La historia nos muestra que grandes movimientos y cambios en la humanidad fueron realizados por jóvenes de menos de 30 años. Steve Jobs, Bill Gates, Mark Zuckerberg y muchos más han o están haciendo historia en su juventud. La misma Biblia nos habla de muchas personas que fueron usadas grandemente por Dios siendo jóvenes. Esto es un duro golpe a muchos que piensan que los jóvenes son inestables, inmaduros, poco confiables y no pueden ser usados por Dios. La verdad es que si, muchos jóvenes son inmaduros, poco confiables e inestables; pero la Escritura nos da testimonio de que cuando un joven se ha consagrado a Dios, el Señor usa poderosamente a esta persona independientemente de su edad.

La vida del rey Josías grafica claramente las etapas de la vida de un hombre que desde su juventud buscó a Dios y fue recompensado no solamente con las bendiciones de Dios, sino con un carácter decidido para ser de bendición a su generación y de utilidad para la obra de Dios en su tiempo. Su vida nos enseña que un joven puede ser de gran bendición a este mundo si este joven está consagrado a buscar a Dios, a purificar su vida y lo que le rodea, y a profundizar y obedecer la Palabra de Dios incondicionalmente.

Para ello, leamos por favor 2 Crónicas, capítulo 34, versos 1 al 33

 

1. Un joven que se consagra a buscar a Dios (v. 1-3b)

De ocho años era Josías cuando comenzó a reinar, y treinta y un años reinó en Jerusalén. Este hizo lo recto ante los ojos de Jehová, y anduvo en los caminos de David su padre, sin apartarse a la derecha ni a la izquierda.  A los ocho años de su reinado, siendo aún muchacho, comenzó a buscar al Dios de David su padre

La etapa de la búsqueda de Dios

Esta es la etapa de seguir el ejemplo piadoso de otros, de estar bajo autoridad, de seguir ordenes, de estar sujeto.

Es el tiempo de la intimidad, de la búsqueda de Dios en privado, donde se desarrolla el carácter, la dependencia de Dios, donde la fe crece, donde enfrentamos batallas en soledad y tenemos que aferrarnos a Dios con todo lo que tenemos.

Aquí Josías empezó a buscar a Dios a sus 16 años. ¿Que podría reinar a esa edad? Seguro sus consejeros le ayudaban, pero el buscaba a Dios, al Dios de David su padre. Su padre era Amón, y su abuelo Manases, de los peores reyes que había tenido Israel en toda su existencia; pero él no siguió sus pisadas, sino que siguió las pisadas de David su ancestro, quien también buscó a Dios en su juventud.

Buscar a Dios es el primer paso para una vida relevante y trascendente

2. Un joven que se consagra a santificarse a él y a su pueblo para Dios (v. 3c-7)

“y a los doce años comenzó a limpiar a Judá y a Jerusalén de los lugares altos, imágenes de Asera, esculturas, e imágenes fundidas. Y derribaron delante de él los altares de los baales, e hizo pedazos las imágenes del sol, que estaban puestas encima; despedazó también las imágenes de Asera, las esculturas y estatuas fundidas, y las desmenuzó, y esparció el polvo sobre los sepulcros de los que les habían ofrecido sacrificios. Quemó además los huesos de los sacerdotes sobre sus altares, y limpió a Judá y a Jerusalén. Lo mismo hizo en las ciudades de Manasés, Efraín, Simeón y hasta Neftalí, y en los lugares asolados alrededor. Y cuando hubo derribado los altares y las imágenes de Asera, y quebrado y desmenuzado las esculturas, y destruido todos los ídolos por toda la tierra de Israel, volvió a Jerusalén”

La etapa de la santificación, del servicio activo, de la acción

Podríamos comparar esta etapa con la etapa de un guerrero que sale a limpiar su reino, a hacer la batalla. Es la etapa de trabajar en equipo, de luchar juntos por el reino de Dios. Es la época del celo por la obra de Dios, de la pasión, de la actividad

Aquí Josías ya tenía 20 años, 4 años después de empezar a buscar a Dios. Es hora de trabajar, de ensuciarse las manos, de recorrer el pueblo, de tomar partido por la obra de Dios y ser fiel en ello.

Esta es la etapa donde nos confrontamos con el enemigo directamente y nos caracteriza la vitalidad y la fuerza. El apóstol Juan dice de esta etapa: “Os he escrito a vosotros, jóvenes, porque sois fuertes, y la palabra de Dios permanece en vosotros, y habéis vencido al maligno” (1 Juan 2:14)

No intentes reinar sin haber pasado por la etapa del soldado, de la disciplina, del seguir en sujeción, de respetar la autoridad.

