“Reunió David en Jerusalén a todos los principales de Israel, los jefes de las tribus, los jefes de las divisiones que servían al rey, los jefes de millares y de centenas, los administradores de toda la hacienda y posesión del rey y de sus hijos, y los oficiales y los más poderosos y valientes de sus hombres. Y levantándose el rey David, puesto en pie dijo: Oídme, hermanos míos, y pueblo mío. Yo tenía el propósito de edificar una casa en la cual reposara el arca del pacto de Jehová, y para el estrado de los pies de nuestro Dios; y había ya preparado todo para edificar. Mas Dios me dijo: Tú no edificarás casa a mi nombre, porque eres hombre de guerra, y has derramado mucha sangre. Pero Jehová el Dios de Israel me eligió de toda la casa de mi padre, para que perpetuamente fuese rey sobre Israel; porque a Judá escogió por caudillo, y de la casa de Judá a la familia de mi padre; y de entre los hijos de mi padre se agradó de mí para ponerme por rey sobre todo Israel. Y de entre todos mis hijos (porque Jehová me ha dado muchos hijos), eligió a mi hijo Salomón para que se siente en el trono del reino de Jehová sobre Israel. Y me ha dicho: Salomón tu hijo, él edificará mi casa y mis atrios; porque a éste he escogido por hijo, y yo le seré a él por padre. Asimismo yo confirmaré su reino para siempre, si él se esforzare a poner por obra mis mandamientos y mis decretos, como en este día. Ahora, pues, ante los ojos de todo Israel, congregación de Jehová, y en oídos de nuestro Dios, guardad e inquirid todos los preceptos de Jehová vuestro Dios, para que poseáis la buena tierra, y la dejéis en herencia a vuestros hijos después de vosotros perpetuamente. Y tú, Salomón, hijo mío, reconoce al Dios de tu padre, y sírvele con corazón perfecto y con ánimo voluntario; porque Jehová escudriña los corazones de todos, y entiende todo intento de los pensamientos. Si tú le buscares, lo hallarás; más si lo dejares, él te desechará para siempre. Mira, pues, ahora, que Jehová te ha elegido para que edifiques casa para el santuario; esfuérzate, y hazla” (1 Crónicas 28:1-10)

En esta oportunidad queremos examinar la vida del Rey David, quien es un perfecto ejemplo de una vida de compromiso con Dios y con su obra. Para poder entender esto recordemos que después de muchas guerras, David se había construido un palacio. Había traído el arca a su capital, la ciudad de Jerusalén. Ahora decidió construir una casa, un templo para Dios. Compartió su sueño con el profeta Natán, quien le dio su bendición. Luego, Dios le comunicó a Natán que no era el plan divino que David construyera una casa para El. Las manos de David se habían manchado con sangre y, por consagrado que fuera, el honor de construir una casa para Dios debía ser dejado a su hijo, Salomón. En el texto que analizaremos a continuación veremos la reacción del Rey David al enterarse de la voluntad divina, reacción que lo pinta de cuerpo entero como un hombre de Dios que pone los intereses del Señor por encima de sus propios intereses. Es más, el compromiso del Rey David con Dios y su obra son un ejemplo para cada creyente. Aunque no pudo realizar el deseo de su corazón, eso no le impidió hacer todos los preparativos y animar y encaminar al pueblo de Israel y a su propio hijo para que terminen la labor que el empezó. Si bien es cierto muchas veces perdemos oportunidades de servicio por nuestros pecados, Dios es fiel, está por encima de nuestras limitaciones y siempre cumple sus promesas.

1. Un creyente comprometido avanza así las cosas no salgan como espera (v. 1-3)

Reunió David en Jerusalén a todos los principales de Israel, los jefes de las tribus, los jefes de las divisiones que servían al rey, los jefes de millares y de centenas, los administradores de toda la hacienda y posesión del rey y de sus hijos, y los oficiales y los más poderosos y valientes de sus hombres. Y levantándose el rey David, puesto en pie dijo: Oídme, hermanos míos, y pueblo mío. Yo tenía el propósito de edificar una casa en la cual reposara el arca del pacto de Jehová, y para el estrado de los pies de nuestro Dios; y había ya preparado todo para edificar. Mas Dios me dijo: Tú no edificarás casa a mi nombre, porque eres hombre de guerra, y has derramado mucha sangre

