Una característica de esta sociedad moderna es tanto un desprecio por la necesidad de una verdad absoluta, una única regla de conducta y fe, así como una desenfrenada carrera en búsqueda de la verdad “individual”. Es común escuchar a muchos jóvenes ir en pos de su libertad, su verdad; que no es sino lo que ellos consideran que es lo correcto. Entonces vemos una distorsión, un cambio en la estructura de pensamiento y moral de las personas: lo bueno, lo deseable, lo correcto, lo que vale la pena algún esfuerzo ya no esta mas definido por una regla universal y única de referencia de lo bueno, sino por lo que cada uno considera agradable en particular.

Aconsejarme a mi mismo y seguir los dictados de mi propio corazón es un riesgo

Hace un tiempo atrás escuchaba a un jovencito cristiano declarar muy fervorosamente que a el no le interesaba lo que los demás pensaran de el, sino que estaba muy “enfocado” en ir en pos de su norte, su llamado y lo que a el le apasionaba hacer. Declaraba muy feliz que aquello a lo que se dedicaba le proporcionaba una gran felicidad y animaba a los demás a ir en pos de su “propósito en la vida”. Esta, decía el, era la manera de obtener el mayor rendimiento a la vida, ser la mejor clase de persona que podría llegar a ser. Al hacerlo así, cumplía la voluntad de Dios: ser la mejor expresión de el mismo posible en esta tierra.

Realmente sonaban muy elocuentes e inspiradoras sus palabras. El único problema era que su “realidad” tenia dos fallas fundamentales, de fondo: la vida de este muchacho (lo se porque lo conozco) tenia serias incoherencias con la voluntad expresa de Dios, como estar relacionado sentimentalmente con una muchacha no creyente; y porque su “llamado” tiraba al traste mandamientos directos y explícitos de la Palabra de Dios. Lo sé, suena muy fácil decirlo, y no quiero sonar como un viejo legalista que se sienta a criticar a los muchachos que están intentando servir al Señor, y que por su inexperiencia suelen equivocarse. Pero, en primer lugar, no soy tan viejo ni experimentado; y en segundo lugar, no estoy en contra de arriesgarse y ser apasionado para la obra del Señor: creo con todo mi corazón que en la obra de Dios hay gente llamada a ser visionaria, innovadora, diferente; pero estas cualidades, dadas por Dios y usadas para su gloria, jamás, repito jamás contradicen la palabra profética mas segura que tenemos: la Palabra de Dios.

El apóstol Pablo, al proceder a defender su ministerio, nos dejo unas instrucciones que haríamos bien en examinar:

“Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo”

(2 Corintios 10: 3-5)

Entonces, ¿cual es mi propósito en la vida? ¿como obtengo el mayor rendimiento a mi existencia? ¿la voluntad de Dios es mi realización personal? ¿Mi llamado, mis anhelos, mis talentos, lo que busca mi corazón es mas importante que la Palabra de Dios? Creo que estas preguntas se responden por si solas; sin embargo, procederé: mi propósito en la vida es glorificar al Señor (1 Corintios 10: 31), obtengo el mayor rendimiento a mi existencia cuando cumplo lo que el Señor me ha mandado a hacer (Juan 14: 21, 17: 4), la voluntad de Dios no es mi realización personal, es conformarme a la imagen de su Hijo Jesucristo (Romanos 8: 29) y eso implica la muerte de mi carne y el señorío del Espíritu Santo en mi ser (Colosenses 3:5, Juan 3: 30); y por ultimo, definitivamente, la Palabra de Dios es y debe ser la suprema regla de autoridad, fe y conducta en la vida de todo creyente.

Entonces, ¿que vemos? Lo que sucede es que ahora predicamos un “humanismo santificado”, pero humanismo al fin: la esencia, el centro de todo es el hombre, lo que puede llegar a ser con el potencial que tiene, con los principios correctos, los pasos adecuados y listo!; pero eso deja abierta la puerta a que sucedan cosas como las mencionadas al inicio de esta reflexión: la regla de conducta y ministerio ya no es la Palabra de Dios, sino lo que anhela mi corazón.

Y no esta mal anhelar cosas, el problema es que mi corazón esta pervertido y es engañoso (Jeremías 17: 9). Por eso Pablo, menciona que las armas con la que combate no son carnales sino que son poderosas en Dios para un propósito en particular: destruir fortalezas mentales, derribar argumentos y todo orgullo que se levanta contra el conocimiento de Cristo. Tenemos una batalla que librar contra nuestra mente contaminada con el sistema del mundo, con las ideas, razonamientos, argumentos, pareceres que tenemos y que hemos adquirido de este mundo enemigo de Dios. ¿Como lo hacemos? Pablo nos responde en el mismo versículo: llevando cautivo (prisionero, esclavo sin voluntad propia) todo pensamiento a la obediencia a Cristo.

La libertad en Cristo nunca esta fuera del alcance de la Palabra de Dios

Este es el proceso de la verdadera libertad (Juan 8: 32). Conocer la Palabra para que podamos estar en la capacidad de discernir nuestros pensamientos y pareceres, y podamos gobernar nuestra mente, llevando prisioneros todo pensamiento impuro, ocioso, egoísta, carnal y llevarlo hacia la obediencia a la Palabra de Cristo. Lo demás es una falsa libertad, es una esclavitud a los designios de la carne, y no hay nada de bueno en eso.

No existe libertad fuera de la obediencia a la Palabra de Dios: alejarnos de ella es engañarnos a nosotros mismos. Podemos, y debemos, ser excelentes en nuestro servicio al Señor. Podemos, y debemos, ser innovadores en cuanto a las múltiples maneras en que podemos servir al Señor en la expansión de su reino. Pero lo que no podemos, ni debemos, es enarbolar la bandera de la auto libertad y construir nuestro propio imperio personal sobre las ruinas de la Palabra de Dios. Eso no esta bien bajo ningún punto de vista.

“Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud” (Gálatas 5: 1)

“Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros” (Gálatas 5: 13)

Amen!