Servir a Dios es el segundo paso para una vida relevante y trascendente

3. Un joven que se consagra a profundizar su conocimiento y obediencia de la Palabra de Dios (v. 8-33)

A los dieciocho años de su reinado, después de haber limpiado la tierra y la casa, envió a Safán hijo de Azalía, a Maasías gobernador de la ciudad, y a Joa hijo de Joacaz, canciller, para que reparasen la casa de Jehová su Dios. Vinieron éstos al sumo sacerdote Hilcías, y dieron el dinero que había sido traído a la casa de Jehová, que los levitas que guardaban la puerta habían recogido de mano de Manasés y de Efraín y de todo el remanente de Israel, de todo Judá y Benjamín, y de los habitantes de Jerusalén. Y lo entregaron en mano de los que hacían la obra, que eran mayordomos en la casa de Jehová, los cuales lo daban a los que hacían la obra y trabajaban en la casa de Jehová, para reparar y restaurar el templo. Daban asimismo a los carpinteros y canteros para que comprasen piedra de cantería, y madera para los armazones y para la entabladura de los  edificios que habían destruido los reyes de Judá. Y estos hombres procedían con fidelidad en la obra; y eran sus mayordomos Jahat y Abdías, levitas de los hijos de Merari, y Zacarías y Mesulam de los hijos de Coat, para que activasen la obra; y de los levitas, todos los entendidos en instrumentos de música. También velaban sobre los cargadores, y eran mayordomos de los que se ocupaban en cualquier clase de obra; y de los levitas había escribas, gobernadores y porteros. Y al sacar el dinero que había sido traído a la casa de Jehová, el sacerdote Hilcías halló el libro de la ley de Jehová dada por medio de Moisés. Y dando cuenta Hilcías, dijo al escriba Safán: Yo he hallado el libro de la ley en la casa de Jehová. Y dio Hilcías el libro a Safán. Y Safán lo llevó al rey, y le contó el asunto, diciendo: Tus siervos han cumplido todo lo que les fue encomendado. Han reunido el dinero que se halló en la casa de Jehová, y lo han entregado en mano de los encargados, y en mano de los que hacen la obra. Además de esto, declaró el escriba Safán al rey, diciendo: El sacerdote Hilcías me dio un libro. Y leyó Safán en él delante del rey. Luego que el rey oyó las palabras de la ley, rasgó sus vestidos; y mandó a Hilcías y a Ahicam hijo de Safán, y a Abdón hijo de Micaía, y a Safán escriba, y a Asaías siervo del rey, diciendo: Andad, consultad a Jehová por mí y por el remanente de Israel y de Judá acerca de las palabras del libro que se ha hallado; porque grande es la ira de Jehová que ha caído sobre nosotros, por cuanto nuestros padres no guardaron la palabra de Jehová, para hacer conforme a todo lo que está escrito en este libro. Entonces Hilcías y los del rey fueron a Hulda profetisa, mujer de Salum hijo de Ticva, hijo de Harhas, guarda de las vestiduras, la cual moraba en Jerusalén en el segundo barrio, y le dijeron las palabras antes dichas. Y ella respondió: Jehová Dios de Israel ha dicho así: Decid al varón que os ha enviado a mí, que así ha dicho Jehová: He aquí yo traigo mal sobre este lugar, y sobre los moradores de él, todas las maldiciones que están escritas en el libro que leyeron delante del rey de Judá; por cuanto me han dejado, y han ofrecido sacrificios a dioses ajenos, provocándome a ira con todas las obras de sus manos; por tanto, se derramará mi ira sobre este lugar, y no se apagará. Mas al rey de Judá, que os ha enviado a consultar a Jehová, así le diréis: Jehová el Dios de Israel ha dicho así: Por cuanto oíste las palabras del libro, y tu corazón se conmovió, y te humillaste delante de Dios al oír sus palabras sobre este lugar y sobre sus moradores, y te humillaste delante de mí, y rasgaste tus vestidos y lloraste en mi presencia, yo también te he oído, dice Jehová. He aquí que yo te recogeré con tus padres, y serás recogido en tu sepulcro en paz, y tus ojos no verán todo el mal que yo traigo sobre este lugar y sobre los moradores de él. Y ellos refirieron al rey la respuesta. Entonces el rey envió y reunió a todos los ancianos de Judá y de Jerusalén. Y subió el rey a la casa de Jehová, y con él todos los varones de Judá, y los moradores de Jerusalén, los sacerdotes, los levitas y todo el pueblo, desde el mayor hasta el más pequeño; y leyó a oídos de ellos todas las palabras del libro del pacto que había sido hallado en la casa de Jehová. Y estando el rey en pie en su sitio, hizo delante de Jehová pacto de caminar en pos de Jehová y de guardar sus mandamientos, sus testimonios y sus estatutos, con todo su corazón y con toda su alma, poniendo por obra las palabras del pacto que estaban escritas en aquel libro. E hizo que se obligaran a ello todos los que estaban en Jerusalén y en Benjamín; y los moradores de Jerusalén hicieron conforme al pacto de Dios, del Dios de sus padres. Y quitó Josías todas las abominaciones de toda la tierra de los hijos de Israel, e hizo que todos los que se hallaban en Israel sirviesen a Jehová su Dios. No se apartaron de en pos de Jehová el Dios de sus padres, todo el tiempo que él vivió

Esta es la etapa de más calma, de profundizar nuestra relación con Dios.