Para este momento, el rey David ya sabía lo que Dios había determinado: el no sería quien llevara a cabo la obra de la edificación del templo para el Señor, sino que Dios había escogido a su hijo Salomón para que llevara a cabo semejante obra. Este desafío probó el carácter de Dios y nos deja reflexiones muy importantes:

  • No podemos realizar la obra de Dios con las manos sucias, porque siempre habrán consecuencias.
  • La obra de Dios requiere habilidades de liderazgo, administración de recursos, sabiduría, planificación y carácter.
  • Estas cualidades no se obtienen sino por la experiencia en la obra de Dios, en el ministerio. David para este momento era un hombre con experiencia pero esto no era lo mas importante.
  • Salomón, por sí solo, no iba a ser capaz de llevar adelante semejante proyecto. Su padre salió al frente para ayudarle, proveyendo el todo lo que se necesitaba para la obra que tenía que emprender.
  • Asimismo, Salomón necesitaba el apoyo del pueblo de Dios, no solamente el de su padre. Si pensamos que la obra de Dios la puede llevar a cabo una sola persona nos estamos engañando a nosotros mismos.

A este respecto, veamos entonces la reacción de David ante esta situación:

Características de un creyente comprometido

“Yo tenía el propósito de edificar una casa en la cual reposara el arca del pacto de Jehová, y para el estrado de los pies de nuestro Dios; y había ya preparado todo para edificar” (v. 2)

El Rey David reunió a todos los poderosos y gente importante en Israel, a una reunión de emergencia para ver los detalles del proyecto de construcción del templo. Aquí, el rey confiesa que él venía abrigando en su corazón hace ya buen tiempo el deseo de construir el templo del Señor sin contratiempos. David tenía un propósito firme para con el templo del Señor, aunado a un deseo intenso de cumplir sus objetivos. Esto le hizo comunicar su deseo al profeta Natán y empezar a provisionar todo para la edificación del templo, esto implica planificación. Por lo tanto, aquí vemos 5 características de un creyente comprometido con Dios y con su obra: un propósito definido, un deseo intenso, comunicación de sus objetivos, planificación y provisión de todo lo necesario para cumplir lo propuesto. El que tiene interés en algo toma acciones concretas y no pone excusas. El compromiso va más allá de un mero interés, una cierta simpatía e identificación con una persona o idea. Muchos creyentes no están comprometidos con Dios y su obra, ¿cómo lo sabemos? Porque no manifiestan estas características en su vida: No tienen un propósito definido para su vida cristiana, no han buscado al Señor, no han definido como le quieren servir, por lo tanto “divagan” en la vida de un lado a otro, haciendo un tiempo una cosa, haciendo luego otra, sin nunca estar enfocados ni creciendo. En segundo lugar, no tienen pasión ni deseo por hacer algo para la gloria de Dios. Están muy ocupados en sus negocios, en sus trabajos, en sus propios planes personales como para pensar y ocupar su tiempo en la obra del Señor, y cuando le van a dar al Señor le dan las sobras de su tiempo, cuando ya han hecho todo lo que tienen que hacer, si les queda tiempo, se lo dan al Señor. Creyentes apáticos, almas frías, sin pasión, sin compromiso, más muertos que vivos, no se parecen en nada al fervoroso Salvador que lleno del celo de Jehová predicaba por las polvorientas calles de Israel. En tercer lugar, no comunican sus objetivos ¡porque no tienen ninguno! Y aun así los tuvieran como no invierten tiempo en la congregación del Señor, y como no están comprometidos con una iglesia local, no han hecho vida en familia con los demás creyentes, nadie los conocen, ellos no conocen a nadie. Solo son figuras fantasmales que se aparecen algunos días al mes y desaparecen hasta que por algún azar del destino, vuelven a aparecer. ¿Cómo pueden hacer vida de iglesia, como pueden desarrollar sus dones espirituales, como pueden crecer si son islas aisladas y desiertas, consumidas por sus propios deseos? En cuarto lugar, no tienen planificado nada en la obra del Señor, no se hacen responsables por poner las manos en el arado. Ven la obra desamparada, ven la mies sin obreros y se encogen de hombros y miran para otro lado. Ponen miles de excusas: el frío, el calor, mucho trabajo, muy poco trabajo, no tengo dinero, tengo que guardar mi dinero, estoy solo, ahora estoy acompañado. No es que estas personas no tengan ningún plan, si les preguntáramos por sus propias vidas te darían un hermoso y excelente plan de vida, cuidadosamente planificado, pero para Dios y su obra no somos capaces de dedicar ni un segundo de nuestros pensamientos. Por último, dado que no tenemos nada de estas cosas, tampoco provisionamos para las cosas de Dios. Seguimos pensando que somos los dueños de lo que tenemos en vez de los administradores y por ello nos aferramos a nuestros bienes y nos resistimos a dar para Dios y su obra.

