Algo que debe ser una preocupación para todo servidor del Señor es asegurarse que realiza el ministerio y sirve al Señor de una manera correcta, bíblica y que agrade al Señor y por ende cuente con su bendición. Muchos podrán darme la razón al pensar que hay muchos ministerios pero muy pocos son realmente genuinos y proceden del corazón de Dios, tienen su bendición y por ende provocan un impacto duradero en este mundo. Quiero aclarar que no estoy hablando de resultados ministeriales en términos de números o bienes materiales porque estos factores no son válidos al momento de juzgar la legitimidad o bendición de un ministerio. Tenemos que escarbar mas profundo, ir un poco mas allá de lo que es evidente para poder saber como podemos estar seguros de servir a Dios en un ministerio que le sea agradable.

1. Un ministerio agradable a Dios es evidente por sus frutos

En primer lugar, quiero compartir con ustedes este texto de 1 de Corintios:

“¿No soy apóstol? ¿No soy libre? ¿No he visto a Jesús el Señor nuestro? ¿No sois vosotros mi obra en el Señor? Si para otros no soy apóstol, para vosotros ciertamente lo soy; porque el sello de mi apostolado sois vosotros en el Señor” (1 Corintios 9:1-2)

Algo que surge de este pasaje y que nos tiene que dar mucho para meditar es que el apóstol Pablo fue perseguido y cuestionado su ministerio; pero si algo podía evidenciar la legitimidad de su apostolado y su llamamiento de parte del Señor no eran sus palabras, ni su opinión personal, sino simple y llanamente el resultado de su ministerio: no actividades, sino personas salvadas, restauradas, confirmadas por su ministerio entre ellos. A sus detractores, el apóstol Pablo dijo:

“Mas algunos están envanecidos, como si yo nunca hubiese de ir a vosotros. Pero iré pronto a vosotros, si el Señor quiere, y conoceré, no las palabras, sino el poder de los que andan envanecidos. Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder” (1 Corintios 4:18-20)

Aquellos falsos maestros y lideres carnales acusaban a Pablo, menospreciándolo (2 Corintios 10:10); sin embargo, la lógica de Pablo era abrumadora: El apóstol quiere ver los hechos de estos lideres, no sus palabras. Quiere ver los frutos de su vida, de su ministerio, porque ellos dan evidencia de la legitimidad de lo que hacemos para Dios. Aquí no había punto de discusión, miremos solamente la manera como Dios uso a Pablo, su testimonio, su legado y todo el efecto y la trascendencia de su ministerio para darnos cuenta de que sus detractores (quienes permanecieron para siempre en el anonimato) estaban completamente equivocados.

En este sentido, les animo amados hermanos a que oremos por las personas, a que discipulemos a las personas, a que evangelicemos a las personas, a que invirtamos tiempo en las personas. Palabras se las lleva el viento, pero si algo va a legitimar tu ministerio, tu llamado a lo largo del tiempo y va a ser evidencia clara de tu paso por la tierra es la gente a la que pudiste alcanzar, influenciar con la Palabra de Dios, impactar con tu testimonio, guiar hacia Cristo. Recuerda! No buscamos clones de nosotros mismos, buscamos hacer discípulos de Cristo, que sean mejores que nosotros, que no cometan los errores que cometimos nosotros, que alcen sus alas y vuelen alto, mas alto que nosotros. Nosotros no debemos tener temor de que “nos serruchen el piso“, “de que nos opaquen“. Mejor! gloria a Dios si nos “opacan“, si son mejores que nosotros, porque eso será el sello evidente de que hicimos las cosas bien; porque al final la recompensa que esperamos no viene del hombre, sino de lo Alto, del Señor de la obra a quien servimos y por quien nos esforzamos.

