Hace un tiempo atrás, estaba leyendo un libro y en el prólogo, el autor mencionaba que no debíamos quedarnos en “las amarillentas paginas de la Biblia, sino que debíamos ir mas allá”. Para el, ir mas allá, significaba ir a una comunión mas intima con Dios, donde poder recibir “revelación fresca”. Semejante declaración me sorprendió mucho; pero eso no era todo. Días atrás, mientras publicaba unas notas en el Facebook, vi a un supuesto profeta decir que la iglesia de ahora seguía respondiendo preguntas que ya nadie se hace y hablando de temas que ya a nadie le interesa. Jamás precisó a que temas en particular se refería; pero lo mas importante fue cuando dijo una frase que se me quedó grabada en la mente:

“Las tradiciones matan las revelaciones”

Me quedé pensando mucho en esta frase. ¿A que se refería realmente? ¿Cuales eran esas tradiciones que, según el, impedían que los creyentes de ahora reciban “revelación fresca”?. Ambas situaciones fueron demasiado para mi. Realmente me molestaron. Hay un énfasis actual en renovar la iglesia, hacerla mas relevante, mas moderna, mas aceptable a la sociedad en general, y hasta cierto punto eso es bueno y aceptable, en tanto hablamos de formas no de temas de fondo, como doctrina o enseñanzas. Pero cuando vamos al punto de decir, y muchas veces no se dice directamente sino muy sutilmente, que la Biblia es anticuada y que necesitamos de “vino nuevo”, “palabra rhema”, “revelación fresca”, “pastos frescos” y demás sinónimos que se usan para decir que Dios debe seguir dándonos doctrinas nuevas e instrucciones nuevas, acordes con las corrientes actuales, entonces esto ya me preocupa sobremanera.

Restarle importancia a la Biblia es el inicio de la apostasía

La Biblia no enseña tradiciones, sino que es la Palabra viva de Dios, poderosa, inerrante y suficiente, por medio de la cual Dios ha hablado a todas las áreas de la vida del ser humano. No nos enseña exhaustivamente sobre todo; porque su fin principal es darnos a conocer el camino de la salvación a través de la fe en los méritos del Señor Jesucristo, así como las normas y reglas de conducta y fe que Dios espera de sus hijos en esta vida. Aun así, es suficiente, como nos lo muestran estos textos:

“La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; el testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo  (Salmos 19: 7)

“y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús” (2 Timoteo 3: 15)

Tan peligroso como son las tradiciones de los hombres, que opacan los mandamientos del Señor, añadiendo cargas sobre los hombres, con el fin de añadir a la fe las obras para obtener los méritos delante de Dios; así son también las corrientes modernas que desdeñan las Sagradas Escrituras en favor de teorías absurdas, incoherentes y sin ningún fundamento ni escritural ni lógico. Estos grandes maestros abogan por una fe sentimental, de sensaciones, de experiencias, mas no de una vida llena de la Palabra de Dios.

En este punto quiero aclarar algo: Yo creo en los dones del Espíritu Santo, en todos los dones del Espíritu Santo. Creo que Dios sigue obrando hasta el día de hoy, y que habla a sus hijos y les enseña por medio de su Espíritu, guiándoles a toda verdad. Creo que los creyentes debemos buscar ser llenos del Espíritu Santo siempre, pero ninguna de estas cosas suceden ajenas al fundamento seguro de la Palabra de Dios. Dios no se contradice consigo mismo. Su palabra es “lumbrera a nuestro camino” (Salmos 119: 105). No existe tal cosa como ser lleno de Espíritu Santo solo por sentir algo, sin que dicha persona no tenga la Palabra morando en su corazón y mente (Colosenses 3: 16).

Mucho daño se ha hecho a la Iglesia con un erróneo entendimiento de la Palabra de Dios y de la vida cristiana, sobretodo en lo que debemos hacer con respecto a nuestro crecimiento espiritual. No se trata de ropa, ritmos musicales, estilos de adoración, sino que se trata de un asunto de fondo:

¿Es que acaso la Biblia ya no es suficiente para nosotros, que tenemos que buscar nuevas voces, nuevas palabras que nos lleven mas allá? ¿Es que acaso somos tan eruditos en las Escrituras que nos damos cuenta de que no suple todas nuestras necesidades que tenemos que pedirle al Espíritu Santo que las inspiró que nos hable mas cosas? ¿Acaso Dios se olvidó de decírnoslo todo en su Palabra, que ahora tiene que darnos mas revelación por poquitos, y solo a algunos hombres “ungidos”?

La Palabra del Señor permanece para siempre

Hermanos, no erremos. La Palabra de Dios permanece para siempre (Salmos 33:11, Isaías 40: 8, 1 Pedro 1:23, 25). Ella nos habla de Jesucristo (Juan 5: 39), nos lleva a El (Gálatas 3: 24) y nos han sido dadas para nuestra salvación, edificación y consuelo (2 Timoteo 3: 16-17). No necesitamos mas “revelaciones”, lo que necesitamos es ser mas maduros y darnos cuenta de lo mucho que nos falta aprender de la Palabra y lo mucho que nos falta obedecerla. Nos daremos cuenta de que esa es una ardua tarea que nos lleva toda la vida; pero en ese trayecto, Dios nos va limpiando, madurando, para ser mejores hijos y mejores siervos (Salmos 119: 9-11).

 

“Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus caminos perniciosos, y por causa de ellos el camino de la verdad será blasfemado; y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas, sobre los cuales la condenación ya de largo tiempo no se tarda, y su perdición no se duerme” (2 Pedro 2: 1-3)

 

Amen!