¡Que diferente era David! Su vida nunca fue un “no” para el Señor, sino que su corazón siempre estaba dispuesto: “Mi corazón está dispuesto, oh Dios; cantaré y entonaré salmos; esta es mi gloria. Despiértate, salterio y arpa; despertaré al alba. Te alabaré, oh Jehová, entre los pueblos; a ti cantaré salmos entre las naciones. Porque más grande que los cielos es tu misericordia, y hasta los cielos tu verdad” (Salmos 108:1-4). El Rey David siempre fue un hombre con un corazón dispuesto y comprometido con Dios y su obra. Él ya había dispuesto en su corazón hacer la obra de Dios y es allí donde se libra la batalla de nuestra vida: en el corazón. No es en la  billetera donde decidimos si dar o no. No es el trabajo el que decide si podemos servirle a Dios no servirle. No es nuestra soltería, o nuestro matrimonio; sino que es en el corazón donde decidimos servir a Dios sin reservas ni condiciones o disfrazar nuestra rebeldía de “no puedo“, “más adelante“, “cuando tenga trabajo“, “estoy orando“, “ya voy a tener tiempo“.

 

David siempre estaba dispuesto a obedecer al Señor

 El cuidado de un creyente comprometido

“Más Dios me dijo: Tú no edificarás casa a mi nombre, porque eres hombre de guerra, y has derramado mucha sangre” (v. 3)

David enfrentó una gran crisis: a pesar de su corazón dispuesto, a pesar de todo el esfuerzo que había realizado, Dios había determinado que él no lograría estos objetivos que se había trazado. La historia de esta crisis la encontramos aquí: “Aconteció que cuando ya el rey habitaba en su casa, después que Jehová le había dado reposo de todos sus enemigos en derredor, dijo el rey al profeta Natán: Mira ahora, yo habito en casa de cedro, y el arca de Dios está entre cortinas. Y Natán dijo al rey: Anda, y haz todo lo que está en tu corazón, porque Jehová está contigo. Aconteció aquella noche, que vino palabra de Jehová a Natán, diciendo: Ve y di a mi siervo David: Así ha dicho Jehová: ¿Tú me has de edificar casa en que yo more? Ciertamente no he habitado en casas desde el día en que saqué a los hijos de Israel de Egipto hasta hoy, sino que he andado en tienda y en tabernáculo. Y en todo cuanto he andado con todos los hijos de Israel, ¿he hablado yo palabra a alguna de las tribus de Israel, a quien haya mandado apacentar a mi pueblo de Israel, diciendo: ¿Por qué no me habéis edificado casa de cedro? Ahora, pues, dirás así a mi siervo David: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Yo te tomé del redil, de detrás de las ovejas, para que fueses príncipe sobre mi pueblo, sobre Israel; y he estado contigo en todo cuanto has andado, y delante de ti he destruido a todos tus enemigos, y te he dado nombre grande, como el nombre de los grandes que hay en la tierra. Además, yo fijaré lugar a mi pueblo Israel y lo plantaré, para que habite en su lugar y nunca más sea removido, ni los inicuos le aflijan más, como al principio, desde el día en que puse jueces sobre mi pueblo Israel; y a ti te daré descanso de todos tus enemigos. Asimismo Jehová te hace saber que él te hará casa. Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino. El edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino. Yo le seré a él padre, y él me será a mí hijo. Y si él hiciere mal, yo le castigaré con vara de hombres, y con azotes de hijos de hombres; pero mi misericordia no se apartará de él como la aparté de Saúl, al cual quité de delante de ti. Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente” (2 Samuel 7:1-16)