“Pero nosotros, hermanos, separados de vosotros por un poco de tiempo, de vista pero no de corazón, tanto más procuramos con mucho deseo ver vuestro rostro; por lo cual quisimos ir a vosotros, yo Pablo ciertamente una y otra vez; pero Satanás nos estorbó. Porque ¿cuál es nuestra esperanza, o gozo, o corona de que me gloríe? ¿No lo sois vosotros, delante de nuestro Señor Jesucristo, en su venida? Vosotros sois nuestra gloria y gozo” (1 Tesalonicenses 2:17-20)

 

El ministerio de Pablo era bíblico, cristocéntrico y agradable a Dios

 

2. Un ministerio agradable a Dios es evidente por la filosofía bíblica y cristocentrica

 

En segundo lugar, quiero remarcar que toda filosofía de ministerio debe emanar de la Palabra de Dios porque la Biblia es su máxima autoridad, porque ella es su fuente de conocimiento y porque toda la Escritura nos dirige y habla acerca de Cristo Jesús (Juan 5:39, Gálatas 3:24), dado que en Él se encuentran todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento (Colosenses 2:2-3). La norma absoluta del ministerio es la Biblia, su confianza en que es inerrante y perfecta para instruir al hombre de Dios (2 Timoteo 3:16). Su centro es Cristo Jesús y su metodología central la predicación del evangelio y la consejería, enseñanza, exhortación y confrontación con la Palabra de Dios para que el hombre nazca de nuevo (sin lo cual es imposible que el hombre pueda entender la Palabra de Dios y madure) y crezca a la semejanza de la estatura de Jesucristo. El apóstol Pablo nos describe su filosofía de ministerio como predicador y maestro de los gentiles en el siguiente pasaje: “el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos, a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria, a quien anunciamos, amonestando (gr. νουθετέω) a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre; para lo cual también trabajo, luchando según la potencia de él, la cual actúa poderosamente en mí” (Colosenses 1:26-29).

En el tiempo que Pablo enseñó en Éfeso, en el primer seminario bíblico que tenemos registrado en las Escrituras, vemos que el enfoque de Pablo fue la proclamación y la enseñanza de la Palabra de Jesús, el evangelio: “Pero endureciéndose algunos y no creyendo, maldiciendo el Camino delante de la multitud, se apartó Pablo de ellos y separó a los discípulos, discutiendo cada día en la escuela de uno llamado Tiranno. Así continuó por espacio de dos años, de manera que todos los que habitaban en Asia, judíos y griegos, oyeron la palabra del Señor Jesús” (Hechos 19:9-10).

Concluyo con esto que la filosofía de todo ministerio bíblico y agradable a Dios debe tener al evangelio como centro, a Jesús como modelo perfecto, a la Palabra de Dios como norma de autoridad, como paradigma ante lo cual todo ha de ser contrastado y la meta es la madurez de los alumnos por medio del crecimiento espiritual, emocional, intelectual a la semejanza de la estatura de la plenitud de Cristo. Todo método, buena práctica, actividad debe estar supeditada a estas verdades.

Todo ministerio fructifero debe estar basado en las Sagradas Escrituras y normadas por esta

Conclusiones

Amados hermanos, perdemos el tiempo cuando no estamos enfocados en estas gloriosas actividades que el Señor nos ha encomendado (Mateo 20:18-20) y para las cuales nos ha capacitado (2 Corintios 3:4-6). Estar enfocado en ellos es hacer la voluntad de Dios, seguir el diseño divino y el propósito para nuestras vidas y por ende asegurarnos de que tal vez no obtengamos éxito y reconocimientos humanos; pero tendremos la alabanza de Dios en el día en que se revelen todas las cosas (1 Corintios 4:5). Te animo hermano, evangeliza, predica la Palabra a tiempo y fuera de tiempo, discipula, aconseja, ora, exhorta, anima, entrena, capacita a la siguiente generación y prepárate para ser cada vez un mejor siervo(a) de Dios. Todo lo demás déjalo en las manos del Señor, que cuida de ti, que te ha llamado a salvación y que te ha dado su Espíritu para que seas de bendición hasta lo ultimo de esta tierra.

Amén!

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