El día de hoy quiero compartir con ustedes un tema al que he llamado “¿Qué hay de malo con el dinero?”. Y vamos a ver que realmente el dinero no es malo en sí mismo, es un invento del hombre que Dios nos dio para poder hacer más fáciles nuestras transacciones y poder tener y adquirir las cosas de las que tenemos necesidad para nuestra vida diaria. Sin embargo, el dinero si es peligroso, según el uso que le demos y según el corazón y la actitud que tengamos para con él.

Como un ejemplo de esto quiero contarles una historia: hace mucho, mucho tiempo existía un rey muy codicioso, tan codicioso que constantemente cobraba impuestos cada vez más altos a sus súbditos. Ellos, desesperados, no podían sino complacer los caprichos del rey porque los tenía amenazados. Y así siguió hasta que el pueblo ya no tenía nada más que dar, porque estaba completamente empobrecido. El rey, furioso, busco por todos sus consejeros para poder solucionar este problema y tener más dinero pero no encontró manera; hasta que un día se encontró con una bruja quien le prometió darle el poder de hacer riquezas de todo lo que quisiera. El rey acepto y con mucha curiosidad regreso a casa para comprobar si sus poderes eran reales. Empezó tocando algunas cosas y para sorpresa suya, cada cosa que tocaba se convertía en oro. Loco de felicidad, el rey empezó a tocarlo todo hasta que llegó el anochecer. Fue a buscar su cama y encontró que tanto la almohada como el colchón y las sabanas estaban duros y fríos porque se habían convertido en oro. Bueno, eso no le importo mucho y aun así se acostó. Al día siguiente, con la espalda adolorida pero muerto de hambre llamo a sus sirvientes pero nadie le contestaba. Furioso fue a la cocina para descubrir que todos sus sirvientes eran de oro. Fue a los almacenes a buscar de comer, pero todos los alimentos estaban convertidos en oro. Desesperado, recorrió todo el castillo pero todo estaba inerte: su familia, sus hijos, todo era de oro. En su locura y avaricia, perdió todo lo que quería y lo que más anhelaba, el dinero, ahora le resultaba repugnante. ¡Hubiera dado todo el oro de su reino por un pedazo de pan!

El Rey Midas

Al igual que el rey Midas, esta sociedad ha enloquecido por el dinero. Miles de personas se desesperan por trabajar para comprar cosas que no necesitan con dinero que no tienen para impresionar a personas que no les importan. El consumismo es esa tendencia de pensamiento que nos hace creer que necesitamos muchas cosas que realmente son deseos más que necesidades. Sin embargo, las buscamos con desesperación, nos endeudamos, nos esclavizamos al trabajo, haciendo labores que no nos gustan con tal de tener dinero. El día de hoy quiero compartir con ustedes una porción de la Palabra de Dios que nos habla de cuál es la perspectiva correcta que debemos tener del dinero, y para ello les pido que me acompañen a 1 Timoteo 6: 6-10 y lo leemos:

Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores

Muy bien, para empezar tenemos que entender que este libro, 1 Timoteo, fue escrito por el apóstol Pablo a su joven discípulo Timoteo con el fin de darle instrucciones para su labor en el ministerio. Los versículos anteriores del capítulo 6 nos hablan de la existencia de falsos maestros que usaban la fe como medio de ganancia. Estos eran obreros mentirosos que torcían la enseñanza de la Biblia para poder ganar dinero. Así hay muchas personas que harían lo que fuera con tal de obtener dinero: coimear, traicionar, mentir, etc. Sin embargo, vemos que a partir del versículo 6, Pablo nos enseña una fuente de ganancia que es infinitamente mejor que el dinero.