A pesar de los planes de David y de sus buenas intenciones, Dios tenía otros planes: El no realizaría la edificación del templo de Jehová, porque tenía las manos manchadas de sangre. La obra de Dios se debe realizar en santidad y por  más capacidad que tengamos, Dios no bendecirá cuando ministramos en pecado. Un creyente comprometido no solo manifiesta en su vida las características que antes mencionamos, sino que permanece en lo que ha decidido en su corazón a pesar de que las cosas no vayan como él lo espera. Dios no fue favorable esta vez para el porqué no le permitió llevar a cabo sus planes, pero eso no fue motivo para que David se llenara de amargura, duda e incredulidad, sino que David persistió en lo que se había comprometido. Esto es carácter: la capacidad de permanecer igual aunque las cosas cambien y ya no nos sean beneficiosas. No solo eso sino que esto nos llama a la reflexión sobre nuestra santidad personal al momento de  querer servir al Señor. Un creyente comprometido con Dios y su obra también está comprometido con su ministerio y su servicio al Señor.

2. Un creyente comprometido reconoce que Dios es fiel a pesar de sus errores (v. 4-7)

Pero Jehová el Dios de Israel me eligió de toda la casa de mi padre, para que perpetuamente fuese rey sobre Israel; porque a Judá escogió por caudillo, y de la casa de Judá a la familia de mi padre; y de entre los hijos de mi padre se agradó de mí para ponerme por rey sobre todo Israel. Y de entre todos mis hijos (porque Jehová me ha dado muchos hijos), eligió a mi hijo Salomón para que se siente en el trono del reino de Jehová sobre Israel. Y me ha dicho: Salomón tu hijo, él edificará mi casa y mis atrios; porque a éste he escogido por hijo, y yo le seré a él por padre. Asimismo yo confirmaré su reino para siempre, si él se esforzare a poner por obra mis mandamientos y mis decretos, como en este día

Una de las batallas contra las que los creyentes tenemos que luchar es contra el desánimo. Cuando somos disciplinados por Dios, cuando enfrentamos pruebas, cuando las cosas no nos salen como queríamos, cuando no recibimos respuesta favorable a nuestras oraciones o cuando el pecado hace mella en nuestra vida bajamos los brazos, perdemos la pasión y el ánimo; pero la Palabra de Dios nos enseña que “Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados. Por lo cual, levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas; y haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado” (Hebreos 12:11-13). En este sentido, el rey David es un ejemplo de un “hombre conforme al corazón de Dios“. En su abatimiento, el siempre buscaba el rostro de su Dios. Por ejemplo, cuando toda su familia y las familias de muchos de sus hombres fueron raptadas por los de Amalec, el no quedó postrado en la pena y el lamento, sino que se fortaleció en el Señor y tomó acción: “Cuando David y sus hombres vinieron a Siclag al tercer día, los de Amalec habían invadido el Neguev y a Siclag, y habían asolado a Siclag y le habían prendido fuego. Y se habían llevado cautivas a las mujeres y a todos los que estaban allí, desde el menor hasta el mayor; pero a nadie habían dado muerte, sino se los habían llevado al seguir su camino. Vino, pues, David con los suyos a la ciudad, y he aquí que estaba quemada, y sus mujeres y sus hijos e hijas habían sido llevados cautivos. Entonces David y la gente que con él estaba alzaron su voz y lloraron, hasta que les faltaron las fuerzas para llorar. Las dos mujeres de David, Ahinoam jezreelita y Abigail la que fue mujer de Nabal el de Carmel, también eran cautivas. Y David se angustió mucho, porque el pueblo hablaba de apedrearlo, pues todo el pueblo estaba en amargura de alma, cada uno por sus hijos y por sus hijas; mas David se fortaleció en Jehová su Dios” (1 Samuel 30:1-6). De la misma forma, luego de saber que él no podría construir el templo que tanto había deseado, no se desanimó sino que puso acción en lo que sí podía hacer: dejar todo preparado para que la obra puede realizarse aun cuando él no fuera el protagonista. Este es la mayor muestra de compromiso, cuando nosotros no somos las estrellas, cuando nosotros no nos llevamos el crédito, sino que trabajamos paciente y diligentemente en favor no de engrandecer nuestro nombre, sino la obra de Dios. Así pues, un creyente comprometido como David manifiesta las siguientes acciones:

