Los capítulos 12 al 14 del libro de Josué nos muestran un recuento de las naciones cananeas que han sido conquistadas por Israel de la mano de Dios. Muchas naciones cayeron en manos de Israel, no porque Israel fuera fuerte en sí mismo, por su experiencia militar o por sus capacidades tecnológicas. Estas naciones cayeron porque eran inmorales y en su estilo de vida ofendían al Señor con sus pecados abominables, y porque Dios peleaba por Israel. Este pueblo buscó consagrarse a Dios y ponerle en el primer lugar. No siempre lo consiguió, pero cuando lo hizo era invencible. Por ello es que Israel pudo conquistar la tierra prometida, aunque no toda. Aún quedaban algunas pocas naciones y pueblos que conquistar. Josué ya era de edad avanzada así que quedaba la tarea de terminar de limpiar la tierra para las siguientes generaciones que deberían mantenerse fieles a Dios si querían seguir teniendo éxito en sus campañas.

Solo a la tribu de Leví no dio heredad; las ofrendas encendidas al Señor, Dios de Israel, son su heredad, como Él le había dicho (Josué 13:14)

Estos son los territorios que Moisés repartió por heredad en las llanuras de Moab, al otro lado del Jordán, al oriente de Jericó. Pero a la tribu de Leví, Moisés no le dio heredad; el Señor, Dios de Israel, es su heredad, como Él les había prometido (Josué 13:32-33)

Como ejemplo de lo que acabamos de decir vemos a los levitas. Estos hombres fueron designados por Dios para servir al Señor en la obra del ministerio en el tabernáculo y no recibieron tierras en heredad como sus demás hermanos de las otras tribus de Israel. Aunque eso pudiera parecer desventajoso para ellos no lo era. Todo lo contrario: ellos tenían el enorme privilegio de servir a Dios y recibirían sustento de las ofrendas de los demás hijos de Israel, así como ciudades donde pudieran habitar ellos, sus familias y sus posesiones. Ellos solo debían permanecer fieles a Dios y su llamado y serian bendecidos siempre por el Señor.

Entonces los hijos de Judá vinieron a Josué en Gilgal, y Caleb, hijo de Jefone cenezeo, le dijo: Tú sabes lo que el Señor dijo a Moisés, hombre de Dios, acerca de ti y de mí en Cades-barnea. Yo tenía cuarenta años cuando Moisés, siervo del Señor, me envió de Cades-barnea a reconocer la tierra, y le informé como yo lo sentía en mi corazón. Sin embargo, mis hermanos que subieron conmigo, hicieron atemorizar el corazón del pueblo; pero yo seguí plenamente al Señor mi Dios. Y aquel día Moisés juró, diciendo: «Ciertamente, la tierra que ha pisado tu pie será herencia tuya y de tus hijos para siempre, porque has seguido plenamente al Señor mi Dios».  Y ahora, he aquí, el Señor me ha permitido vivir, tal como prometió, estos cuarenta y cinco años, desde el día en que el Señor habló estas palabras a Moisés, cuando Israel caminaba en el desierto; y he aquí, ahora tengo ochenta y cinco años.  Todavía estoy tan fuerte como el día en que Moisés me envió; como era entonces mi fuerza, así es ahora mi fuerza para la guerra, y para salir y para entrar.  Ahora pues, dame esta región montañosa de la cual el Señor habló aquel día, porque tú oíste aquel día que allí había anaceos con grandes ciudades fortificadas; tal vez el Señor esté conmigo y los expulsaré como el Señor ha dicho (Josué 14:6-12)

Por otro lado, también vemos el ejemplo de Caleb hijo de Jefone, quien junto con el mismo Josué fueron los únicos espías de todo el grupo que envió Moisés que dio un reporte favorable acerca de la tierra prometida. Los otros 10 espías desanimaron al pueblo con su incredulidad. Habían pasado ya 45 años de ese evento y aun Caleb tiene la misma actitud y fe de sus años mozos. Se esforzó por tomar lo que Dios le había prometido y salió a la guerra con sus familiares. Por ello recibió la bendición de la promesa de Dios cumplida en su vida aun a pesar de que pasaron largos años.

Dios es fiel. El no puede negarse a si mismo. El cumple sus promesas a aquellos que le temen y le obedecen. Hay preciosas promesas de bendición para los hijos de Dios las cuales en Cristo Jesús son Si y son Amen. ¿Pero qué se necesita para obtener las promesas? La Biblia dice que necesitamos fe y paciencia para heredar las promesas

Pero deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud hasta el fin, para alcanzar la plena seguridad de la esperanza,  a fin de que no seáis perezosos, sino imitadores de los que mediante la fe y la paciencia heredan las promesas (Hebreos 6:11-12)

A veces Dios permite que pase tiempo antes de que podamos experimentar su bendición, porque Dios está tratando con nuestro carácter y fe. También es necesario ser obedientes a la Palabra de Dios y consagrarnos a Él en santidad para no perder las bendiciones de Dios por causa del pecado y sus consecuencias. Necesitamos también deleitarnos en el Señor para que El conceda todos los anhelos de nuestro corazón

Pon tu delicia en el Señor, y Él te dará las peticiones de tu corazón (Salmo 37:4)

De otra manera solo estaríamos deseando las bendiciones de Dios, pero no al Dios de las bendiciones. Y lo primero y principal que Dios quiere es tener una relación contigo. Todo lo demás viene por añadidura. ¿Te estás deleitando en el Señor y en Su Palabra?

Oremos al Señor