Es la etapa de influenciar en otros, de liderar, de profundizar nuestro conocimiento de la Palabra de Dios y de inspirar a otros a lo mismo

Josías tenía aquí 26 años de edad y sucedió que encontraron el libro de Dios. Esto quiere decir que Josías y el pueblo de Israel habían estado viviendo de sus memorias y de la oración pero sin el sustento de la Palabra de Dios.

Aunque los demás funcionarios del reino estaban apáticos ante la Palabra de Dios, algo bueno que vemos en Josías es que tenía un corazón sensible a las cosas de Dios y esto era porque había buscado a Dios en oración y el había servido en fervorosa santificación. El servicio y la oración siempre mantienen nuestros corazones sensibles y dispuestos a Él.

Es interesante que para este entonces Josías ya había desarrollado un corazón de rey; es decir un corazón protector. Esto es así porque ya había pasado por la etapa de la búsqueda individual y del servicio activo. Había pagado el precio de servir al Señor, conocía de primera mano lo que se sufre en la obra de santificación. Conocía a su pueblo porque había recorrido todos los lugares erradicando la idolatría, conocía a su gente, sabia de sus luchas, de sus debilidades. Por eso es que ahora, a los 18 años de empezar su búsqueda de Dios, tiene un corazón de rey, de padre, preocupado por su pueblo. Cuando oye el inminente juicio de Dios, lo que hace es movilizar al pueblo a santificarse y a hacer un pacto; el primero, y todo el pueblo después, un pacto de buscar a Dios y obedecerle en todo momento.

¿Cómo respondió el pueblo? Mira lo que dice la LBLA: “Después el rey se puso en pie en su lugar e hizo pacto delante del Señor de andar en pos del Señor y de guardar sus mandamientos, sus testimonios y sus estatutos con todo su corazón y con toda su alma, para cumplir las palabras del pacto escritas en este libro. Además, hizo suscribir el pacto a todos los que se encontraban en Jerusalén y en Benjamín. Y los habitantes de Jerusalén hicieron conforme al pacto de Dios, el Dios de sus padres“. El pueblo obedeció porque el rey tenia influencia sobre ellos. Su carácter, ejemplo y acciones le habían ganado el derecho de que los demás lo escuchen. No era un chiquillo jugando a ser rey, era un hombre probado a través de los años que había aprendido a servir a Dios en su intimidad, que había servido como un soldado activo en el ministerio y que ahora era un rey maduro y con corazón de padre. Por eso le oyeron y por eso obedecieron.

El texto termina diciendo que el rey siguió con su labor de santificación y de enseñanza, motivando al pueblo a seguir y obedecer a Dios. Y dice que todo el tiempo que él vivió, el pueblo no se apartó de Dios.

Profundizar en la Palabra de Dios es el tercer paso para una vida relevante y trascendente

Conclusiones

A pesar de que Josías fue rey desde muy corta edad, eso no impidió que el Señor le llevara por las etapas del crecimiento: de niño a soldado, de soldado a rey. Año tras año, Josías fue aprendiendo, apasionándose y cimentándose en la Palabra de Dios para ser el gran rey que llego a ser. Así pudo ser usado para llevar a cabo el avivamiento más grande de su época para la gloria de Dios.

No podemos ignorar la ley del proceso: no debemos quemar etapas ni pensar que estamos listos cuando Dios es quien está llevándonos por el proceso de  la madurez y el crecimiento.

La vida del rey Josías nos enseña grandes lecciones para nuestra vida:

  • No importa cuán negro sea nuestro pasado o de donde provengamos, Dios es poderoso para hacer en nosotros una nueva historia.
  • La base de todo, lo que sustenta cualquier llamado es la oración. Debemos orar y en esa etapa de intimidad, formar nuestro carácter.
  • Debemos apasionarnos por Dios y por su obra, lo que se expresa en un servicio activo que busca la santificación nuestra y de los que nos rodean. No podemos pensar que somos “gerentes” y pensar en tener autoridad sin asumir la responsabilidad del servicio.
  • Debemos aprender a vivir en sujeción, bajo autoridad, disciplinados, esforzados y apasionados.
  • La etapa de la madurez viene con el tiempo, cuando hemos pasado por las otras etapas. Esa etapa es la de la influencia, del reinado, cuando hemos desarrollado un corazón de padre o de madre, protector, influyente.
  • La gente no nos escuchara si no tenemos influencia sobre ellos, si no hemos orado por ellos, si no hemos servido y pasado tiempo al lado de ellos.
  • La santificación es una tarea constante y siempre debemos buscar nuestra santidad en oración y servicio activo. El entrar en una nueva etapa no anula las anteriores.

Amén!