Reconoce el propósito de Dios

Pero Jehová el Dios de Israel me eligió de toda la casa de mi padre, para que perpetuamente fuese rey sobre Israel; porque a Judá escogió por caudillo, y de la casa de Judá a la familia de mi padre; y de entre los hijos de mi padre se agradó de mí para ponerme por rey sobre todo Israel”

David había convocado a los líderes del pueblo, quería comunicar a todos el veredicto del Señor, para animarlos, para delegarles la responsabilidad y para que sepan que si el templo no lo construía el, no era por falta de ganas, sino por orden expresa del Señor. El Rey David siempre fue un buen ejemplo de liderazgo y como tal, nunca pediría a su pueblo que haga algo que el mismo no estaba dispuesto a hacer. No sólo eso, sino que entendía la razón por la cual no podía construir el templo: era un hombre de Dios, era obediente al Señor, era llamado por Dios, pero tenía las manos manchadas de sangre y fue usado por Dios para una etapa de consolidación de Israel pero no podía asumir la responsabilidad de la construcción del templo no por falta de capacidad, sino porque esto demandaba un requisito de consagración y dedicación que él no tenía. Sin embargo, el rey David reconoce que es el mismo Señor quien le eligió para ser Rey de entre la casa de su padre, de entre el pueblo de Israel. Efectivamente, no podía construir el templo, pero eso no era razón de desánimo porque él no veía esto como un premio, como un merecimiento a su obediencia. El construir o no el templo era una gracia de Dios, un privilegio al igual que su llamado a ser rey también era una gracia de Dios, algo que el recibió sin merecerlo. ¿Cuál es el fundamento para ser un creyente comprometido con Dios, a pesar de que haya algunas cosas que no podamos realizar? Entender que, en los propósitos de Dios, El en su gracia nos ha dado muchas cosas y nos llama a realizar alguna labor, y también en su gracia no nos permite realizar otras y eso no debe desanimarnos ni molestarnos porque todo, todo lo hemos recibido por la gracia de Dios. Tener la mente de un administrador y no de un propietario nos ayuda a ser comprometidos con Dios porque estamos en las labores del Amo y no podemos flojear en su campo, porque hemos sido llamados por gracia solamente. Sólo el hecho de haber sido llamados por Él ya es un gran privilegio y debemos procurar servir según lo que Dios nos permita y hacerlo con compromiso y dedicación, agradecidos de su favor inmerecido.

Reconoce la bendición de Dios

Y de entre todos mis hijos (porque Jehová me ha dado muchos hijos), eligió a mi hijo Salomón para que se siente en el trono del reino de Jehová sobre Israel. Y me ha dicho: Salomón tu hijo, él edificará mi casa y mis atrios; porque a éste he escogido por hijo, y yo le seré a él por padre”

Otra razón para ser un creyente comprometido es la gratitud a la bendición del Señor sobre nuestras vidas. “No ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades, ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados. Porque como la altura de los cielos sobre la tierra, engrandeció su misericordia sobre los que le temen” (Salmos 103:10-11). El Rey David no fue un Rey perfecto, pero si fue un Rey consagrado y comprometido con Dios. El Señor le bendijo con muchos hijos, entre ellos Salomón, quien El escogió para ser su sucesor y quien habría de construir el templo. Es curioso que sea Salomón porque él fue el hijo de la relación ilícita entre David y Betsabe, su segundo hijo dado que el primero falleció como parte de la disciplina de Dios a David luego de que el mandará matar a Urías heteo para poder tomar a su mujer. Seguramente nadie daría ni un centavo por un hijo nacido en tales tenebrosas circunstancias, pero Dios cuando abundó el pecado, hizo sobreabundar su gracia y luego del arrepentimiento de David, quiso mostrar su favor en Salomón. A el escogió para continuar sus propósitos luego del ministerio de David. El Rey David pudo ser comprometido con Dios porque entendió que era parte de la gran cadena de hombres usados según el propósito de Dios, no el único eslabón; por lo tanto, él quiso preparar todo  dejar un mejor lugar donde su hijo pudiera servir a Dios, un mejor lugar del que el recibió. Muchas veces no tenemos ese pensamiento trascendente y pensamos solo en el ahora y no vemos más allá de nuestras circunstancias y nuestras vidas. Algún día vas a tener hijos, ¿qué ejemplo de cristianismo les vas a dar? ¿El de un creyente apático, flojo, ocioso en las cosas de Dios? ¿O vas a ponerte tú como ejemplo de buenas obras, de pasión por Dios, de compromiso en su obra? Ahora mismo hay jóvenes, adolescentes que te conocen, ¿Qué ejemplo les estás dando? ¿Puedes pararte y decirle siquiera a uno de ellos: Mírame, imítame porque yo trato con todo mí ser de imitar a Dios? ¿O siempre te excusas diciendo “Yo amo a Dios, pero por ahora no puedo servirle, no puedo congregar, no puedo formar parte de su obra“? No nos engañemos a nosotros mismos hermanos, las palabras se las lleva el viento, el papel aguanta todo. Si nuestras acciones a lo largo del tiempo no corroboran lo que nuestras palabras dicen, no tenemos compromiso con Dios y vivimos una vida que es de vergüenza y mal ejemplo para los demás.

