminosos y alejados de Dios. Por el contrario, leer la Palabra de Dios, meditarla y comprometernos a obedecerla es la mejor manera de aprovechar la vida que Dios nos da. Este mundo siempre nos presentará razones para no buscar la Palabra de Dios; pero los creyentes debemos ser intencionales en disponer nuestro corazón, como Esdras lo hizo, para escudriñar las Escrituras, obedecerlas y enseñarlas a otros (Esdras 7:10).

 

Acerca de esto tenemos mucho que decir, y difícil de explicar, por cuanto os habéis hecho tardos para oír. Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido. Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal

(Hebreos 5:11-14)

 

Uno de los grandes males del cristianismo moderno es que hemos reducido el cristianismo a una mera asistencia al templo una vez por semana, sin interacción con otros creyentes, sin una vida profunda de oración y meditación en las Escrituras, sin una vida de servicio al Señor en el contexto de una iglesia local, bajo la supervisión y cuidado de ancianos pastores. Este mero asistencialismo lo único que causa es creyentes oidores pero no hacedores, expertos muchos en doctrina pero sin ninguna tipo de vivencia práctica, y esto, en el  mejor de los casos.

 

Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era. Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace

(Santiago 1:22-25)

 

Por lo tanto hermano, no te enredes en los afanes de esta vida. Busca la palabra de Dios y obedécela porque ella es lumbrera a tu camino. Te guiará a tomar las mejores decisiones para tu vida.

 

No te enredes en el amor a este mundo

 

No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre

(1 Juan 2:15-17)

El mundo aquí es entendido como el sistema de pensamientos y cosas alejados al Señor. Este mundo busca exacerbar nuestros sentidos: los deseos de la carne y los deseos de los ojos. Este mundo busca exacerbar nuestras motivaciones: la vanagloria de la vida. Estas “cosas” que aparentemente tanto necesitamos y nos desesperamos por conseguir son temporales, no permanecerán y no tienen verdadero valor. Sin embargo, Dios y los que hacen su voluntad permanecen para siempre. Así pues, el creyente que corre desesperadamente tras las efímeras ilusiones de este mundo de maldad, se dará cuenta tristemente, al final de su vida, que estuvo toda su vida persiguiendo niebla y edificando sobre la arena.

No desees ni codicies las cosas que este mundo ofrece porque son temporales y no tienen verdadero valor.

 

No te enredes en la indiferencia

 

Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día. Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra. Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre

(Lucas 21:34-36)

 

La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz. Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia, sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne

(Romanos 13:12-14)

 

¿Cómo un creyente puede ser indiferente ante la sangre derramada y la cruz donde su Señor lo dio todo? Este mundo está satánicamente diseñado para distraerte, llenarte de comodidades, angustiarte y estresarte de tal manera que olvides para que fuiste salvado. Un corazón frio, religioso, pasivo nunca podrá entender el amor de Dios por la humanidad, la importancia de la Gran Comisión y la urgencia por las almas. ¡Despierta tu que duermes, levántate de los muertos que te alumbrará Cristo! No seas indiferente no negligente, sino diligente en ser lleno del Espíritu Santo.

 

Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo. Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas. Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete

(Apocalipsis 3:15-19)

 

Que el Señor nos ayude a despertar de cualquier letargo en el que nos encontremos y veamos con los ojos del Señor la urgencia de estos tiempos en que vivimos y la necesidad, hoy mas que nunca, de vivir en comunión con el Señor para tener el corazón encendido de amor por El y de pasión por las almas perdidas.

 

¡Amén!