Una ganancia más grande que el dinero

Leamos por favor el versículo 6 de este texto:

“Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento”

Y esta es la gran ganancia que es mayor que el dinero. Es más abundante, es mejor, es superior en muchas maneras porque tiene diferente origen y diferentes metas. Pero, ¿Qué es la piedad? ¿Qué es el contentamiento? Bueno, en primer lugar tenemos que decir que la piedad es una palabra que no se usa mucho en estos tiempos pero en los tiempos bíblicos era muy conocida y valorada. Los filósofos de la antigüedad la llamaban la “mayor de las virtudes del hombre”. La piedad es la devoción, la adoración, el respeto y el temor a Dios. Es tener una correcta relación con Dios, considerándolo a Él como central en cada área de la vida. No es superstición, es decir, tomar a Dios como un amuleto para que me vaya bien. Tampoco es ateísmo, es decir, la deliberada ignorancia y rechazo de Dios. Es la conciencia de quien es Dios en este mundo y en nuestras vidas. Si entiendo quién es Dios entonces puedo relacionarme correctamente con El, por medio de la fe en el Señor Jesucristo, quien murió por nuestros pecados. Pero, ¿sabes quién es Dios? ¿Conoces su Palabra? ¿Sabes que Él es el Dios todopoderoso, santo, eterno, que lo creo todo de la nada y lo sustenta todo con la Palabra de su poder?

Encontrar satisfaccion en Dios, eso es contentamiento

Si conozco quien es Dios entonces puedo tener contentamiento. Esto significa estar satisfecho con lo que Dios, en su soberanía, me ha permitido tener en esta etapa de la vida. No es conformismo, es entender que Dios es soberano y que puedo y debo buscar prosperar, pero que debo entender que Dios me ha dado todo lo que necesito para esta etapa de mi vida en su gracia y misericordia. Cuantas personas hay que andan quejándose de lo que no tienen, de lo que no saben, de lo que no son. Esencialmente, ellas están acusando a Dios de que no les provee para sus necesidades. Sin embargo, eso no es lo que vemos en las Escrituras. Lo que la Biblia nos dice es que Dios alimenta a las aves del cielo, viste a los lirios del campo y aun Dios sabe todo lo que nosotros necesitamos antes de que le pidamos. Cuando no conozco quien es Dios, entonces tengo en mi vida y corazón falta de contentamiento, frustración, ansiedad, porque creo que todo depende de mí, de mi sabiduría y de mis fuerzas, pero la Palabra de Dios nos enseña a reconocer a Dios en todos nuestros caminos para que El enderece nuestras veredas. Cuando nos deleitamos en El, es cuando vemos concedidos los anhelos de nuestro corazón.

El apóstol Pablo le decía a su joven discípulo Timoteo en 1 Timoteo 4:7 que se ejercite para la piedad. Si bien es cierto recibimos la salvación como un regalo de Dios por la fe, necesitamos esforzarnos en la gracia que hemos recibido. Debemos crecer en la piedad, aprendiendo a tener comunión con el Señor, aprendiendo de Él, sirviéndole, esforzándonos. Mientras más nuestro corazón y mente estén saturados de la Palabra de Dios, más fácil será para nosotros tener contentamiento y más satisfactoria será nuestra vida. El apóstol Pablo pudo decir “he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4: 11-13). Eso es piedad acompañada de contentamiento: una vida consagrada a Dios y a sus propósitos, que sabe quién es su proveedor y que puede decir confiadamente “El Señor es mi pastor, nada me faltará” (Salmos 23:1).

Perspectiva bíblica del dinero

Ahora leamos por favor los versos 7 al 10:

“porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores

Ahora, el apóstol Pablo nos da 3 razones por las cuales el dinero no es la verdadera ganancia de la vida. Tenemos que entender que el dinero no ha existido siempre, ha sido un invento del hombre para facilitar las transacciones comerciales. En la antigüedad se usaban otros métodos como el trueque. El uso de las monedas o del papel para los negocios se hizo con el fin de hacer más fáciles las negociaciones; pero el dinero no ha existido siempre. Veamos entonces las razones por las que el dinero no es la mejor de las ganancias para la vida de una persona:

1. El dinero es temporal: “Nada hemos traído a este mundo y nada nos podemos llevar” es lo que está diciendo Pablo. Venimos a este mundo desnudos y nos vamos vestidos de un buen traje, pero aun la ropa que vestimos se queda aquí. No nos llevamos nada. No caigamos en el error del rico insensato que construyo sus graneros y sus almacenes pero que cuando estaba en su apogeo perdió su vida y todo aquello por lo cual había luchado tanto. El dinero es temporal, los bienes materiales también, en cambio la vida humana es eterna. Estemos contentos y satisfechos con cubrir nuestras necesidades dice Pablo. ¿Es que Pablo nos está enseñando a ser conformistas? De ninguno modo, tenemos que entender esta declaración a la luz de todos estos versículos. Hablamos de personas que percibido al dinero más importante de lo que realmente es, de tal manera que aún lo deseaban y lo amaban.