La bendición, el amor y la gracia de Dios son debidos a la fidelidad de Dios solamente

Reconoce la fidelidad de Dios

“Asimismo yo confirmaré su reino para siempre, si él se esforzare a poner por obra mis mandamientos y mis decretos, como en este día

El Rey David entendió también que la bendición, el amor y la gracia de Dios son debidos a su fidelidad. David no era perfecto, pecó en varias oportunidades; sin embargo, Dios fue fiel y mantuvo su promesa y propósitos con su vida. Esto sin embargo, no excusa a David de cumplir con los requerimientos de obediencia y consagración que Dios exige. Ni el pecado puede anular los propósitos de Dios, nadie nos puede separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús, pero si pecamos vamos a experimentar las consecuencias como las experimentó David. Uno de sus hijos muertos, su reino luego dividido, muchas tribulaciones y pesar fueron las consecuencias de sus actos de desobediencia. Sin embargo, el propósito de Dios se mantuvo y el no perdió su reinado, sino que fue legado a su hijo Salomón y a el también se le ofreció la misma bendición y favor que a su padre, con las mismas exigencias de consagración y obediencia. A pesar de que la promesa del reino hecha por Dios a David era unilateral e incondicional, es decir no dependía de lo que él ni sus hijos hicieran, aun así eso no anulaba la responsabilidad de David y sus hijos de ser obedientes para que “el reino sea confirmado para siempre“. Ellos debían ser cuidadosos y no tomar en poco el gran regalo que hacían recibido. Nosotros los creyentes no debemos tomar en poco el gran regalo que hemos recibido, la salvación, y ser obedientes para poder servir a Dios con poder y bendición. ¿Que se le demandaba  a Salomón? Esfuerzo en obedecer. ¿Que se nos demanda a nosotros? Esfuerzo en obedecer al Señor, para ser confirmados en las bendiciones que Cristo ya ha ganado para nosotros en la cruz. ¿No tenemos ya todas las bendiciones de Dios en Cristo Jesús? ¡Si! ¿Por qué no todos las experimentamos? Porque no nos esforzamos en obedecer al Señor, en agradarle, en cumplir sus mandamientos y servirle de corazón.

3. Un creyente comprometido avanza la obra del Señor aunque él no sea el protagonista (v. 8-10)

Ahora, pues, ante los ojos de todo Israel, congregación de Jehová, y en oídos de nuestro Dios, guardad e inquirid todos los preceptos de Jehová vuestro Dios, para que poseáis la buena tierra, y la dejéis en herencia a vuestros hijos después de vosotros perpetuamente. Y tú, Salomón, hijo mío, reconoce al Dios de tu padre, y sírvele con corazón perfecto y con ánimo voluntario; porque Jehová escudriña los corazones de todos, y entiende todo intento de los pensamientos. Si tú le buscares, lo hallarás; más si lo dejares, él te desechará para siempre. Mira, pues, ahora, que Jehová te ha elegido para que edifiques casa para el santuario; esfuérzate, y hazla

