La mayoría de las veces, nos hemos acostumbrado tanto a la rutina diaria:  levantarse, acostarse, comer, trabajar, disponer de dinero a fin de mes, estar sanos, saludar a la familia, conversar con amigos, que las consideramos como parte de la vida, cosas a las que de alguna manera tenemos “derecho”, y no nos percatamos que son preciosos regalos de las cuales no todos disponen.

Hagamos un alto un momento: mañana empieza otra semana laboral y de nuevo empieza la rutina; pero todo lo que tenemos y disponemos no son mas que regalos de la gracia de un Dios soberano y todo poderoso que “hace salir su sol sobre buenos y sobre malos”. Dios nos bendice de diferentes maneras, dándonos vida y sustento a personas que no necesariamente lo tenemos en cuenta y que mucho menos le agradecemos por lo que El hace.

Aun más: mas allá que el sustento, la salud, familia y demás cosas, nos ha dado el mejor regalo en el sacrificio de su amado Hijo, al morir por nuestros pecados y maldades. Él nos amó y lo ha demostrado. Ahora, manda a todo hombre arrepentirse de sus caminos alejados del Señor y volverse a El.

¿Es posible amar a alguien que no te corresponde? Si, es posible. Dios lo ha demostrado, amándonos aunque no somos conscientes de ello, aunque no lo buscamos, aunque disfrutamos de sus bendiciones pero no queremos saber nada de El.

Amigos, reconozcamos hoy que aun el aire que respiramos, aun la menor de las cosas de las que podemos disfrutar son regalos de amor de un Dios que nos ama y que nos llama al arrepentimiento y a volvernos a El mientras aun haya tiempo.

“Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar” (Isaías 55:6-7)

Amen!