2. El deseo por el dinero nos hace caer en diversos males: Los que quieren por voluntad propia hacerse ricos caen en tentación. Literalmente significa “están cayendo en tentación siempre”. Estas personas quedan atrapadas en una trampa de la cual no pueden salir. Solo mira a las personas endeudadas: ¡piden préstamos para pagar otros préstamos! Los intereses son tan altos que simplemente pagan intereses y nunca pagan el capital. En verdad han caído en una trampa de la que difícilmente podrán salir. Tentación y lazo, codicias necias y dañosas, hundirse en destrucción y perdición son aspectos degenerativos del proceso de idolatría al dinero. Un corazón avaro, amante del dinero va cayendo en esta suerte de espiral descendente. El deseo insano por el dinero hace daño a uno mismo y a quienes nos rodean, nos hunden en destrucción y pérdida en esta vida y en la venidera. El joven rico perdió su oportunidad de poder ser salvo porque amó más sus bienes que la Palabra de Dios.

3. El amor al dinero nos puede extraviar de la fe: Hemos visto a aquellos que le dan más importancia al dinero de la que tiene, luego vemos a aquellos que desean el dinero. Ahora vemos a aquellos que aman el dinero, son amantes del dinero. Han levantado un ídolo en su corazón y por su codicia son extraviados de la fe, apartados de la verdad y caen en la mentira, endureciendo sus corazones y perdiéndose, siendo atravesados como por una espada de muchos dolores y recibiendo la condenación eterna al fin de sus días. Todo por un poco de dinero que se deshace con el tiempo. El amor al dinero nos aparta del camino de la verdad, llevándonos hacia la mentira, la idolatría y el engaño. A los creyentes les atrae la disciplina del Señor, a los incrédulos los lleva al engaño de las riquezas que ahogan la Palabra de Dios y les cierra el camino de la salvación.

Amor al dinero es una fuente de problemas y angustias terrible

En conclusión, el dinero no es malo, lo malo es cuando se vuelve nuestro amo y no nuestro siervo. El Señor Jesús nos dijo que es imposible servir a dos señores: a Dios y a las riquezas. A uno amaremos y al otro menospreciaremos. Entonces tenemos que poner las prioridades en su lugar: Dios es primero, luego los bienes materiales. Tener dinero no es malo, porque Pablo dice en este mismo capítulo, en el versículo 17 que “Dios nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos”. El problema es cuando ponemos nuestra esperanza en el dinero y no en Dios quien nos da las riquezas. El problema es cuando perdemos el enfoque y nos desesperamos por los bienes materiales y no nos enfocamos en relacionarnos correctamente con Dios y no nos ocupamos en servirle.

Lo que tenemos que hacer es desarrollarnos, crecer, prosperar pero sin olvidar quien es Dios en nuestras vidas y enfocándonos en caminar con El y en servirle y aprender de Él.

En los tiempos de la Reforma Protestante, los reformadores tenían un lema que quiero mencionarles: “Trabaja todo lo que puedas, ahorra todo lo que puedas, da todo lo que puedas”. Este lema fue un código para muchas naciones europeas que nacieron a la luz de los ideales evangélicos y su desarrollo como nación fue impresionante. Pero aquellos que viven desesperados por el dinero serán como el rey Midas, que perdieron aquello por lo cual tanto luchaban. ¿Y qué haremos nosotros? ¿Cuál será tu decisión en esta mañana? Te animo a que te enfoques en ser un hombre y una mujer piadosos, temerosos de Dios, que tengan a Dios como el primer lugar de sus vidas, que entiendan que Él es nuestro proveedor y que Él nos da todas las cosas que necesitamos en cada momento. Te animo también a que te enfoques en servirle, en desarrollar tus talentos y dones de tal manera que vivas dándole la gloria a Dios.

 

Amen!