Luego de compartir con los líderes del pueblo de Israel (1) la decisión del Señor de que David no sería quien habría de construir el templo y (2) la fidelidad de Dios en que había escogido a su hijo Salomón para que lo haga, ahora el Rey David anima y exhorta al pueblo y a su hijo a que se preparen para hacer la obra de Dios. El mismo Rey David sabía que la obra sería grande y más aún si era para Dios: “Después dijo el rey David a toda la asamblea: Solamente a Salomón mi hijo ha elegido Dios; él es joven y tierno de edad, y la obra grande; porque la casa no es para hombre, sino para Jehová Dios” (1 Crónicas 29:1). La obra del Señor no es para improvisados, no es para emocionalistas que son afanosos una semana o dos y luego se vuelven atrás. El apóstol Pablo exhortó a Timoteo: “Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo. Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado. Y también el que lucha como atleta, no es coronado si no lucha legítimamente. El labrador, para participar de los frutos, debe trabajar primero. Considera lo que digo, y el Señor te dé entendimiento en todo” (2 Timoteo 2:3-7). En este sentido, el rey David:

Exhortó a los líderes a obedecer a Dios

Ahora, pues, ante los ojos de todo Israel, congregación de Jehová, y en oídos de nuestro Dios, guardad e inquirid todos los preceptos de Jehová vuestro Dios, para que poseáis la buena tierra, y la dejéis en herencia a vuestros hijos después de vosotros perpetuamente”

Así como el Rey David había sido un buen ejemplo para su hijo y había provisto para él, asimismo los líderes del pueblo de Israel debían buscar activamente ser obedientes al Señor y ser buenos ejemplos para sus hijos, proveyendo bendición para ellos. De nada serviría al rey Salomón tener todos los materiales para construir el templo si ninguno de sus líderes obedeciera al Señor. Sería una carga, una molestia más que un gozo poder terminar semejante labor de construir el templo. Antes que proyectos y grandes cosas se nos exhorta a obedecer al Señor. El fundamento de un corazón comprometido con Dios es la obediencia. Realmente no se necesita más que simple obediencia para ser comprometido con Dios y su obra. El Señor no nos manda comprometernos con El y su obra solo cuando las cosas nos vayan bien, sino en todo momento. La obediencia no depende de las circunstancias externas y siempre trae bendición de Dios a quien la práctica. Guardad e inquirid los preceptos de Jehová es lo que manda David a los grandes líderes de Israel: “Guarda los preceptos de Jehová tu Dios, andando en sus caminos, y observando sus estatutos y mandamientos, sus decretos y sus testimonios, de la manera que está escrito en la ley de Moisés, para que prosperes en todo lo que hagas y en todo aquello que emprendas” (1 Reyes 2:3). El mismo Salomón entendió esto: “El que menosprecia el precepto perecerá por ello; Mas el que teme el mandamiento será recompensado” (Proverbios 13:13).

 Exhortó a su hijo a servir a Dios de corazón

“Y tú, Salomón, hijo mío, reconoce al Dios de tu padre, y sírvele con corazón perfecto y con ánimo voluntario; porque Jehová escudriña los corazones de todos, y entiende todo intento de los pensamientos. Si tú le buscares, lo hallarás; más si lo dejares, él te desechará para siempre”

Asimismo, ahora la exhortación se dirige a su hijo Salomón: reconoce a Dios, el Dios de tu padre, “reconócelo en tus caminos y El enderezara tus veredas. No seas sabio en tu propia opinión; teme a Jehová, y apártate del mal” (Proverbios 3:6-7). Asimismo, la exhortación es a servirle con corazón perfecto y con ánimo voluntario. Esto nos habla de la integridad moral y de la actitud del corazón. Reconoce al Señor, témele, hónrale, procura vivir con todo tu corazón en integridad moral, sírvele en santidad y sírvele de ánimo voluntario, sin que nadie te obligue, ni te persiga, ni te fuerce. Sírvele porque quieres hacerlo, sírvele de corazón, con esfuerzo, sírvele con todo tu ser, aunque nadie más lo haga, sírvele aunque eso te implique un gasto, cansancio físico, etc. Dios, que ve en lo secreto, sabe recompensar en público a quienes en el anonimato sirven fielmente al Señor por amor, por gratitud y con obediencia.

¿Por qué? Porque Dios escudriña los corazones y entiende lo que pensamos con claridad. Ojo que el énfasis está en el aspecto interno de la vida de la persona, no en sus circunstancias. Esto es así porque es en nuestra mente y corazón donde decidimos obedecer y servir al Señor o no hacerlo y si lo hacemos con buena actitud, con humildad, con agradecimiento. Dios conoce a sus siervos y usa y bendice aquellos que tienen un corazón agradable para con El, quienes le sirven de corazón, procurando darle lo mejor a Él. Dios conoce los corazones hermanos, a Él no podemos engañarle. El conoce realmente lo que estoy pensando y lo que hay en mi corazón.

A la luz del triste ejemplo del rey Saúl que fue desechado por Dios por su desobediencia es que David le hace esta advertencia a su hijo: Busca a Dios y le vas a hallar, Él te va a bendecir y guiar. Déjale y Él te desechará para siempre. Dale la espalda a Dios y lo vas a lamentar toda tu vida, porque perderás reino, bendiciones, seguridad, paz y muchas cosas más. Lo peor que podemos hacer en esta vida es darle la espalda a Dios en desobediencia y rebeldía. Saúl lo experimentó, el rey David también experimentó en cierta medida esto y lamentablemente Salomón, en sus últimos años, también experimentó lo que es alejarse del Señor.

Salomón debía encargarse de la construcción del templo del Señor

Llamó a su hijo a la acción

“Mira, pues, ahora, que Jehová te ha elegido para que edifiques casa para el santuario; esfuérzate, y hazla

El Rey David ya había dispuesto todo lo necesario de su parte: “Yo con todas mis fuerzas he preparado para la casa de mi Dios, oro para las cosas de oro, plata para las cosas de plata, bronce para las de bronce, hierro para las de hierro, y madera para las de madera; y piedras de ónice, piedras preciosas, piedras negras, piedras de diversos colores, y toda clase de piedras preciosas, y piedras de mármol en abundancia. Además de esto, por cuanto tengo mi afecto en la casa de mi Dios, yo guardo en mi tesoro particular oro y plata que, además de todas las cosas que he preparado para la casa del santuario, he dado para la casa de mi Dios” (1 Crónicas 29:2-3). Había animado al pueblo para que obedezca al Señor y le sirva, ahora le hace el llamado a su hijo: “Dijo además David a Salomón su hijo: Anímate y esfuérzate, y manos a la obra; no temas, ni desmayes, porque Jehová Dios, mi Dios, estará contigo; él no te dejará ni te desamparará, hasta que acabes toda la obra para el servicio de la casa de Jehová” (1 Crónicas 28:20).

Salomón ya tenía la provisión de Dios, tenía el llamado de Dios, tenía el apoyo y respaldo de su padre. Ahora, ¿qué le quedaba? esforzarse y hacerlo. ¿Y saben que mis amados hermanos? Esto es lo más difícil de hacer, podemos tener todos los recursos, podemos tener el tiempo, podemos tener las fuerzas, aún podemos tener el llamado de Dios, pero carecemos de la disposición de corazón para esforzarnos y hacerlo. Salomón sólo tenía que tomar una decisión y el templo no se construiría y todo lo que su padre proveyó se perdería. O tomar la decisión contraria y traer bendición al pueblo de Dios y honra al nombre del Dios de Israel. Sólo una decisión del corazón puede tener tantas y tan profundas consecuencias. Gracias a Dios porque Salomón tuvo un corazón comprometido en ese momento, como lo tuvo su padre antes que él.

 Conclusiones

Aunque no se le permitió a David construir una casa para Dios, el Señor le prometió que le edificaría “una casa” a David (1 Crónicas 17:10). Esta promesa se cumpliría en la venida del Mesías por largo tiempo esperado. El día de Pentecostés, Pedro citó Salmos 16:8 al 11; 68:18 y 110:1, como prueba de que Jesucristo realmente era el prometido hijo de David, el Mesías de Israel (ver Hechos 2:22-36). El más elevado honor que recibió David alguna vez fue la casa que Dios edificó para él como el progenitor del Mesías, Jesucristo, Hijo de David. Dios ya se comprometió con nosotros, y no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por cada uno de nosotros. Ahora nos queda a nosotros ser comprometidos y agradecidos con Dios por todo lo que Él nos ha dado. Si la salvación, si la muerte del Señor Jesús por nosotros no es suficiente motivación en nuestro corazón para comprometernos con El, con la iglesia local, con un ministerio entonces hermanos nada nos va a mover de nuestra apatía. Sigamos el ejemplo del Rey David y seamos hombres y mujeres conforme al corazón de Dios, agradecidos, esforzados, valientes, comprometidos y apasionados por el Señor que nos ha dado tanto.

Amén